Y Péguele Fuerte

En las últimas semanas Hugo Moyano comparó al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner con el menemismo primero, con el duhaldismo después y, luego con la dictadura militar. “Desde Cavallo nadie atacó a los docentes como en estos días el gobierno”, señaló. El camionero lucha por su supervivencia y en esa línea, piensa, que vale todo. Incluso peregrinar por los escenarios mediáticos que lo vapulearon durante años. Los mismos medios de comunicación que lo asociaron de manera directa con la muerte del tesorero del gremio Abel Beroiz y lo acusaron reiteradas veces de prepotencia y corrupción son ahora su principal escenario. “Hugo se siente maltratado y acosado”, explican en su entorno. “Me sacan temas de los juzgados. Los que se sacaron fotos conmigo están hasta las manos. Ni en la dictadura pasaban estas cosas”, disparó durante un acto en Rosario. La Presidenta, en tanto, guarda silencio. Ordenó que nadie en el gabinete le abra la puerta de sus despachos. Está prohibido hasta el más mínimo contacto. Es la guerra.

Ante sus íntimos, Moyano asegura que sólo se defiende. Y para eso sigue la lógica matemática: enemigo de mi enemigo, amigo mío. Y este es el punto. Después de años de “alianza estratégica” con el kirchnerismo, el camionero considera que Cristina Kirchner es su principal adversaria política. Ve al gobierno detrás de su cabeza y está convencido de que existe una suerte de aval a las investigaciones judiciales que lo rondan. Inició contactos con el menemista Luis Barrionuevo y con el duhaldista Gerónimo Momo Venegas (UATRE). El gastronómico armó su propia CGT por sus diferencias con Moyano. Cuenta con un cuarto de los congresales y ese capital lo convirtió en “sujeto del deseo” de cara a la renovación de autoridades en la central obrera.

El candidato mejor visto por el gobierno es el líder de la UOM, Antonio Caló. Quién contaría con el aval de los denominados Gordos: Armando Cavalieri de Empleados de Comercio; Gerardo Martínez de la UOCRA; Andrés Rodríguez de UPCN, José Luis Lingieri de Obras Sanitarias y Ricardo Pignanelli de SMATA. La mayoría tiene pasado menemista. Ni Barrionuevo ni los Gordos modificaron sus posturas. Mientras los realineamientos se suceden, el Secretario General de la CGT seguirá pegando aunque no todos sus compañeros están de acuerdo. Moyano mismo confesó que en su casa de Barracas, suele calzarse los guantes de box y le da duro a una bolsa. A veces con más bronca que técnica.

En el gobierno reconocen que la relación no tiene retorno. Las facturas se acumulan en ambos lados del mostrador. Desde la ausencia de candidatos del sector gremial en las listas del Frente para la Victoria hasta el deliberado ninguneo oficial y desde la última pelea con Néstor Kirchner  hasta las chicanas más explícitas (la última: “al país le está faltando un estadista”).

Los más moderados temen por los costos políticos de la confrontación y por sus eventuales consecuencias. El escenario económico no es el mejor: crisis internacional, inflación, puja salarial y quita de subsidios. Los más disciplinados se preparan para la colisión. La Presidenta, en tanto, no acepta sugerencias de tregua. Confía en que el respaldo popular obtenido en las urnas el año pasado, sumado a la mala imagen del camionero, terminarán por volcar la balanza a su favor. Una ecuación demasiado simple para aplicar en la compleja realidad nacional.

SOLVENTE

En la década del setenta, un grupo musical llamado Solvente se hizo fugazmente popular con una canción llamada “Y Péguele Fuerte”. La música fue parte de una campaña  publicitaria de la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales.  Justamente el nombre del tema hacía referencia a las iniciales de la compañía petrolera. En estos días, la letra sencilla podría funcionar cómo consigna. “Y péguele fuerte/ pegue con todo…”, cantaban los muchachos de Solvente.  En la última semana, tres provincias petroleras (Chubut, Santa Cruz y Neuquén) le quitaron concesiones a la empresa controlada por Repsol, una cuarta (Mendoza) amenaza hacer lo propio y en el gobierno, aunque no lo acepten públicamente, se estudia la posibilidad de nacionalizar la firma.

La situación de máxima tensión con la compañía revela también un fracaso. El kirchnerismo apostó a la “argentinización” de YPF facilitando la participación del grupo Ezkenazi  en el control accionario. Entre otras cuestiones, habilitaron la compra de acciones a pagar con las cuantiosas utilidades obtenidas por la misma empresa. Lo concreto es que YPF-Repsol siguió operando como lo haría cualquier empresa privada: tratando de maximizar sus beneficios y supeditando la inversión a factores financieros y de caja. La inversión productiva no fue la esperada y cayeron las reservas. En el gobierno argentino pueden argumentar cualquier cosa menos sorpresa. Los españoles, en cambio, hablan de amenaza a sus legítimos derechos comerciales y de inseguridad jurídica.

