El sexo de la democracia

No pasó nada. Todos los ciudadanos podrán casarse y tendrán los mismos derechos sin importar el sexo del elegido para esa aventura de intentar un proyecto común. Hoy es un día como cualquier otro. Los peores augurios de algunos miembros de las distintas Iglesias no se cumplieron. Es una tarde fría de julio en la Capital Federal. Ni el Diablo (“el padre de la Mentira”, según la invocación realizada hace unos días) se adueñó de la Argentina, ni peligra la república. Hay sí, un cambio sustancial para una minoría. El Estado extendió su manto de protección a todos los ciudadanos independientemente de su credo, condición o elección sexual. Lo de ayer fue un triunfo de la democracia y el Estado de Derecho. Nada más y nada menos. Como cuando se sancionó el divorcio vincular. Un paso más en pos de la igualdad. Pero hay varias lecturas políticas que aparecen como pertinentes:

-Vale la pena recordar que esta batalla legislativa fue iniciada por legisladores de centroizquierda: la socialista Silvia Ausburger, por un lado, y la actual legisladora Vilma Ibarra.

-El tema dividió a la clase política de forma transversal. Y tanto los que votaron a favor como los que lo hicieron en contra, salvo tristes excepciones, aceptaron dar la discusión con vehemencia y libertad.

-Por otro lado, es muy pobre pensar que algún sector pueda obtener réditos políticos.

-Es innegable que el gobierno nacional le dio un importante impulso al debate y no dudó en confrontar con los sectores más reaccionarios de la Iglesia. Pero ya. Es lo que hizo el ex presidente Alfonsín con la ley de Divorcio.

-Cabe preguntarse: si harán lo mismo con otros temas complejos como la despenalización del aborto.

-Hay que rescatar la actitud de los principales referentes del radicalismo: Ricardo Alfonsín, Ernesto Sánz y Gerardo Morales que defendieron el proyecto con contundencia y lo votaron a pesar de la oposición de amplios sectores en su partido. Cinco fueron los votos favorables del radicalismo, además de Morales y Sánz: Nito Artaza (Corrientes), Alfredo Martínez (Santa Cruz) y Oscar Castillo (Catamarca).

-Lo mismo ocurrió con el peronismo. El presidente del PJ, Néstor Kirchner, se manifestó a favor pero la mayoría de los gobernadores de su partido estaban en contra.

-Merece una especial mención los votos de Luis Juez y Norma Morandini, quienes votaron a favor de este proyecto a pesar que la opinión mayoritaria en su provincia es contraria a la nueva ley. El propio Juez mencionó las presiones y admitió que puede costarle su carrera a la gobernación.

-También el buen discurso del senador Rubén Giustiniani, que como el resto de los legisladores socialistas, volvieron a privilegiar los principios a la conveniencia. Así lo habían hecho con la ley de Medios Audiovisuales.

-Carlos Reutemann, Alfredo Rodríguez Saá y Juan Carlos Romero, tres ex gobernadores, todos del llamado peronismo federal, se levantaron de sus bancas. No hubiese sido mejor que votaran en contra. No hubiese sido mejor que votaran. Lo del Lole escapándole al bulto ya es una marca de identidad. A todo esto; Roxana Latorre, su compañera de banca votó a favor.

-También votó en contra Hilda Chiche Duhalde.

-Carlos Menem estuvo al principio y luego se retiró por un “malestar”. El riojano en el ocaso de su carrera política provoca pena pero no por su estado de salud.

-Hubo otros tres senadores que faltaron y tres que se abstuvieron. Faltar o abstenerse en un tema trascendental define el perfil de cada uno de los que huyeron o callaron.

-Lo más importante es que a la luz de las cámaras de la televisión, los argentinos pudimos observar a los senadores en un debate histórico. Ayer también, en diputados, se votó un ley clave: la protección de Glaciares. También con divisiones y discursos duros. Y aquí la mejor noticia, a pesar de todo, la democracia argentina goza de buena salud.

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