La policía de la democracia

Protesta policial en La Plata
La mayoría de los agentes de policía del país cobran salarios que no se corresponden con la importante función que desarrollan. Sus sueldos, como los del resto de los empleados públicos, están atrasados. Los que no recurren a financiación ilegal (vía juego clandestino, prostitución o narcotráfico), deben realizar horas adicionales o tener otro trabajo para poder redondear un ingreso digno.

Los policías no cuentan con paritarias, esa modalidad de negociación les permitió a los trabajadores en blanco defender el poder de compra de sus salarios frente a la inflación. Desde esa perspectiva cualquier reclamo de recomposición económica tiene razonabilidad. Pero los policías –en especial en las provincias– no sólo están mal pagos: también están mal entrenados, mal equipados y mal armados.

Estas son algunas de las razones por las cuales la policía es parte del problema de la inseguridad y no un aspecto central de su solución. La responsabilidad de la dirigencia política en el diseño del perfil de las fuerzas de seguridad es innegable. Aclarado lo evidente, no hay dudas de que el levantamiento policial –el más grave de los últimos 30 años– representa un desafío inadmisible para las instituciones democráticas.

El saldo provisorio de una semana de violencia incluye diez muertos, cientos de heridos y unos dos mil negocios atacados. La chispa que incendió la pradera social estalló en Córdoba. El pésimo manejo de la crisis por parte del gobernador José Manuel De la Sota y la mezquina reacción del gobierno nacional, que demoró en anunciar el envío de Gendarmería, conformaron una tormenta perfecta.

El mandatario cordobés estaba de viaje cuando los policías se autoacuartelaron dejando a la población a merced de grupos de vándalos. De regreso en su provincia, disparó: “no hay ninguna posibilidad de otorgar un aumento como el que piden”, y solicitó que la justicia sancionara a los amotinados. A las pocas horas, y después de que un millar de comercios fueran atacados –hay sospechas de la creación de zonas liberadas y connivencia policial con los atacantes– les otorgó aumentos, que en algunos casos duplicaron los salarios básicos. En definitiva, el gobernador cedió a todos los reclamos y no aplicó sanción alguna. El acuerdo funcionó como una invitación al resto de las policías provinciales a que realizaran reclamos similares.

El gobierno nacional, enfrascado desde hace años en una interna durísima con De la Sota, negó en principio la ayuda que pidió el gobernador. Un error gravísimo. El primero y más importante cometido por el Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich desde que asumió su cargo, exhibiendo una actitud amplia y dialoguista. El Secretario de Seguridad, Sergio Berni, tuvo que enmendarle la plana apenas unas horas después y anunció el envío de las tropas. Pero ya era tarde. El daño estaba hecho. Capitanich y De la Sota se reunieron el martes pasado y después de intercambiarse algunas chicanas (“los cordobeses también somos argentinos”), condenaron los acuartelamientos y se comprometieron a coordinar políticas.

El reclamo legítimo por mejores salarios abrió la caja de Pandora. Se sumaron policías exonerados, retirados, jubilados, delincuentes y operadores de todo tipo. Hay fiscales que investigan la connivencia de grupos de policías amotinados y saqueadores. Julio Adler, fiscal de Mar del Plata, por ejemplo, quiere que se los acuse de “asociación ilícita agravada”. Para los funcionarios nacionales el nivel de organización de algunos ataques a comercios confirma la sospecha de la participación de bandas delictivas que obraron con algún tipo de aval de los sectores involucrados en la protesta.

Capitanich habló de intento de desestabilización y de grupos que provocan el caos. El gobernador Sergio Urribarri acusó a los policías de su provincia de sedición. El Ministro de Justicia, Julio Alak, dijo que “algunos grupos políticos fogonean la protesta” y el Secretario de Justicia, Julián Álvarez, sorprendió a toda la clase política cuando no dudó en responsabilizar al ex comisario Salvador Baratta de alentar los desmanes. Baratta es actualmente concejal en Lanús, ganó su banca por el Frente para la Victoria y luego emigró al massismo. El ex policía (subjefe durante la gestión de Scioli) rechazó la acusación y contó que estuvo varias veces reunido, durante el fin de semana pasado, con el Ministro de Seguridad de Buenos Aires, Alejandro Granados, “para ayudar a destrabar la situación”.

