Del asco al voto plasma

El 23 de octubre hay elecciones nacionales. Es bueno recordarlo. Lo que ocurrió el 14 de Agosto fue apenas una primaria para determinar candidatos. Sin embargo, la abultada diferencia entre la formula que encabeza Cristina Fernández y el resto de los candidatos parece haber borrado el significado del acto comicial. En el gobierno dan la contienda por liquidada. Muchos de los protagonistas de esa aventura política aparecen presos de la ciclotimia. Unos oscilan entre la rabia y el desencanto; los otros entre el entusiasmo y la euforia. Deberían recordar el consejo popular para recorrer este último tramo: “ni tan calvo ni con dos pelucas”.

En el oficialismo hay instrucciones precisas de moderar el exitismo. La presidenta sabe que se avecinan tiempos complejos para la economía. En pleno festejo por su formidable elección pidió “unidad nacional” para enfrentar la crisis financiera mundial. También brindó una conferencia de prensa (es difícil comprender por qué todavía siguen siendo tan esporádicos sus encuentros con el periodismo); aclaró que nadie es dueño de los votos obtenidos y demostró, con sus gestos hacia el presidente colombiano Juan Manuel Santos, que privilegia la seriedad y el compromiso democrático a los prejuicios que nacen de la ideología.

Argentina puede exhibir como política de Estado su defensa del Mercosur y la construcción de Unasur. No es poco. Con sus más y sus menos, todos los mandatarios argentinos acompañaron el proceso de integración puesto en marcha con el acuerdo firmado por los presidentes Raúl Alfonsín y José Sarney hace más de veinticinco años. Con sorprendente convicción Néstor Kirchner y Lula profundizaron la estrategia continental y la extendieron a Sudamérica. Y, más allá de las diferencias políticas, Eduardo Duhalde también fue un defensor de esos entendimientos. Cristina Kirchner y Dilma Russeff son tributarias de aquella relación privilegiada de los ex presidentes de Brasil y Argentina. Bajo ese paraguas se disponen a enfrentar el temporal financiero que, tarde o temprano, se desatará sobre la región.

No es casual entonces que la presidenta privilegie la gestión y la gobernabilidad en estos dos meses de campaña electoral. “Vamos a seguir trabajando”, responden los funcionarios de la Casa Rosada como si recitaran un mantra, cuando se los consulta sobre la estrategia electoral. Aunque no lo dicen, también tratarán de evitar el fuego amigo y los errores propios, la principal amenaza a lo que imaginan será un triunfo holgado. Por esa razón no se oculta el acercamiento con Mauricio Macri para coordinar políticas públicas en el área metropolitana y se evitan las agresiones. Sólo Hebe de Bonafini dio la nota discordante al ubicar como enemigos en lugar de adversarios a los dirigentes de la oposición.

Después del golpe electoral, en el duhaldismo se trabaja para recuperar la iniciativa. Tratarán de evitar los calificativos. No son pocos los que señalaron como un grave error las afirmaciones de Duhalde sobre la existencia de “banderas subversivas” en el comando electoral del kirchnerismo. No será sencillo, el sector parece con la intolerancia a flor de piel. También apostarán a seguir peleando por la presidencia y no “por colocar un diputado más”. Graciela Camaño, candidata a legisladora en Buenos Aires lo explica con claridad: convertir la elección de octubre en una legislativa es darse por derrotados antes de empezar.

El más golpeado por los números es Ricardo Alfonsín. Recién recuperado de una afección pulmonar, el dirigente radical tratará de mantener la casa en orden (perdón por la imagen). Varios dirigentes del interior le siguen facturando el acuerdo con Francisco De Narváez y hasta pretenden sumarse como colectoras del Frente Amplio Progresista. Muchos de los planteos son injustos: la decisión de sumar al millonario colombiano tuvo, en su momento, el aval de casi todos en la UCR. Es sabido que la derrota tiene pocos amigos. Para este sector la gran apuesta es no ceder lugares en el congreso.

Alberto Rodríguez Saá está exultante. Se ubicó en quinto lugar pero insiste con que le ganó a la presidenta en San Luis y que crecerá en su cosecha de votos en octubre. Eso alcanza para hacerlo feliz. Esta semana la emprendió contra Duhalde al que calificó de “mal tipo” y de ser el “preferido de (Héctor) Magnetto”. De hecho es el único candidato a presidente de la oposición que le asigna un rol decisivo en la disputa electoral al CEO del diario Clarín. De Alfonsín dijo, en cambio, que “es un buen tipo pero débil”.

Por el lado del Frente Amplio Progresista las cosas están más claras. Esta semana presentaron una bancada unificada y la apuesta es crecer a expensas aquellos dirigentes que ellos mismos consideran “el pasado”, como definió Hermes Binner a Duhalde y Alfonsín y tratar de sumar a otros sectores de la centroizquierda. También si pueden “robarle” votos al oficialismo. Tienen una diferencias con otros opositores: las críticas al gobierno van sobre sus errores no sobre sus aciertos.

Con todo deberán resistir operaciones diversas. Esta semana una página web sembró dudas sobre la posición del gobernador de Santa Fe sobre la Ley de Servicios Audiovisuales. Los socialistas acompañaron la norma en su momento pagando no pocos costos políticos y el propio Binner la considera “superadora”. Guillermo Estévez Boero fue uno de los diputados en a mediados de los ochenta presentó un proyecto similar en el Congreso. Quienes conocen al gobernador saben que sus convicciones no son para la ocasión.

