La policía de la democracia

Protesta policial en La Plata
La mayoría de los agentes de policía del país cobran salarios que no se corresponden con la importante función que desarrollan. Sus sueldos, como los del resto de los empleados públicos, están atrasados. Los que no recurren a financiación ilegal (vía juego clandestino, prostitución o narcotráfico), deben realizar horas adicionales o tener otro trabajo para poder redondear un ingreso digno.

Los policías no cuentan con paritarias, esa modalidad de negociación les permitió a los trabajadores en blanco defender el poder de compra de sus salarios frente a la inflación. Desde esa perspectiva cualquier reclamo de recomposición económica tiene razonabilidad. Pero los policías –en especial en las provincias– no sólo están mal pagos: también están mal entrenados, mal equipados y mal armados.

Estas son algunas de las razones por las cuales la policía es parte del problema de la inseguridad y no un aspecto central de su solución. La responsabilidad de la dirigencia política en el diseño del perfil de las fuerzas de seguridad es innegable. Aclarado lo evidente, no hay dudas de que el levantamiento policial –el más grave de los últimos 30 años– representa un desafío inadmisible para las instituciones democráticas.

El saldo provisorio de una semana de violencia incluye diez muertos, cientos de heridos y unos dos mil negocios atacados. La chispa que incendió la pradera social estalló en Córdoba. El pésimo manejo de la crisis por parte del gobernador José Manuel De la Sota y la mezquina reacción del gobierno nacional, que demoró en anunciar el envío de Gendarmería, conformaron una tormenta perfecta.

El mandatario cordobés estaba de viaje cuando los policías se autoacuartelaron dejando a la población a merced de grupos de vándalos. De regreso en su provincia, disparó: “no hay ninguna posibilidad de otorgar un aumento como el que piden”, y solicitó que la justicia sancionara a los amotinados. A las pocas horas, y después de que un millar de comercios fueran atacados –hay sospechas de la creación de zonas liberadas y connivencia policial con los atacantes– les otorgó aumentos, que en algunos casos duplicaron los salarios básicos. En definitiva, el gobernador cedió a todos los reclamos y no aplicó sanción alguna. El acuerdo funcionó como una invitación al resto de las policías provinciales a que realizaran reclamos similares.

El gobierno nacional, enfrascado desde hace años en una interna durísima con De la Sota, negó en principio la ayuda que pidió el gobernador. Un error gravísimo. El primero y más importante cometido por el Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich desde que asumió su cargo, exhibiendo una actitud amplia y dialoguista. El Secretario de Seguridad, Sergio Berni, tuvo que enmendarle la plana apenas unas horas después y anunció el envío de las tropas. Pero ya era tarde. El daño estaba hecho. Capitanich y De la Sota se reunieron el martes pasado y después de intercambiarse algunas chicanas (“los cordobeses también somos argentinos”), condenaron los acuartelamientos y se comprometieron a coordinar políticas.

El reclamo legítimo por mejores salarios abrió la caja de Pandora. Se sumaron policías exonerados, retirados, jubilados, delincuentes y operadores de todo tipo. Hay fiscales que investigan la connivencia de grupos de policías amotinados y saqueadores. Julio Adler, fiscal de Mar del Plata, por ejemplo, quiere que se los acuse de “asociación ilícita agravada”. Para los funcionarios nacionales el nivel de organización de algunos ataques a comercios confirma la sospecha de la participación de bandas delictivas que obraron con algún tipo de aval de los sectores involucrados en la protesta.

Capitanich habló de intento de desestabilización y de grupos que provocan el caos. El gobernador Sergio Urribarri acusó a los policías de su provincia de sedición. El Ministro de Justicia, Julio Alak, dijo que “algunos grupos políticos fogonean la protesta” y el Secretario de Justicia, Julián Álvarez, sorprendió a toda la clase política cuando no dudó en responsabilizar al ex comisario Salvador Baratta de alentar los desmanes. Baratta es actualmente concejal en Lanús, ganó su banca por el Frente para la Victoria y luego emigró al massismo. El ex policía (subjefe durante la gestión de Scioli) rechazó la acusación y contó que estuvo varias veces reunido, durante el fin de semana pasado, con el Ministro de Seguridad de Buenos Aires, Alejandro Granados, “para ayudar a destrabar la situación”.