Baratta propicia la sindicalización de la policía pero se manifestó contra el acuartelamiento y la posibilidad de que los uniformados realicen medidas de fuerza. “Tratan de involucrar a Sergio Massa“, señaló. Alvarez no presentó ninguna prueba para sostener su acusación. No faltó quien recordó que el Secretario de Justicia, también de Lanús, estaba jugando una interna más en medio del incendio.

Las denuncias sobre supuestas conspiraciones, sin pruebas contundentes que las respalden, ya son una costumbre en el discurso de algunos funcionarios del kirchnerismo.

Con ese escenario de fondo, el gobernador Daniel Scioli habló de extorsión primero y luego, por decreto, llevó el salario mínimo de los agentes a 8.570 pesos, lo que desinfló el reclamo en territorio bonaerense. Su reacción fue diametralmente opuesta a la De la Sota. El martes una delegación de legisladores nacionales kirchneristas y de distintas fuerzas políticas se presentó en La Plata para darle su apoyo.

Por su parte, el principal referente del llamado peronismo renovador, Sergio Massa, se reunió con los intendentes de su sector con quienes cuestionó la protesta policial y los ataques a comercios (“el que saquea es un ladrón”) y anunció que se ponía a disposición de las autoridades provinciales a las que ofreció colaboración. La dirigencia no peronista reaccionó algo tarde o, directamente, no cuestionó con firmeza las protestas.

A esta altura hay que debatir, en profundidad, si los policías deben contar con algún tipo de sindicalización. En Europa hay algunas experiencias interesantes donde la agremiación permite negociar salarios y condiciones laborales pero les impide tomar medidas de fuerza.

En tanto, hay que saber distinguir: una cosa es el reclamo de familiares y policías de franco -como se desarrolló en Buenos Aires- y otra muy distinta establecer zonas liberadas para el delito como ocurrió en Córdoba y en algunas otras ciudades del interior. Los médicos estatales cobran tan mal como la policía y no dejan sin servicio a la población cuando realizan un reclamo.

La Justicia debe hacer su aporte en esta coyuntura. En especial esclareciendo la participación de bandas organizadas en los saqueos. Tanto el colega Tomás Méndez en Córdoba como la ex diputada y especialista en temas de Seguridad Paola Spatola, en Buenos Aires, alertaron de la vinculación entre los ataques a comercios, la policía y bandas de narcos.

Treinta años ininterrumpidos de democracia suenan a proeza cívica y, sin duda, merecen una celebración. Se ganó la libertad. La posibilidad de decidir. Pero el paisaje que arroja el país en las últimas horas, con policías amotinados, comerciantes armados, adolescentes en moto atacando distintos negocios, vecinos ejerciendo el pillaje en los mismos lugares donde van a comprar cada mañana, remiten a todo lo que todavía falta para alcanzar una sociedad más justa y fraterna.

Las palabras del Preámbulo de la Constitución Nacional que recitaba Raúl Alfonsín en la campaña electoral de 1983, como una suerte de mantra republicano, siguen siendo un menú de metas a alcanzar.

“Constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”.

La policía de la democracia

Lo que viene

FPV

¿Cómo leerá la Presidenta de la Nación los resultados electorales de las legislativas? Ésa es una de las preguntas que comparten oficialistas y opositores. ¿Estará en línea con la puesta en escena que hizo todo el gabinete en el comando de campaña en la medianoche del  27 de octubre? La de “aquí no ha pasado nada” y que prefiere celebrar que el kirchnerismo sigue siendo la primera fuerza nacional, por lo cual no habrá cambios de políticas ni en nombres. O, por el contrario, sin dejar de reivindicar el despliegue territorial  del Frente para la Victoria ni renunciar a sus convicciones, recepta el mensaje de las urnas y produce algunos golpes de timón en sus políticas públicas.

Antes de eso, Cristina Kirchner debe reasumir el ejercicio pleno del poder e interactuar en un mapa político que se modificó y ya cuenta con media docena de candidatos a sucederla. Su deseo ahora tiene los límites que le imponen los médicos en resguardo de su salud. De algo no hay dudas: el futuro del proyecto político que encabeza depende de la eficacia que demuestre para resolver algunos de los reclamos que plantea la población. Quedan dos años de gestión que serán cruciales.
A favor cuenta con el control del Congreso y una alta imagen positiva (ronda el 50 por ciento). En contra: a la irrupción de un dirigente peronista con alto caudal electoral (Massa), se suma la ausencia de un candidato propio que dispute la sucesión y la existencia de un escenario económico complicado.

