El súper ministro

Jorge Capitanich
Jorge Milton Capitanich no para un segundo. En poco más de una semana brindó varias conferencias de prensa con agenda abierta; recibió a empresarios y sindicalistas; habló con cuatro gobernadores; se reunió con varios de los ministros y les pidió un listado de propuestas concretas hasta el 2015; concurrió a su despacho de la Casa Rosada durante todos los días del fin de semana largo; fue a visitar al gobernador José Luis Gioja en su lugar de internación; citó a Mauricio Macri y al socialista Antonio Bonfatti y se presentó en el Senado de la Nación.

Desde que juró como Jefe de Gabinete, el ex gobernador de Chaco se convirtió en la figura más relevante del gobierno después de Cristina Kirchner. No son pocos los que se preguntan si la bendición presidencial incluía tanto margen de acción.

Cristina no se caracterizó durante su gestión por delegar poder en ningún funcionario. ¿Qué cambió?

El ascenso de “Coqui” responde a razones médicas y políticas. Las primeras son las más fáciles de explicar: el estado de salud de la Presidenta no le permite ocupar el centro de la escena todo el tiempo ni ejercer el poder con la centralidad con la que lo hizo desde 2007. En principio, aceptará el consejo de los facultativos que la atendieron y permanecerá más en Olivos que en la Casa Rosada. Claro que no dejará de trazar las estrategias generales de su gobierno pero se alejará del día a día de la administración.

De los nombres disponibles en el Frente para la Victoria, Capitanich era el que reunía mejores condiciones para reemplazarla en la gestión. Experiencia no le falta. Ya ocupó ese cargo en 2002 y exhibe, más allá de algunas críticas, dos mandatos como Gobernador en Chaco. Además es uno de los dirigentes oficialistas que con menos dudas defendió las decisiones más polémicas del gobierno. Firmó los documentos más duros contra el sector agropecuario durante la crisis de la 125 y es miembro del directorio de la AFSCA, el organismo de aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. El resto lo hará su ambición. Coqui quiere ser presidente o, por lo menos, ocupar un lugar en la fórmula del oficialismo.

Las razones políticas del ascenso del chaqueño tienen directa vinculación con los números. El malestar de un sector importante de la población con el gobierno se manifestó con claridad en las elecciones del 27 de octubre pasado. En el coro de los descontentos se enrolaron miles de personas que votaron a la presidenta en su reelección. Modificar políticas, enmendar errores graves y, de esa manera, recuperar la iniciativa para llevar a buen puerto al gobierno nacional en los dos últimos años de mandato, no es una operación gratuita ni graciosa. Requiere de sacrificios. Así lo entendió Cristina Kirchner.

Cedió a uno de sus funcionarios fetiche. Despedir a Guillermo Moreno tiene el valor de una amputación voluntaria. El ex Secretario de Comercio Interior era el único funcionario al que se podía calificar como “más kirchnerista que los Kirchner”. Pero volver a otorgarle credibilidad al Indec, por ejemplo, era incompatible con la figura de quién lo desquició. Ni Capitanich ni el ministro de Economía, Axel Kicillof, podían compartir gabinete con “el Napia” y se lo hicieron saber a la Presidenta. Nada personal. La necesidad no sabe de antiguas lealtades.

En Economía se tomarán decisiones que alterarán algunas líneas directrices de lo que el gobierno denomina “el modelo”. Cerca de Kicillof se habla de tomar deuda y avanzar sobre la política de subsidios indiscriminados, entre otras cuestiones.

La impronta de Capitanich incluye en el menú sapos de todo tipo para el kirchnerismo de paladar negro. Ante la previsible primera estocada de Hugo Moyano, quien se quedó afuera de las primeras reuniones con empresarios y sindicalistas -“A Capitanich le dieron el mejor camarote del Titanic“-, el Jefe de Gabinete respondió con firmeza pero haciendo referencia al “compañero Moyano“. Luego aseguró que se tomaba con humor los dichos del sindicalista. Cuando le recordaron los elogios que le dispensó Eduardo Duhalde, uno de los archienemigos de los Kirchner, dijo: “respeto la opinión de todos”.

La otra jugada del Jefe de Gabinete incluyó a Macri y a Bonfatti. Ambos fueron convocados a discutir una agenda común con la Nación en el despacho contiguo al de la Presidenta. Una convocatoria imposible de imaginar antes de la designación del ex gobernador chaqueño. Diálogo con la oposición, reuniones con ministros, conferencias abiertas con la prensa… ¿Esto quiere decir que Capitanich se corta solo? ¿Que impone su criterio por sobre lo que dice Cristina? Por supuesto que no.

