Maneras de leer la calle

Las dos notas más interesantes de este fin de semana sobre la movilización, con cacerolas incorporadas, del jueves 13 de septiembre contra el gobierno de CFK , llevan las firmas de Mario Wainfeld en Página/12 “La gente en las calles” y Beatriz Sarlo en La Nación “La maldición argentina de ser hoy un representante de la clase media“.

El periodista señala, sin abandonar sus críticas a los manifestantes, “…todo gobierno inteligente y atento a su conservación debe atender a la calle”. La columnista de La Nación, después de defender la movilización de la clase media, apuntó: “Detestar al kirchnerismo no produce política”.

El ninguneo y el desprecio a la movilización del jueves pasado es un error político y un gesto gratuito de soberbia. Los repudiables insultos a la Presidenta y el odio expresado por algunos de los movilizados no deberían impedir el análisis racional del reclamo. En la calle hubo de todo. Sin embargo, en el oficialismo eligieron el camino más torpe.

Así, Abal Medina, Julio De Vido y Jorge Coscia compitieron para ver quién le pegaba más duro a la concentración.

Tomar nota de lo que pasó no implica hacer ninguna concesión. Del otro lado, la variante más tonta, pensar que el cacerolazo implica un fin de época o como dijo un encendido Mauricio Macri: “uno de los días más importantes de la historia argentina”.

Algo recurrente en este sector es confundir el deseo con la realidad. La oposición está lejos de capitalizar ése descontento tan variopinto.  La humildad ayuda a entender. Aunque en Argentina, la humildad es una especie en peligro de extinción.

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