Mientras tanto en el periodismo argentino todo es según el cristal con que se mire. Hay muertos buenos y muertos malos, cortes de ruta democráticos y piquetes autoritarios, escraches justos y escraches violentos, elecciones legítimas y comicios cuestionables. La novedad es la diferente clasificación del asco. Por su afirmación, apresurada y tonta, escrita después del triunfo de Mauricio Macri (“Da asco la mitad de Buenos Aires”), Fito Páez fue llamado a dar explicaciones a la justicia y fustigado hasta el cansancio por un sector de la prensa. El presidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcatti, apuntó al “voto plasma” para explicar la sorprendente adhesión electoral a la fórmula oficial. “La gente (que) mira (el programa de Marcelo) Tinelli y si puede pagar el plasma, no le importa nada más”. Lo explicó Montaigne: “nadie está libre de decir estupideces, lo grave es decirlas con énfasis”.

Nota publicada por Diario Z, edición del 26.08.2011

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Del asco al voto plasma

El secreto encanto del vice

“…que se puede tener mucho/ pero no tener con quién”. El verso de María Elena Walsh pertenece al poema Sábana y Mantel. Es un ejemplo de profundidad y belleza. “Sábana y Mantel, que no le falten a nadie en este mundo tan cruel”, eso pedía la autora de La Cigarra. En política no abundan las metáforas. El “con quién” se transformó en un tema clave. Esta semana Ricardo Alfonsín, que ya pasea con orgullo su acuerdo electoral con Francisco De Narváez, eligió como compañero de fórmula al economista peronista Javier González Fraga; Eduardo Duhalde rescató como vice a Mario Das Neves; Hermes Binner se debate entre Margarita Stolbizer, Víctor De Gennaro y un dirigente joven; y Cristina Fernández de Kirchner analiza una abanico de media docena de acompañantes. Después de Julio Cobos, la designación del vice en la aventura presidencial pasó a ser un tema central en la estrategia de campaña.

Después que Ricardo Alfonsín blanqueara su romance con el millonario colombiano, los socialistas que se sabían engañados se fueron sin estridencias. El hijo de don Raúl defendió su decisión a capa y espada: “si se quiere ganar hay que sumar al peronismo anti k de Buenos Aires”. El candidato radical fue por más: convocó como compañero de fórmula al ex titular del Banco Central en el amanecer menemista. La idea es que su figura brinda previsibilidad a los mercados y tranquilidad a algunos sectores del poder económico. González Fraga está lejos de ser un liberal –ahora se ocupa de la pobreza– y será quien trace las líneas directrices del plan económico de la flamante alianza. González Fraga ocupa de alguna manera el lugar que su mentor, Roberto Lavagna, desempeñó en la fórmula del 2007 junto a Gerardo Morales. La UCR arrastra el karma de la debacle económica en los dos gobiernos que se sucedieron desde 1983.

Algunas críticas del progresismo a este acuerdo hicieron referencia a que Alfonsín padre jamás hubiese pactado con el empresario de medios. Sin embargo, es temerario afirmarlo. Don Raúl fue quien llamó a Hermes Binner para pedirle que apoye a Lavagna en el 2007.  En aquella oportunidad el socialismo optó por acompañar a Elisa Carrió. Para los radicales que todavía cuestionan que el gobernador socialista dispute la presidencia y anuncian cataclismos en la sociedad política en Santa Fe, vale recordar que hace cuatro años las dos fuerzas fueron separadas en el ámbito nacional y el Frente Progresista no se rompió.

La alianza electoral que imagina Alfonsín es amplia. Muy. Si bien dijo que “el límite” era Mauricio Macri las negociaciones con el PRO están a la orden del día. Los operadores radicales intentan un acuerdo implícito, en el cual Macri no presente candidato a presidente, y tal vez tampoco a gobernador de Buenos Aires, y tribute a la fórmula Alfonsín-De Narváez. Ernesto Sánz lo dijo con claridad: “Para mí Macri debería ser parte del acuerdo”. La sinceridad del senador tiene fundamento: nada diferencia ideológicamente a De Narváez de Macri.

La duda que persiste es si lo que suma Alfonsín con este acuerdo no lo pierde con el alejamiento de sectores progres de su propio partido y de independientes. Lo que se denomina en política el efecto de la manta corta. La candidatura de Binner no es una buena noticia para el neo alfonsinismo.  Aunque también puede “comer” electorado del oficialismo, el socialista negocia con Federico Storani y otros radicales descontentos. La centro izquierda se encuentra ante una oportunidad histórica. Por primera vez jugará, sin radicales ni peronistas, con posibilidades de imponerse en varios distritos importantes del país. Binner, Pino Solanas, Margarita Stolbizer, Luis Juez y Víctor De Genaro coinciden en que la apuesta electoral debe ser la excusa para consolidar una fuerza que se proyecte a futuro. Si sólo los reúne la coyuntura, se asomarán a otra frustración.

El gobernador de Santa Fe será quien decida sobre su compañero de fórmula. Stolbizer y De Genaro son las opciones con más posibilidades. También suena Norma Morandini y hasta Graciela Ocaña. Elegir a Stolbizer dejaría al Frente sin un candidato fuerte a la provincia de Buenos Aires. El gobernador de Santa Fe evalúa también otros nombres que, dicen, podrían sorprender. Victoria Donda, de Libres del Sur, tendrá un rol importante en la estructura electoral.

Eduardo Duhalde anunció que su compañero de aventura electoral será Mario Das Neves. También aseguró que no se bajará de la competencia. Muchos especulaban con su paso al costado para reforzar las chances del tándem Alfonsín-González Fraga, una dupla que celebró públicamente. Pero en el duhaldismo están convencidos que ellos pueden “robarle” votos peronistas al candidato del gobierno, en especial en Buenos Aires. Según este razonamiento esto puede forzar una segunda vuelta y, en ese caso, sí apoyarían a Alfonsín. En tanto  la decisión  de Das Neves provocó profundo malestar en Chubut, donde el PJ local ya tendió puentes con el oficialismo y prometió apoyar a la presidenta si se decide por disputar la reelección.