Con el luto terminó una etapa política. La presidenta tomó una decisión en beneficio de la supervivencia del proyecto político que conduce. Delegación y cambios, dos palabras que no estaban en su diccionario. La eficacia de la jugada dependerá, en gran medida, de la pericia del flamante súper ministro.

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El súper ministro

Cambios

Guillermo Moreno

Después de 45 días de ausencia Cristina Kirchner volvió decidida a recuperar la iniciativa política que su gobierno había perdido durante el último año. A través del vocero presidencial anunció, en dos días, el cambio de gabinete más importante de toda su gestión.

La incorporación de Jorge Capitanich a la Jefatura de Gabinete; Axel Kicillof en Economía y, en especial, la renuncia de Guillermo Moreno revelan que la presidenta registró claramente el mensaje electoral del 27 de octubre pasado.

Es verdad que el kirchnerismo conservó las primeras minorías en ambas cámaras legislativas y que sigue siendo la primera fuerza nacional, pero igual de cierto es que sufrió durísimas derrotas en los cinco distritos más importantes del país. Y no sólo eso, apareció un candidato peronista con la fuerza necesaria como para disputarle poder.

La salida del poderoso y polémico Secretario de Comercio está ligada de manera directa al ascenso de Kicillof. Cualquier ministro de Economía con Moreno en funciones sólo podría ser medio ministro. Kicillof, el joven economista que tanto asusta a algunos voceros del establishment (no faltó quien lo acusó ante la televisión de marxista), será un fiel intérprete de lo que el gobierno llama “el modelo” pero necesita las manos libres para modificar políticas y rectificar errores.

Además de intentar cortar el drenaje de divisas, el año próximo Kicillof pondrá en marcha un nuevo índice de precios al consumidor. Esa instancia es incompatible con la presencia en el equipo económico del interventor del Indec, lo que terminó con la credibilidad de las estadísticas oficiales. Por otro lado, la Presidenta sabe que entre los votantes que le dieron la espalda al gobierno en las pasadas elecciones la preocupación por la inflación sólo compite en importancia con el temor a la inseguridad.

Con todo, Moreno no fue víctima de sus modos ni de las denuncias de la oposición o los medios (aunque muchos se quieran anotar esa cucarda). Su salida tiene más que ver con su fracaso a la hora de contener el aumento constante de los precios. Ni los críticos más tenaces del ex funcionario cuestionan su honestidad. Sí sus modos autoritarios y virulentos. Dentro del gobierno destacan su lealtad y su inagotable capacidad de trabajo. Pero a la luz de los resultados en las góndolas de todo el país, está claro que los formadores de precios nunca se asustaron demasiado de sus gritos.

El “Loco” Moreno, durante una década el funcionario preferido de Néstor y Cristina Kirchner, tendrá un premio consuelo: un par de años de tranquilidad como agregado económico en la Embajada Argentina en Italia. No será sencillo reemplazarlo. Se ocupaba de casi todo, incluso a costa de otros funcionarios: acuerdos de precios, defensa de la competencia, subsidios agropecuarios, política energética, mercado cambiario y comercio exterior. Funciones que el nuevo ministro no estaba dispuesto a cederle.

El reemplazo de Juan Manuel Abal Medina por Jorge “Coqui” Capitanich en la Jefatura de Gabinete también marca un cambio sustancial. El gobernador del Chaco –ahora en uso de licencia– tiene peso político propio. Goza de la confianza total de la Presidenta: fue el autor de los documentos más duros emitidos por el kirchnerismo en los últimos años en el seno del PJ y es director de la AFSCA, la autoridad de aplicación de la Ley de Servicios Audiovisuales. Obtuvo un amplio respaldo en las últimas legislativas en su provincia y no oculta sus aspiraciones políticas de cara al 2015.

Tiene experiencia en el cargo, ya lo ocupó en 2002 en la presidencia de Eduardo Duhalde, buen diálogo con los gobernadores peronistas y también con la oposición. Y un plus en relación a sus antecesores: es capaz de defender las políticas oficiales en cualquier escenario.

Los otros cambios van en el mismo sentido: Juan Carlos Fábrega pasa del Banco Nación al Banco Central en lo que parece una señal destinada a frenar la emisión y cuidar las reservas sin quitarle apoyo a la producción. En el Ministerio de Agricultura fue designado Carlos Casamiquela, un técnico (estaba al frente del INTA) que conoce muy bien el sector a diferencia de sus antecesores en el cargo. Habrá más nombramientos. Uno obligado es en el Ministerio de Salud por la salida, sin pena ni gloria, de Juan Manzur.

La Presidenta rearmó el gabinete para los últimos dos años de su mandato constitucional. Convocó a dirigentes con peso propio y les dio la misión de elevar el nivel de la gestión. Sabe que de los resultados obtenidos depende la supervivencia de su proyecto político. Como en el fútbol, sólo se mantiene inalterable a un equipo cuando gana.