El senador Carlos Menem dejó al Estado sin el control de su matriz energética. Algo inédito. Según el periodista económico de Página/12, Alfredo Zaiat, Argentina es el único país del mundo que tiene la explotación del petróleo y el gas en manos de trasnacionales. Vale recordar que las provincias petroleras acompañaron la medida dispuesta por el presidente riojano (entre ellas, la Santa Cruz gobernada por Néstor Kirchner). México, Brasil y Venezuela, por citar países de la región, pueden decidir su política energética a partir del control estatal de sus petroleras. Argentina no. Para  barajar y dar de nuevo, hay que saber qué pasó y por qué pasó.

Nota publicada en Diario Z edición 22.03.2012

Y Péguele Fuerte

Navidad

La Noche de Paz se acerca al ritmo de la confrontación. A la disputa entre Hugo Moyano y la Presidenta Cristina Kirchner; se sumó la denuncia de Supercanal, la empresa de cable de Daniel Vila y José Luis Manzano, contra Cablevisión que derivó en un allanamiento a la empresa del Grupo Clarín. También se define en el Congreso de la Nación la regulación de la venta de papel de diarios, que reeditó los alineamientos políticos que se sucedieron cuando se debatió la Ley de Servicios Audiovisuales y actualizó la falaz antinomia entre libertad de prensa y libertad de empresa. Además volvió un clásico: péguele a Scioli.

“Hace ocho meses que Hugo no habla con la Presidenta. Estamos en el peor momento de la relación. Y después del discurso del otro día, ni los ministros llaman”. La confesión pertenece a un encumbrado e histórico dirigente gremial. Las consecuencias de la pelea entre Cristina Kirchner y Hugo Moyano están en el eje de todos los análisis. Están los que aseguran que la alianza estratégica no se rompió a pesar del tsunami de acusaciones lanzado por el dirigente camionero y los que vaticinan cataclismos sociales a partir del año próximo, dado que consideran que “no hay retorno en la relación”.

Al evocar a Iván Heyn, el joven economista fallecido en plena cumbre del Mercosur esta semana, Cristina Kirchner señaló: “Tenía una historia muy particular, que él siempre la comentaba. Su padre, producto de la crisis de 2001, fundió una empresa familiar, y de pasar a ser clase media alta, clase acomodada, un niño bien diría alguien, pasó a ser un chico que tuvo que ganarse la vida, porque su familia se fue del país. Pero él decidió quedarse en el país para seguir estudiando…hasta convertirse en un economista brillante”. También dijo que la noticia de la muerte del subsecretario de Comercio Exterior “me dejó sin aire…tenía la edad de mi hijo”. Una semana atrás, Moyano había fustigado a “los niños bien” en referencia a los jóvenes militantes de La Cámpora.

Algo está claro, se trata de una disputa de poder que se desarrolla en el peor escenario: con puja salarial, inflación, desmantelamiento de subsidios y con el telón de fondo de la crisis internacional. “Moyano respondió así porque se cansó de las agresiones y el maltrato”, explican cerca del líder camionero. La Presidenta cuestionó por extorsivos algunos planteos laborales (Petroleros y docentes de Santa Cruz y la de los técnicos de Aerolíneas Argentinas) pero nunca reivindica el apoyo recibido por la CGT en los últimos ocho años. Esa es la principal queja. En el gobierno traducen el enojo de la primera mandataria: va desde las supuesta discusión de Moyano con Néstor Kirchner en el último día de su vida, la amenaza de paro por el exhorto de Suiza, los apoyos al Momo Venegas y Ricardo Cirielli y las amenazas públicas de ganar la calle en reclamo del aumento del mínimo no imponible y el reparto de ganancias.

Por lo pronto, el conflicto tuvo sus primeras consecuencias. La juventud sindical que lidera Facundo Moyano, alguna vez calificada como “los soldados del pingüino”, decidió no concurrir a los actos de homenaje a las víctimas por la crisis del 2001. Allí tenían que compartir espacio con La Cámpora. Los dos grupos solían marchar juntos en este tipo de movilizaciones.

Los que eligen no dramatizar el conflicto se apoyan en una máxima de la política que señala que no puede existir ruptura entre dos que se necesitan. La pregunta es: ¿Se siguen necesitando? El secretario general de los Judiciales lo explicó a su manera: “(la relación) se quiebra si alguien deja de sentirse parte, no es nuestro caso y no creo que sea el caso de la Presidenta”. Es un deseo peronista para esta Navidad. Lo cierto es que las diferencias políticas y económicas no son tantas como las personales. Y esto es lo que hace más difícil cualquier acercamiento. Por lo pronto, la situación quedará congelada. Nadie moverá sus piezas hasta después del verano.

Otra disputa que encendió luces rojas tuvo como escenario la legislatura bonaerense. Jóvenes de La Cámpora se enfrentaron con policías en la asunción de las nuevas autoridades. Desde el kirchnerismo cruzaron con dureza a Ricardo Casal, el ministro de Seguridad de Daniel Scioli. Hubo sanciones a policías y un acuartelamiento de los agentes que adujeron recibir órdenes precisas de impedir el paso de los militantes. El gobernador respaldó a su funcionario. Sin restarle responsabilidad por la presencia primero y la represión posterior de la Infantería dentro del Legislativo, el desgaste al que es sometido el gobernador parece que no cesará en su nuevo mandato. Scioli también se siente maltratado pero su paciencia es mayor que la de Moyano. También su imagen positiva y el respaldo popular.