En el gobierno nacional no hay definiciones. Las principales espadas del gabinete dedicaron gran parte de la semana a defender a Hebe de Bonafini de las acusaciones que enlodan al administrador de Madres de Plaza de Mayo. Los hermanos Shoklender aparecen cada vez más comprometidos en negocios sucios con dinero del Estado. Sólo la justicia puede poner las cosas en su lugar. En un ademán lúcido, la presidenta de Madres de Plaza de Mayo se despegó de manera clara de sus antiguos protegidos. La corrupción nada tiene que ver con la historia de lucha de la organización.

Cristina Kirchner demorará todavía un poco más el anuncio de su postulación. El tiempo que pasa acrecienta las posibilidades de su candidatura a la reelección. Mientras tanto la danza de nombres para acompañarla se suceden: Amado Boudou, uno de los ministros más valorados por la presidenta; Juan Manuel Abal Medina, el dirigente que más se acerca al modelo K: joven profesional y progre; y Carlos Zanini, el hombre que cuenta con la mayor confianza de la presidenta. Fuera del gabinete se menciona a los gobernadores Jorge Capitanich  y Sergio Uribarri. El mandatario de Chaco fue un fervoroso defensor de las políticas del gobierno nacional. La presidenta decidió organizar el último festejo del 25 de mayo en esa provincia.  Para muchos fue una señal. El gobernador de Entre Ríos, Sergio Uribarri, también es considerado un incondicional y cumple con el perfil de dirigente joven y emprendedor que agrada a la presidenta.

De afuera del peronismo suena Martín Sabbatella, candidato a gobernador bonaerense con una lista colectora, aunque las acciones del ex intendente de Morón están en baja. En especial después que en el gobierno nacional se decidió apuntalar la candidatura de Daniel Scioli ante la “amenaza” de Francisco De Narváez. En los últimos días también sonó el nombre del penalista Eugenio Zaffaroni. El ministro de la Corte tiene una historia en la política pero no parece, por ahora, muy entusiasmado en abandonar su destacado rol en la cabeza del Poder Judicial.

Tanto en la vida personal como en la política, nadie quiere sorpresas con la elección de la pareja. Aunque es sabido que, como escribió Marechal, con el número dos nace la pena.

Nota publicada en Diario Z, edición 09.06.2011

El secreto encanto del vice

Nada más lindo que la familia unida

El kichnerismo ganó en Salta. En Salta ganó el PJ no K. En el país de las medias verdades todo es en función del cristal con que se mira. Para algunos periodistas Juan Manuel Urtubey era un gobernador kichnerista hasta que obtuvo su reelección con casi el 60 por ciento de los votos. A partir del contundente triunfo del domingo pasado, devino en “independiente del gobierno nacional” y en “gobernador disidente”. El dirigente salteño no hizo nada para potenciar esas lecturas. Sólo dijo lo que venía diciendo: expresó su adhesión al proyecto político que conduce Cristina Kichner; le agradeció el apoyo que le brindó en los últimos años (que se tradujo en forma concreta en obra pública y subsidios). Pero también aclaró que “no es un delegado del gobierno nacional” y calificó a Hugo Moyano como “piantavotos”. No es tan difícil de entender. La fidelidad de Urtubey tiene como límite sus propias aspiraciones. Se vivieron algunas escenas de peronismo explícito.

En este intríngulis Urutbey se parece a Daniel Scioli. Al igual que el gobernador de Buenos Aires, expresa una coincidencia indudable con el proyecto kichnerista. También en sintonía con él, reconoce el liderazgo de la presidenta pero no pierde oportunidad de expresar cierto grado de independencia de la Casa Rosada. No sólo se trata de ambición política. Ambos gobernadores creen que si no levantan determinadas barreras corren el riesgo de ser “arrasados” por aquellos a quienes llaman “talibanes”. El ala dura del gobierno suele darles razones para estar en guardia. Scioli recibe una zancadilla semanal y Urtubey soportó el apoyo que el gobierno nacional y Hugo Moyano le brindaron a su rival Walter Wayar. Por esa razón cuando terminó el escrutinio no tuvo piedad y calificó al camionero de piantavotos. Eligió la frase justa para pegar dónde más duele: el líder de la CGT viene reclamando que un sindicalista acompañe a la presidenta en la fórmula presidencial.

Los principales escuderos de Moyano se turnaron para saltarle al cuello al norteño. El jefe de los taxista, Omar Viviani, y el titular de los judiciales, Julio Piumato, lo acusaron de gorila. “Lo que molesta es la descalificación no la crítica”, se lamentaron en privado. Facundo Moyano aseguró: “ya se va a dar cuenta del error que cometió”. Con todo, decir que Urtubey está en la vereda de enfrente del gobierno por ensayar estas fintas con Moyano es una falacia. Considerarlo un soldado de la causa K, un error de la misma magnitud. Cuando se aquieten las aguas, el gobernador de Salta sabe que tiene cuatro años para lograr que su provincia no siga asociada a la desnutrición y el desamparo. Sólo así su sueño presidencial tendrá alguna sobrevida y podrá seguir destratando a los sindicalistas.

Mientras tanto, los que cuentan qué pasa y tienen la responsabilidad de explicarlo, deben comprender que Moyano y Urtubey; D´Elia y Scioli marchan por el mismo camino: la ancha avenida del peronismo. Más allá de los bocinazos y los gritos, cuando no existen dudas sobre quién conduce la caravana, nadie se cruza de carril.