Cambios

Esperando a Cristina

Cristina Kirchner

-¿Sabés cuándo vuelve?

-¿En serio te preocupa? ¿Y desde cuándo sos kirchnerista?

-No, no soy. La voté una vez, nada más.

-¿Y entonces? ¿No está todo más tranquilo así? Sin discursos, ni peleas, ni cadena nacional….

-Puede ser… pero la extraño.

El diálogo entre dos amigos en el café El Destino de Abasto permite, en su inocencia, la reflexión política. Un mes sin Cristina Kirchner en la Casa Rosada es mucho tiempo. Pero a la vez hay que destacar un dato: su ausencia momentánea no generó mayor incertidumbre. Ni siquiera la inexplicablemente magra información oficial logró inquietar a la sociedad. La ausencia de datos dio pasto a especulaciones diversas y hasta a algunos brulotes. Nada más.

Los funcionarios más cercanos dieron sus partes personales: “está bien”, “se está recuperando”, “volverá pronto”. Un informe diario hubiese sido lo más razonable. Pero no.

El viernes se cumple el mes de reposo que le recomendaron los médicos, durante el cual, según se informó, no tomó contacto ni con sus funcionarios ni con la información de actualidad. Lo más previsible es que ya esté al tanto de lo ocurrido en el último mes: el nuevo accidente en Once; la estatización del ferrocarril Sarmiento –decidida por Florencio Randazzo, según él mismo contó, sin consultar al vicepresidente Amado Boudou– ; la magra cosecha electoral del Frente para la Victoria el 27 de Octubre pasado y la convalidación constitucional de la Ley de Medios por parte de la Corte Suprema de Justicia, el principal tema de sus desvelos.

Las preguntas se suceden y no sólo apuntan al cuándo volverá sino a cómo volverá. ¿Será la misma dirigente apasionada y dispuesta a emprender todas las batallas o se viene una Cristina más sosegada? ¿Mantendrá su estilo de conducción personalista o derivará más en sus ministros? ¿Cómo leerá el resultado de las elecciones legislativas? ¿Se aferrará a la idea de la primera minoría o a la derrota en los principales distritos del país? ¿Habrá cambio de políticas y de gabinete o ratificará el rumbo? ¿Cómo seguirá el conflicto con Clarín? ¿Aflojará la tensión con el grupo mediático o vendrán nuevos capítulos de la guerra?

Le restan dos años de mandato. Tiene a su favor una alta imagen positiva, el control de las primeras minorías en el Congreso y la adhesión de la mayoría de los gobernadores peronistas. Tendrá que lidiar con los problemas que, en la última elección, muchos argentinos pusieron en agenda con su voto: inflación, inseguridad y cepo al dólar, entre otros. También deberá construir un sucesor y enfrentar a una oposición envalentonada y con media docena de candidatos a Presidente.

-¿De verdad la extrañás?
-…

Los dos parroquianos del bar El Destino, en el Abasto, se piden otra vuelta de cerveza.

Esperando a Cristina

Lo que viene

FPV

¿Cómo leerá la Presidenta de la Nación los resultados electorales de las legislativas? Ésa es una de las preguntas que comparten oficialistas y opositores. ¿Estará en línea con la puesta en escena que hizo todo el gabinete en el comando de campaña en la medianoche del  27 de octubre? La de “aquí no ha pasado nada” y que prefiere celebrar que el kirchnerismo sigue siendo la primera fuerza nacional, por lo cual no habrá cambios de políticas ni en nombres. O, por el contrario, sin dejar de reivindicar el despliegue territorial  del Frente para la Victoria ni renunciar a sus convicciones, recepta el mensaje de las urnas y produce algunos golpes de timón en sus políticas públicas.

Antes de eso, Cristina Kirchner debe reasumir el ejercicio pleno del poder e interactuar en un mapa político que se modificó y ya cuenta con media docena de candidatos a sucederla. Su deseo ahora tiene los límites que le imponen los médicos en resguardo de su salud. De algo no hay dudas: el futuro del proyecto político que encabeza depende de la eficacia que demuestre para resolver algunos de los reclamos que plantea la población. Quedan dos años de gestión que serán cruciales.
A favor cuenta con el control del Congreso y una alta imagen positiva (ronda el 50 por ciento). En contra: a la irrupción de un dirigente peronista con alto caudal electoral (Massa), se suma la ausencia de un candidato propio que dispute la sucesión y la existencia de un escenario económico complicado.

