Dios y CFK

Hace cuatro o cinco años que el periodismo en Argentina tiró por la borda los parámetros de rigor y precisión que deben acompañar a una noticia a la basura. En medio de la pelea entre el gobierno y el grupo Clarín dejó de ser importante que un hecho sea cierto. Lo relevante para una trinchera o la otra es que ese hecho, mejor dicho, su versión noticiable, afecte al “enemigo”.

En estos días se puede comprobar esta hipótesis con un ejemplo. La presidenta, tal vez víctima del uso y abuso que hace de sus presentaciones públicas, utilizó una frase poco feliz: “Sólo hay que tenerle miedo a Dios… y un poquito a mí”. La frase sacada de contexto suena autoritaria y amenazante. Impropia de una mandataria de un país democrático. Es sabido que, como refiere el refranero popular, el poderoso es bien tenido cuando es más respetado que temido. Así la levantaron la mayoría de los medios críticos al gobierno, y destacados dirigentes opositores consultados al minuto, respondieron sobre la afirmación con enojo, preocupación y fastidio.

Sin embargo, la frase completa hacía referencia a los funcionarios del Poder Ejecutivo, no a los opositores. Incluso, la Presidenta aclaró que hacía referencia a los funcionarios que había nombrado y en relación a su eficacia en la gestión. Pero esta parte de la frase fue omitida deliberadamente en las crónicas.

No estaría mal que los funcionarios corruptos e ineficaces le tuvieran un poco de miedo a la Presidenta. Tampoco estaría mal que la Presidenta se desprendiera al momento de los funcionarios que roban, utilizan el Estado en beneficio propio o son unos inútiles. Eso le daría un sano sustento al temor que imaginamos. Pero más allá de esto, está claro que, como no me canso de señalar, en medio de esta guerra la primera víctima es la verdad.

Leer críticamente la información, saber desde dónde se emite, pensar en los por qué y los para qué de una noticia, se han vuelto tareas indispensables.

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Dios y CFK

Navidad

La Noche de Paz se acerca al ritmo de la confrontación. A la disputa entre Hugo Moyano y la Presidenta Cristina Kirchner; se sumó la denuncia de Supercanal, la empresa de cable de Daniel Vila y José Luis Manzano, contra Cablevisión que derivó en un allanamiento a la empresa del Grupo Clarín. También se define en el Congreso de la Nación la regulación de la venta de papel de diarios, que reeditó los alineamientos políticos que se sucedieron cuando se debatió la Ley de Servicios Audiovisuales y actualizó la falaz antinomia entre libertad de prensa y libertad de empresa. Además volvió un clásico: péguele a Scioli.

“Hace ocho meses que Hugo no habla con la Presidenta. Estamos en el peor momento de la relación. Y después del discurso del otro día, ni los ministros llaman”. La confesión pertenece a un encumbrado e histórico dirigente gremial. Las consecuencias de la pelea entre Cristina Kirchner y Hugo Moyano están en el eje de todos los análisis. Están los que aseguran que la alianza estratégica no se rompió a pesar del tsunami de acusaciones lanzado por el dirigente camionero y los que vaticinan cataclismos sociales a partir del año próximo, dado que consideran que “no hay retorno en la relación”.

Al evocar a Iván Heyn, el joven economista fallecido en plena cumbre del Mercosur esta semana, Cristina Kirchner señaló: “Tenía una historia muy particular, que él siempre la comentaba. Su padre, producto de la crisis de 2001, fundió una empresa familiar, y de pasar a ser clase media alta, clase acomodada, un niño bien diría alguien, pasó a ser un chico que tuvo que ganarse la vida, porque su familia se fue del país. Pero él decidió quedarse en el país para seguir estudiando…hasta convertirse en un economista brillante”. También dijo que la noticia de la muerte del subsecretario de Comercio Exterior “me dejó sin aire…tenía la edad de mi hijo”. Una semana atrás, Moyano había fustigado a “los niños bien” en referencia a los jóvenes militantes de La Cámpora.

Algo está claro, se trata de una disputa de poder que se desarrolla en el peor escenario: con puja salarial, inflación, desmantelamiento de subsidios y con el telón de fondo de la crisis internacional. “Moyano respondió así porque se cansó de las agresiones y el maltrato”, explican cerca del líder camionero. La Presidenta cuestionó por extorsivos algunos planteos laborales (Petroleros y docentes de Santa Cruz y la de los técnicos de Aerolíneas Argentinas) pero nunca reivindica el apoyo recibido por la CGT en los últimos ocho años. Esa es la principal queja. En el gobierno traducen el enojo de la primera mandataria: va desde las supuesta discusión de Moyano con Néstor Kirchner en el último día de su vida, la amenaza de paro por el exhorto de Suiza, los apoyos al Momo Venegas y Ricardo Cirielli y las amenazas públicas de ganar la calle en reclamo del aumento del mínimo no imponible y el reparto de ganancias.