Baratta propicia la sindicalización de la policía pero se manifestó contra el acuartelamiento y la posibilidad de que los uniformados realicen medidas de fuerza. “Tratan de involucrar a Sergio Massa“, señaló. Alvarez no presentó ninguna prueba para sostener su acusación. No faltó quien recordó que el Secretario de Justicia, también de Lanús, estaba jugando una interna más en medio del incendio.

Las denuncias sobre supuestas conspiraciones, sin pruebas contundentes que las respalden, ya son una costumbre en el discurso de algunos funcionarios del kirchnerismo.

Con ese escenario de fondo, el gobernador Daniel Scioli habló de extorsión primero y luego, por decreto, llevó el salario mínimo de los agentes a 8.570 pesos, lo que desinfló el reclamo en territorio bonaerense. Su reacción fue diametralmente opuesta a la De la Sota. El martes una delegación de legisladores nacionales kirchneristas y de distintas fuerzas políticas se presentó en La Plata para darle su apoyo.

Por su parte, el principal referente del llamado peronismo renovador, Sergio Massa, se reunió con los intendentes de su sector con quienes cuestionó la protesta policial y los ataques a comercios (“el que saquea es un ladrón”) y anunció que se ponía a disposición de las autoridades provinciales a las que ofreció colaboración. La dirigencia no peronista reaccionó algo tarde o, directamente, no cuestionó con firmeza las protestas.

A esta altura hay que debatir, en profundidad, si los policías deben contar con algún tipo de sindicalización. En Europa hay algunas experiencias interesantes donde la agremiación permite negociar salarios y condiciones laborales pero les impide tomar medidas de fuerza.

En tanto, hay que saber distinguir: una cosa es el reclamo de familiares y policías de franco -como se desarrolló en Buenos Aires- y otra muy distinta establecer zonas liberadas para el delito como ocurrió en Córdoba y en algunas otras ciudades del interior. Los médicos estatales cobran tan mal como la policía y no dejan sin servicio a la población cuando realizan un reclamo.

La Justicia debe hacer su aporte en esta coyuntura. En especial esclareciendo la participación de bandas organizadas en los saqueos. Tanto el colega Tomás Méndez en Córdoba como la ex diputada y especialista en temas de Seguridad Paola Spatola, en Buenos Aires, alertaron de la vinculación entre los ataques a comercios, la policía y bandas de narcos.

Treinta años ininterrumpidos de democracia suenan a proeza cívica y, sin duda, merecen una celebración. Se ganó la libertad. La posibilidad de decidir. Pero el paisaje que arroja el país en las últimas horas, con policías amotinados, comerciantes armados, adolescentes en moto atacando distintos negocios, vecinos ejerciendo el pillaje en los mismos lugares donde van a comprar cada mañana, remiten a todo lo que todavía falta para alcanzar una sociedad más justa y fraterna.

Las palabras del Preámbulo de la Constitución Nacional que recitaba Raúl Alfonsín en la campaña electoral de 1983, como una suerte de mantra republicano, siguen siendo un menú de metas a alcanzar.

“Constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”.

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La policía de la democracia

La crisis menos pensada

Mi comentario editorial en Guetap (se reproduce por gentileza de Vorterix.com 103.1).

Los más y los menos de la protesta de gendarmes y prefectos. La responsabilidad política. La reacción de la oposición. Los errores del gobierno. La delgada línea que separa un reclamo salarial legítimo de un desacato a las autoridades democráticas.

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La crisis menos pensada

Postales argentinas

 

El escrutinio definitivo de las elecciones primarias fijó en más de ocho millones de votos la diferencia entre Cristina Kirchner y Ricardo Alfonsín. La fórmula del oficialismo obtuvo unos cuatrocientos mil sufragios más que en el conteo provisorio. Estos datos, por sí solos, conjuran las sospechas de maniobras fraudulentas denunciadas por algunos dirigentes de la oposición.  No hacía falta mucho más. Sin embargo, el Ministro del Interior, Florencio Randazzo, cayó en la tentación de enrostrarle a los grandes diarios la amplificación de los planteos opositores. El funcionario terminó enredado en una discusión con Mariano Obarrio, periodista de La Nación. Un paso en falso: la libertad de informar incluye hasta los posibles episodios de mala praxis periodística. El funcionario contradijo, además, la indicación presidencial después de los comicios: mostrar gestión y bajar el nivel de confrontación.