Tigres de papel

La ley que regula la comercialización de papel de diario reeditó la pelea generada por la Ley de Servicios Audiovisuales. Denuncias de los medios que controlan Papel Prensa sobre limitaciones a la libertad de expresión y defensa a ultranza de la norma por parte de los legisladores oficialistas. A diferencia de la norma sancionada hace dos años y que tiende a democratizar el mercado de medios, en esta ley el gobierno no logró sumar a otros sectores para su sanción. A juicio de este cronista, un error. Hasta un pecado de soberbia. De aprobarse como está, la ley no dejará de ser legítima y sólo deberá someterse, eventualmente, al control constitucional de la justicia. Pero las adhesiones por afuera del kirchnerismo la hubiesen dotado de un respaldo imprescindible a la hora de su defensa política.  Por lo menos dos docenas de legisladores hubiesen sumado sus votos afirmativos si el Frente para la Victoria abría la discusión de algunos puntos.

Como para completar el panorama, un juez de Mendoza dispuso la intervención de Cablevisión. El grupo Vila-Manzano cuestiona judicialmente la fusión de Multicanal con Cablevisión, lo que otorgó a ese grupo una posición dominante en el mercado de la televisión por cable. Algo así como que Frankestein se espante por los modos de Drácula. El Grupo Clarín, por su parte, responsabilizó al gobierno y a Vila, el mismo empresario que dijo que el kirchnerismo era peor que la dictadura de Videla. Vale recordar, además, que la polémica fusión fue aprobada en los últimos días del 2007 por Néstor Kirchner.

Eran otros tiempos. La Ley de Medios apenas asomaba como una posibilidad. Argentina muta vertiginosamente. Los protagonistas también. Basta pensar en el país del 2001, cuando la sociedad se asomó al abismo de la disgregación. Sólo ese recuerdo merece un brindis. Feliz Navidad.

Nota publicada en Diario Z edición 23.12.11

Navidad

Titanes en el ring

Si se tratara de un comic el título podría ser: “Cristina contra las Corporaciones”. Pero no se trata de una historieta. La presidenta de la Nación no dejó ningún lugar para la fantasía: “Que se den por notificados: yo no soy la presidenta de las corporaciones, soy la presidenta de los 40 millones de argentinos”, anunció en su discurso ante la Asamblea Legislativa. En su exposición dedicó varios párrafos a cuestionar la actitud de los sectores económicos que propiciaron, a su juicio, las últimas corridas cambiarias y otros tantos para fustigar con dureza al sindicalismo. Si bien mencionó puntualmente a los docentes y petroleros de Santa Cruz (“con nosotros derecho a huelga hay, no de chantaje ni de extorsión”), la mayoría de los que la escucharon pensaron que el destinatario invisible de ese comentario era Hugo Moyano, ausente sin aviso en la ceremonia de reasunción. ¿Por qué razón los aliados estratégicos de ayer se convirtieron en los enemigos íntimos de hoy? ¿Hasta dónde la confrontación puede afectar la gobernabilidad?

Cerca del camionero no dudan: “con Néstor era otra cosa”. Aseguran que se sienten poco reconocidos, fueron prácticamente borrados de los cargos electivos, y que la Presidenta los critica en sus discursos y no les reconoce nada. En el gobierno le facturan a Moyano: los últimos enojos de Kirchner antes de morir, la amenaza de paro y movilización a Plaza de Mayo cuando se difundió un exhorto de Suiza y los apoyos que brindó al duhaldista Momo Venegas y al inclasificable Ricardo Cirielli. También se quejan de las advertencias “que lanza a través de los diarios” por el reparto de ganancias o la suba del mínimo no imponible. Lamentablemente no está en discusión el modelo sindical, ni su representatividad ni su democratización. Se trata de una escena de peronismo explícito. Después de la apabullante victoria electoral del 23 de octubre, con la oposición en terapia intensiva y el peronismo disciplinado, que alguien le dispute poder político es inadmisible para la presidenta.

Durante ocho años, el titular de la CGT fue uno de los pilares básicos del llamado “modelo kirchnerista”. Aunque en las elecciones que depositaron a Néstor Kirchner en la Casa Rosada, Moyano jugó con Alberto Rodríguez Saá, pero bastó un almuerzo con el flamante presidente para limar cualquier diferencia. “Nos dijo que iba a defender el trabajo y la producción de los argentinos. Eso fue suficiente”, recuerda el camionero cada vez que puede. En el altar de esa relación, Kirchner abandonó la idea de otorgarle la personería gremial a la CTA y le abrió canales de ayuda económica y política al camionero.  El resto es historia conocida, no hubo paros generales y se habilitaron las negociaciones paritarias. El resultado: hubo recuperación salarial y de puestos de trabajo. En el medio se sucedieron bravatas y hasta tiros. Un chofer de Moyano apareció por televisión disparando un arma durante una pelea entre camioneros y la UOCRA en el traslado de los restos de Perón a San Vicente.