El resto de los protagonistas también tienen fortalezas y debilidades. Sergio Massa logró un formidable respaldo en las urnas. En 120 días venció al candidato del gobierno por doce puntos y cosechó casi cuatro millones de votos. Pero no cuenta con el aval de la mayoría de los gobernadores peronistas y debe permanecer dos años en la Cámara de Diputados. Francisco De Narváez es el espejo más temido.

Mauricio Macri, el único dirigente que blanqueó su aspiración a suceder a Cristina Kirchner, cuenta con el aval de la victoria en la Capital Federal, el haber logrado presencia en 22 distritos y engrosado sus bancadas en diputados y senadores (contará con tres a partir de diciembre), además de las buenas elecciones de Santa Fe y Córdoba. La principal complicación es la baja inserción en la provincia de Buenos Aires, un distrito clave para disputar una elección presidencial (37 por ciento del padrón).

Entre los candidatos del peronismo no kirchnerista se destaca José Manuel De La Sota. El gobernador de Córdoba se impuso en la elección de diputados a través de su delfín Juan Schiaretti pero lo hizo con apenas el 26 por ciento. Parece un porcentaje pobre para aspirar a la presidencia.

Varios gobernadores del Frente para la Victoria, lograron respaldos contundentes en sus distritos. Sergio Urribarri lo hizo en Entre Ríos. A favor: tiene una muy buena relación con la Presidenta. Algunos lo consideran un candidato natural del kirchnerismo. No lo ayudan ni su baja proyección nacional ni su nula inserción en Buenos Aires. En una situación parecida se encuentra Jorge Capitanich, de gran elección en el Chaco.

A pesar de la derrota en su provincia, Daniel Scioli mantiene sus aspiraciones intactas. Tiene una alta imagen positiva y apuesta a realizar dos años de “gestión activa” que mejoren sus chances electorales. Cree, además,  que el paso por Diputados puede afectar la visibilidad de Massa. Cuenta con el aval de varios gobernadores que lo ven con mejores ojos que al Intendente de Tigre. Le juega en  contra la desconfianza que genera en el kirchnerismo ortodoxo. Su incomodidad en el escenario del Frente para la Victoria el domingo fue evidente.

Entre los opositores, tanto Hermes Binner como Julio Cobos están en una situación similar. Ganaron por un buen porcentaje sus provincias (Santa Fe y Mendoza) pero tienen dificultades para hacer pie en la provincia de Buenos Aires. Allí la aliada del dirigente socialista, Margarita Stolbizer, obtuvo poco más del 11 por ciento. En esta alianza imaginan que una interna abierta, como la que hicieron los candidatos de UNEN, puede mejorar sus posibilidades. En esa instancia no habría que descartar la participación de Elisa Carrió.

Evitando incurrir en pronósticos, materia que se golpea de frente con el análisis de la realidad política, al día de hoy se vislumbra un esquema semejante al 2003 con un peronismo dividido y una oposición en igual condición, lo que impediría el triunfo de un candidato en primera vuelta. Lo que está más claro es la puja de conceptos: habrá un candidato defendiendo la continuidad del “modelo” (Scioli, Urribarri u otro); un sector que propondrá dejar lo que está bien y cambiar lo que se hizo mal (Massa) y un sector que irá “a por todo” (Macri, Cobos y Binner).

Los que disfruten de la política no tendrán tiempo para aburrirse.

Lo que viene

Made in Lanús

La inseguridad está entre las principales preocupaciones de los argentinos. Esto lo revelan casi todas las encuestas. No es fácil determinar si hay más delitos, lo que está claro es que cada vez son más violentos.

El asesinato de un abuelo en Lanús desató nuevas protestas vecinales y una nueva polémica. Clarín y La Nación desplegaron el tema en tapa y con foto. Página 12 y Tiempo Argentino no lo consignaron en sus portadas.

Entre la amplificación y la negación, hay una realidad que las fuerzas de la democracia deben enfrentar. Las causas socioeconómicas que potencian el delito y, a la vez, las formas más eficaces para combatirlo.