¿Por qué agitar las aguas cuando la navegación se asemeja a un paseo por El Tigre? La primera encuesta post primarias le otorga a la fórmula oficialista perspectivas de crecimiento (algo más del 52 por ciento, según Artemio López). También modifica la grilla del 14 de agosto, al ubicar a Hermes Binner y Alberto Rodríguez Saá, en el segundo y tercer lugar, por sobre Ricardo Alfonsín y Eduardo Duhalde. Todavía faltan dos meses, pero los cimbronazos en las fuerzas opositoras, que se ubicaron en detrás de la presidenta, no cesan.

Francisco De Narváez criticó a Ricardo Alfonsín por mostrar una visión derrotista. El líder radical calificó como “improbable, si no imposible” vencer al gobierno. El millonario colombiano enfureció:

“Me disgusta esa posición, no hay pelea que se pierda antes de darla”. Los socios políticos harán campaña por separado. De Narváez intentará acrecentar su caudal electoral llamando al voto útil de la oposición bonaerense. La idea es presentarse como el único rival con posibilidades de vencer a Daniel Scioli. Con ese objetivo está dispuesto a hacer una inversión mayor en la campaña. La distancia con el actual gobernador fue de 30 puntos pero dinero no le falta.

Por su parte, Alfonsín aguanta los chubascos como puede. Primero dijo que lo malinterpretaron cuando habló de triunfos “improbables e imposibles”. Para colmo de males el intendente de Mendoza, Víctor Fayad, que obtuvo su reelección con casi el sesenta por ciento de los votos, señaló que “el radicalismo va de un error a otro”. Fayad cuestionó duramente la alianza con De Narváez y rescató la gestión oficial: “La gente no quiere cambiar, le parece bien un modelo agroindustrial, que es un sistema incluyente”. No se privó de criticar a Binner por decir que “hay que cambiar el modelo”. El discurso errático sobre la economía es el punto más débil del Frente Amplio Progresista.

En la misma línea de Alfonsín, Mauricio Macri se sinceró: es “prácticamente imposible” ganarle a Cristina Kirchner. El Jefe de Gobierno porteño habló de los méritos del oficialismo y las fallas de la oposición para explicar el resultado de las primarias. Rompió el silencio pero no dijo a quién votará. El gesto fue valorado en la Casa Rosada. Después del encuentro entre Gabriela Michetti y el senador Daniel Filmus, no son pocos los que auguran una relación “más normal entre el gobierno nacional y el porteño”. Macri sabe que debe exhibir una buena gestión como plataforma de su aspiración presidencial y, para eso, mejorar la relación con el poder central es imprescindible.

El futuro de la Coalición Cívica parece incierto. Elisa Carrió viajó a México para aguardar el nacimiento de su nieta. Miembros del ala derecha de su partido se prueban la camiseta del PRO. Algunos de los dirigentes que se consideran progresistas analizan emigrar. Otros dejarán la actividad política. Ojalá recuerden que dejar cargos no implica, necesariamente, dejar la política. En Proyecto Sur tampoco superaron el impacto de la magra cosecha electoral. No son pocos los que esperan una nueva convocatoria del FAP. La nueva fuerza tendrá la primera prueba de crecimiento. ¿Primará la generosidad por sobre los egos? ¿Cuáles son los límites ideológicos de la nueva fuerza? ¿Cuál es realmente la amplitud de su convocatoria?

En tanto, la noticia de la semana tuvo forma de tren. Los presidentes de Uruguay y la Argentina dieron una señal inconfundible de confraternidad al reinaugurar el tramo que une Concordia con Salto. El abrazo que se dieron los mandatarios es también un gesto hacia la recuperación del servicio ferroviario devastado en los años noventa. Basta confrontar algunos datos para entender el ferrocidio: Argentina tenía en los setenta 42.500 km de vías férreas; en 1977 se perdieron 10 mil y en la actualidad hay alrededor de 5 mil. De las 2.400 estaciones quedan menos de mil.