Pero las mayores desavenencias se generaron en torno a las mediciones del Indec. “Para discutir salarios, nosotros nos guiamos por la inflación de los supermercados”, volvió a decir esta semana Moyano y en el gobierno lo sienten como una agresión. La incredulidad en las cifras del Indec es el caballito de batalla de la oposición. Al líder de la CGT no le importan las coincidencias. Los salarios de su gremio están entre los mejores del país. En gran medida, basa en eso su fortaleza. Esta semana volvió a anunciar que no aceptará techo en la negociación salarial que se viene. Una cuestión considerada vital por el gobierno. No quieren que “los planteos excesivos” disparen aun más los precios y exigen racionalidad. Creen que Moyano no quiere garantizarla.

La escalada parece interminable. Pablo Moyano, el hijo del titular de la CGT, en una chicana sofisticada calificó a connotados sindicalistas del menemismo como voceros del gobierno. La presidenta, por su parte, demolió los planteos de distribución de ganancias a través de una ley nada menos que en una cena de la Unión Industrial.  En ambos bandos se acusan de ingratitud. No es casual que la presidenta haya mencionado la Constitución de 1949 que no estipulaba en forma explícita el derecho a huelga. Más allá del debate histórico sobre la reforma constitucional más progresista que se sancionó en Argentina, la idea es sencilla: no figuraba el derecho a huelga porque, según el fundador del peronismo, no hacía falta. El gobierno de entonces expresaba los intereses de los trabajadores y, en esa lógica, por qué habrían de hacerle paro. Sin temor a la desmesura, Cristina Kirchner piensa lo mismo en esta coyuntura.

En el fragor de esta batalla todo se da vuelta. La denuncia sobre los sectores que propiciaron “cinco corridas cambiarias” desde el 23 de Octubre y le hicieron perder al Banco Central un cuarto de sus reservas pasó a segundo plano. Moyano cosecha apoyos entre quienes, hasta ayer, lo repudiaban: desde el Momo Venegas a Patricia Bulrich; desde los editores de Clarín a Mauricio Macri. A río revuelto ganancia de pescadores. Tanto en el gobierno como en la CGT, los más lúcidos, expresan preocupación y tienden puentes. Están también los que piensan que la turbulencia pasará: “no se pelean quienes se necesitan”. El escenario de la disputa no ayuda: quita de subsidios a los servicios domiciliarios, puja salarial y los coletazos de la crisis internacional. Una cosa es marcar la cancha y otra, muy distinta, dinamitarla.

Nota publicada en Diario Z edición 15.12.2011

 

Titanes en el ring

Pelados y pelucas

Ni tan calvo ni con dos pelucas. Ni Hugo Moyano está al borde del retiro efectivo de la CGT, ni los empresarios tienen motivos para festejar la Navidad de manera anticipada. Ni la quita de subsidios es una cruzada solidaria ni tampoco un ajuste despiadado. Ni la economía está en calma y con todas las variables controladas, ni se está cerca del desmadre. En su lógica binaria, un sector de la prensa interpreta que Cristina Kirchner esperó obtener un rotundo triunfo electoral para reivindicar al liberalismo económico a fuerza de tarifazos y ajustes, imponer límites a los gremios y concesiones a los industriales. La mirada más que maliciosa es tonta.

La relación entre la Presidenta y Moyano pasa por su peor momento. Pero afirmar que desde el gobierno impulsan el relevo del camionero de la cúpula de la principal central obrera del país es temerario. No existe un nombre alternativo al del camionero y, además, la capacidad de influencia del oficialismo en la interna gremial es relativa. Esto lo saben Gordos y Flacos. La representatividad de un dirigente sindical no depende del humor de un gobierno. Con todo, en sus últimos discursos Cristina Kirchner decidió marcar el territorio ante el único dirigente de su partido que, sin dinamitar nunca la alianza que los une, le disputa poder real.

Los peldaños de la escalada fueron muchos y variados: el anuncio de un paro con movilización a Plaza de Mayo ante un exhorto internacional que después se abortó; la reacción corporativa en defensa de Gerónimo Momo Venegas; las amenazas de movilización en reclamo de la modificación del mínimo no imponible (una cuestión que sólo afecta a los gremios que más ganan); el apoyo a los técnicos aeronáuticos cuando el gobierno pidió la suspensión de su personería gremial; la exigencia de una ley que distribuya las utilidades de las empresas “por los diarios” y las medidas de acción directa como bloqueos o piquetes a plantas y empresas.

La presidenta redobló la apuesta. Aniquiló el debate legislativo sobre el reparto de utilidades de las empresas y lo condenó a las discusiones paritarias. En el gobierno reconocen que se trata de una reivindicación razonable y constitucional pero la califican de inoportuna ante la situación económica que se avecina. Varias veces se refirió con ironía al “compañero Hugo”. Hasta dónde llegará la confrontación es un misterio. Es una pena que la definición de un nuevo modelo sindical, más democrático y transparente, esté fuera de la discusión.

En la misma semana, Cristina Kirchner respaldó también a la cúpula de Aerolíneas Argentinas y fustigó a pilotos y técnicos aeronáuticos. La palabra que más utiliza para definir la actitud sindical es ingratitud. “Si el Estado no intervenía para recatarla Aerolíneas no existiría”, repite en público y en privado. Con esa idea, anunció cambios y recortes en la empresa y prometió más productividad, austeridad y eficiencia. La gran apuesta es a achicar el déficit. Para que sea eficaz la consigna debe abarcar desde el primero al último de los empleados. El pedido de concurso de American Airlines, después del fracaso de un acuerdo laboral con los pilotos, fue el ejemplo elegido por los funcionarios que volvieron a cruzar espadas con los gremios. Más allá de la crisis que vive la tercera aerolínea norteamericana, es necesario señalar que no son pocas las empresas aéreas que tienen resultados positivos. En buen romance no todo lo que vuela da pérdidas.

