Lo que viene

FPV

¿Cómo leerá la Presidenta de la Nación los resultados electorales de las legislativas? Ésa es una de las preguntas que comparten oficialistas y opositores. ¿Estará en línea con la puesta en escena que hizo todo el gabinete en el comando de campaña en la medianoche del  27 de octubre? La de “aquí no ha pasado nada” y que prefiere celebrar que el kirchnerismo sigue siendo la primera fuerza nacional, por lo cual no habrá cambios de políticas ni en nombres. O, por el contrario, sin dejar de reivindicar el despliegue territorial  del Frente para la Victoria ni renunciar a sus convicciones, recepta el mensaje de las urnas y produce algunos golpes de timón en sus políticas públicas.

Antes de eso, Cristina Kirchner debe reasumir el ejercicio pleno del poder e interactuar en un mapa político que se modificó y ya cuenta con media docena de candidatos a sucederla. Su deseo ahora tiene los límites que le imponen los médicos en resguardo de su salud. De algo no hay dudas: el futuro del proyecto político que encabeza depende de la eficacia que demuestre para resolver algunos de los reclamos que plantea la población. Quedan dos años de gestión que serán cruciales.
A favor cuenta con el control del Congreso y una alta imagen positiva (ronda el 50 por ciento). En contra: a la irrupción de un dirigente peronista con alto caudal electoral (Massa), se suma la ausencia de un candidato propio que dispute la sucesión y la existencia de un escenario económico complicado.

El resto de los protagonistas también tienen fortalezas y debilidades. Sergio Massa logró un formidable respaldo en las urnas. En 120 días venció al candidato del gobierno por doce puntos y cosechó casi cuatro millones de votos. Pero no cuenta con el aval de la mayoría de los gobernadores peronistas y debe permanecer dos años en la Cámara de Diputados. Francisco De Narváez es el espejo más temido.

Mauricio Macri, el único dirigente que blanqueó su aspiración a suceder a Cristina Kirchner, cuenta con el aval de la victoria en la Capital Federal, el haber logrado presencia en 22 distritos y engrosado sus bancadas en diputados y senadores (contará con tres a partir de diciembre), además de las buenas elecciones de Santa Fe y Córdoba. La principal complicación es la baja inserción en la provincia de Buenos Aires, un distrito clave para disputar una elección presidencial (37 por ciento del padrón).

Entre los candidatos del peronismo no kirchnerista se destaca José Manuel De La Sota. El gobernador de Córdoba se impuso en la elección de diputados a través de su delfín Juan Schiaretti pero lo hizo con apenas el 26 por ciento. Parece un porcentaje pobre para aspirar a la presidencia.

Varios gobernadores del Frente para la Victoria, lograron respaldos contundentes en sus distritos. Sergio Urribarri lo hizo en Entre Ríos. A favor: tiene una muy buena relación con la Presidenta. Algunos lo consideran un candidato natural del kirchnerismo. No lo ayudan ni su baja proyección nacional ni su nula inserción en Buenos Aires. En una situación parecida se encuentra Jorge Capitanich, de gran elección en el Chaco.

A pesar de la derrota en su provincia, Daniel Scioli mantiene sus aspiraciones intactas. Tiene una alta imagen positiva y apuesta a realizar dos años de “gestión activa” que mejoren sus chances electorales. Cree, además,  que el paso por Diputados puede afectar la visibilidad de Massa. Cuenta con el aval de varios gobernadores que lo ven con mejores ojos que al Intendente de Tigre. Le juega en  contra la desconfianza que genera en el kirchnerismo ortodoxo. Su incomodidad en el escenario del Frente para la Victoria el domingo fue evidente.

Entre los opositores, tanto Hermes Binner como Julio Cobos están en una situación similar. Ganaron por un buen porcentaje sus provincias (Santa Fe y Mendoza) pero tienen dificultades para hacer pie en la provincia de Buenos Aires. Allí la aliada del dirigente socialista, Margarita Stolbizer, obtuvo poco más del 11 por ciento. En esta alianza imaginan que una interna abierta, como la que hicieron los candidatos de UNEN, puede mejorar sus posibilidades. En esa instancia no habría que descartar la participación de Elisa Carrió.

Evitando incurrir en pronósticos, materia que se golpea de frente con el análisis de la realidad política, al día de hoy se vislumbra un esquema semejante al 2003 con un peronismo dividido y una oposición en igual condición, lo que impediría el triunfo de un candidato en primera vuelta. Lo que está más claro es la puja de conceptos: habrá un candidato defendiendo la continuidad del “modelo” (Scioli, Urribarri u otro); un sector que propondrá dejar lo que está bien y cambiar lo que se hizo mal (Massa) y un sector que irá “a por todo” (Macri, Cobos y Binner).

Los que disfruten de la política no tendrán tiempo para aburrirse.

Anuncios
Lo que viene

Dios y CFK

Hace cuatro o cinco años que el periodismo en Argentina tiró por la borda los parámetros de rigor y precisión que deben acompañar a una noticia a la basura. En medio de la pelea entre el gobierno y el grupo Clarín dejó de ser importante que un hecho sea cierto. Lo relevante para una trinchera o la otra es que ese hecho, mejor dicho, su versión noticiable, afecte al “enemigo”.

En estos días se puede comprobar esta hipótesis con un ejemplo. La presidenta, tal vez víctima del uso y abuso que hace de sus presentaciones públicas, utilizó una frase poco feliz: “Sólo hay que tenerle miedo a Dios… y un poquito a mí”. La frase sacada de contexto suena autoritaria y amenazante. Impropia de una mandataria de un país democrático. Es sabido que, como refiere el refranero popular, el poderoso es bien tenido cuando es más respetado que temido. Así la levantaron la mayoría de los medios críticos al gobierno, y destacados dirigentes opositores consultados al minuto, respondieron sobre la afirmación con enojo, preocupación y fastidio.

Sin embargo, la frase completa hacía referencia a los funcionarios del Poder Ejecutivo, no a los opositores. Incluso, la Presidenta aclaró que hacía referencia a los funcionarios que había nombrado y en relación a su eficacia en la gestión. Pero esta parte de la frase fue omitida deliberadamente en las crónicas.

No estaría mal que los funcionarios corruptos e ineficaces le tuvieran un poco de miedo a la Presidenta. Tampoco estaría mal que la Presidenta se desprendiera al momento de los funcionarios que roban, utilizan el Estado en beneficio propio o son unos inútiles. Eso le daría un sano sustento al temor que imaginamos. Pero más allá de esto, está claro que, como no me canso de señalar, en medio de esta guerra la primera víctima es la verdad.

Leer críticamente la información, saber desde dónde se emite, pensar en los por qué y los para qué de una noticia, se han vuelto tareas indispensables.

Dios y CFK