Por lo pronto, el conflicto tuvo sus primeras consecuencias. La juventud sindical que lidera Facundo Moyano, alguna vez calificada como “los soldados del pingüino”, decidió no concurrir a los actos de homenaje a las víctimas por la crisis del 2001. Allí tenían que compartir espacio con La Cámpora. Los dos grupos solían marchar juntos en este tipo de movilizaciones.

Los que eligen no dramatizar el conflicto se apoyan en una máxima de la política que señala que no puede existir ruptura entre dos que se necesitan. La pregunta es: ¿Se siguen necesitando? El secretario general de los Judiciales lo explicó a su manera: “(la relación) se quiebra si alguien deja de sentirse parte, no es nuestro caso y no creo que sea el caso de la Presidenta”. Es un deseo peronista para esta Navidad. Lo cierto es que las diferencias políticas y económicas no son tantas como las personales. Y esto es lo que hace más difícil cualquier acercamiento. Por lo pronto, la situación quedará congelada. Nadie moverá sus piezas hasta después del verano.

Otra disputa que encendió luces rojas tuvo como escenario la legislatura bonaerense. Jóvenes de La Cámpora se enfrentaron con policías en la asunción de las nuevas autoridades. Desde el kirchnerismo cruzaron con dureza a Ricardo Casal, el ministro de Seguridad de Daniel Scioli. Hubo sanciones a policías y un acuartelamiento de los agentes que adujeron recibir órdenes precisas de impedir el paso de los militantes. El gobernador respaldó a su funcionario. Sin restarle responsabilidad por la presencia primero y la represión posterior de la Infantería dentro del Legislativo, el desgaste al que es sometido el gobernador parece que no cesará en su nuevo mandato. Scioli también se siente maltratado pero su paciencia es mayor que la de Moyano. También su imagen positiva y el respaldo popular.

Tigres de papel

La ley que regula la comercialización de papel de diario reeditó la pelea generada por la Ley de Servicios Audiovisuales. Denuncias de los medios que controlan Papel Prensa sobre limitaciones a la libertad de expresión y defensa a ultranza de la norma por parte de los legisladores oficialistas. A diferencia de la norma sancionada hace dos años y que tiende a democratizar el mercado de medios, en esta ley el gobierno no logró sumar a otros sectores para su sanción. A juicio de este cronista, un error. Hasta un pecado de soberbia. De aprobarse como está, la ley no dejará de ser legítima y sólo deberá someterse, eventualmente, al control constitucional de la justicia. Pero las adhesiones por afuera del kirchnerismo la hubiesen dotado de un respaldo imprescindible a la hora de su defensa política.  Por lo menos dos docenas de legisladores hubiesen sumado sus votos afirmativos si el Frente para la Victoria abría la discusión de algunos puntos.

Como para completar el panorama, un juez de Mendoza dispuso la intervención de Cablevisión. El grupo Vila-Manzano cuestiona judicialmente la fusión de Multicanal con Cablevisión, lo que otorgó a ese grupo una posición dominante en el mercado de la televisión por cable. Algo así como que Frankestein se espante por los modos de Drácula. El Grupo Clarín, por su parte, responsabilizó al gobierno y a Vila, el mismo empresario que dijo que el kirchnerismo era peor que la dictadura de Videla. Vale recordar, además, que la polémica fusión fue aprobada en los últimos días del 2007 por Néstor Kirchner.

Eran otros tiempos. La Ley de Medios apenas asomaba como una posibilidad. Argentina muta vertiginosamente. Los protagonistas también. Basta pensar en el país del 2001, cuando la sociedad se asomó al abismo de la disgregación. Sólo ese recuerdo merece un brindis. Feliz Navidad.

Nota publicada en Diario Z edición 23.12.11

Navidad

Todos unidos ¿triunfaremos?

“Todos unidos triunfaremos”. La consigna peronista pasó de afirmación a convocatoria desesperada. En los últimos días, los dirigentes de la oposición que firmaron un sorprendente documento “en defensa de la democracia” convocaron a la unidad para enfrentar al gobierno. Eduardo Duhalde, después de imponerse en la primera fase de la interna del PJ Federal, llamó a construir un “Frente Amplio”. Lo imagina muy amplio: desde Rodríguez Saá y Ramón Puerta hasta Maurico Macri, incluyendo a radicales y socialistas. Sí por él fuera, sumaría en la foto a Pino Solanas y a Elisa Carrió. Al Jefe de Gobierno porteño le gustó la idea. Dejó abierta incluso la posibilidad de dar un paso al costado en función de “un bien mayor”.  Más allá del gesto estudiado, el ex presidente de Boca sigue pensando que él es “el mejor candidato para enfrentar a Cristina Kichner”. Julio Cobos y Ernesto Sánz saludaron la iniciativa. Sólo Ricardo Alfonsín, Elisa Carrió y Pino Solanas exhibieron coherencia y rechazaron la alquimia, cada uno con su estilo. Alentado por sectores empresarios y de la política, el proyecto integrador está en marcha.

