Pino plantó un pinito

Nota: Las declaraciones de Pino Solanas no tuvieron mucha difusión. Las subo porque creo que valen la pena.

“Estamos en un momento político delicado que no admite la virulencia manifestada por la Mesa de Enlace que, por cierto, no representa a los pequeños productores de Pigué ni a los manzaneros de Famatina en crisis y conduce mal al sector al enemistarlo con el Estado en nombre de sus conflictos con el gobierno nacional. El productor debe preguntarse sinceramente quién es el ‘devorador fiscal’, si el Estado o las multinacionales exportadoras como Cargill o Bunge que estafaron al fisco y a los productores por 1.800 millones de dólares el último año y que se llevan todos los años un tercio de la renta agraria. Los beneficios que producen con su sudor muchos productores agrícolas pasan a los financistas y exportadores por complicidad del gobierno y de estas entidades rurales”, dijo el dirigente de Proyecto Sur desde España, dónde se encuentra participando de un encuentro de cineastas.
Luego advirtió: “La presión impositiva en Argentina según la propia OCDE es menor en más de 10 puntos al que existe en países desarrollados, por eso, no se trata de bajar esta presión que puede provocar un peligroso desfinanciamiento del Estado, sino de ver cómo se traducen esos ingresos en políticas reales y efectivas para mejorar la producción agropecuaria, para sacar de la emergencia a los 220.000 productores en crisis que no exportan y para reconstruir la infraestructura de transportes que abarate sus costos. No puede haber un solo productor que no exija la vuelta del ferrocarril”.
Además anunció la propuesta que llevará a la próxima reunión con el gobierno nacional: “Vamos a proponer la traza de un serio Plan Agropecuario Nacional que de respuesta a todas las regiones, asegure la diversificación agraria y la soberanía alimentaria; con juntas nacionales por producto, la implementación de medidas para restringir la concentración y extranjerización de la tierra y la puesta en marcha de obras hídricas en zonas de creciente sequía” y concluyó: “Necesitamos poner en función una política efectiva hacia el agro que haga viables las producciones de trigo, maíz, carne, leche, con el objetivo de terminar con la sojización del país y liberar a los productores de quienes concentran la comercialización de sus productos y los insumos que necesitan para producir.”

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Pino plantó un pinito

Alfredo: ¿ángel o demonio?

NOTA: Escribí esta nota a pedido de la revista “C” del diario Crítica, se publicará el próximo domingo en el marco de una producción sobre los personajes del año. A mí me tocó Alfredo De Angeli.

-¿Vos sabés quién soy?

El hombre lanzó la frase cuando su entusiasmo se topó con la indiferencia de la mujer. Era de noche y, por azar, compartían ahora un viaje en el ascensor de un hotel de Rosario. Alfredo De Angeli no podía creer que la dama en cuestión, a la que había estado observando con atención en el lobby del hotel, no lo conociera. Su perplejidad tenía fundamento. Después del conflicto entre el gobierno y las entidades que representan a los productores del campo, su figura devino en ícono popular.

Lo saludan en la calle. Le dicen: “Alfredo no aflojés“. Lo reclaman todos los medios de comunicación y él aprendió que su presencia es garantía de buen rating. Lo veneran en la Sociedad Rural. Lo respetan y le temen en la Federación Agraria. Las madres le acercan a sus críos para que los bese. En el interior, si no llega a tiempo para hablarle a la gente los actos se suspenden. Hay empresarios que le aseguran movilidad y chacareros que le abren su corazón.

Cuando se movilizó por primera vez en 1997, para frenar remates del Banco Nación, Alfredo De Angeli nunca imaginó que alguna vez estaría tan alto en la consideración popular. A fuerza de organizar actos se convirtió en un especialista en cortes y protestas. Incluso estuvo preso varias veces por ejercer esa práctica en las rutas y caminos de Entre Ríos. Lideró el corte del puente internacional Gualeguaychú-Fray Bentos para protestar por la instalación de la pastera Botnia. Y después, como titular de la Federación Agraria Argentina de su provincia, se convirtió en el principal opositor a las retenciones móviles.

Su manera sencilla de hablar, sus modos campechanos, su vehemencia a la hora de defender sus ideas, le dieron un protagonismo superior al del resto de los dirigentes del sector. Nacido hace 52 años en la localidad entrerriana de María Grande, separado, con tres hijos y un hermano mellizo, De Angeli vive en pie de guerra.

