La batalla final? Los Moyano vs CFK

Paro de 72 horas en el transporte de combustibles y amenaza de extener el conflicto a todas las modalidades del transporte y en todo el país. También advertencia de movilizar cien mil camioneros a Plaza de Mayo. Esa fue la respuesta de la flia Moyano a la negativa de los empresarios a otorgarles el 30 por ciento de aumento y del gobierno a eliminar el impuesto a las ganancias.

Después de responderle a través de un dirigente desgastado como el vice Amado Boudou, varios ministros del gobierno hablaron de extorsión, y que el Estado garantizará el abastecimiento. Preparan denuncias penales y una fuerte respuesta política. Lo cierto es que los dos dirigentes políticos más poderosos de la Argentina, y ex aliados estratégicos, se preparan para una batalla final.

Moyano cree que no sólo quieren correrlo de la conducción de la CGT, también “me quieren meter preso”, le dice a sus íntimos. Por eso va por todo, y el va por todo es el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. La pelea es política y con caracteríticas desestabilizadoras. La lógica de “ella o yo”, amenaza con abrir una batalla de imprevisibles consecuencias.

Los métodos de Moyano, hay que decirlo, son los que el gobierno aplaudía hace algunos meses. En medio se desarrolla una feroz interna en el peronismo, basta ver las declaraciones de Mariotto contra Scioli. El peronismo, otra vez, como escenario de una lucha feroz. Aquí mi comentario de esta mañana en Vorterix, 103.1  Esta historia continuará, no sabemos cómo.

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La batalla final? Los Moyano vs CFK

El país de los piquetes

piquetes

Los piquetes ya son una metodología extendida por todo el país. La idea de éste post es discutir si esa forma de protesta, nacida del desamparo y la desesperación, es siempre válida.

Aquí un comentario que hice en la radio y dos notas.

Hablan el doctor Roberto Gargarella y el Ministro de Desarrollo Social de Santa Fe, Pablo Farías.

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(Gracias Eduardo por la imagen)

El país de los piquetes

Escraches buenos y escraches malos

Daniel Scioli

Esa es la opción maniquea que defienden algunos medios y dirigentes. Pasó algo parecido con los piquetes. Ya había fijado posición al respecto en el post “Requiem para los escraches” (fue una contratrapa de Crítica). Después del escrache al gobernador Scioli reiteré esas ideas en la radio.

Aquí el diálogo con Romina Manguel (yo estuve en Rosario por un problema familiar) y los audios de los protagonistas.

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Escraches buenos y escraches malos

Demasiado tarde para lágrimas

¿Qué te pasa, Clarín?

Es como las peleas en la calle, que uno le dice al otro “¿qué te pasa a vos?”

Hay una pelea de fondo entre el multimedios Clarín y Nestor Kirchner. Y en eso se enmarca también el planteo de enviar una Ley de Radiodifusión este año al Congreso. Y es complicado, pero me siento en la obligación de hacer algunas consideraciones para que se entienda un poquito más de qué va esta pelea.

Editorial en Mañana es tarde
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Demasiado tarde para lágrimas

¿Qué pasará con Mañana es Tarde?

Me voy a anticipar a lo que seguramente van a pedirme muchos oyentes de este programa. Qué dé mi opinión sobre la rescisión del contrato a Nelson Castro y que explique qué puede pasar con Mañana es Tarde.

Lo primero que tengo que decir es que lamento mucho que el programa Puntos de Vista no esté más al aire en Radio Del Plata.

Tengo con Nelson Castro tantas diferencias como coincidencias sobre cómo ver, contar e interpretar la realidad nacional. Pero eso no es lo importante. Lo sustancial, en un medio de comunicación, es la pluralidad de voces y la honestidad con la que se expresan esas voces. Lo contrario es el monólogo y con los monólogos se construyen sólo discursos. Y en un país democrático, el periodismo se enriquece en base a la libertad de opinión y el disenso.