Más allá de las posiciones políticas de cada uno, vivir en paz y sin miedo debería ser una discusión pre-ideológica.

En Guetap, el programa que hacemos cada mañana en Vorterix (103.1 Vorterix.com) entrevistamos al concejal de Lanús Salvador Baratta.

Es muy interesante escucharlo. En su momento el actual concejal del Frente para la Victoria fue subjefe de la policía bonaerense y fue muy crítico con la cobertura política a los delitos y con la situación en la que está la policía. Ahora es muy crítico de la gestión del intendente Darío Pérez y de las autoridades provinciales. Reproducimos el audio por gentileza de Vorterix.

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Made in Lanús

El escorpión y la rana

Cristina Fernández de Kirchner eligió una vieja y conocida fábula para explicar el conflicto que mantiene con Hugo Moyano. “Están tratando de pinchar el bote (en el que está la Argentina) con la lógica del escorpión”, dijo. Este miércoles desde la Plaza de Mayo, el líder camionero respondió con todo: comparó al gobierno con una dictadura y de querer sustituir a Perón y Evita. El acto se asemejó más a un lanzamiento político que a una concentración gremial. “El peronismo no es verso”, advirtió. El líder de la CGT se asigna un rol relevante en la discusión interna del PJ por la sucesión presidencial. Su gran apuesta es Daniel Scioli. Nadie parece percatarse que faltan tres años para esa discusión que se adelantó inexplicablemente.

La fábula de la rana y el escorpión tiene origen desconocido aunque muchos se la atribuyen a Esopo. No fue una elección casual. Vale recordarla: el escorpión quiere cruzar un lago, con ese objetivo se acerca a una rana y le pide que lo traslade en su lomo. La rana, como es previsible, se niega. “Me vas a picar”, le dice. El escorpión trata de convencerla con un argumento más que razonable: “si te pico en mitad del lago, nos ahogaríamos los dos. Cómo voy a hacer tal cosa”. La contundencia del argumento disuade a la rana que acepta. En mitad del lago, la rana siente el pinchazo del aguijón. Antes de hundirse junto a su pasajero, reclama: “¿Por qué me picaste? Moriremos los dos! A lo que el escorpión responde: “no lo pude evitar, es mi naturaleza”. No es muy difícil saber quién es el escorpión y quién la rana. En este caso ambos pertenecen al peronismo y pelean por su representación. Son  considerados por propios y extraños los dirigentes más poderosos del país. Transitaron juntos casi diez años como aliados estratégicos y ahora son encarnizados enemigos. El origen de la ruptura tiene múltiples versiones y una sola consecuencia: altísima conflictividad política y social de imprevisibles consecuencias. Para seguir con las metáforas: en el bote, o sobre el lomo de la rana, viajan 40 millones de argentinos.

En su discurso del martes pasado, la presidenta de la Nación habló de la existencia de operaciones para desestabilizar a su gobierno; le asignó intencionalidad política al paro de camioneros y condenó los métodos extorsivos para expresar reclamos. Incluso dejó entrever que existía una movida golpista. Fue su respuesta al paro de transporte de combustible con piquetes en las refinerías la semana anterior. Además desde el gobierno se aplicó multas y se denunció a Moyano y a su hijo ante la justicia federal.

El camionero respondió desde un palco en la Plaza de Mayo con igual dureza: acusó a la presidenta de soberbia; de lucrar con la resolución 1050 (que permitía vía indexación rematar inmuebles) durante la dictadura; de creerse “salvadora de la Patria”; de meter miedo; de expresar un gobierno dictatorial; de no cumplir con los planes de vivienda que anunció varias veces; de discriminar a los trabajadores; de extorsionar a otros dirigentes sindicales para que no se acerquen “al Negro Moyano” y de querer sustituir a Perón y Evita.

El camionero fustigó también al Ministerio de Trabajo (“No tiene autoridad moral”) por “convalidar fraudes” y tener empleados tercerizados y también le pegó a sus rivales gremiales: dijo que eran “gerengados, más gerentes que delegados de los trabajadores” y agregó, en referencia a Antonio Caló de la UOM, que si gana la CGT se convertirá en un ministro del Ejecutivo.