La necesidad tiene cara de alianza

Cerré la columna política de la semana pasada en Diario Z con esta frase que parafrasea un conocido refrán popular. Los resultados de las tres primeras elecciones del año impactaron fuerte en la oposición. El oficialismo recuperó Catamarca, logró un “empate técnico” en Chubut y ganó Salta. En pocos días, Julio Cleto Cobos decidió abandonar su carrera presidencial con críticas a Ricardo Alfonsín y a la UCR; Mario Das Neves está inhallable; Felipe Solá estudia disputar la gobernación en lugar de la presidencia; Pino Solanas se cruzó públicamente con Claudio Lozano y podría competir en la Ciudad, y Mauricio Macri volvió a llamar a un acuerdo opositor. El jefe de gobierno porteño se manifestó, además, dispuesto a “un renunciamiento histórico” de su aspiración nacional si Dios y la Patria se lo demandan. Gabriela Michetti y Horacio Rodríguez Larreta, bien gracias.

La pelea entre Pino y Lozano sorprendió a todos. En un ataque de sinceridad el cineasta dijo: “La macana es que Lozano da poco, da bajo”, en referencia a las encuestas de intención de voto en la Capital Federal. El economista de la CTA respondió con munición gruesa: “yo podría decir que él se baja (de la candidatura nacional) porque mide bajo”. La incomunicación entre los dos dirigentes sólo es parangonable con la distancia que separa a los socialistas Hermes Binner y Rubén Giustiniani, a punto de enfrentarse en una interna feroz. ¿Escaparán al triste destino del progresista argentino?

Macri, en cambio, habló de concordia. Enumeró seis puntos para establecer consenso sobre políticas de Estado: educación, pobreza, un pacto fiscal, infraestructura, trabajo y seguridad. La conferencia de prensa del líder del Pro arrojó un dato sobresaliente: hasta las fuerzas de la centroderecha incorporan a la educación pública gratuita y de calidad, el combate contra la pobreza y la obra pública, entra sus prioridades.

El nuevo intento frentista de Macri cosechó la adhesión de Cobos y Eduardo Duhalde, así como el previsible rechazo de los dirigentes que se ubican en el denominado espacio progresista. Alfonsín criticó que se hablara de blanqueo y se sorprendió ante la propuesta de reactivar los ferrocarriles, en especial el Belgrano Cargas, administrado por Franco Macri.

Macri insiste en una oposición unificada con un solo candidato que salga de las primarias. Los radicales Cobos, Sánz y Oscar Aguad ven con buenos ojos un acercamiento con el PJ disidente y con el Pro. Duhalde es el padre de esta idea: un “frente amplio”, muy amplio, con todas las fuerzas anti kichneristas. Alfonsín se entusiasma con sumar al GEN, al Socialismo y a Proyecto Sur, aunque no rechaza explícitamente al PJ Federal, no quiere saber nada con Macri. Las eventuales alianzas de Stolbizer  sólo abarcan a alfonsinistas y otras fuerzas de centroizquierda, de Binner a Solanas. El líder de Proyecto Sur aspira a conformar una tercera fuerza con Binner, Juez y Stolbizer pero rechaza abiertamente un acuerdo con el PJ o la UCR. Binner no irá con Macri a ninguna parte, quiere constuir un frente progresista con Solanas, Stolbizer y Alfonsín. Elisa Carrió no se imagina en ninguna alianza ni pequeña ni amplia. Todo eso pasa. Se puede decir cualquier cosa de la política en Argentina, menos que es aburrida.

Nota publicada en Diario Z edición 14.04.2011

Nada más lindo que la familia unida

Te amo, te odio, dame más

El año electoral será laboratorio de lo mejor y lo peor del sistema de representación. Las primarias abiertas, obligatorias y simultáneas van a convivir con los dedazos y otros engendros. El último capítulo de la telenovela del verano en las tiendas del kichnerismo duro, “Peguenlé a Daniel Scioli”, incluye la habilitación de listas colectoras y el apoyo a la candidatura a gobernador de Martín Sabbatella.

La idea es más o menos así: la reelección del gobernador de Buenos Aires es clave para un eventual triunfo en primera vuelta de la presidenta de la Nación. Las dos elecciones serán el mismo día. Sin embargo, los autodenominados “kichneristas puros” apuestan a que Scioli gane pero que no obtenga más votos que Cristina Kichner en la provincia más importante del país. Piensan que vale la pena el riesgo electoral. En un prematuro brote de paranoia política, temen que un Scioli fortalecido pueda convertirse en el principal candidato a la sucesión presidencial en el 2015. Si CFK finalmente compite este año, no tendrá reelección y en un movimiento como el peronismo, esa imposibilidad suena a aprontes de batalla.

Para este sector, el ex motonauta es el “enemigo íntimo” del “modelo”. Lo dicen con convicción aunque son pocos los que se animan a definir qué es “el modelo”. De nada vale que desde el entorno del gobernador enumeren la sucesión de gestos de apoyo a los Kichner realizados por Scioli en los últimos años: fue vicepresidente de NK; candidato a gobernador a pedido de éste en lugar de competir por la Capital y aceptó ser candidato testimonial en la derrota del 2009. Después de la muerte del ex presidente, ratificó su apoyo a CFK y descartó las versiones de su candidatura presidencial que alentaba un amplio sector del establishment. También se acercó a los movimientos sociales. No le alcanzó. “Es de derecha”, dicen sus críticos. Y reivindican una estrategia que puede favorecer a Francisco De Narvéz como ocurrió hace dos años y a sus socios políticos: Eduardo Duhalde y Mauricio Macri. El millonario dueño del canal América agradeció públicamente el apoyo a la fórmula de Sabbatella.

¿La presidenta piensa igual que los fundamentalistas del aire acondicionado?  (Perdón Indio, esta es una referencia a las cómodas oficinas del centro porteño y no a la eficaz banda que te acompaña) Difícil saberlo. Por lo pronto no desalienta la candidatura del ex intendente de Morón, quién más allá de sus innegables condiciones para la gestión y su honestidad, aspira a sumar votos colgado del proyecto oficialista. Alguna vez hasta se lo mencionó como posible compañero de una eventual fórmula presidencial. Variante indigerible para el peronismo tradicional, principal base de apoyo del gobierno después del naufragio de la transversalidad allá por el 2005.  Por entonces, una foto de Néstor Kichner, en la Casa Rosada, junto a Hermes Binner, Sabbatella y Luis Juez, erizó la piel de los caciques del PJ. De todos modos, después de la experiencia amarga de “Cristina, Cobos y vos”; un extrapartidario en la fórmula parece una utopía.