El tren que ahora une a nuestro país con el Uruguay es un paso en el sentido correcto pero un paso pequeño. Es sabido que lo que se destruye con un decreto puede demorar decenas de años en recuperarse. Los pocos trenes de pasajeros que circulan por el territorio nacional lo hacen a 30 o 40 kilómetros (antes lo hacían a 100 o 120); las vías están en mal estado y el material es obsoleto. Viajar de Buenos Aires a Rosario o Tucumán o subirse al Gran Capitán puede ser el comienzo de una pesadilla. Urge la generación de plan ferroviario nacional que esté acompañado de una decisión estratégica en torno al transporte en general. Hay sectores empresarios y sindicales que militan activamente contra la recuperación del ferrocarril. Para enfrentarlos con éxito se precisa voluntad política y el consenso de las fuerzas populares. No se trata de ganar una elección sino de imaginar un país más justo para las próximas generaciones de argentinos.

Nota publicada en Diario Z, edición 01/09/2011 (escrita antes de la noticia sobre el asesinato de Candela)

Postales argentinas

A quién le habló Cristina?

La presidenta de la Nación, Cristina Kichner, brindó en José C. Paz su discurso más fuerte y emotivo de los últimos meses.

“No me muero por volver a ser presidenta, di todo lo que tenía que dar”. “Estoy haciendo un inmenso esfuerzo personal y hasta físico para seguir adelante”. “Yo no quiero ni explotación ni extorsión, ni de un lado ni de otro”. “Las medidas de extrema dureza terminan desprestigiando al movimiento sindical”. “Yo quiero sindicatos solidarios con todos los argentinos, no sólo con sus afiliados, porque si no dejan de ser sindicatos para ser una corporación”. “Estoy cansada de hipocresías de quienes vivan el nombre de Cristina y al otro día hacen exactamente lo contrario para que tenga problemas o para que esto se derrumbe”. Estas fueron algunas de las frases más notables del discurso.

El mensaje de la presidenta tiene múltiples destinatarios, dentro y fuera del Frente para la Victoria. Estuvo dirigido a los gremios no alineados con el gobierno y a los gremios que responden a Hugo Moyano. Al sindicalismo clasista y a la CTA.

Si bien la presidenta había hecho un discurso similar en marzo pasado, al momento de inaugurar una autovía en Paraná mientras estaban bloqueados los puertos del norte de Rosario, una sucesión de hechos afectaron su ánimo y la decidieron a decir lo que dijo en José C. Paz.

  • La amenaza de Pablo Moyano, en el marco de un conflicto de camioneros de hace una semana, horas después de su llamado al pacto social: “Vamos a parar el país”, dijo el secretario de Camioneros.
  • Los dichos del Jefe sindical de los taxistas, Omar Viviani, apoyando a Sergio Massa para la gobernación, cuando Daniel Scioli es el aliado privilegiado por el gobierno.
  • El conflicto en Aerolíneas Argentinas y Austral, protagonizado por una decena de empleados que pararon vuelos por un pedido de encuadramiento sindical. La presidenta se preguntó en voz alta ante dos ministros: “para esto recuperamos AA, para que la destruya un grupo de irresponsables”.
  • Veinte o treinta trabajadores de Kraft cortaron ayer por la mañana la avenida Panamericana mientras están en conciliación obligatoria.
  • Los petroleros en el sur, los mejores sueldos del país, no sólo persisten en un paro de difícil justificación y paralizan la producción de crudo, sino que no escatiman los métodos violentos.
  • Los docentes de Santa Cruz rechazan, en opinión de la mandataria, un acuerdo racional y no solo siguen con el paro sino que también cortan rutas.
  • Los gremios más sumisos durante el menemismo como Comercio y Gastronómicos ahora hacen planteos que duplican la media salarial.