El resto de los protagonistas también tienen fortalezas y debilidades. Sergio Massa logró un formidable respaldo en las urnas. En 120 días venció al candidato del gobierno por doce puntos y cosechó casi cuatro millones de votos. Pero no cuenta con el aval de la mayoría de los gobernadores peronistas y debe permanecer dos años en la Cámara de Diputados. Francisco De Narváez es el espejo más temido.

Mauricio Macri, el único dirigente que blanqueó su aspiración a suceder a Cristina Kirchner, cuenta con el aval de la victoria en la Capital Federal, el haber logrado presencia en 22 distritos y engrosado sus bancadas en diputados y senadores (contará con tres a partir de diciembre), además de las buenas elecciones de Santa Fe y Córdoba. La principal complicación es la baja inserción en la provincia de Buenos Aires, un distrito clave para disputar una elección presidencial (37 por ciento del padrón).

Entre los candidatos del peronismo no kirchnerista se destaca José Manuel De La Sota. El gobernador de Córdoba se impuso en la elección de diputados a través de su delfín Juan Schiaretti pero lo hizo con apenas el 26 por ciento. Parece un porcentaje pobre para aspirar a la presidencia.

Varios gobernadores del Frente para la Victoria, lograron respaldos contundentes en sus distritos. Sergio Urribarri lo hizo en Entre Ríos. A favor: tiene una muy buena relación con la Presidenta. Algunos lo consideran un candidato natural del kirchnerismo. No lo ayudan ni su baja proyección nacional ni su nula inserción en Buenos Aires. En una situación parecida se encuentra Jorge Capitanich, de gran elección en el Chaco.

A pesar de la derrota en su provincia, Daniel Scioli mantiene sus aspiraciones intactas. Tiene una alta imagen positiva y apuesta a realizar dos años de “gestión activa” que mejoren sus chances electorales. Cree, además,  que el paso por Diputados puede afectar la visibilidad de Massa. Cuenta con el aval de varios gobernadores que lo ven con mejores ojos que al Intendente de Tigre. Le juega en  contra la desconfianza que genera en el kirchnerismo ortodoxo. Su incomodidad en el escenario del Frente para la Victoria el domingo fue evidente.

Entre los opositores, tanto Hermes Binner como Julio Cobos están en una situación similar. Ganaron por un buen porcentaje sus provincias (Santa Fe y Mendoza) pero tienen dificultades para hacer pie en la provincia de Buenos Aires. Allí la aliada del dirigente socialista, Margarita Stolbizer, obtuvo poco más del 11 por ciento. En esta alianza imaginan que una interna abierta, como la que hicieron los candidatos de UNEN, puede mejorar sus posibilidades. En esa instancia no habría que descartar la participación de Elisa Carrió.

Evitando incurrir en pronósticos, materia que se golpea de frente con el análisis de la realidad política, al día de hoy se vislumbra un esquema semejante al 2003 con un peronismo dividido y una oposición en igual condición, lo que impediría el triunfo de un candidato en primera vuelta. Lo que está más claro es la puja de conceptos: habrá un candidato defendiendo la continuidad del “modelo” (Scioli, Urribarri u otro); un sector que propondrá dejar lo que está bien y cambiar lo que se hizo mal (Massa) y un sector que irá “a por todo” (Macri, Cobos y Binner).

Los que disfruten de la política no tendrán tiempo para aburrirse.

Lo que viene

Todo lleva su firma

Todo lleva su firma. No sólo la designación del Ministro de Economía, Amado Boudou, como candidato a vicepresidente de la Nación. También la nominación de Gabriel Mariotto como compañero de fórmula del gobernador Daniel Scioli. Cada uno de los nombres en cada una de las listas en todo el país. La espectacular cosecha de los jóvenes de La Cámpora y la pobre recaudación de la CGT. Todo tiene su sello. Cristina Fernández de Kirchner hizo uso y abuso de su poder político. Un gesto de peronismo explícito: el que tiene los votos, es quien decide casi todo. La presidenta hizo un movimiento audaz, apostó a la renovación generacional a costa de militantes tradicionales, aliados y gremialistas. Es evidente que está dispuesta a correr los riesgos de su arbitrariedad. Hay una legión de heridos. También incredulidad. Algo parecido ocurrió con Eduardo Duhalde, Mauricio Macri, Ricardo Alfonsín, Hermes Binner, Alberto Rodríguez Saá o Elisa Carrió. Todos hablan de democracia interna pero las candidaturas de todos los partidos se resuelven entre unos pocos.

Las designaciones de Boudou y Mariotto no sólo responden al valor “lealtad”, una actitud que cotiza más que el oro en el entorno presidencial. Ambos tienen una relación directa con dos decisiones consideradas claves para la gestión de la presidenta. La estatización de las AFJP, cuyo ideólogo exclusivo fue el entonces titular del Ansses, y la sanción de la Ley de Servicios Audiovisuales, que tuvo en Mariotto a su principal impulsor. Con los recursos que estaban en manos privadas el gobierno evitó suspender las políticas expansivas y la obra pública.