Moyano reiteró, desde el palco, su reclamo por la modificación del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias (una bandera legítima que sabe comparten dos millones de trabajadores con salarios altos); por la generalización de las asignaciones familiares; pidió también más plata para los jubilados y hasta que estaticen el Banco Hipotecario para hacer viviendas.

Abajo lo ovacionaba una multitud de camioneros. Casi no existió presencia de gremios importantes en la Plaza. Los militantes coreaban: “Hugo…Hugo…”. Habían cambiado los carteles de “Clarín miente” por los de “Cristina miente” y los pedidos de reelección que corearon, hace menos de un año, por silbidos e insultos a la presidenta.

Hubo un mensaje tranquilizador. Moyano dijo: “Cristina no se va a ir del gobierno hasta que se cumpla el mandato”. Y luego agregó: “como yo voy a renovar mi cargo (en la CGT) tampoco me voy a ir”. Después citó a Perón en aquello de “para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”. Minutos antes, en San Luis, la presidenta también hizo un llamado a la concordia “esto no es River-Boca, necesitamos ganar todos”.

No hay nada más lindo que la familia unida.

Nota publicada en Diario Z en su edición del 28.06.2012

 

 

 

 

 

 

El escorpión y la rana

Cambios

Termina una semana con cambios. La presidenta Cristina Kirchner decidió pasar el área de Transporte a la órbita del Ministerio del Interior. Florencio Randazzo tendrá el desafío de lograr que el servicio sea eficiente. En gobierno hablan de premio al ministro que armó la agencia de Seguridad Vial que, más allá de la alarmante cifra de accidentes con víctimas fatales que se registra en Argentina, es el primer intento serio de enfrentar esa suerte de catástrofe diaria que se viven en rutas y calles del país. También a su trabajo con los documentos de identidad y la identificación de personas desde su nacimiento. Es decir fue el gestor de pequeñas cuestiones que mejoraron la vida a las personas. La parada no será sencilla. Los antecedentes dramáticos son: un funcionario impresentable como Ricardo Jaime; una tragedia evitable como la de Once y un sistema de subsidios a los empresarios del sector sin control del Estado. Por lo pronto ya  hubo una buena señal, Mauricio Macri y Daniel Scioli aceptaron integrar una suerte de ente tripartito para coordinar el transporte en el área metropolitana. Se trata además de los dos dirigentes con mayor entidad política después de la presidenta.

El otro cambio es la renuncia de Daniel Reposo a su candidatura a Procurador General. Ni su CV ni su historia lo distinguían para el cargo. En especial para reemplazar a un hombre de tanto peso en el Poder Judicial como Esteban Righi. Su postulación fue un error político que, ante el seguro revés en el Senado, se enmienda con una renuncia. Más allá de las acusaciones que lanzó en diferentes misivas el ex candidato, lo cierto es que su salida de escena se “justa y necesaria”. Su mayor capital era la lealtad. Está bien que no alcance. En su momento Néstor Kirchner nombró a notables juristas para reemplazar a los esperpentos nombrados durante el menemismo en la Corte Suprema. Lo de Reposo era un paso en sentido inverso. La nueva candidata es la doctora Gils Carbó, que se desempeña como fiscal desde el 2004.

Por último: el anuncio de la pesificación del plazo fijo de la presidenta. Sin entrar ahora en consideraciones extensas sobre la fortuna de la mandataria, que se multiplicó en la última década. Era incongruente que se le exigiera a la población no comprar dólares con esos datos en las declaraciones juradas. Está claro que lo que vale son las políticas a largo plazo y no los ejemplos aislados, pero el anuncio es también un reconocimiento de un error. La lucha contra la evasión, el lavado y la salida de capitales no se dirime “reprimiendo” a los pequeños compradores que no mueven el amperímetro de la fuga. Las medidas además estuvieron mal comunicadas y peor ejecutadas. Que CFK diga que pesifica es un intento de predicar con el ejemplo. Veremos qué hacen los fieles y los ateos de su credo. Pero vale. En una democracia los ejemplos valen. Un funcionario que vive modestamente y no se aleja de la gente; un ministro de salud que visita los hospitales y habla con los médicos y enfermeros o un secretario de transporte que se sube a un tren; no son la solución pero marcan un camino. Una intención. En ningún gobierno deberían olvidarlo.