La mayoría de los intendentes peronistas –con excepción de Francisco “Barba” Gutiérrez- puso el grito en el cielo. No lo hacen por vocación democrática ni en beneficio de la transparencia. La mayoría no rechaza esos artilugios cuando son los principales beneficiados. Esta vez protestaron porque saben que pueden ser afectados. El Jefe de Gabinete del gobierno bonaerense, Alberto Pérez, salió a marcar la cancha: “En el 2009, cuando este proyecto político nacional fue a elecciones y medía el 30 por ciento, el ex intendente de Morón enfrentó a Néstor Kirchner. Es un dirigente político que nos despierta desconfianza por sus movimientos erráticos, mostrándose opositor y oficialista”.

Al ala izquierda del gobierno le cuesta aceptar que la “fuerza progre” que convoca a organizaciones barriales, militancia juvenil y organismos de derechos humanos incluye a Scioli, José Luis Gioja, el resto de los gobernadores; los barones del conurbano y al sindicalismo de Hugo Moyano. El ex presidente no tenía esas contradicciones.

Con menos prejuicios, los peronistas santafesinos dieron un ejemplo de pragmatismo. Después de denostarse con toda la paleta de adjetivos decidieron que juntos a las elecciones primarias. Kichneristas puros, antikichneristas, peronistas históricos, recién llegados, reutemistas y críticos del Lole, cantaron la marcha y elogiaron a Néstor Kichner. La apuesta allí es vencer al Frente Progresista que integran socialistas y radicales y recuperar la provincia. Saben que juntos tienen alguna posibilidad, divididos ninguna. El socialismo santafesino, embarcado en una interna feroz, es el espejo invertido del PJ local.

Para Scioli, que se encuentra en Italia, la procesión va por dentro. Fiel a su estilo no dirá nada o dirá algo sin decir nada. “Cómo va a discutir alguien que tiene el 60 por ciento de imagen positiva con un candidato que mide el 5”, explican los suyos desde La Plata. También advierten que hay que esperar al 19 de febrero cuando se reúnan en Sierra de los Padres los principales referentes del PJ bonaerense. Ese día es el cumpleaños de la presidenta. Dos días antes, se inaugurará el Estadio Único de La Plata con un espectáculo de luz y sonido. En el palco estarán Cristina Kichner y Daniel Scioli. En el campo de juego desfilarán Juan Sebastián Verón y Guillermo Barros Schelotto, entre otras glorias de los equipos platenses. Tanto en el fútbol como en la política, rivalidades y alianzas tienen una insoportable levedad.

Nota: Publicado en Diario Z edición 10.02.2011

Te amo, te odio, dame más

Las primeras batallas

El año electoral comienza a iluminarse con los aprontes que preceden a las primeras batallas. La Unión Cívica Radical cerró la fecha de su interna para el 30 de abril próximo. Contarán con la presencia de un ausente: Julio César Cobos. Ricardo Alfonsín y Ernesto Sanz, los otros presidenciables en el partido de Alem, sólo se lamentaron para la foto. Piensan que de esta manera el otrora célebre Cleto “se perjudicó solo”. En el Peronismo Federal, por lo menos en el fragmento que les toca gobernar a Eduardo Duhalde y a los Rodríguez Saá, también intentan apurar una interna. Claro que aquí nadie festeja la carencia de contrincantes. En el PRO, Mauricio Macri actúa en público como candidato a presidente, traza estrategias y negocia alianzas, pero en privado todavía no cerró del todo la puerta a la reelección. En el gobierno pasan las cosas más raras: los halcones coinciden con algunos operadores de prensa en castigar a Daniel Scioli, que cumple el doble rol de “aliado imprescindible” y eventual “peor enemigo”. Todo al mismo tiempo. Mientras tanto la presidenta Cristina Fernández no se siente obligada a anunciar lo inevitable: su propia candidatura

Cobos justificó su deserción “para no violar la ley” (de internas abiertas y obligatorias para el 14 de Agosto). A través de una carta explicó que no competirá en este aperitivo electoral, al que llama despectivamente consulta, con Ricardo Alfonsín y Ernesto Sánz el 30 de abril (día de su cumpleaños) por ilegal. Cobos, por primera vez, condicionó su candidatura: “si compito, será en agosto”, dijo, abriendo el paraguas en caso de que el aguacero de las encuestas lo deje a la intemperie.

En realidad, tanto Alfonsín como Sánz creen que la estrella de Cobos yo no ilumina tanto ni hacia adentro ni hacia fuera del partido (“no sabe si quiere ser candidato”, lo fustigó Gerardo Morales). Los líderes tradicionales de la UCR creen que la muerte de Néstor Kirchner quebró las expectativas políticas del mendocino. De hecho fue el dirigente más insultado por los jóvenes ese día. Después de la “consulta”, el candidato radical que salga de la interna tratará de cerrar un acuerdo con el GEN de Margarita Stolbizer y el socialismo de Hermes Binner. Contra ellos deberá competir el vice.

En el Peronismo Federal nadie se alegra por las deserciones. El llamado a internas regionales lanzado por Duhalde y Los Rodríguez no encontró eco en Das Neves y Felipe Solá, este último decidido a competir en Agosto. Si no logran convencer al gobernador de Chubut, la interna del PF puede convertirse en una mueca electoral que en lugar de fortalecer menoscabe aún más la chance del peronismo disidente.