Según sus apologistas, Alfredo es un patriota. Devolvió dinero que encontró en un maletín en plena crisis del 2001 y cuando le estaban por rematar el campo (“es honesto”, dicen). Se animó a enfrentar las cámaras sin un diente (“no le importa el aspecto personal”, dicen). Superó las operaciones que la SIDE tramó para perjudicarlo (“tiene un pasado intachable”, dicen). Sobrevivió a un accidente aéreo (“Dios lo protege”, dicen). Está dispuesto a volver a cortar las rutas (“No claudica jamás”, dicen). Y dicen más.

No faltan los que le vaticinan futuro político. Tal vez la gobernación de Entre Ríos o una banca de diputado nacional. Él lo niega pero deja una puerta abierta: “si el país me necesita, lo pensaré“.

Según sus críticos, Alfredo es un conspirador. Castigó con dureza a la Presidenta de la Nación y a los legisladores oficialistas cada vez que pudo, llegó a llamarlos ñoquis del gobierno (“Es golpista y antidemocrático”, dicen). En lo más caliente de la pelea con el kirchnerismo, aseguró que los chacareros estaban armados y dispuestos a resistir (“Es violento”, dicen). Aceptó que durante diez años fue colono de la familia Yabrán (“Tiene vínculos con la mafia”, dicen). Viaja en aviones privados y taxis aéreos (“Lo mantienen los oligarcas”, dicen). Llegó a hablar de una posible revolución social.

No son pocos los que creen que su estrella se apagará más temprano que tarde. En el gobierno lo comparan con Juan Carlos Blumberg y confían que su popularidad tenga la misma fugacidad que la del papá de Axel.

Por el contrario, Alfredo De Angeli siente que llegó al escenario nacional para quedarse. Entre otras cosas, para enfrentar a Néstor Kirchner a quien en el 2003 votó para Presidente de la Nación.

-¿Seguro que no me conocés?

La bella mujer meneó la cabeza y mintió con el gesto. Esto no lo sabe De Angeli hasta hoy, pero se había cruzado con la esposa de un funcionario y ésta aprovechó para golpear con su desinterés la vanidad de uno de los dirigentes más odiados por el gobierno nacional. Fue una modesta venganza.

Alfredo: ¿ángel o demonio?

El Evangelio según Braga Menéndez

webpilar.com
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La presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner inauguró esta semana una nueva manera de comunicar: la videoconferencia múltiple. Gracias a la tecnología participó de cuatro actos de entrega de viviendas a la vez.  Ella estaba en Hurlinghan junto al gobernador Daniel Scioli y pudo dialogar con vecinos de Mar Chiquita, Pilar y Chascomús.

La nueva modalidad de comunicación de la Presidenta me llevó a entrevistar en la radio (Mañana es tarde – Radio del Plata) al publicitario Fernándo Braga Menéndez, alguna vez partícipe activo de las campañas del gobierno. En el transcurso de la nota, que podés escuchar luego del salto, Braga Menéndez lanzó una idea provocativa: “Si hubiese elecciones hoy, ganaría Cristina Kirchner”.

La frase despertó un intenso debate en entre los oyentes. Me parece interesante proseguir la discusión en el blog, en momentos en los que la oposición trata de definir una estrategia común para enfrentar al oficialismo.

¿A pesar del desgaste sufrido por el largo conflicto con el campo y en medio de una incipiente crisis económica, la presidenta podría revalidar sus títulos en una hipotética elección?

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bragamenendez.mp3 (para descargar el audio, hace click derecho, y elegí “Guardar destino como”)

El Evangelio según Braga Menéndez

Triunfos que son derrotas

“Ganamos”. “Las retenciones móviles no se tocaron y se levantó el paro”. “El conflicto terminó, no se habla más”. Con estas frases los funcionarios del gobierno nacional dieron por finalizada la pelea con el campo. ¿Ganaron?

En el siglo III a. de C. reinaba en Epiro, una comarca al oeste de Grecia, un líder guerrero llamado Pirro. Por su astucia y arrojo era considerado casi una réplica de Alejandro Magno. En el 280 a. de C. los habitantes de Tarento, una antigua colonia griega ubicada en el sur de la península itálica, le pidieron ayuda a Pirro ya que temían ser víctimas del avance de Roma. Dicen las crónicas de la época que el rey desembarcó en Tarento con un ejército formidable de 20 mil infantes, 3 mil caballeros, 2 mil arqueros y 20 elefantes de guerra. Pirro, notable estratega, venció a los romanos en Heraclea y un año después en Asculum. Pero en las dos contiendas perdió a gran parte de su ejército.