Cambios

Pelados y pelucas

Ni tan calvo ni con dos pelucas. Ni Hugo Moyano está al borde del retiro efectivo de la CGT, ni los empresarios tienen motivos para festejar la Navidad de manera anticipada. Ni la quita de subsidios es una cruzada solidaria ni tampoco un ajuste despiadado. Ni la economía está en calma y con todas las variables controladas, ni se está cerca del desmadre. En su lógica binaria, un sector de la prensa interpreta que Cristina Kirchner esperó obtener un rotundo triunfo electoral para reivindicar al liberalismo económico a fuerza de tarifazos y ajustes, imponer límites a los gremios y concesiones a los industriales. La mirada más que maliciosa es tonta.

La relación entre la Presidenta y Moyano pasa por su peor momento. Pero afirmar que desde el gobierno impulsan el relevo del camionero de la cúpula de la principal central obrera del país es temerario. No existe un nombre alternativo al del camionero y, además, la capacidad de influencia del oficialismo en la interna gremial es relativa. Esto lo saben Gordos y Flacos. La representatividad de un dirigente sindical no depende del humor de un gobierno. Con todo, en sus últimos discursos Cristina Kirchner decidió marcar el territorio ante el único dirigente de su partido que, sin dinamitar nunca la alianza que los une, le disputa poder real.

Los peldaños de la escalada fueron muchos y variados: el anuncio de un paro con movilización a Plaza de Mayo ante un exhorto internacional que después se abortó; la reacción corporativa en defensa de Gerónimo Momo Venegas; las amenazas de movilización en reclamo de la modificación del mínimo no imponible (una cuestión que sólo afecta a los gremios que más ganan); el apoyo a los técnicos aeronáuticos cuando el gobierno pidió la suspensión de su personería gremial; la exigencia de una ley que distribuya las utilidades de las empresas “por los diarios” y las medidas de acción directa como bloqueos o piquetes a plantas y empresas.

La presidenta redobló la apuesta. Aniquiló el debate legislativo sobre el reparto de utilidades de las empresas y lo condenó a las discusiones paritarias. En el gobierno reconocen que se trata de una reivindicación razonable y constitucional pero la califican de inoportuna ante la situación económica que se avecina. Varias veces se refirió con ironía al “compañero Hugo”. Hasta dónde llegará la confrontación es un misterio. Es una pena que la definición de un nuevo modelo sindical, más democrático y transparente, esté fuera de la discusión.

En la misma semana, Cristina Kirchner respaldó también a la cúpula de Aerolíneas Argentinas y fustigó a pilotos y técnicos aeronáuticos. La palabra que más utiliza para definir la actitud sindical es ingratitud. “Si el Estado no intervenía para recatarla Aerolíneas no existiría”, repite en público y en privado. Con esa idea, anunció cambios y recortes en la empresa y prometió más productividad, austeridad y eficiencia. La gran apuesta es a achicar el déficit. Para que sea eficaz la consigna debe abarcar desde el primero al último de los empleados. El pedido de concurso de American Airlines, después del fracaso de un acuerdo laboral con los pilotos, fue el ejemplo elegido por los funcionarios que volvieron a cruzar espadas con los gremios. Más allá de la crisis que vive la tercera aerolínea norteamericana, es necesario señalar que no son pocas las empresas aéreas que tienen resultados positivos. En buen romance no todo lo que vuela da pérdidas.

El titular de los técnicos no se privó de lanzar más leña al fuego. Ricardo Cirielli comparó las medidas del gobierno con las de una dictadura militar. El último dirigente que utilizó una analogía semejante fue un empresario. En referencia al proyecto de Ley de Servicios Audiovisuales, Daniel Vila consideró al kirchnerismo “peor que la dictadura de Videla”. Para esa época el dueño del Grupo América mandó a distribuir entre los empleados de su canal unas pulseras con la leyenda “hasta K”. No hace tanto tiempo.