La plataforma de la posible unidad se construyó a partir del piquete que impidió la distribución del diario Clarín hace dos semanas. Patricia  Bulrich (CC), Federico Pinero (PRO), Oscar Aguad (UCR) y Gustavo Ferrari (De Narváez) propiciaron un documento “en defensa de la democracia”. Los cuatro diputados no sólo trabaron una fuerte relación personal en el Congreso, casi no tienen diferencias ideológicas y eso facilita las iniciativas conjuntas. Armaron el paper con prontitud y lograron las firmas de Macri, Carrió, Felipe Solá, Sánz, Duhalde y Alfonsín. Pino Solnas, Luis Juez y Hermes Binner esquivaron el papelón. Más allá de la barrabasada cometida al impedir la salida de un diario, ¿alguien puede creer seriamente que en Argentina peligra el sistema democrático o que no funciona el estado de derecho? Por otro lado, el principal perjudicado por el piquete fue el gobierno.

En el mejor momento de la presidenta de la Nación en cuanto a imagen e intención de votos, la seguidilla de descalabros no deja de sorprender. A la supuesta reelección indefinida, la amenaza de paro de la CGT y el piquete, esta semana se sumó el retiro de la Policía Federal de la custodia de edificios públicos porteños, entre ellos hospitales y escuelas. La Ministra de Seguridad, Nilda Garré, convirtió la aplicación de una medida razonable: mandar más policías a la calle (ya lo hizo con los que confeccionaban pasaportes), en una complicación. Anunció la suspensión del servicio de un día para el otro. Y más allá de que los funcionarios nacionales juran que hubo un anuncio previo al titular de Seguridad porteño, Guillermo Montenegro, para la opinión pública el plazo fue de 24 horas. Los vecinos otra vez atrapados en una pelea super estructural y ajena. El rechazo que generó la disposición y el paro que lanzaron los profesionales de la salud obligaron a Garré a suspender la medida y dar una prórroga. En política no basta con tener razón.

Mientras tanto en los distintos campamentos de la oposición se debaten dos estrategias: designar a un candidato único o propiciar  variantes políticas diferenciadas, una por izquierda y otra por derecha con el objetivo de robarle votos al oficialismo en ambos márgenes ideológicos. En este caso habría un pacto previo para apoyar a quien pase a una eventual segunda vuelta.

Los que alientan el candidato único, hablan de un acuerdo para que todos los dirigentes opositores participen de la interna abierta como si fueran distintas líneas de un gran frente. Alfonsín se espantó ante la propuesta que defienden sus correligionarios Sánz y Cobos. El hijo de don Raúl no se imagina junto a Duhalde y Macri. Sí con Binner y Solanas. Pero el fundador de Proyecto Sur reiteró que no hará acuerdos ni con el PJ ni con la UCR y el gobernador de Santa Fe, que debe superar la complicada interna en su provincia, todavía no le cerró la puerta a participar de un frente de centroizquierda. La líder de la Coalición Cívica fue la más dura: “no habrá alianzas con corruptos ni narcos”, advirtió.

En el PJ disidente, en cambio, no hay límites. Ya establecieron una dinámica de encuentros cercanos de cualquier tipo. Por lo pronto, el principal objetivo es conseguir un candidato a presidente que tenga más imagen positiva que negativa. No es una tarea sencilla. La elección en Capital les dio un respiro. No fue importante pero tampoco una catástrofe. “No cualquiera junta treinta y tres mil personas”, dijo orgulloso un dirigente puntano. Para los hombres de Rodríguez Saá la derrota por medio punto los deja mejor parados que al duhaldismo. La interna seguirá en otras regiones en un suerte de gira mágica y misteriosa. ¿Habrá más empates?

Mientras tanto, todos miran a Mauricio, quién como Pablo Echarri se siente El Elegido. Hay muchos que creen que “la nueva convergencia” (así la denominó Carlos Pagni en La Nación) tiene algo de natural entre el PRO y el PJ disidente. Unos cuentan con el candidato y los otros con el aparato. En las elecciones de Catamarca y Chubut, el PRO no figuró. El domingo en los comicios de Salta va con un candidato que, según las encuestas, podría llegar al veinte por ciento. Se llama Alfredo Olmedo y está acusado de propiciar  trabajo esclavo en sus campos. Macri lo apoya en silencio ya que ni se acercó a la campera amarilla del legislador.

En tanto en la ciudad, con la fecha de elecciones fijada para el 10 de julio comenzó el tiempo de las definiciones. Hay más de una docena de candidatos anotados en la grilla de largada: Boudou, Filmus y Tomada (Frente para la Victoria); Rodríguez Larreta y Michetti (PRO); Claudio Lozano (Proyecto Sur); Ricardo López Murphy (Convergencia Federal); Martín Redrado y Javier Castrilli (Peronismo Federal); Roy Cortina (PS);  María Eugenia Estenssoro (CC); Carlos Heller (Nuevo Encentro);  Jorge Telerman y Abel Fatala. Esta semana se lanzaron Silvana Giuduce (UCR) y Aníbal Ibarra (Diálogo por Buenos Aires). La legión crecerá. En el Frente para la Victoria y en el PRO habrá dedazo en breve. Y, aunque parezca un contrasentido, los candidatos mejor posicionados en las encuestas no duermen tranquilos.