El titular de los técnicos no se privó de lanzar más leña al fuego. Ricardo Cirielli comparó las medidas del gobierno con las de una dictadura militar. El último dirigente que utilizó una analogía semejante fue un empresario. En referencia al proyecto de Ley de Servicios Audiovisuales, Daniel Vila consideró al kirchnerismo “peor que la dictadura de Videla”. Para esa época el dueño del Grupo América mandó a distribuir entre los empleados de su canal unas pulseras con la leyenda “hasta K”. No hace tanto tiempo.

Más lejos o más cerca del calor oficial, los empresarios no deberían apurarse a celebrar. Si bien la presidenta hizo otros gestos a favor de sus planteos históricos: anunció ante empresarios de la construcción que se revisaría la llamada doble vía judicial en los juicios laborales (a la ART y a la empresa), entre otras cosas. También volvió a reclamar más inversiones y por el origen nacional de los insumos. Hace una semana, les pidió que reinviertan sus ganancias en el país y, a través de sus ministros, anunció más controles a la evasión. En la cena de la UIA señaló, sin nombrarlas, a dos empresas que utilizaron el dinero que recibieron con créditos a tasas subsidiadas para especular con moneda extranjera. Un ejemplo de capitalismo “Made in Argentina”.

Cómo pararse frente a las corporaciones y frente a los reclamos sectoriales en el momento más complicado desde el 2003. La eliminación de subsidios y prebendas requiere de inversión privada y obra pública. Ésa es la fórmula. En el gobierno saben que los aumentos de servicios y tarifas tendrán, a partir del año próximo, como telón de fondo la puja salarial. Daniel Scioli y Mauricio Macri hicieron sus propios anuncios de incrementos. No parece el mejor escenario para luchar contra la inflación.

En tanto, la campaña para que aquellos ciudadanos que puedan pagar rechacen los subsidios está a pleno. Funcionarios y famosos demuestran su altruismo ante las cámaras. Se trata de un gesto de conciencia que bien podría prescindir del estruendo. Lo razonable es que el Estado realice la poda con precisión y rigor, evitando inequidades y preservando a los sectores más vulnerables. Para eso no hace falta la televisión. Durante años se amparó a bancos, mineras y casinos, entre otros sectores, de manera inexplicable. Si se está en busca de ejemplos, se podría propiciar una reforma fiscal que tienda a lograr mayor igualdad haciendo tributar más a los que ganan más y a los que tiene más. Es difícil de explicar por qué razón, después de ocho años de gobierno, no se impulsó una reforma fiscal. O sobran pelados o faltan pelucas.

Nota publicada en Diario Z en la edición del 1.12.2011

Pelados y pelucas

Las brujas no existen pero…

A pocas horas de confirmarse el formidable respaldo popular obtenido por la presidenta de la Nación los mercados reaccionan como si se tratara de un gobierno débil y al borde del cachetazo. A pesar del triunfo en casi todo el país y la obtención de la mayoría legislativa, hubo una renovada corrida hacia el dólar acompañada de anuncios catastróficos en las portadas de los grandes diarios. En relación a la demanda de moneda norteamericana el Ministro de Economía, Amado Boudou, habló de “intentos de generar histeria colectiva” y apuntó contra “cuatro o cinco grandes empresas” como responsables de las grandes compras pero no las identificó. Salvo en unos pocos pub irlandeses de la Capital Federal, el festejo de Halloween pasó inadvertido. Sin embargo, la sabiduría popular indica que si bien las brujas no existen… que las hay, las hay.

Más allá de la posible existencia de gestos especulativos y movidas insidiosas, en los últimos doce meses se fugaron del país 22 mil millones de dólares. Este es un dato objetivo que espanta. Gran parte del excedente de negocios legales e ilegales; carradas de plata blanca, negra y azul; se convierten en moneda yanqui todos los días. Los controles de la AFIP aparecen como insuficientes ante el aluvión pero, por lo menos, describen un intento por frenar las maniobras. Los cuestionamientos per se, en boca de economistas y periodistas especializados, suenan extraños. Son las mismas usinas las que suelen reclamarle al Estado más controles ante el lavado, el narcotráfico, las falsificaciones de ropa, el trabajo en negro y la evasión.

Con brujas o sin ellas; con devaluadores  full time y oportunistas; con especuladores y con los que quieren poner un Ministro de Economía a su medida; hay que reconocer que el dólar ya es parte del ser nacional. Costará mucho romper con ese mandato difícil de explicar a un extranjero. En especial cuando el gobierno no reconoce la inflación real y el Indec tiene menos credibilidad que un discurso de Lilita. En ese contexto hasta un jubilado piensa que sus pocos ahorros no tienen otro resguardo que los papeles con la cara de Washington. No importa lo que se diga: el que apuesta al dólar nunca pierde. Lamentablemente, desde el retorno a la democracia, en todas esas timbas perdió el país.