Más lejos o más cerca del calor oficial, los empresarios no deberían apurarse a celebrar. Si bien la presidenta hizo otros gestos a favor de sus planteos históricos: anunció ante empresarios de la construcción que se revisaría la llamada doble vía judicial en los juicios laborales (a la ART y a la empresa), entre otras cosas. También volvió a reclamar más inversiones y por el origen nacional de los insumos. Hace una semana, les pidió que reinviertan sus ganancias en el país y, a través de sus ministros, anunció más controles a la evasión. En la cena de la UIA señaló, sin nombrarlas, a dos empresas que utilizaron el dinero que recibieron con créditos a tasas subsidiadas para especular con moneda extranjera. Un ejemplo de capitalismo “Made in Argentina”.

Cómo pararse frente a las corporaciones y frente a los reclamos sectoriales en el momento más complicado desde el 2003. La eliminación de subsidios y prebendas requiere de inversión privada y obra pública. Ésa es la fórmula. En el gobierno saben que los aumentos de servicios y tarifas tendrán, a partir del año próximo, como telón de fondo la puja salarial. Daniel Scioli y Mauricio Macri hicieron sus propios anuncios de incrementos. No parece el mejor escenario para luchar contra la inflación.

En tanto, la campaña para que aquellos ciudadanos que puedan pagar rechacen los subsidios está a pleno. Funcionarios y famosos demuestran su altruismo ante las cámaras. Se trata de un gesto de conciencia que bien podría prescindir del estruendo. Lo razonable es que el Estado realice la poda con precisión y rigor, evitando inequidades y preservando a los sectores más vulnerables. Para eso no hace falta la televisión. Durante años se amparó a bancos, mineras y casinos, entre otros sectores, de manera inexplicable. Si se está en busca de ejemplos, se podría propiciar una reforma fiscal que tienda a lograr mayor igualdad haciendo tributar más a los que ganan más y a los que tiene más. Es difícil de explicar por qué razón, después de ocho años de gobierno, no se impulsó una reforma fiscal. O sobran pelados o faltan pelucas.

Nota publicada en Diario Z en la edición del 1.12.2011

Pelados y pelucas

Es ella

“No va a poder”. Hace exactamente un año, después de la muerte de Néstor Kirchner, esa fue la frase más utilizada para referirse a la presidenta de la Nación. Cristina Fernández no va a poder con el Partido Justicialista, no va a poder con los gobernadores, no va a poder con los grandes grupos empresarios, no va poder con Hugo Moyano y los sindicatos, no va poder con los intendentes del conurbano, etc. No sólo le auguraban penurias desde la prensa y la oposición, por lo bajo, algunos referentes de la tropa propia deslizaban sus dudas. Más allá del dolor y la tristeza por la pérdida de su marido, la presidenta actuó en consonancia con su historia de militancia y su experiencia. En un año electoral, consolidó su poder de manera osada: intervino en la confección de todas las listas de candidatos, definiendo la estrategia en cada distrito. Colocó en las listas a jóvenes, leales y kirchneristas puros en desmedro del peronismo tradicional y los caudillos locales. También profundizó las políticas públicas de su gobierno. Mejoró la relación con los empresarios; le marcó la cancha a la CGT y dio por clausurado el conflicto con el campo con su visita a Coninagro. Esos movimientos le bastaron para sobrellevar las andanadas de fuego amigo: desde la estéril polémica por la visita de Vargas Llosa hasta las mentiras del Indec; desde las denuncias de Sergio Schoklender a las bravatas de Guillermo Moreno. El triunfo le pertenece por completo.

La propia presidenta le asignó a su marido un rol decisivo en los resultados del domingo. A su impronta y voluntad. Con algo de malicia, no faltan los que señalan que su muerte la benefició políticamente. Eso es sólo una parte de la realidad. La recuperación del gobierno en la consideración popular, después de la debacle legislativa del 2009, tiene la impronta del ex presidente pero lo que vino después lleva el sello de Cristina Kirchner. La creación del Ministerio de Seguridad y la decisión de otorgarle la responsabilidad de conducirlo a Nilda Garré; la ampliación de la asignación universal por hijo para las embarazadas; la campaña de vacunación contra el HPV; la apertura de Tecnópolis; las inauguraciones de Atucha II y Yaciretá; los avances en la integración continental o la prohibición de oferta sexual en los diarios, son algunos ejemplos. El resto lo hizo la percepción positiva sobre la economía y, por la negativa, las peleas en la oposición y la falta de alternativas de poder.