En el campamento del PRO actúan como si todo estuviese cocinado. Macri candidato a presidente en alianza con el alicaído “alica alicate” Francisco De Narváez (que irá por la gobernación bonaerense) y algún sector marginal del PJ. Los contactos con el duhaldismo son intensos vía Cristian Ritondo. Falta zanjar la disputa por la sucesión entre Horacio Rodríguez Larreta y Gabriela Michetti. Si finalmente Macri mantiene su sueño presidencial, será su dedo el que determine al delfín en base a las encuestas.

En las otras fuerzas hay más calma. Pino Solanas está solo y espera sumar a algún sector del progresismo que, en sus palabras, no sea furgón de cola del radicalismo. Elisa Carrió solitaria por opción, no espera nada.

En el Frente para la Víctoria se reeditó un clásico: pegarle a Scioli. Sorprende que quienes lo pintan como una amenaza, a su vez, lo consideran “clave” para revalidar el modelo en las elecciones de Octubre. En esta estrategia coinciden los halcones del gobierno con las plumas más críticas del periodismo opositor. Los dos sectores con una simpleza que asombra. Es evidente que el gobernador de Buenos Aires hace su juego y mantiene intacta sus ambiciones. Pero cree que el tiempo está de su lado y no es afecto a las traiciones. Con el tiempo se convirtió en el político más pragmático de la Argentina.

Scioli llegó al mundo político con Menem, fue funcionario de Duhalde y vicepresidente de Kichner. No abandonó a ninguno de los tres. Con el kichnerismo, a pesar de las controversias, dio muestras de lealtad difíciles de igualar: a pedido del ex presidente fue candidato a gobernador de Buenos Aires cuando tenía todo listo para ganar la Capital y luego, candidato testimonial a diputados aun convencido de que se trataba de un error. Mientras se velaba al presidente del PJ y cuando de una trinchera y otra se especulaba con su eventual voltereta política, dijo: “voy a estar dónde la presidenta quiera que esté”.  Será candidato a la reelección.

El peronismo es eso: una ancha avenida, tal vez demasiado ancha, que va de Cristina Kichner a Mario Ishii y los barones del conurbano, en el medio está Scioli y Moyano y Kunkel y tantos más. Basta recordar que Néstor Kichner llegó al poder porque Eduardo Duhalde le abrió la posibilidad. La disputa de poder fue anterior a la pelea ideológica.

Un ejemplo de la amplitud de opciones del PJ se da en la Ciudad de Buenos Aires. A pesar de que el Frente para la Victoria contaba con un candidato consolidado: Daniel Filmus y otro con buena imagen, Juan Carlos Tomada; se lanzó al ministro de Economía, Amado Boudou. El economista cuenta con el aval explícito de la Casa Rosada, al punto que esta semana lanzó un plan de viviendas en el conurbano –la principal flaqueza de Macri– y un día después ocupó el escenario de la tevé pública. Superada la sorpresa, los distintos sectores kichneristas de la CABA parecen dispuestos a bancar al ex ministro de Educación. ¿Podrán? Las encuestas que lleguen al despacho presidencial serán la clave.

Esta es otra curiosidad argentina: las internas abiertas, obligatorias y simultáneas conviven con los dedazos como si nada.

Nota publicada en Diario Z del 27.01.2011

Las primeras batallas

El enemigo perfecto

Nota publicada en el Diario Z del 25.11.10

“Estado civil: feliz”. La frase de Mauricio Macri no sólo refiere a su reciente casamiento con la bella empresaria Juliana Awada, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires está convencido de que el 2011 será “su año”. Tiene decidido competir por la presidencia de la Nación y sólo le resta resolver, a su regreso de la luna de miel, si unifica las elecciones porteñas con las nacionales. La gran apuesta es convertirse en el principal rival de Cristina Kichner si es que la presidenta, finalmente, decide ir por la reelección. Su asesor electoral, Jaime Durán Barba, lo alentó públicamente: “es el mejor candidato opositor, el más sólido y el menos afectado por la muerte de Néstor Kichner”. Lo curioso es que en el gobierno nacional coinciden con el consultor ecuatoriano: Macri tiene todo para convertirse en el enemigo perfecto. Entre otras cosas, afirman, garantiza la confrontación de dos modelos diferentes y antagónicos.

Un empresario exitoso, un político moderno, recién casado, alegre y pragmático versus la presidenta de la Nación, viuda, sin su aliado incondicional, desgastada por la función pública y acosada por las fuerzas inmanejables del peronismo. Sobre esta simplificación trabajan en el PRO. El escenario que vislumbra Durán Barba sólo tiene tres nombres de peso: Cristina, Macri y Ricardo Alfonsín. Y aspira, claro, a una segunda vuelta sin radicales en carrera.

El asesor macrista piensa que el Peronismo Federal no logrará plantar un candidato con posibilidades y que será Macri quien se beneficie con esa imposibilidad. En efecto, después del portazo de Carlos Reutemann y el crecimiento de CFK en las encuestas, de distintas maneras, el peronismo empezó a cerrar filas detrás de la presidenta. Por esa razón, aunque Macri siempre aspiró a captar parte del voto peronista, el ecuatoriano le sugirió hacer una campaña “desperonizada” al estilo de la que lo depositó en el principal sillón de la Ciudad. También descuenta que Francisco De Narváez volverá al redil. Después de múltiples volteretas (intentó acercarse a Duhalde, Scioli, Reutemann y Cobos, respectivamente) dilapidando capital político y del otro, el empresario multimediático buscará reeditar la vieja sociedad. “El colorado” fue un invitado de lujo en la fiesta donde Mauricio, imitando a Freddie Mercury, se tragó parte del bigote postizo.