El Ministro de Economía tiene un pasado liberal indisimulable.  La propia presidenta lo exhibió como una virtud: “tiene la capacidad de cambiar”. La mayoría de los empresarios lo ven como un símbolo de continuidad del actual modelo que, en líneas generales apoyan en beneficio propio. Los peronistas “más de izquierda” coinciden con los más tradicionales, a la hora de cuestionarlo. Unos hubiesen preferido un político más “progre” (Juan Manuel Abal Medina) y los otros, a alguien más ligado a la estructura del PJ (Jorge Capitanich u otro gobernador).  Lo cierto es que la presidenta privilegió consolidar su poder por sobre la eventual necesidad de lograr votos y no tuvo reparos en desairar a algunos representantes del “aparato”. La explicación es simple: cree que ya cuenta con la adhesión suficiente para ganar.

Boudou fue la única buena noticia que tuvo Hugo Moyano el pasado fin de semana. El líder camionero se mostró y tuvo palabras elogiosas en el lanzamiento del Ministro en su fallida candidatura en la Ciudad de Buenos Aires. Tienen diálogo directo. Los legisladores de extracción sindical son trece, renuevan ocho. Sólo dos nombres –Facundo Moyano, del sindicato de Peajes, y Carlos Gdansky de la UOM– tienen lugares expectantes en la lista de diputados bonaerenses. Juan Carlos Schmid, de Dragado, y Julio Piumato, de Judiciales, que parecían números puestos en las listas del Frente para la Victoria en Santa Fe y Capital, decidieron renunciar a la postulación porque les ofrecieron lugares testimoniales. “No nos sentimos valorados por el gobierno”, se lamentó Piumato, un militante full time del kichnerismo, que parecía indiscutido en la lista de diputados de la Capital. Todos “los heridos” aseguraron que no habría ruptura con la presidenta pero aclararon que ya no estarán en la primera fila de defensa del gobierno. Esta historia continuará pero es imposible saber ahora de qué manera.

Algo queda claro: la metodología del reclamo público de cargos realizada por Moyano y sus lugartenientes no conmovió a la presidenta. Dado el resultado, se puede decir que todo lo contrario. No faltó el que recordó que durante el menemismo, los sindicalistas tenían el doble de las bancas que en la actualidad y que el bloque del diputados del PJ estaba presidido por Diego Ibañez, líder de los petroleros. Hay que señalar que fue durante esos años que se remató el patrimonio nacional y se destruyó empleo en forma masiva.

Los aliados y los movimientos sociales tampoco ligaron. Luis D´Elia lo resumió a su manera: “nos sentimos kelpers” y cuestionó la baja representación de la CGT en desmedro de “los yuppies de La Cámpora”. También patalearon pero con sordina algunos intendentes del conurbano. En las huestes de Martín Sabbatella tampoco hubo festejos, Ariel Basteiro se quedó afuera al igual que Silvia Vázquez. La diputada de FORJA tuvo un rol destacado en la defensa de la ley de Medios. Carlos Zanini, el Secretario Legal y Técnico, pasó a ser algo así como el satánico Dr. No.

Daniel Scioli hizo la venia. Aceptó a Mariotto y hasta se sacó una foto con su compañero de fórmula. En su entorno hablan de “consenso necesario” y de la aceptable cantidad de leales que pudo colocar en las listas bonaerenses. La presencia de Mariotto, para acompañar a Scioli en lugar de un referente del peronismo bonaerense, sumada a la poca presencia de candidatos propuestos por los intendentes es otro factor de irritación. Duhalde y De Narváez se desesperaron por “robar” a los descontentos. Duhalde llegó a tentar, sin suerte, al ex motonauta. Sus operadores hablaron con Sergio Massa y varios intendentes pero sin mucho éxito.

En el llamado Frente Amplio Progresista las tensiones con Pino Solanas aumentaron. El cineasta se quedó solo. Sus ex socios de Proyecto Sur (CTA y Libres del Sur) decidieron integrar las listas del FAP. Incluso en la Capital habrá dos nóminas para legisladores nacionales. Con todo, el cineasta concurrió al lanzamiento de la fórmula Binner-Morandini en la Capital. ¿Se arrepintió de haber lanzado a Alcira Argumedo a la presidencia? Por lo pronto Binner y Margarita Stolibizer le prometieron su apoyo en la campaña porteña. No todos los dirigentes de la centroizquierda argentina comprenden que están ante una coyuntura histórica que puede sentar las bases de un nuevo espacio en la política argentina.

