España: entre los amigos y la cruz

Rezo y halo de luz (vía Flickr)
Rezo y halo de luz (vía Flickr)

Ultima etapa de este viaje. He vuelto a Madrid y esto me provoca una inmensa alegría. Amo a Madrid, por su inagotable actividad cultural, por sus calles, por Goya, por Velázquez, pero por sobre todas las cosas, la amo porque viven algunos de mis buenos amigos: Mari Jose, Américo, Mari Carmen, Fidel, Nieves. Gente que es lo mejor de la España soñada, tradición pero conciencia crítica. Y también amo Madrid porque puedo tomar una copa en el histórico Café Gijón (Recoletos 21, se los recomiendo si alguna vez tienen la dicha de pasar por aquí) con Arturo Pérez Revérte. Y porque casi nunca coincido, aunque a veces sí, con Joaquín Sabina y Jimena, su mujer.

Pero también quería contarles de la otra España, la que duele: mientras todavía el mundo se interroga sobre el sinfin de la violencia en Palestina, ayer pude recorrer la ciudad de Toledo (otro paseo muy recomendable). Es una ciudad amurallada (a 20 minutos de la Capital, con el tren AVE de alta velocidad), dónde los romanos hicieron una fortaleza y luego los visigodos instalaron su capital. Es también el escenario de las mejores pinturas de El Greco. Pero es, fundamentalmente, uno de los ejemplos de la posible convivencia entre cristianos, judíos y musulmanes. De hecho allí, mientras los árabes controlaban gran parte de la península ibérica, los ciudadanos de los tres credos convivían en paz y con sus iglesias, sinagogas y mezquitas abiertas. Y esa es la reflexión que quería acercarles.

Ahora las mezquitas están cerradas. Una: la del Cristo de la Luz (el nombre tiene que ver con la reconquista, obvio) esta siendo restaurada como museo. La sinagoga de Santa María la Blanca (otro nombre que cambió despúes de la reconquista) también funciona como museo. En este lugar en 1391 hubo una masacre de judíos que puso fin a la convivencia de religiones. Después, cuando los Reyes católicos expulsaron a los moros en 1492, empezó el proceso destinado a convertir a la fuerza a los herejes judíos y musulmanes que no habían sido asesinados o expulsados y eran ahora “falsos conversos”.

Así aparecieron instituciones represivas como la Santa Inquisición, fundada en 1480 por los Reyes Católicos que difundió el terror en España y América durante cuatrocientos años. La Fe católica tenía como opción la horca, los tormentos o la hoguera. Por eso no puede evitar cierta melancolía al ver que alguna vez, como ocurrió en la zona de Andalucía, cristianos, musulmanes y judíos convivieron en paz.

España: entre los amigos y la cruz