Además la presidenta cuestiona, sin ambages, los métodos violentos del sindicalismo cuando en el país hay negociaciones paritarias y “se gobierna para los trabajadores”. Los que aseguran que CFK está al borde de desistir de su candidatura construyen su opinión en base al propio deseo. Ahora bien, no se puede soslayar su frase: “No me muero por volver a ser presidenta”. Lo que muchos leyeron como una advertencia, puede leerse así: yo estoy dispuesta a ir, dispuesta a hacer el esfuerzo, el sacrificio pero para eso exijo colaboración y racionalidad. O dicho de otra manera: son ustedes los que necesitan que yo vaya a la reelección si es que no quieren rifar “el modelo”.

La mayoría de los dirigentes gremiales consultados por el discurso no se dieron por aludidos. En la CGT aseguran: “nosotros no hicimos ningún paro general desde el 2003”. Es cierto. Como cierta es la presión que ejercen sobre el gobierno en busca de cargos y otras concesiones. En José C. Paz, la presidenta avisó que no las aceptará. Antes se vuelve a El Calafate.

A pesar de la tensión, es falso que exista ruptura con la CGT. Es evidente que CFK y Moyano están en el mismo barco. El tema central es que no pueden quedar dudas de quién es el que lo conduce.

 

 

A quién le habló Cristina?

A votar

urna_grandeTerminó la campaña más pobre de los últimos años en el país. Finalmente, llegó la hora de votar.

Hubo de todo.

Adelantamiento de las elecciones por conveniencia política.

Se inventaron las célebres candidaturas testimoniales, es decir los candidatos que serán votados y no van a asumir.

Aparecieron dirigentes que dejaron los cargos para los que fueron votados para ser candidatos… en muchos casos para ocupar cargos que abandonarán en el 2011, otra vez.

Casi ningún partido político hizo internas, limitando al extremo la participación popular. La mayoría de los candidatos fue elegida a dedo por el jefe del sector o el hombre fuerte del partido.  Por eso abundan en las listas las esposas, los hijos y las amantes.

Se violó reiteradamente el código electoral: hubo actos oficiales e inauguraciones sólo para hacer campaña política.

Se prometió lo que de antemano se sabe que no se va a cumplir

Se manipularon encuestas.

Algunos medios de comunicación, como nunca antes, tomaron partido pero de la peor manera, defendieron a sus candidatos y demolieron a quienes creían peligrosos para sus intereses…  Y los lectores, los oyentes, los televidentes… bien gracias.

Además, tuvo más peso el marketing que las ideas, la parodia que la verdad, la plata que la voluntad.

Aún así… votar es un ejercicio indispensable.

En este país costó muchas vidas entenderlo.

Está claro que votar no alcanza para cambiar una realidad injusta. Para eso se requiere participación activa todos los días. No importa dónde. Puede ser en los partidos políticos, en los sindicatos, las cooperadoras escolares, los clubes, las asambleas, el barrio.

Cuando comprendamos eso, dejaremos de ser ciudadanos de baja intensidad, tipos que cada dos años cumplen con el sufragio como un ritual y se desentienden.

Y se sientan a criticar a sus dirigentes.

Esto cambiará sólo si nosotros mismos nos comprometemos con el cambio.

A votar

Lucha en el barro

congreso

Hay candidatos que se presentan a las elecciones y ya saben que no van a asumir sus cargos. Los votantes también lo saben. Pero está todo bien. Eso no tiene nada de malo. Es como un juego: votarán para un cargo a alguien que no lo ocupará.

Hay dirigentes que criticaron a los candidatos testimoniales pero dejaron los cargos para los que fueron votados. ¿Para qué? Para ser candidatos otra vez. Y si son electos, en un par de años volverán a renunciar a sus cargos para ser candidatos.

Casi ningún partido designó a sus candidatos a través de elecciones internas. La mayoría de las listas están integradas por los nombres elegidos por “El Jefe”. El adelantamiento de los comicios potenció la dedocracia. Esto encumbró por sobre militantes y dirigentes históricos a amigos, primos, hijos, hermanos, esposas, novias y amantes.

El principal opositor al Gobierno en la provincia de Buenos Aires fue acusado de contrabando, evasión y narcotráfico. Un juez con treinta y ocho denuncias en el Consejo de la Magistratura lo llamó a declarar a dos semanas de las elecciones. El presidente del Consejo de la Magistratura reconoció que el organismo no cumple su función y que las denuncias sobre los jueces no se investigan con la celeridad necesaria. Desde su creación sólo apartó a dos jueces. La oposición dice algo más: el Consejo de la Magistratura no impulsa las investigaciones para tener condicionados a los magistrados.

