La corrupción existe

Aclaración: Esta nota fue publicada en el diario Z del 18.11 y escrita antes del trompis de la diputada Graciela Camaño al diputado Kunkel.

La corrupción existe. Chocolate por la noticia. Para muchos es un mal inherente a la democracia. No importa el desarrollo del sistema de gobierno. La corrupción existe. La diferencia radica en cantidad y porcentajes pero, esencialmente, en la forma de combatirla. Se puede decir que el nivel de venalidad de una sociedad varía según pautas culturales, nivel de educación, fortaleza institucional y eficacia de los controles, entre otras cuestiones. Según lo denunciado por la diputada Elisa Carrió el último capítulo del libro negro de la corrupción nacional se escribió la semana pasada, en el Congreso de la Nación, con la “compra” de votos para aprobar el presupuesto. “Volvió la Banelco”, dijo en referencia a la compra de voluntades durante el gobierno de la Alianza para aprobar la reforma laboral.

La afirmación de la dirigente de la Coalición Cívica tuvo una enorme amplificación mediática. “Habrían intentado” comprar a una docena de legisladores para que faciliten la sanción del proyecto oficial, se señaló. Un editorialista escribió el domingo pasado –en base a fuentes no identificadas– que los montos oscilaron entre 50 mil y 500 mil pesos. La corrupción existe. Tal vez, en el debate por el presupuesto hasta se hicieron ofertas concretas. Pero es obligación de los legisladores afectados aportar datos certeros para que la justicia castigue a los responsables de los ilícitos si los hubo. Eso diferencia una denuncia de una chicana. Caso contrario estarían escupiendo hacia el cielo. El desprestigio es compartido y no distingue colores partidarios si no se logra identificar a los corruptos. Los periodistas, en cambio, no tienen obligación de nada pero sí el imperativo ético de investigar para que lo verosímil se convierta en cierto. Una vez que el dato es comprobado hay que informarlo. Si no hay confirmación el destino de la nota es el cesto de papeles, no la imprenta.

Hace algunas semanas Pablo Feldman, amigo periodista, aprovechó una charla sobre Medios de Comunicación y Poder Político para consultar al público sobre la forma en que percibían la corrupción en el país y en cuanto influían los Medios en esa percepción. Hizo dos propuestas al auditorio que seguía las ponencias con mucha atención en el Centro Cultural Parque de España de Rosario. La primera: “Levanten la mano aquellos que opinen que en Argentina hay mucha corrupción”, dijo. La mayoría de los asistentes alzaron la mano de inmediato. Un ochenta o noventa por ciento de los presentes. Luego desafió: “Ahora levanten la mano quienes alguna vez pagaron una coima o la recibieron”. Ninguna mano sobrepasó las cabezas. La corrupción existe pero siempre tiene que ver con “los otros”. Es un problema de “los otros”. Y no hay nada más corrupto que “los otros”, si se dedican a la política.

Lo que no necesita comprobación es la dinámica de presión que ejercen ministros, gobernadores, jefes de bancada y presidentes de partidos sobre los legisladores. Para que voten sí o para que voten no. Eso también ocurre en todas las democracias occidentales. Es parte de los usos y costumbres del sistema. Quizá no sea lo mejor pero, por ahora, aparece como inevitable. Mientras no exista plan canje de favores por votos o transacciones ilegales, nadie debería espantarse de lo que tiene un nombre: negociación política. A partir de acuerdos entre los partidos esas presiones podrían acotarse o reglarse para que interfieran lo menos posible en la voluntad de un legislador. Pero lo ideal es enemigo de lo posible.

La presidenta de la Nación entendió la discusión por el presupuesto como la primera prueba de fuerza de su gestión, a la que anunciaban debilitada tras la muerte de Néstor Kirchner. “No se toca una coma”, le indicó a los suyos. En la oposición también lo entendieron así y fueron con los tapones de punta. Como ocurrió con otros temas claves (Ley de Servicios Audiovisuales, AFJP, 82 por ciento móvil) el Congreso pasó de escenario de negociación a campo de batalla. Cristina Kichner sabe que sus diputados siguen siendo minoría pero está convencida de que cuenta ahora con una creciente simpatía popular y quiere aprovecharla. En base a ese respaldo no perderá ninguna oportunidad para ratificar el rumbo de su gobierno y limitará aun más las conversaciones con la oposición. Sólo el tiempo y el resultado de estos movimientos políticos permitirán evaluar la eficacia de una estrategia que mezcla dosis de obstinación y convicción.

Los más optimistas de sus colaboradores hacen un primer racconto post velorio de NK: el Peronismo Federal quedó malherido con el alejamiento de Carlos Reutemann (Felipe Solá espera una oportunidad para seguirlo); Carrió acusó a sus socios radicales y estos le respondieron con munición gruesa; alfonsinistas y cobistas se enfrentan en las dos Cámaras legislativas; hubo rebelión entre los diputados del PRO y Mauricio Macri duda entre sostener su candidatura presidencial o apostar por la reelección; la Mesa de Enlace está casi rota después de la pelea entre Eduardo Buzzi (FA) y Ricardo Bruyaile (CRA). Las diferencias entre las fuerzas opositoras no sólo se profundizan, también conllevan una novedad: se exhiben sin pudor.

En tanto, hay señales de unidad en el peronismo de Córdoba y conversaciones en el de Santa Fe. Aunque en esta última provincia, salvo el portazo del Lole no hay ninguna señal de acercamiento al gobierno. “Que aprovechen la votación del presupuesto y den una señal positiva, si votan en contra es que no cambió nada”, señaló Agustín Rossi, el jefe de la bancada oficialista y candidato kirchnerista. Nadie se anima a asegurar que el paraguas del PJ pueda cubrir allí a antiguos enemigos. Todos saben que esa es la única manera de enfrentar al socialismo de Hermes Binner con posibilidades.

Volviendo a las denuncias en el Congreso. La corrupción existe. La diputada Graciela Camaño lo sabe muy bien. Ella es la encargada, como presidenta de la Comisión de Asuntos Constitucionales, de investigar el reclamo de los legisladores que fueron tentados por el mal. Su marido, el sindicalista gastronómico Luis Barrionuevo fue quien pidió, en plena fiesta menemista, “dejar de robar por dos años” para que el país pudiera salir adelante.

Anuncios
La corrupción existe