La política es el arte de lo posible. Lo que parece delirante puede convertirse en aceptable y las más locas fantasías devenir en realidades. La necesidad tiene cara de alianza.

Nota publicada por Diario Z en su edición del 07.04.2011 (Todavía no había renunciado Cobos a su candidatura presidencial)

Todos unidos ¿triunfaremos?

El país de las verdades a medias

“Estás con el Multimedios o estás con los trabajadores”, dicen de un lado.  “Estás contra los que cercenan la libertad de expresión o a favor de los que quieren censura”, dicen en el otro. El país en blanco y negro, el país irreal, el país de las verdades a medias se expresó con ferocidad esta semana. El conflicto gremial que impidió la distribución del diario Clarín el domingo pasado fue la escena elegida para un nuevo round del combate político-mediático. Las opciones que abren este párrafo son falsas. No se está con el grupo empresario si se cuestiona a los piquetes que interrumpieron la venta del matutino, ni se apoya al gobierno nacional si se señala que la empresa, hace años, que incumple la legislación laboral y, entre otras cuestiones, se resiste a aplicar la Ley de Servicios Audiovisuales.

Que un diario no llegue a los quioscos es una pésima noticia. No importa quién sea el editor. Con más razón si se trata de un medio opositor. Con todo, afirmar que en Argentina no hay libertad de expresión o que peligra la democracia es una exageración malintencionada. Igual de falaz es calificar el incidente de meramente gremial. El Ministro de Trabajo, Juan Carlos Tomada, llegó tarde y mal. Los mismos delegados de AGR, la planta en conflicto, se lo cuestionaron cara a cara y por la televisión pública. Aseguran que también, en privado, se lo demandó Cristina Kichner. El corte se tendría que haber evitado. Tomada prometió ahora mandar inspectores en forma permanente a la planta de la polémica para comprobar que no se cometan abusos. El conflicto lleva ocho años. Se acordó un poco tarde.

Los costos políticos, otra vez, los pagó la presidenta de la Nación. Pasó algo similar con la supuesta operación para “la reelección indefinida”; el intento de prohibirle a Mario Vargas Llosa que inaugure la Feria del Libro y lance sus conocidas diatribas; y se repitió con la amenaza de Moyano de convocar a paro general “en defensa propia”. En todos estos casos, Cristina Kichner tuvo que intervenir de manera directa o indirecta para explicar o corregir a la tropa propia. Ningún dirigente inteligente moldea su estrategia electoral para convencer a los que ya están convencidos. Sólo entre ellos hubo aplausos. Cerca de la presidenta lo saben.

Dos gobernadores se desmarcaron en forma explícita: Daniel Scioli y Juan Schiaretti. Se trata de los mandatarios con mayor juego propio en la constelación kichnerista (gobiernan Buenos Aires y Córdoba). Otros igual de incómodos, pero más prudentes, eligieron callar. No parece lo mejor apuesta cuando los operadores del oficialismo tratan de cerrar acuerdos con todo el peronismo del interior a excepción de Eduardo Duhalde y los hermanos Rodríguez Saá.

La oposición, golpeada por los resultados de Catamarca y Chubut, encontró un argumento de oro para criticar al gobierno y un respiro en una semana plagada de malas señales. Después de diez días todavía no hay un resultado indubitable en las elecciones de Chubut. En el conteo definitivo se encontraron planillas que no coinciden con los votos emitidos, alteraciones deliberadas de números y hasta urnas vacías. Más allá de quién se quede finalmente con el triunfo, el gobernador Mario Das Neves recibió un golpe demoledor a sus aspiraciones nacionales. La magra cosecha de su candidato se suma al escándalo de los comicios. La interna del PJ disidente languidece. En la UCR las cosas no están mucho mejor: Ernesto Sánz abandonó la competencia con Ricardo Alfonsín después de haberla propiciado. El senador no sólo comprendió que perdería por paliza, supo que la cantidad de votantes en la interna no sería relevante. Lo cierto es que hasta agosto no habrá candidato radical definitivo. En el PRO si bien se fijaron las fechas para la elección porteña (10 y 31 de julio), Maurico Macri no aportó certezas sobre su futuro y dejó abierta la puerta a una eventual reelección (el mejor camino según sus amigos más cercanos). Sufrirán su indecisión por lo menos un mes y medio más: Gabriela Michetti, Horacio Rodríguez Larreta y los porteños.

En tanto, el principal grupo mediático del país aprovechó la polémica que se desató a partir del piquete para recomponer su imagen (“es tan sospechoso un diario que critica siempre como aquel que no critica nunca”, dice la frase popular). La empresa vinculó las medidas de fuerza a las amenazas lanzadas por dirigentes de la CGT y cosechó apoyos y muestras de solidaridad. Pudo mostrarse así como el más débil en una pelea donde, en verdad, se enfrentan dos titanes. La prohibición de realizar actividad gremial dentro de la empresa –decisión que se remonta al año 2000 cuando despidió a más de un centenar de trabajadores y delegados– pasó a segundo plano. En aquel momento sólo publicaron información sobre los despidos la revista Veintitrés (fue nota de tapa) y Le Monde Diplomatique.