Para Durán Barba los problemas que tuvo Macri en la actual gestión no menoscabaron su imagen. Ni los conflictos sociales, ni la toma de colegios, ni los muertos en los derrumbes complican su chance. Tiene la teoría del traje de amianto. “Todas las mediciones lo ubican entre los tres o cuatro dirigentes con mejor imagen en el país”, repite como un catecismo laico el hombre que en los próximos días lanzará un libro con título pretencioso y de manual: El arte de ganar.

Por la Nación o por la Capital

Entre los colaboradores más cercanos del ingeniero conviven dos opiniones. Los que abonan a la estrategia presidencial aseguran que después de su tercer casamiento, el Jefe de Gobierno porteño está en el mejor momento para “ir por todo”. Las razones trascienden el amor. La flamante esposa lo acompañará en la campaña y están convencidos de que su presencia será un antídoto para la imagen fría y pragmática que le devuelve el espejo. Creen además que para bajarse de la pelea nacional y disputar la reelección en la Capital siempre hay tiempo (esto es relativo porque la decisión no puede pasar de marzo). Horacio Rodríguez Larreta, Marcos Peña y Diego Santilli, militan en este grupo. “Además la candidatura presidencial es una cuestión de necesidad política. Cómo hacemos otra gestión con un gobierno nacional que nos boicotea créditos y obras”, confiesan.

Los que piensan que Macri debería apostar a la reelección, argumentan que antes de dar el salto a la presidencia “a Mauricio le conviene consolidar el poder en la Ciudad”. En buen romance: hacer una buena gestión sobre la experiencia de la actual y con los principales lineamientos trazados. En definitiva: demostrar que es un buen administrador y recién después apostar a la presidencia. Abonan esta idea los amigos más antiguos de Macri, los empresarios José Torello y Nicolás Caputo. La diputada nacional Gabriela Michetti, sin resignar sus aspiraciones a la sucesión, no rechaza esta estrategia que para su rival interno, Rodríguez Larreta, es una herejía.

Sobre una eventual doble candidatura, a la reelección en la Ciudad y luego a la presidencia, nadie habla. Es una variante que estudian, por ejemplo, en Proyecto Sur. Pino Solanas, el candidato más peligroso para la continuidad del PRO, podría anotarse en las dos carreras. Todo depende de los acuerdos futuros que la fuerza que lidera el cineasta pueda cerrar.

En tanto, en el gobierno nacional coinciden con Durán Barba. Consideran positivo que Macri se convierta en el principal opositor. Creen que la polarización con el Jefe de Gobierno puede operar positivamente en un doble sentido: terminar de cerrar el apoyo de gran parte del peronismo detrás de la candidatura de CFK y, a la vez, aglutinar el voto “progresista”.

Unificar o no: esa es la cuestión

Macri cree también que la causa judicial por el espionaje telefónico, por la que fue procesado, no llegará a afectarlo. Esta semana la Cámara de Casación le dio la primera alegría: a través de un fallo abrieron la posibilidad para que el juez Norberto Oyarbide pueda ser apartado de la investigación. Al regreso de Beirut, su destino mielero, deberá concentrarse en dos tareas: planificar los recorridos proselitistas por el país (estará durante la semana en la Capital y los fines de semana en el interior) y resolver la fecha de las elecciones en la Capital para que su partido pueda retener el gobierno.

Dos fuentes de la administración macrista ratificaron lo publicado hace un mes por Diario Z. La decisión de unificar está tomada. El argumento es el que más le gusta a Macri: “es una locura que los porteños voten cinco veces en el año y que se haga semejante gasto”. La movida tiene que ver con la conveniencia política. En el PRO creen que la candidatura presidencial de Macri puede empujar hacia arriba al candidato local y, a la vez, sumar votos porteños a la postulación presidencial. Esta idea es la que más le gusta al Jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta. La ex vicejefa de Gobierno, Gabriela Michetti, con mayor intención de voto que su oponente interno, no está preocupada por contar con ése envión y se animaría a dar batalla en soledad.

La unificación de los comicios requiere una ley pero en el PRO descuentan que conseguirían los votos con facilidad. “A casi todos les conviene ya que no hay candidatos muy fuertes a nivel local”, explican. En el Frente para la Victoria de Capital no existen dudas. Son concientes de que el crecimiento de CFK en las encuestas aumenta las posibilidades de hacer una buena elección. Después de la muerte del ex presidente muchos hablan de unidad y aspiran a conformar una alianza con sectores progresistas de la Ciudad. El Senador Daniel Filmus es el primer anotado en la carrera.

En la UCR también apuestan a la unificación. Tienen dos candidatos fuertes a la presidencia (Cobos y Alfonsín) pero no cuentan con un nombre relevante en intención de votos en el plano local. Si el ganador de la interna es Alfonsín, descuentan una alianza con los socialistas.

En la Coalición Cívica, más allá de la imprevisibilidad de Elisa Carrió, también abogan por la unificación. El candidato porteño Adrián Pérez no cuenta todavía con el aval judicial pero la líder del ARI confía en que finalmente le darán el ok. Caso contrario le tocará el turno al “joven y brillante economista” Alfonso Prat Gay. Ambos necesitarán del paraguas de Carrió.

Donde hay menos entusiasmo con el voto unificado es en Proyecto Sur. Solanas lanzará su candidatura a presidente el 7 de diciembre en un acto en Ferro. Afirman que no se lanzarán más nombres al ruedo. Sin embargo, unos días antes la corriente interna Buenos Aires para Todos impulsará a Claudio Lozano para la Capital. El economista de la CTA prefiere competir en soledad. Pino no le sumaría muchos votos y prefiere discutir los temas locales sin la interferencia de la cuestión nacional. Un eventual acuerdo de Solanas con Hermes Binner y Luis Juez cambiaría este esquema. Aunque por ahora la posibilidad de un Frente Progresista con el socialismo pero sin el radicalismo -como sueñan Solanas y Juez- parece lejana.