El candidato denunciado tampoco contribuyó a clarificar las cosas. Recusó al juez y no se presentó a declarar. Cree que sólo quieren perjudicarlo. La presunción no alcanza. Los ciudadanos no pueden decidir a qué juez prefieren al momento de enfrentar una denuncia judicial.

La Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) demostró esta semana que funciona igual que hace un cuarto de siglo. Les sigue pinchando los e-mails y los teléfonos a periodistas y dirigentes políticos. Luego, con esa información confecciona carpetas de cartón, prolijamente rotuladas, que terminan en despachos oficiales.

Y como si fuese poco, apareció un candidato con el mismo nombre que el candidato que amenaza la supremacía del Gobierno. Un clon inventado, supuestamente, para sacarle votos a partir de la confusión. El candidato se molestó, pero hizo un alto en la campaña para visitar el programa de televisión que parodia a los políticos. Allí tiene otro clon. Bailó con él e hizo chistes.

Un senador candidato a senador acusó al gobernador de su distrito de utilizar técnicas del nazismo para perjudicarlo. El gobernador le recuerda su compromiso con las privatizaciones y desguace del Estado en la década del noventa. El senador dice que el gobernador es un tiramierda.

Dirigentes del campo insultan, amenazan de muerte, patalean y escrachan a diestra y siniestra. Siempre más a diestra, en realidad. Hubo uno que se confesó abiertamente golpista ante periodistas golpistas. Los dirigentes del campo también concurrieron al programa de televisión que parodia a los políticos. Allí el chacarero de los insultos visitó a su clon, que luce un poco menos exaltado y guarango que él. Nadie puede prescindir de ese escenario, dicen.

Una candidata anunció por enésima vez la hecatombe. Otros advirtieron que la economía se va al diablo. Aseguran que habrá más inflación y que tendremos un dólar desbocado. Los candidatos del Gobierno no se quedan atrás. Insisten en la idea: nosotros o el caos. Dicen que volveremos a 2001 si la cosecha de votos no es la suficiente.

¿La calidad de esta campaña nos representa como sociedad? ¿Es un espejo impiadoso? ¿Así somos? ¿Partidarios del vale todo? ¿Vulgares e irrespetuosos?

Y hay más. Una encuesta para cada candidato que pueda pagarla. El que abona tiene el informe que desea. El cliente siempre tiene razón. Los sondeos se convirtieron en elementos de campaña. Son como avisos publicitarios.

Los medios de comunicación juegan su partido de manera abierta y desembozada. Los diarios hacen tapas a pedido. Amplifican denuncias contra “sus enemigos” o esgrimen cerradas defensas de aquellos que puedan coincidir con sus intereses. La información es lo de menos. Es preferible incidir sobre la realidad que contar lo que pasa y por qué pasa. Las líneas de conducción periodística son permeables a los gerentes. Es probable que estemos haciendo el peor periodismo desde el retorno a la democracia.

El debate de ideas y la discusión de propuestas son los grandes ausentes de esta campaña electoral. Estos hombres y mujeres que ahora luchan en el barro ocuparán los ámbitos legislativos en todo el territorio nacional a partir del 10 de diciembre. Desde allí deberán tejer los acuerdos que contribuyan a consolidar un país más justo.

Esta campaña no parece el mejor comienzo.

Lucha en el barro

Muerte de un pariente

Raúl Alfonsín

Es como si se nos hubiese muerto un pariente. Un tipo con el que compartimos muchas cosas. Un tipo con el que nos alegramos. Un tipo con el que nos enojamos. Un tipo al que le creímos. Un tipo al que puteamos. Un tipo al que respetamos. Un tipo testarudo y apasionado. Un tipo honesto.