En febrero pasado la presidenta de la Nación cuestionó en duros términos la metodología del piquete en alusión a los cortes en los puertos exportadores de cereal ubicados al norte de Rosario. En ese momento, aprovechó la inauguración de la autovía Santa Fe-Paraná para pedir responsabilidad a los dirigentes del movimiento obrero: “no pueden tener las mismas prácticas con las que enfrentaron el modelo neoliberal en los noventa”. Por qué habría de avalarlos ahora. Claro que todavía no había ocurrido la fugaz detención del Momo Venegas ni la captura de José Pedraza. Tampoco el paro nacional con movilización a la Plaza de Mayo lanzado por Hugo Moyano. Esta vez Cristina Kichner no habló. En los próximos meses desde la CGT sólo escuchará reclamos. El fuego amigo es ya una constante.

Nota publicada en Diario Z, edición jueves 31.03.2011

El país de las verdades a medias

Ni tan calvo ni con dos pelucas

El fallo de la Corte Suprema de Justicia sobre la Ley de Servicios Audiovisuales tuvo y tendrá diversas interpretaciones. Como casi todo en la Argentina, los hechos cambian según el cristal con que se miran. Ahora bien, las interpretaciones de un hecho siempre son subjetivas pero los hechos son siempre objetivos.

Curiosamente los sectores afectados por la desinversión que propone el artículo 161 coincidieron con algunas fuentes del gobierno (al momento de escribir este post NK era la excepción). Ambos sectores lo tomaron como una victoria de los que cuestionan la vigencia de la norma o como una derrota del gobierno. No es tan así.

La CSJ ratificó la medida cautelar que suspende la vigencia del artículo que exige la desinversión cuando se sobrepase la cantidad de medios que permite la ley. Y eso es bueno para los grandes grupos de M de C. Pero el fallo ratifica la plena vigencia de la Ley, avalando su constitucionalidad, y además le puso un límite a las medidas cautelares pidiéndole al juez de primera instancia que resuelva en un plazo razonable (dos años). Y eso coincide con la pretensión del gobierno y los sectores que defienden la plena vigencia de la ley aprobada por el Congreso. La CSJ hizo lo previsible (por eso el voto en un mismo sentido de los siete miembros): nunca se expidió sobre medidas cautelares. Cuando el juez resuelva el planteo –y debe hacerlo en un tiempo cierto– los cortesanos se expedirán sobre el fondo de la cuestión: la constitucionalidad del artículo 161. En definitiva: ni tan calvo ni con dos pelucas.

Se podría decir de esta manera: mientras toda la ley está vigente, el artículo de la desinversión quedó pendiente de ejecución hasta que un juez primero y la CSJ después  falle definitivamente. Para algunos, la demora equivale a la espera de otro gobierno que dicte la defunción de la norma. No parece tan simple.

En la sanción, el oficialismo sumó el apoyo de otras fuerzas (PS y Proyecto Sur) y la UCR y el GEN, que no acompañaron la votación por cuestiones políticas coyunturales, tenían proyectos tan o más severos que el aprobado.  Por qué razón cambiarían la norma en el poder? Y en el caso de querer hacerlo, contarían con los votos? En el fragor de la pelea cuesta observar que, más allá de las demoras, los efectos de la ley son inexorables.

Ni tan calvo ni con dos pelucas

Alberto Fernandez: la historia Kirchner-Clarín

La pelea Clarín-Gobierno, las reuniones entre Néstor Kirchner y Héctor Magnetto, la relación con Papel Prensa, Graiver y Papaleo, la Ley de Medios, el discurso de la Presidenta y otros temas en una larga e interesante entrevista que le hicimos en Mañana es tarde al ex Jefe de Gabinete y representante del Estado en Papel Prensa, Alberto Fernández. (Gentileza Radio Del Plata)

[audio:25-08-alberto-fernandez.mp3] (para descargarlo, hacé click derecho, y elegí “Guardar destino como”)

Alberto Fernandez: la historia Kirchner-Clarín

Lanata y la ley de medios

Jorge_lanata

Publico esta entrevista de la revista Debate porque contribuye a romper con una lógica perversa: “apoyar la ley de medios audiovisuales te convierte en kirchnerista”. Lanata es uno de los periodistas más críticos del gobierno nacional, sin embargo, apoya la ley. Lo mismo ocurre del otro lado, desde el gobierno se quiere estigmatizar a todos los que se oponen: “son pagados por los monopolios”. La lectura de esta nota es interesante desde ese punto de vista.

Por Cecilia Escudero

¿Qué es lo que, a su entender, está en discusión y se pone en juego, principalmente, en el debate por una nueva ley de medios?

Para mí la ley es un tema importante, a lo mejor no coincido tanto con la oportunidad de tratarlo en este momento ni con la urgencia. Pero lo que se pone en juego es el mapa de medios de comunicación de la Argentina. Entonces, está bien que nos tomemos en serio el tema y discutamos qué hacer con los medios.