Ésta praxis no es un derecho que le compete a un periodista determinado o a un medio en particular sino que pertenece, fundamentalmente, a los oyentes, televidentes o lectores. Ellos tienen derecho a estar informados y a recibir mensajes diversos que les permitan comparar, analizar y reflexionar sobre lo que pasa en un país. Saber, en definitiva, por qué les ocurre lo que les ocurre.

Los legítimos intereses económicos de las empresas que poseen medios, incluso sus posiciones políticas, no deberían nunca interferir en el ejercicio de ese derecho.

Por eso lo que sucedió con Nelson Castro me apena y preocupa. Su salida del aire es una pérdida para los que creemos en ese manera de comunicar.

¿Qué pasará entonces con Mañana es Tarde?, se preguntarán.

Lo que puedo contarles es que en la última semana de diciembre pasado todos los miembros de este equipo periodístico renovamos nuestros contratos con Radio del Plata (desde hace varios meses propiedad de la empresa Electroingeniería).

Las discusiones con la gerencia de la empresa no se limitaron a la cuestión económica. En esas charlas dejé expresado que haríamos el mismo programa que hicimos durante el 2008. Es decir que nos moveríamos con los mismos parámetros: información precisa y rigurosa, independencia periodística y libertad de opinión.

Somos los que buscamos el pelo en la leche. No los que pregonamos sus bondades. Y en esa tarea nunca nos preguntamos si el lechero es más o menos amigo del gobierno de turno.

Éste programa no funciona de otra manera.

Mis interlocutores lo aceptaron.

En este país dónde la comunicación está manejada desde hace cuarenta años por cinco o seis grupos mediáticos, eso es lo que básicamente debemos exigir los trabajadores de prensa.

Este mapa concentrado se dibujó gracias a la complicidad de la dirigencia política que no aprueba una ley de radiodifusión democrática y plural y prefiere mantener la regulación de la última dictadura militar. La ley actual, por ejemplo, permite que se puedan constituir monopolios de medios electrónicos pero evita que un sindicato, una parroquia o una ONG tengan una radio. ¿Se puede hablar de libertad de prensa en la argentina sin hablar de éste tema? A propósito, muchos que suelen exigir libertad de información hacen un prolijo silencio sobre el escandaloso nivel de concentración mediática que existe en la Argentina.

Los periodistas –lo escribí hace un par de meses en una contratapa del diario Crítica– no tenemos la facultad de incidir en la propiedad de los medios. Las empresas se compran, venden o fusionan independientemente de lo que cada uno opine sobre los propietarios.

Los legisladores y el poder político en general sí pueden modelar esa estructura pero no lo hacen.

Un centenar de proyectos para cambiar la ley duermen en el Congreso. Ni el alfonsinismo, ni el peronismo, ni la alianza hicieron nada al respecto.

La actitud del kirchnerismo en este sentido también fue lamentable. Negoció, concedió y luego amagó con cambios sólo porque se había peleado con Clarín durante el conflicto del campo. Todo un estilo.

¿Y entonces? ¿Qué pasará con Mañana es tarde?

Espero que nada cambie.

A esta altura de mi carrera profesional, les confieso que no me preocupa tanto quién es el dueño de la empresa dónde trabajo; siempre y cuando se acepte mi manera de trabajar. Y mi manera de trabajar no tolera injerencia empresarial sobre los contenidos periodísticos que pongo en el aire o vuelco en un papel. Y esto vale para Del Plata, Crìtica o América.

Por eso no vamos a sorprenderlos. Nadie está obligado a decir lo que no piensa o hacer lo que no quiere. Es una falacia que no se pueda decir que no.

Como trabajadores de los medios, lo que hacemos es vender nuestra fuerza de trabajo. Nuestra opinión no está en venta.

No traicionamos lo que pensamos, porque eso sería dilapidar el único capital con el que contamos desde hace tantos años: la confianza que nos tienen los oyentes.

Como dice Tomás Eloy Martínez: somos lo que decimos, somos lo que escribimos.

Ustedes, en todo caso, serán los primeros en darse cuenta si algo ha cambiado.

Eso es lo bueno de la radio, los engaños no duran nada.

[audio:rey-02-02-09.mp3]

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¿Qué pasará con Mañana es Tarde?