El frente político no parece depararle a la presidenta mayores sobresaltos en el arranque de su segundo mandato. Gran parte de la oposición sigue lamiéndose las heridas y en el PJ nadie discute su liderazgo. Es en la economía donde deberá dar las grandes batallas. La crisis internacional, la inflación, los subsidios, el superávit, la reforma bancaria aparecen, inevitables, en la agenda. Algunas correcciones imprescindibles no gozarán de la simpatía de todos los implicados pero de eso se trata la gestión pública. El anuncio conjunto de los Ministros  Boudou y Julio De Vido (de Planificación) sobre la eliminación de subsidios para bancos, financieras, compañías de seguros, juegos de azar, puertos fluviales y aeropuertos, telefonía móvil, hidrocarburos y minería son una clara señal en ese sentido. Hacen blanco en lo evidente: el Estado no debe proteger a los poderosos.

Primeros bocinazos

Al unísono con la embestida cambiaria, se sucedieron los reclamos de dirigentes de la CGT exigiendo modificaciones en el impuesto a las ganancias sobre los grandes salarios (es necesario señalar que se trata de un gravamen progresivo que afecta a los sueldos más altos). Hubo también amenazas de movilizaciones callejeras para sostener esos planteos. Por su parte, Hugo Moyano, aprovechó el homenaje de la Central Obrera a un año de la muerte de Néstor Kirchner para pedir una ley que garantice la distribución de ganancias entre los trabajadores.

En el gobierno nacional lo tomaron como un nuevo desafío. Recuerdan que fue esta administración la que liquidó las distorsiones de la tablita de Machinea. Cómo seguirá la relación del gobierno con el líder camionero es otra incógnita a develar. La presidenta le reconoce a Moyano su rol en los noventa cuando enfrentó la política de devastación del patrimonio nacional. Por esa razón, es altamente improbable que desde la Casa Rosada se contribuya a su desestabilización en la CGT a favor de los dirigentes que arroparon gremialmente al menemismo. Pero es una torpeza pensar que no habrá reacción ante planteos que se asemejan a pliegos de condiciones.

Un grupo de peones rurales cortaron por dos horas el miércoles pasado la autovía Ricchieri generando un caos de tránsito. Finalmente fuerzas de Gendarmería despejaron la ruta sin violencia. “Buscan generar un desgaste político”, dijo la Presidenta y los instó a “encontrar otras formas de protestar”. No sólo los afiliados al sindicato de Gerónimo Momo Venegas deberían darse por aludidos.

¿Y si le ponemos Néstor?

     Hace un par de meses, cuando empezó la sucesión de homenajes al ex presidente de la Nación, el semanario satírico Barcelona se permitió una humorada en su portada. Bajo el título “¿Por qué nadie se acuerda de Néstor Kirchner?” anunció: “Solamente el campeonato de fútbol de primera división, un estadio, una escuela, el centro cívico y un barrio en San Juan, una escuela en el Chaco, un barrio en La Plata, una comisaría y un centro comunitario en Misiones, un tramo de un gasoducto y un cine-teatro en Jujuy, una calle en San Vicente, un comedor en San Martín, un puente en Cosquín, el auditorio del Hospital Gandulfo, un parque nacional en Entre Ríos, un hospital en Florencio Varela, el aeropuerto de Villa María, una avenida en Caleta Olivia, una avenida en Río Gallegos, la ex ruta 66, la sede de la secretaría de la UNASUR, una plazoleta en San Telmo, la Terminal de Ómnibus de San Rafael, la Terminal de Ómnibus y una escuela en Santiago del Estero, una campaña nacional para pintar escuelas, el acceso a Pehuajò, una plaza en Escobar, un paseo en Neuquén, el paseo costero del Calafate y una radio en La Pampa llevan el nombre del ex presidente. Y apenas un candombe pedorro recuerda su memoria. ¿Por qué el kirchnerismo decidió darle la espalda a su líder?”

Todavía no se habían emplazado las dos estatuas que lo recuerdan ni se había presentado la moción de un diputado provincial de declarar feriado el 27 de Octubre en todo el territorio de Santa Cruz para recordar el día de su muerte. ¿No será mucho? ¿Cómo diferenciar el cariño popular de la sobreactuación? ¿Cómo discernir los homenajes sinceros y dolidos, de los acomodaticios y chupamedias? ¿Qué diría el propio Néstor Kirchner de todo esto?

Por lo pronto, vale recordar las palabras de Athualpa Yupanqui. Quién cansado de los fogonazos de los flashes que trataban de registrar su regreso a los escenarios después de años de exilio, les pidió a los fotógrafos que dejaran de retratarlo. “La mejor cámara –les dijo– es el corazón”.

Nota publicada en Diario Z, edición del 3.11.2011

Las brujas no existen pero…

El arte de lo posible

¿Es posible que Cristina Fernández decline su postulación? Ni en el gobierno ni en la oposición piensan en esa posibilidad. Esta semana el Partido Justicialista y la CGT le pedirán formalmente a la presidenta que se presente a la reelección. En el oficialismo no hay plan b. “Yo no escuché a la Presidente decir que no va a ser candidata. Igual no veo esa posibilidad. Y si ella no se presenta, no tengo otro candidato que respaldar”, afirmó Hugo Moyano ante un auditorio de estudiantes de periodismo de la Universidad de Palermo. El líder de los camioneros fue uno de los destinatarios del dramático discurso de José C Paz dónde CFK advirtió: “No me muero por volver a ser presidenta, ya di todo lo que tenía que dar”. La vacilación, si es que de verdad existe, funciona como paradoja electoral: según algunos sondeos la mandataria supera el 40 por ciento de intención de voto. Encuestadores como Julio Aurelio le asignan un porcentaje aun mayor.