No voté por Raúl Alfonsín. El 1983 fue mi debut electoral y ahora que todos se volvieron repentinamente alfonsinistas, aprovecho para confesar que no voté por Alfonsín. Nosotros queríamos más. Militábamos en la universidad y estábamos enloquecidos de entusiasmo por el final de la dictadura. El candidato radical nos parecía demasiado moderado. Arcaico en sus maneras de convocar a la población recitando el preámbulo de la Constitución Nacional. Nuestro candidato era Oscar Alende (“Alende no se vende”, ¿te acordás?). “El bisonte” no sólo hablaba de derechos humanos, proponía reforma agraria y fustigaba a los monopolios y al capitalismo en general. Pero, sorpresas te da la vida, el fundador del Partido Intransigente, ese médico bueno y combativo, terminó con los años apoyando a Antonio Cafiero y después a Carlos Menem.

De todas maneras, como miles de argentinos que no lo habían votado, me alegré con su triunfo. Algo de todo eso nos pertenecía. Además el abogado de Chascomús era la antítesis de los dictadores. Y cumplió con su promesa. Los comandantes fueron juzgados y condenados. En eso superó nuestras expectativas de máxima. Hay que recordar que el candidato peronista propiciaba aceptar la autoamnistía dictada por los militares. La mejor mitad de Alfonsín es la que puede sintetizarse en una frase: “Nunca más”. La certeza actual de que no hay retorno a ese pasado de violencia irracional, tiene su impronta.

También se cruzó con la Sociedad Rural y con la Iglesia Católica. Impulsó la Ley de Divorcio contra viento y marea. Lo cruzó al presidente norteamericano Ronald Reagan en defensa de la autodeterminación de los pueblos de centroamérica. En esos casos su carácter de mierda era una fiesta.

Después volví a enojarme con su “Felices Pascuas” en la Semana Santa del 87, cuando nos dijo que la casa estaba en orden y no lo estaba. Viví como una traición la sanción de las leyes de Obediencia Debida y el Punto Final. Yo ya me había hecho periodista pero con Alfonsín era difícil mantener la objetividad. Le recriminamos esos gestos “de debilidad” hasta el cansancio. Él defendía sus decisiones más polémicas en nombre de la paz social y la estabilidad democrática. Muchos de los que habíamos estado en las plazas del país para defender su gobierno, no terminábamos de entenderlo. Alfonsín no se cansaba de explicarlo.
En medio de la pelea, impulsó dos ideas luminosas: la integración latinoamericana, junto al presidente brasilero José Sarney, y el traslado de la Capital Federal. De hecho, el Mercosur es la única política de Estado que la Argentina mantiene desde hace veinte años. El traslado de la Capital y la consiguiente apuesta al desarrollo patagónico quedaron en la nada. El canibalismo nacional impide revisar críticamente éste último proyecto.

Siempre mantuvo sus convicciones con vehemencia y aceptaba los costos políticos de sus actos. No le gustaban las críticas y no dudaba en salir al cruce de cualquier planteo. Solía “carajear” a los periodistas. En 1989 acosado por los saqueos y la hiperinflación, decidió adelantar las elecciones y luego anticipó la entrega del poder.

Alfonsín entendía el diálogo como necesidad democrática, no como una concesión. Pactó con Carlos Menem y sumó más críticas. El riojano consiguió un nuevo mandato y la UCR, un senador extra por provincia. Luego ayudó a construir la Alianza. El resto es historia reciente y conocida. Vio la explosión del radicalismo y apoyó los intentos actuales de reconstrucción. Recibió homenajes y reconocimientos merecidos.

Aprendió. Dijo en la Casa de Gobierno, cuando un busto con su imagen llegó allí para quedarse, “sigan ideas, no sigan a hombres; ése fue, es, y siempre será mi mensaje a los jóvenes. Los hombres pasan o fracasan, las ideas se transforman en antorchas que mantienen viva la llama democrática“. Los hombres pasan o fracasan. Lo escuchaban Néstor y Cristina Kirchner, la presidenta de la Nación. Pasar, no triunfar, debería ser la máxima aspiración para un demócrata. Pasar, para recién después buscar algún lugar en la memoria popular.

Se murió un pariente al que será difícil olvidar. Deja un legado valioso. Se puede ocupar cargos sin enriquecerse. Se puede llegar a la función pública para servir y no para servirse. Se puede ser presidente para acertar y también para equivocarse. Hacer política vale la pena.

Muerte de un pariente