Macri sufre otro tipo de soledad, la del que abandonó su propio sueño. Finalmente el PRO no presentó candidato a presidente. Hasta hace un par de meses, el Jefe de Gobierno porteño iba a dar esa batalla. Tiene un consuelo: las encuestas lo ubican muy bien posicionado para revalidar su cargo en la Ciudad. Faltan diez días para el primer round de esa pelea. La presidenta de la Nación hizo, esta semana,  un gesto concreto para sostener la aspiración de Daniel Filmus de pasar a la segunda vuelta. Anunció un plan de seguridad para el sur de la Capital que incluye la presencia en las calles de gendarmes y prefectos. Macri también incrementará el número de agentes metropolitanos en esa zona. El temor a sufrir un delito está al tope de las preocupaciones de los porteños. El miedo no tiene ideología.

Nota publicada en Diario Z – edición 30.06.2011

Todo lleva su firma

Entre el temblor y las lágrimas

Todos dudan. Julio Cobos analiza si es conveniente presentarse a la elección presidencial y propone suspender los comicios internos del radicalismo. Ernesto Sánz sugirió ampliar las alianzas de la UCR hacia cualquier sector, desde Proyecto Sur al Pro y al Peronismo Federal. Ricardo Alfonsín dice que no es para tanto y espera por Hermes Binner. Mauricio Macri replantea su candidatura presidencial aunque antes de volver a viajar aseguró que su única meta es la Casa Rosada. Gabriela Michetti “hace pucheros” y dice que su postulación a la Jefatura de Gobierno está a disposición del ex presidente de Boca. Mario Das Neves disimula como puede su preocupación, hasta hace una semana nadie dudaba del triunfo de su delfín en los comicios de Chubut. “Si pierdo me voy”, sentenció. Felipe Solá se muestra cada vez más lejos del llamado peronismo disidente. Hermes Binner sorprende al expresar su deseo de competir por la presidencia. Y hay más. El tablero político tiembla. Se parece a Japón en pleno terremoto. La responsable del sismo político tiene nombre y apellido: Cristina Fernández de Kichner.

La bendición a Lucía Corpacci fue decisiva para el triunfo del oficialismo en Catamarca. Un mes atrás, la presidenta de la Nación hizo en esa provincia su primer discurso con tono electoral. A partir de allí comenzó la levantada de la senadora oficialista quién, después de estar veinte puntos por debajo del gobernador, se quedó con el triunfo. Brizuela del Moral hizo su aporte a la derrota: anunció que se quedaría veinte años en el poder. La mayoría de los catamarqueños lo mandaron a su casa.

La flamante gobernadora electa, Lucía Corpacci, empañó el festejo de su triunfo reivindicando a su pariente y aliado Ramón Saadi. También cuestiono la cobertura preiodística en torno al asesinato de María Soledad. Lejos de los micrófonos, en el gobierno nacional lo lamentaron: “una cosa es no negar a su primo y otra reinvindicarlo”. El ex gobernador, que perdió el cargo por el escándalo desatado después de la violación y asesinato de la joven, fue más allá: “fue un crimen pasional”, explicó. Una afrenta gratuita a la inteligencia y la memoria de los argentinos. Un manjar para la oposición.

Está claro que la mentada “unidad del peronismo” detrás del proyecto nacional de reelección tiene esos lastres en casi todos los distritos. La re-reelección del gobernador de San Juan, José Luis Gioja, es uno de los más pesados. Hasta su hermano el senador César Gioja lo cuestionó: “José Luis ha producido un quiebre en la institucionalidad, en el partido y en la familia”. El gobernador derramó unas lágrimas por la inesperada interna familiar durante un acto dónde instruyó a sus seguidores para que militen por su permanencia en el poder.

Más allá del llanto, la pregunta del millón es saber si la Presidenta se convirtió en una suerte de rey Midas de la política. Según cuentan las historias, el monarca de Frigia convertía en oro todo lo que tocaba. ¿CFK tiene la facultad de empujar a la victoria a todos los candidatos que apoya? Evidentemente no. La política tiene una lógica más pobre que los relatos mitológicos. Lo que está fuera de discusión, hasta para los más acérrimos opositores, es el influjo positivo que derrama la buena imagen que tiene la Presidenta entre amplios sectores de la población.

Hace un mes nadie se atrevía a cuestionar el triunfo en Chubut del candidato apoyado por el actual gobernador Mario Das Neves. Después de la visita de CFK a Comodoro Rivadavia, el sábado pasado, y su apoyo explícito al candidato del Frente para la Victoria todo cambió. Das Neves, precandidato a presidente por el Peronismo Federal, sumó dramatismo, asegurando que una derrota lo alejaría de la política para siempre. Antes de la visita de la Presidenta la elección se contaba como una formalidad.