Después de las derrotas en la Capital Federal, en primera y en segunda vuelta, la paliza recibida en Santa Fe y la imposibilidad de hacer pié en Córdoba, propios y extraños imaginaban un escenario imprevisible para el gobierno nacional en las elecciones primarias. Sin embargo, la ventaja fue categórica. La idea de un balotaje se volatilizó y la discusión pasó a los porcentajes. La incógnita ya no fue quién ganaría si no por cuánto. No se trataba de acumulación gratuita. Un margen holgado le permite a la presidenta, no sólo alcanzar quórum propio en el Congreso, sino también constituirse en la referencia fundamental del movimiento que lidera y postergar por dos años, al menos, la discusión sobre la sucesión. Además Cristina Kirchner se impuso en las provincias sin necesidad del “aparato” local. Los gobernadores que se sueñan en la Casa Rosada deberán encuadrarse a su liderazgo. Por otro lado, no es lo mismo negociar con empresarios y sindicalistas en debilidad que con semejante respaldo popular.

En la hora de la celebración, descartó cualquier idea de perpetuarse en el poder. “No quiero más nada, ¿qué más puedo querer?”, señaló. La presidenta sabe que nadie puede considerarse el dueño permanente de la adhesión popular. En el 2007 la apoyaron masivamente y dos años después, la castigaron. En el 2011 el fervor ciudadano volvió a arroparla como a ningún dirigente desde el retorno a la democracia. Esta vez ganó en el campo y en la ciudad.

El fenomenal apoyo recibido en las urnas implica una gran responsabilidad. No debería, por ejemplo, clausurar el diálogo ni la búsqueda de consensos. En democracia la mayoría otorga más obligaciones que derechos. Quizás con ese espíritu la presidenta llamó “a la unidad nacional”. Habrá que ver cómo se traducen sus palabras en gestos concretos.

Los temas pendientes no son pocos. La crisis global, la inflación local, los subsidios, la fuga de divisas, la devaluación en Brasil, el déficit habitacional, una posible reforma bancaria, tal vez la postergada reforma fiscal, achicar la desigualdad social, castigar la corrupción, combatir con más eficacia la inseguridad y muchos más. Para enfrentarlos, poder no le va a faltar.

Volver a empezar

El Frente Amplio Progresista es una novedad que debe demostrar si llegó a la política nacional como una entente testimonial o para constituirse como alternativa de poder. Por lo pronto, tiene tres desafíos inmediatos: consolidar programa común, bancadas legislativas y discurso. Hacer una convocatoria amplia y generosa a otras fuerzas progresistas (aunque esa palabra casi no dice nada). Formaciones marxistas, organizaciones sociales y ecologistas integran tanto el PT brasilero como el Frente Amplio uruguayo. Y por último, lograr ubicarse a la izquierda del kirchnerismo. Allí dónde el gobierno dice que sólo está la pared.

Al gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, no le agradan las definiciones ideológicas tajantes. Sin embargo, Elisa Carrió es un buen espejo donde mirarse. La fundadora del ARI cosechó el 23 por ciento de los votos en el 2007 y cuatro años después sólo el 1,8. La extraordinaria dilapidación de capital político no sólo tiene que ver con un discurso rabioso. Para diferenciarse del gobierno de cualquier manera, la abogada chaqueña convirtió a una novedosa agrupación de centro izquierda en una fuerza que defendió las posturas más reaccionarias.

Ricardo Alfonsín en tanto, comenzó a cruzar el desierto. En el radicalismo ya salieron a cobrarle el mal paso. Cómo si fuese el único responsable de la pirueta que lo depositó en brazos del millonario Francisco De Narváez. Ha quedado demostrado que el partido de Alem se dobla más veces de las que se quiebra.

Mauricio Macri tuvo su mínimo festejo al lograr el Pro la primera victoria fuera de la Capital Federal. Su primo Jorge le arrebató el municipio de Vicente López al japonés García. Una intendencia de las 135 que tiene la provincia. Algunos medios lo destacaron como una hazaña. El Jefe de Gobierno lo ve como la posibilidad concreta de establecer una cabecera de playa hacia el 2015. Macri espera quedarse con el peronismo residual, después de la catástrofe electoral de Eduardo Duhalde y, con esa tropa en retirada, disputar alguna vez la presidencia. Soñar no cuesta nada.

Nota publicada en Diario Z edición 27.11.2011

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es ella