Cerca de la presidenta nadie duda sobre su destino electoral. “Es una militante política”, “Es la principal referente de un espacio que está llevando adelante un proceso de transformación”, “No va a desertar de su responsabilidad”. La mayoría de las opiniones que este cronista pudo recoger en el entorno presidencial van en el mismo sentido. Las dudas están en los límites de la política, allí dónde las decisiones pasan por el plano estrictamente personal.

Lo cierto es que en José C Paz la presidenta le marcó la cancha a propios y extraños. Le habló a la CGT pero también a los gremios no kichneristas, a los sindicatos clasistas y a la CTA. Rechazó los métodos violentos e irracionales en un momento dónde funcionan las paritarias y los convenios colectivos de trabajo. Fue el mismo día en que pequeño grupo de trabajadores de Aerolíneas Argentinas pararon los vuelos de cabotaje por un problema de encuadramiento gremial; trabajadores de Kraff cortaron la panamericana en medio de una conciliación obligatoria y los petroleros del sur, dueños de los mejores salarios del país, permanecían bloqueando los pozos y las refinerías.

Explicó, de manera simple y contundente, como un sindicato puede volverse una corporación cuando antepone sus intereses a los de la población en general. “Yo no quiero ni explotación ni extorsión, ni de un lado ni de otro”, señaló y se manifestó cansada de hipocresías. Más allá del malestar real de CFK y de las interpretaciones interesadas de algunos medios, la relación con Moyano goza de buena salud. Desde el 2003 están el mismo barco y comparten el rumbo elegido. Pero igual de cierto es que en ese discurso la presidenta ratificó que mientras gobierne no está dispuesta a cederle el timón a nadie. En buen romance: avisó que no aceptará condicionamientos, antes de hacerlo se vuelve a El Calafate.

El que se mueve no sale en la foto

En las próximas horas deberá bendecir al candidato porteño del Frente para la Victoria. La designación implicará también una definición. Amado Boudou, el ministro estrella, quien cuenta con la adhesión de la CGT o el senador Daniel Filmus, quien cuenta con el apoyo del espacio progresista pero que alguna vez le dijo que no. Mientras tanto comenzó la pelea por integrar las listas que en derredor del kichnerismo serán por lo menos tres. La oficial, la de Aníbal Ibarra y la de Nuevo Encuentro de Martín Sabbatella.

La alianza que responde al ex intendente de Morón anunció que sumará en su “colectora” de legisladores a personajes de la cultura y el deporte como el dramaturgo Tito Cossa, el actor Gustavo Garzón, el músico Mariano Otero y el presidente de Vélez Fernando Raffaini. Aunque los primeros tres lugares serán para los políticos. Entre ellos Gabriela Cerruti si es que no integra la fórmula con Boudou.

En la mayoría de las fuerzas la pelea por los primeros lugares en de las listas es feroz. Como lo definió un veterano político santafesino: “el que se mueve no sale en la foto”. El histórico dirigente peronista sabía de lo que hablaba. Una vez estaba en un bar de la capital provincial discutiendo la integración de la lista de diputados nacionales. Había logrado colar en el tercer lugar después de horas de negociaciones. En un momento tuvo que ir hasta el baño. No aguantaba más. Cuando volvió ocupaba el sexto lugar, con casi nulas posibilidades de ingresar al Congreso aunque el PJ ganara los comicios. Protestó y discutió pero no pudo remontar. En medio de la frustración un compañero le regaló la frase de la foto.

En Proyecto Sur, después del no de Graciela Ocaña, piensan en otra mujer como compañera de fórmula de Pino Solanas. El nombre que más suena es el de Victoria Donda. En las listas de legisladores deben abrir el juego al GEN y al socialismo. No será fácil sólo en Proyecto Sur conviven cinco partidos que aspiran a lugares expectantes. En tanto, volvió al ruedo Luis Zamora. La candidatura a Jefe de Gobierno del ex legislador de Autodeterminación y Libertad, de muy buena imagen en la Capital Federal, revela la incapacidad de la izquierda argentina para encontrar fórmulas de unidad.

Por su parte, la UCR porteña apura un acuerdo entre la candidata a Jefa de Gobierno Silvana Giúdici y Ricardo López Murphy de Convergencia Federal y el sector de Francisco De Narváez. La movida va en línea con el intento de Ricardo Alfonsín de cerrar trato en la provincia de Buenos Aires con el millonario colombiano. Alfonsín está convencido de que podrá presentar este acuerdo dentro de un envase progresista. Apuesta a que el gobernador Hermes Binner, quien enfrenta una dura interna el próximo domingo en Santa Fe, lo acepte sin chistar. Más allá del deseo de la dirigencia radical, para el médico socialista un acuerdo con De Narváez sería imposible de explicar ante el electorado que lo acompaña desde hace quince años. Solanas, Luis Juez y Margarita Stolbizer esperan esa definición con igual ansiedad.