En tanto, Felipe Solá se muestra cada vez más lejos del conglomerado que armaron Eduardo Duhalde y los hermanos Rodríguez Saá. El ex gobernador de Buenos Aires se preguntó sobre el sentido de hacer una interna “sin gente”. Sus declaraciones impactaron de lleno en el duhaldismo.

Pero el partido que más sintió el impacto de la elección catamarqueña fue la UCR. Demostrando que tiene menos cintura política que un pollo de campo, el vicepresidente Julio Cobos viajó a Catamarca a media tarde del domingo para celebrar el triunfo de su correligionario Brizuela del Moral. También lo hizo Ernesto Sánz. El pragmatismo no sólo es patrimonio del PJ. Ambos dirigentes radicales son críticos de la permanencia excesiva en el poder. Seguramente serán impiadosos con el intento de Gioja. Sin embargo, se mostraron dispuestos a acompañar los deseos de eternidad del gobernador de Catamarca.

Ahora sugieren replantear la estrategia opositora. Cobos quiere suspender las internas de abril, algo que rechazó de plano Ricardo Alfonsín. El senador Sánz propuso abrir el marco de alianzas hacia izquierda y derecha. Sin el radicalismo no se puede pero con el radicalismo solo no alcanza, explicó.  ¿La convocatoria incluye a Macri y a Pino Solanas? ¿Es posible una alianza de toda la oposición antikichnerista? Parece imposible pero esa es una palabra que perdió contundencia en Argentina.

Casi desde la escalerilla del avión que lo alejó de Buenos Aires una vez más, Mauricio Macri intentó un mensaje de certidumbre: “sigo siendo candidato a presidente como el primer día”. Las dudas sobre su postulación nacional nacen de las encuestas que posicionan a la Presidenta cerca de ganar en primera vuelta y fueron puestas en palabras por un ministro del gabinete porteño y por Jaime Durán Barba, el principal asesor electoral de Macri.

Hay que avalar una desmentida: Gabriela Michetti no lloró por este tema, como trascendió en la prensa. Si se emocionó cuando aseguró durante una reunión de la mesa chica del PRO que “Mauricio debe decidir lo que es mejor para él y para el partido”. Ratificó que si Macri juega en la Ciudad, ella se baja. Aunque la legisladora es la mejor posicionada para intentar suceder a su Jefe, sabe que está atada a sus palabras. El año pasado insistió hasta el cansancio con la idea de la reelección. Para ella, Macri debería disputar un segundo período en la Ciudad y mostrar mayor eficacia en la gestión para, recién después, lanzarse a la aventura nacional. Más allá de que todos en el PRO relativizan la cuestión, el tema que parecía sepultado volvió al a discusión interna.

Todo sucede como en un culebrón colombiano, entre el temblor y las lágrimas.

Nota: publicado en Diario Z edición 17.03.2011

Entre el temblor y las lágrimas

Entre el Properonismo y "los compañeros"

Mauricio Macri tuvo la mejor semana en mucho tiempo. Finalmente ocurrió lo que sus asesores le habían vaticinado: tanto los dirigentes del Peronismo Federal como Francisco De Narváez “fueron al pie”. Desde ambos sectores reconocen que no tienen un candidato presidencial con posibilidades y, en nombre del pragmatismo, aceptan ahora que el mejor representante de la centroderecha es del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Este movimiento explícito terminó de decidir a Macri: será candidato a presidente. Y, según afirman sus hombres más cercanos, Gabriela Michetti será la candidata elegida para disputar la sucesión en la Capital.

Hasta el martes pasado, Macri mantenía en público una posición ambigua sobre su futuro político. Manifestaba su aspiración presidencial pero sin cerrar la puerta a una posible reelección en la Ciudad. ¿Qué cambió? Eduardo Duhalde y los principales referentes del Peronismo Federal aceptaron lo evidente: ningún dirigente de ese sector despierta entusiasmo en la sociedad y, en forma expresa, fueron a golpear a la puerta del ingeniero. Si bien en el PRO saben que el duhaldismo es como la mancha venenosa para el electorado independiente al que pretenden seducir, necesitan de la estructura del peronismo disidente para sostener una candidatura presidencial en todo el país. Ahora el desafío es como capitalizar el apoyo sin que se convierta en el abrazo del oso.

Macri insiste con una frase: “el ciclo del kichnerismo está terminado”. Más allá que la frase está más cerca de una expresión de deseos que de la realidad. Lo concreto es que Macri aspira a llegar a una segunda vuelta con Cristina Fernández  y, en ese caso, convertirse en el único opositor. Para eso necesita del peronismo no kichnerista.