¿A qué se refiere cuando dice que no es la oportunidad?

Me parece que fue una jugada muy hábil del Gobierno para recuperar la iniciativa política. Venía en menos cuatro, y estaban todos pensando en si se quedaban hasta fin de año o no, pero de golpe recuperó la iniciativa. Desde este punto de vista, fue inteligente. Ahora, creo que el Gobierno se equivoca cuando considera a este problema como el único que tiene la Argentina. Lamento decir que hay otros temas, por ejemplo, hay más desocupación, más hambre, estamos por volver al Fondo Monetario, está empezando a haber conflictos gremiales que no se sabe cómo se solucionan.

¿Cuál sería el momento para debatirla?

No, si se busca una situación ideal, obviamente no existe. Lo que digo es que está todo centrado en esto, como si esto fuera “el problema” y no lo es. Eso no quiere decir que no es importante. Es importante. También se dice que para qué la ley si después no la van a cumplir. Pero tampoco se puede pensar así porque cuando se hace una ley se da por sentado que se la va a cumplir. Si después no sucede así, bueno, se verá qué se hace con los que no la cumplen. Pero si no, nunca sancionarías ninguna ley, todo puede fallar. Es cierto que, en su mayoría, los tipos que dicen que ahora no es el momento para debatirla tienen intereses directos en los medios, se ven afectados.

También sostienen esto varios diputados y senadores de la oposición.

Pero también terminan siendo interesados directos, de alguna manera, porque son los que después aparecen en esos medios.

Usted dice que está de acuerdo con algunos puntos del proyecto de ley y con otros no. ¿Podría especificar su perspectiva?

A mí me parece que la ley, a grandes rasgos, está bien. Pero, es importante destacar que es una ley pensada en la universidad, que no es una ley de la profesión. Es decir, conceptualmente no está mal, es correcta. Pero va a haber cosas de difícil solución en la práctica. Por ejemplo, para mí la ley confunde espectro con audiencia. Esta ley propone dividir el espectro en tres (uno para el Estado, otro para organizaciones sin fines de lucro y otro para los medios privados). Pero esto no va a significar que la audiencia se divida en tres, porque puede llegar a quedar la audiencia en uno de esos tres espectros. ¿Y qué van a hacer con el resto de los medios?, ¿cómo los van a bancar? Después, ¿van a tener calidad profesional? ¿Se van a poder llenar de contenidos? En definitiva, esto no se va a traducir en que un tercio de la gente escuche la radio comunitaria de los wichis, otro tercio mire a Tinelli y otro tercio escuche Radio Nacional. No es así. No pasa eso en la vida. Ahora, desde el punto de vista teórico sí me encanta, es buenísima.

¿Esto no se solucionaría con una política de subsidios o alguna otra forma de fomento para los medios independientes?

Está bien. Pero ahí entonces el Gobierno tiene que plantear otra cosa, tiene que plantear: vamos a subsidiar dos tercios del espectro radiofónico argentino. Bueno, ningún país del mundo hizo eso.

En algunos países se implementa un sistema de impuestos.

¡Pero eso no es subsidiar! Es distinto. Que el gobierno le pregunte a la gente si quiere pagar un impuesto por Canal 7. Sí, en la BBC de Londres hay un impuesto a la televisión pública, pasan todos los meses por cada casa, miran cuántos televisores hay en tu casa y sobre esa base te cobran el impuesto. Que Kirchner proponga eso a ver qué pasa. Ahora, insisto, todos tienen que tener derecho a expresarse, está bien. Pero en la vida real, ¿cómo se hace?

¿Cuáles cree que serían las cosas más importantes que esta ley podría corregir del mapa de medios actual?

La concentración. Los medios tienen una conducta monopólica cada vez peor. Y, por supuesto, que la actual es una ley de la dictadura. La democracia tiene que cambiarla. También me parece que se tendría que haber registrado el tema de la publicidad oficial. Nelson Castro lo dice y coincido: no tendría que existir la pauta oficial. Que el Gobierno comunique sus actos como pueda, que mande gacetillas, no sé. Entonces se terminaría la discrecionalidad. Hay un problema concreto: si hoy cortás la publicidad oficial, la mitad de los medios del interior se cae. Y bueno, pero son medios privados. Si alguien vende toallas y hay demasiadas toallas en el mercado, tu fábrica cierra y nadie diría “nacionalicen las toallas”.

Con relación a las últimas modificaciones del proyecto de ley, referidas a la exclusión de las telefónicas del negocio de la televisión por cable y a los cambios en la composición de la autoridad de aplicación de la ley, ¿está de acuerdo?

Sí. Con el tema de las telefónicas, sin embargo, creo que hubiera sido necesario que se debata más tiempo. En principio está bien que les hayan impedido que ofrezcan el servicio de triple play (ndr: televisión, teléfono e Internet) para que no resultara a favor de una telefónica en particular, pero creo que, con el tiempo, a medida que avanza la tecnología, lo van a tener que autorizar. Hace un año y pico me invitaron al Senado a hablar de la ley, y yo dije que me parecía que le faltaba incluir Internet. En cinco años va a haber televisión por la red. ¿Y eso qué es? ¿Quién lo va a licitar? Hay cosas de Internet que sí pueden ser controladas por los Estados. Debería haberse incluido.