Existe una variante más a la que Macri podría apelar: unificar las elecciones de Jefe de Gobierno con la elección de Comunas el 5 de Junio. La justificación sería la misma pero en busca de un objetivo diferente. “Todo se resolverá en Marzo”, explican. Seguramente con las encuestas en la mano.

El enemigo perfecto

¿Es posible un Frente Amplio Argentino?

Fernando Pino Solanas quiere ser candidato a Presidente de la Nación como se lo propuso un sector de Proyecto Sur y, a la vez, no quiere. No se trata de otro gesto de gataflorismo, tan común en la política argentina. Cerca del cieneasta aseguran que el anuncio es una señal que tanto propios como extraños deberían saber leer.

Pino Solanas será candidato a Presidente de la Nación sólo si no logra sumar a su sector a un amplio acuerdo de fuerzas de izquierda y progresistas para las elecciones del 2011. Si el Frente que imagina Solanas -para no utilizar el término Alianza, considerado maldito desde la debacle del 2001- propone un presidenciable con más posibilidades, él no tendría problemas en ser candidato a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Donde sabe, además, que tiene posibilidades ciertas de ganar. “Con Macri o sin Macri en la competencia”, como suele confesar con optimismo. Está convencido que los problemas de gestión exhibidos por el líder del PRO le impedirán lograr una eventual reelección en la Capital.

Para Pino el gran acuerdo que imagina debería abarcar a fuerzas que van desde la centro izquierda a la izquierda y excluir a las estructuras formales de los partidos tradicionales (PJ y UCR). Ser abierto a sectores independientes y generar una plataforma de cambio profundo de las estructuras sociales y políticas.

Realmente no son muchas las diferencias que separan a Hermes Binner, Margarita Stolbizer, Luis Juez, Víctor De Gennaro, Eduardo Macaluse y Pino Solanas. Las fuerzas que representan han coincidido en numerosas oportunidades en votaciones parlamentarias. Hay un caso notable: los legisladores de Proyecto Sur y del Socialismo, si bien se reinvindican críticos del gobierno, acompañaron decisiones fundamentales del kirchnerismo como la estatización de las AFJP y la sanción de la Ley de Medios Audiovisuales privilegiando sus ideas a la conveniencia.

A pesar de los elogios que Solanas le propinó a Elisa Carrió, por su portazo al Acuerdo Cívico y Social, y en reconocimiento a “su actitud ética” es muy difícil considerar al partido creado por la dirigente chaqueña como una fuerza de izquierda. En su desesperado intento por diferenciarse del kirchnerismo, tanto en lo económico como en lo político, la Coalición Cívica se mueve como un partido liberal y de centro. El periodista y diputado por la CC, Fernando Iglesias, se pregunta en un libro: ¿Qué significa ser de izquierda?, la fundadora del espacio que él integra, con la incorporación de Patricia Bulrich y Prat Gay, aportó una clara respuesta.

Para los hombres de Proyecto Sur más entusiasmados con un acuerdo, el gran escollo para la creación de un “Frente Amplio” en Argentina radica en la relación entre el Socialismo de Binner y el radicalismo de Ricardo Alfonsín. “No cometan el error de ir tras el trencito radical, hay que conformar una tercera fuerza que sea alternativa al bipartidismo”, advirtió Solanas.

El gobernador de Santa Fe se debate entre ratificar su alianza con el radicalismo también a nivel nacional o apostar a la construcción de un frente sin la UCR. En su provincia gobierna en sociedad con el radicalismo y otras fuerzas (PDP y CC). Con esa coalición logró imponerse al PJ y se convirtió en el primer gobernador socialista de la historia argentina. Binner ya resolvió que no será el vice de Julio Cobos pero la decisión es más difícil si quien articula la alianza es Ricardo Alfonsín. En un abuso de simplificación, las opciones de Binner pasan por ser el candidato a vice de Alfonsín en el marco del Acuerdo Cívico y Social o ser, eventualmente, la cabeza de una fórmula de centro izquierda que excluya al PJ y la UCR. En este último caso, las dudas pasan por saber si podría sostener la sociedad política con el radicalismo santafesino.

En el Socialismo las opiniones están divididas. Es sabido que ideología y pragmatismo no se llevan bien. En Proyecto Sur también hay interna. Están quienes tratan de convencer a Solanas de que su destino debe ser la disputa por la Presidencia. En este caso, los consejos nacen más de la especulación personal que de la lógica política. No faltan los que creen que Proyecto Sur podría ganar la Capital sin Pino de candidato. Un cálculo que no resiste el análisis más simple. Los votos son de Solanas y de nadie más.

En la elección del 2011 abundarán las propuestas de la derecha. El PJ Federal exhibe un abanico impresionante: Eduardo Duhalde, Felipe Solá, Francisco De Narváez, Rodríguez Saá y Carlos Reutemann. A esto hay que sumar al PRO, eventualmente con Mauricio Macri a la cabeza. Un Frente de centro izquierda afectaría especialmente al oficialismo no a éstas fuerzas. Es sobre ese sector dónde el gobierno construye su discurso.

¿Qué pasaría si además de las variantes radicales y justicialistas en las próximas elecciones, aparece una fuerza que propone consolidar la política de Derechos Humanos, profundizar la distribución de la riqueza, hacer una profunda reforma impositiva, luchar contra la pobreza y la corrupción, reinvindicando el rol del Estado?

Claro que se trataría de una apuesta a mediano plazo. Esa alternativa progresista y superadora, debería estar pensada primero para perder y luego para permanecer. Imaginada después para crecer y más tarde, tal vez, para ganar. Así fueron las experiencias exitosas en Brasil y en Uruguay. Una alternativa política es como el amor o la amistad, necesita de generosidad, convicción y especialmente, tiempo.

Publicado en Diario Z Jueves 19 de Agosto de 2010.

¿Es posible un Frente Amplio Argentino?