Mauricio Macri, en tanto, recorre la ciudad con María Eugenia Vidal, la ministra de Desarrollo Social, y flamante compañera de fórmula. Ahora resta definir quién será el paraguas nacional del PRO. Cerca del Jefe de Gobierno están los que sugieren un acuerdo con Alfonsín; los que apuestan a Eduardo Duhalde y los que creen que el ex presidente resta más de lo que suma y sugieren rearmar un remedo de Unión Pro detrás de una fórmula Felipe Solá-Gabriela Michetti. Cerca de la diputada aseguran que no será de la partida de “ninguna aventura electoral”. Así lo llaman. En caso de no poder sumar a Michetti -la única dirigente del PRO además de Macri, con alta intención de voto- es posible que ofrezcan a Federico Pinedo. Hasta hace una semana, Solá estaba más cerca de quedarse en su casa que de encarar una campaña nacional y Michetti peleaba por la Capital.

La política es el arte de lo posible. Y, sus actores lo saben, no siempre lo posible es amigo de lo bueno.

Nota publicada en Diario Z en la edición del 19.05.2011

El arte de lo posible

A quién le habló Cristina?

La presidenta de la Nación, Cristina Kichner, brindó en José C. Paz su discurso más fuerte y emotivo de los últimos meses.

“No me muero por volver a ser presidenta, di todo lo que tenía que dar”. “Estoy haciendo un inmenso esfuerzo personal y hasta físico para seguir adelante”. “Yo no quiero ni explotación ni extorsión, ni de un lado ni de otro”. “Las medidas de extrema dureza terminan desprestigiando al movimiento sindical”. “Yo quiero sindicatos solidarios con todos los argentinos, no sólo con sus afiliados, porque si no dejan de ser sindicatos para ser una corporación”. “Estoy cansada de hipocresías de quienes vivan el nombre de Cristina y al otro día hacen exactamente lo contrario para que tenga problemas o para que esto se derrumbe”. Estas fueron algunas de las frases más notables del discurso.

El mensaje de la presidenta tiene múltiples destinatarios, dentro y fuera del Frente para la Victoria. Estuvo dirigido a los gremios no alineados con el gobierno y a los gremios que responden a Hugo Moyano. Al sindicalismo clasista y a la CTA.

Si bien la presidenta había hecho un discurso similar en marzo pasado, al momento de inaugurar una autovía en Paraná mientras estaban bloqueados los puertos del norte de Rosario, una sucesión de hechos afectaron su ánimo y la decidieron a decir lo que dijo en José C. Paz.

  • La amenaza de Pablo Moyano, en el marco de un conflicto de camioneros de hace una semana, horas después de su llamado al pacto social: “Vamos a parar el país”, dijo el secretario de Camioneros.
  • Los dichos del Jefe sindical de los taxistas, Omar Viviani, apoyando a Sergio Massa para la gobernación, cuando Daniel Scioli es el aliado privilegiado por el gobierno.
  • El conflicto en Aerolíneas Argentinas y Austral, protagonizado por una decena de empleados que pararon vuelos por un pedido de encuadramiento sindical. La presidenta se preguntó en voz alta ante dos ministros: “para esto recuperamos AA, para que la destruya un grupo de irresponsables”.
  • Veinte o treinta trabajadores de Kraft cortaron ayer por la mañana la avenida Panamericana mientras están en conciliación obligatoria.
  • Los petroleros en el sur, los mejores sueldos del país, no sólo persisten en un paro de difícil justificación y paralizan la producción de crudo, sino que no escatiman los métodos violentos.
  • Los docentes de Santa Cruz rechazan, en opinión de la mandataria, un acuerdo racional y no solo siguen con el paro sino que también cortan rutas.
  • Los gremios más sumisos durante el menemismo como Comercio y Gastronómicos ahora hacen planteos que duplican la media salarial.

Además la presidenta cuestiona, sin ambages, los métodos violentos del sindicalismo cuando en el país hay negociaciones paritarias y “se gobierna para los trabajadores”. Los que aseguran que CFK está al borde de desistir de su candidatura construyen su opinión en base al propio deseo. Ahora bien, no se puede soslayar su frase: “No me muero por volver a ser presidenta”. Lo que muchos leyeron como una advertencia, puede leerse así: yo estoy dispuesta a ir, dispuesta a hacer el esfuerzo, el sacrificio pero para eso exijo colaboración y racionalidad. O dicho de otra manera: son ustedes los que necesitan que yo vaya a la reelección si es que no quieren rifar “el modelo”.

La mayoría de los dirigentes gremiales consultados por el discurso no se dieron por aludidos. En la CGT aseguran: “nosotros no hicimos ningún paro general desde el 2003”. Es cierto. Como cierta es la presión que ejercen sobre el gobierno en busca de cargos y otras concesiones. En José C. Paz, la presidenta avisó que no las aceptará. Antes se vuelve a El Calafate.

A pesar de la tensión, es falso que exista ruptura con la CGT. Es evidente que CFK y Moyano están en el mismo barco. El tema central es que no pueden quedar dudas de quién es el que lo conduce.

 

 

A quién le habló Cristina?