¿Se perdió la oportunidad de legislar el, aparentemente, inevitable ingreso de las telefónicas al mercado audiovisual?

Lo que pasó es que tanto Clarín como el Gobierno querían beneficiar, cada uno, a una telefónica determinada y, al final, les terminó saliendo mal a los dos. Pero, creo que esto a la larga va terminar pasando porque tecnológicamente es la única manera de hacerlo. El camino hacia el triple play es lo que está pasando en el mundo.

¿Cómo evalúa el hecho de que un tema relegado como la concentración de los medios esté, ahora, presente en el debate público?

Es una manera de empezar a poner este tema en cuestión. Creo que ningún proceso es gratis y que todo vale la pena, y que de acá para atrás no se va a volver. Considero que la ley va a salir, y espero que así sea, pero, aunque la ley no saliera, estamos mejor porque, por lo menos, empezamos a discutir. Pero si yo hubiera sido el Gobierno, al momento de lanzar la ley, hubiera tratado de armar un aparato de difusión para salir a defenderla, cosa que el Gobierno hoy no tiene. Sí tiene el 90 por ciento de los medios en contra, una campaña en contra increíble. Y, cada tanto, sale alguno a hablar y usan grabaciones mías o de Víctor Hugo, como diciendo “incluso ellos que son críticos con el Gobierno hablan bien de la ley”. Esto es una improvisación total.

En función de su contacto con el público, ¿considera que hay cierta toma de conciencia acerca del tema?

La gente no tiene ni la más puta idea de qué se trata la ley, no hubo una campaña de esclarecimiento de la ley a nivel popular. Esto se demuestra en el hecho de que sólo algunos sectores de la clase media urbana y progresista estén a favor de la ley y todos los demás estén en contra. No saben de qué se trata. La gente percibe que éste es un problema de libertad de prensa y éste no es un problema de libertad de prensa. Este argumento es muy fuerte y habría que rebatirlo. También, la gente ve esto como una pelea entre el Gobierno y Clarín, que en parte es así. Pero también es mucho más que eso.

O sea, habría que pensar cómo comunicar esto, cuestión que el Gobierno nunca pensó.

El hecho de que se considere como un ataque a la libertad de prensa, es un mensaje que se instala con mucha fuerza desde los medios.

Lógico. A su vez, cuando se habla de libertad de prensa habría que definir qué es primero. Acá hay un gran porcentaje de gente que es subpobre, para el Gobierno es un 22, para la Iglesia es el 40, ¿convengamos un 30? Esta gente que no tiene libertad para comer, menos tiene libertad para expresarse. Entonces la libertad de prensa es un valor importante, pero para un sector de la población, no para toda. Así entendida, ningún gobierno la respetó, ni los radicales, ni los peronistas, ni los kirchneristas. Personalmente, me he peleado con todos los gobiernos. Nos han echado siempre de la televisión, nos han hecho la vida imposible en los diarios. Todo por la discusión eterna de que querían tener ascendiente sobre lo que hacíamos. Este Gobierno le da a la prensa un rol de importancia que creo que es exagerada, no somos tan importantes. En esto se equivocan, me parece.

Tuvo repercusión su crítica hacia el aviso del canal Todo Noticias que amenaza con que “TN puede desaparecer”. ¿Podría explicar las razones de su enojo?

La publicidad es patética. La palabra desaparecer no es una palabra neutral en este país. Es más, es un argentinismo, es una palabra que la Argentina inventó y llevó al mundo. A partir de los desaparecidos en nuestro país se llamó desaparecidos a los de El Salvador, por ejemplo, y así en otros países. Si hay un medio que creció y se enriqueció durante la dictadura fue Clarín, con Papel Prensa, por ejemplo. Creció callándose la desaparición de personas, digo, que realmente desaparecieron. Entonces, que Clarín use, ahora, esa palabra, sobre si alguien o algo puede desaparecer, en defensa de su negocio me parece patético. Por lo menos, callate la boca. Porque además esto es mentira. Clarín tendrá que optar, con la nueva ley, entre tener televisión por cable o abierta; si elige el cable, podrá tener hasta diez señales. Una de esas diez puede ser TN.

Una serie de periodistas muy reconocidos tomaron una postura clara en contra de esta ley, como es el caso de Ernesto Tenembaum. ¿Qué opina de estos posicionamientos? ¿En qué medida disiente con ellos?

Ahí depende de cada uno. Creo que hay gente que está haciendo los deberes y hay gente que dice lo que piensa. Ernesto trabajó conmigo veinte años, él dice lo que piensa, no está haciendo los deberes. Yo no estoy de acuerdo, pero eso no tiene nada que ver. Víctor Hugo tampoco está a favor porque tenga algún interés de estar en Canal 7. En mi caso, en la vida laburé para el Estado ni laburaré, y yo no digo esto por un interés. Nelson Castro no tiene la posición que tiene porque quiera hacer un negocio. Dicen lo que piensan. Los periodistas más reconocidos, en general, los son por algo, tienen prestigio y no los van a lotear. Después sí hay tipos que están organizados, se trata de lo que sería toda la línea ejecutiva de los medios, que son los que están titulando, por ejemplo.