También volvió al redil el diputado Francisco De Narváez, quien después de intentar todas las alquimias posibles aceptó que su futuro está al lado de su ex socio de Unión-Pro. El millonario intentó una imposible candidatura presidencial (es colombiano), luego aceptó que pelearía la gobernación bonaerense; después se acercó a Cobos, a Duhalde y a Scioli, en forma sucesiva, hasta que la realidad lo devolvió al punto de partida: Macri. Nunca nadie en la política argentina dilapidó tanto capital político y del otro en tan poco tiempo. Basta recordar que en el 2009 se impuso sobre Néstor Kichner. Las encuestas recientes lo dan lejos de Scioli. En el PRO lo harán sufrir un poco: “el que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen”, dicen y agregan: “nuestro candidato en la provincia es Jorge Macri”. Sin embargo, terminarán aceptándolo: un candidato con mucho dinero y un Canal de televisión no es para despreciar.

Aunque uno de los socios del diputado en la tele, Daniel Vila, ya habría firmado una tregua con el gobierno. El empresario mendocino cree que nadie recuerda el momento en que comparó al gobierno nacional con la dictadura de Videla en pleno debate por a Ley de Servicios Audiovisuales. Tampoco la distribución de pulseritas verdes con la leyenda “hasta K” entre los trabajadores de su multimedios. Tal vez tenga razón. A ese nuevo escenario responden los cambios en la línea editorial del Canal. Otro ejemplo de pragmatismo de ambos lados del mostrador.

Para la Ciudad, Macri ya tiene decidida la candidatura de Michetti. Como se anticipó en esta columna hace meses, la lógica de las candidaturas será la de las encuestas y los sondeos ubican a la ex vicejefa de Gobierno mejor posicionada que Horacio Rodríguez Larreta. Cerca de Macri muchos piensan que el Jefe de Gabinete representa mejor que nadie la gestión macrista, pero los números mandan. En la ciudad hay doble vuelta si ningún candidato llega a la mitad más uno, por lo cual no existe posibilidad de concurrir a la elección sin el candidato que más mide. El ingeniero se inclina, además, por unificar las elecciones porteñas con las presidenciales.

Ricardo Alfonsín también tuvo una buena semana. Se siente ganador de la interna radical y Julio Cleto Cobos vive su peor momento. Además ya fichó al gobernador socialista Hermes Binner, quién más allá de cómo resuelva la interna política en Santa Fe, ya se decidió por secundarlo en una fórmula presidencial. La decisión del gobernador cierra la posibilidad a un frente amplio de centro izquierda. Los que imaginaron una alianza que incluyera a Binner, Stolbizer, De Genaro, Solanas, Juez y otras fuerzas progresistas deberán seguir esperando. Por lo pronto, Solanas anunciará, en breve, un frente con el ex intendente de Córdoba.

En el Frente de la Victoria no hay grandes definiciones todavía. El gobernador Daniel Scioli ratificó por enésima vez su adhesión al proyecto del gobierno nacional. Con todo, los halcones del kichnerismo y los operadores mediáticos del establishment seguirán cuestionándolo. Los primeros porque lo ven ajeno, aunque lo saben imprescindible para ganar en Octubre, y los segundos porque lo pretenden como alternativa confiable a la presidenta.

Por su parte, Cristina Fernández no va apurar el anuncio de su decisión. Está convencida de que la gestión es la mejor campaña. El encuentro con su par de Brasil, Dilma Rousseff, y la foto en el balcón de la Casa Rosada junto a Estela de Calotto y Hebe de Bonafini, pesan más que cualquier anuncio. Dónde no escatimó palabras fue en el acto de inauguración de la autopista que une Santa Fe con Entre Ríos. “Les pedimos a los trabajadores y a sus dirigentes que la defensa del modelo sea a rajatabla porque son los primeros beneficiarios y van a ser los primeros perjudicados si las cosas llegan a ir mal”, dijo y les pidió responsabilidad en los reclamos.

La referencia tiene distintos destinatarios: los llamados Gordos que fueron condescendientes con el menemismo y ahora se muestran inusualmente combativos; los dirigentes de la CGT San Lorenzo que lleva adelante un planteo imposible: unificar un sueldo único para trabajadores de distintos gremios (esto sin dejar de apuntar que las empresas cerealeras exhiben una incalificable avaricia) y, en menor medida, los dirigentes sindicales más cercanos al gobierno que anunciaron algunos reclamos salariales que, según el gobierno, podrían disparar aun más los precios. Cristina Kichner sabe que las amenazas a su gobierno no sólo se ubican en la vereda de enfrente.

Nota: Publicado en Diario Z del 03.02.2011

Entre el Properonismo y "los compañeros"