Al respecto, existen cuestionamientos por la manera en que se titula en los medios las noticias referidas a la ley, como es el caso de “ley de control de medios K” o “ley mordaza”. ¿Qué opina?

Me parece perfecto que se titule así. Porque es una manera de titular, eso es ejercer la libertad de prensa. Opinás que la ley es una porquería, está bien. Me parece mal que el Gobierno putee por eso, porque el Gobierno no está para opinar sobre los medios, el Gobierno está para gobernar. A mí, como editor, no me tienen que decir cómo tengo que editar, yo edito como se me ocurre. Es al revés, el Gobierno me tiene que garantizar que a mí nadie me mate porque titulo como quiero.

Usted sostuvo a lo largo de su carrera un enfrentamiento con el Grupo Clarín y se manifestó siempre en contra de los monopolios mediáticos. ¿Qué siente, ahora, ante la posibilidad certera de que haya una nueva ley de medios?

A mí me parece bueno, pensé que el Gobierno nunca se iba a animar a hacerlo. Pensé que la tropa propia se iba a negar y me alegro de que no haya sido así. Mi postura es intermedia. Estoy planteando un gris. No creo en la división: o laburás para Clarín o no laburás para Clarín. No es así. Lo que yo digo es un poco de acá y un poco de allá. No hay muchos que sostengan mi planteo.
El cinismo de Clarín

Desde que las políticas del Gobierno comenzaron a afectar los intereses económicos del Grupo Clarín, el diario cambió de manera rotunda su comportamiento editorial. ¿Cómo ve esta situación?

Una cosa interesante que pasa ahí es que la mitad de las denuncias que están haciendo ya las hicimos nosotros hace dos años. Y ellos no las publicaban. Sinceramente no lo puedo creer. He puesto cosas en Perfil sobre la mafia de los medicamentos, por ejemplo, y ellos nunca lo levantaron, y ahora lo ponen en la tapa. Es de un cinismo increíble.

¿Puede esta política editorial afectar su credibilidad actual o, quizá, futura?

Creo que lo que se llama credibilidad es una cuestión de microclima. Es algo de un sector de la población muy chiquito. No es algo de cientos de miles de personas. Es muy difícil hablar de qué es la credibilidad, cómo se construye. Hay periodistas que, por ahí, no son formalmente creíbles pero caen bien, entonces la gente les cree por eso. Es un concepto muy relativo. Que haya gente que perciba este cambio en Clarín sí, pero no es un tema popular seguro.

¿Cuál es su visión acerca de la pelea entre Clarín y el Gobierno? ¿Hasta qué punto puede llegar?

Bueno, aparentemente, está planteada como una pelea casi a muerte. Pero me imagino que si la pelea fuera definitivamente a muerte, el Gobierno se metería con los chicos de Ernestina Herrera, supuestos hijos de desaparecidos. Hasta ahora no lo hicieron. El tema sigue boyando en la Corte. Pero, después, es una pelea de negocios con ribetes políticos. La cuestión es quién maneja tal cosa. Aparentemente, Clarín quiso manejar cosas del juego que Kirchner no quiso o al revés. Y acá estamos.
El alejamiento del diario Crítica

Después del diario Crítica de la Argentina, ¿está en una etapa tranquila?, ¿de bajo perfil?

No hago un carajo (ríe). En realidad estoy haciendo televisión todos los días en Canal 26, todos los lunes tengo un programa de radio en España, y ahora estoy por empezar unos documentales. Laburo tengo, pero estoy menos tiempo dentro de una sola oficina, eso sí.

¿Sobre qué tratarán los documentales?

Estamos haciendo para Turner una serie de diez documentales sobre países emergentes. Está bueno, y vamos a viajar bastante.

¿Arrepentido de haberse ido de Crítica?

Y… me hubiera gustado quedarme si hubiera podido bancar el proyecto económicamente. Hice Crítica para quedarme, no para irme. Pero de todas maneras, el diario y la gente que siguió están bien. Con los años, más allá de si me quedé o me fui, creo que soy uno de los pocos que puede decir que hizo tres medios y todavía están abiertos. Página/12 no cerró, como tampoco lo hizo Crítica ni la revista Veintitrés. Hay gente que está laburando en alguno de ellos desde hace muchísimos años. Lo que no quita que me hubiera gustado quedarme en todos, y también me hubiera gustado quedarme en Página. Si no se hubiera vendido a Clarín hace veinte años, a lo mejor todavía estaría ahí.

¿En Crítica fue sólo una cuestión económica?

Así es. Llegó un momento en que me había quedado con el cinco por ciento del diario, y con ese porcentaje no podes decidir nada en serio, para mí era muy desgastante estar discutiendo, entonces me fui.

Lanata y la ley de medios