Aseguran los historiadores que después de su último triunfo militar, y ante las felicitaciones recibidas, el rey aseguró: “Sí, vencimos. Otra victoria como ésta y estaremos perdidos”. La frase “victoria pírrica” nació ese día y le daría al osado rey un lugar en la historia que supera al eco glorioso de sus batallas. Su fatídico vaticinio se cumplió. No mucho tiempo después su campaña terminaba en Beneventum, cerca de Nápoles. Pirro, derrotado, abandonó para siempre la península itálica.

Un error económico -las retenciones móviles, lanzadas sin consenso y sin segmentar su impacto entre productores grandes y chicos- y la incapacidad para enmendarlo a tiempo, llevaron al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner a obtener una victoria cuyas consecuencias son impredecibles. Aunque la confrontación con las dirigencia agropecuaria realmente hubiese terminado, los costos políticos son múltiples:

El país quedó sumergido en un estado de irritación que no existía hace seis meses. La mayoría de los argentinos brindaron en la Navidad pasada pensando que durante el 2008 vivirían un poco mejor. Por entonces, la única amenaza era la inflación pero había paz social y las expectativas eran positivas.

La innegable solidez de la economía no logró frenar la incertidumbre de muchos ahorristas que volvieron a refugiarse en el dólar y las cajas de seguridad.

La Presidenta terminó enfrentada con sus votantes del interior del país y con una legión de intendentes de su partido. Apenas dos ejemplos: Heraldo Mansilla, intendente de Las Parejas (Santa Fe), ganó con el 80 por ciento de los votos y Osvaldo Botero llegó a la intendencia de Oncativo con el 72 por ciento. Los dos representando al Frente para la Victoria. Los dos coincidieron la semana pasada en sus críticas al gobierno. El 22 de junio de vota en Río Cuarto y ningún candidato, ni peronista ni radical K, quiere que lo vinculen a la Casa Rosada.

El peronismo santafesino tendrá internas el 13 de julio. Lo que parecía un paseo para el candidato kirchnerista Agustín Rossi, se complicó. El senador Carlos Reutemann decidió enfrentarlo. El resultado de la puja interna es incierto pero el peronismo santafesino quedó del lado de los productores.

Se quebró la buena relación entre el gobierno nacional y el gobernador socialista Hermes Binner, quien por primera vez juega muy fuerte en el escenario nacional.

Más de doscientos intendentes cordobeses rechazaron el documento del PJ nacional -¿o hay que llamarlo PJ conurbano?- que tildó de golpistas a los dirigentes ruralistas. De la Sota y Schiaretti quedaron más lejos que nunca del gobierno y ganaron protagonismo nacional. Lo mismo pasa con Busti en Entre Ríos. Muchos vislumbran la conformación de listas propias para las legislativas del 2009.

Se rompió lanzas con una entidad como Federación Agraria, cercana a los planteos del gobierno por ideología e historia. Y más allá de los errores groseros de algunos de sus dirigentes, su carácter democrático y su representatividad de los pequeños productores es innegable. El gobierno dejó del mismo lado a los grandes grupos concentrados del agro, que defienden con avaricia sus ganancias extraordinarias, y a los productores y ciudadanos del interior que sólo aspiran a vivir mejor.

Por otro lado, se perdió una gran oportunidad para discutir en profundidad sobre los peligros del monocultivo y el daño que esto le provoca a la tierra.

Además, el destino social que se le dará al excendente de las retenciones móviles, presentado el lunes pasado por la Presidenta, confirma el carácter recaudatorio y no redistributivo que tuvo la medida cuando se lanzó el 11 de marzo pasado. Con todo, el anuncio es bienvenido.

La crisis se llevó al ministro de Economía, Martín Lousteau. La única cara que marcaba un cambio entre el gobierno de Cristina Fernández y el de su esposo.

Más allá de la guerra de encuestas a favor y en contra, la imagen de la Presidenta de la Nación sufrió un deterioro.

Hay algo que contradice las normas básicas de la política: la crisis era evitable y luego, cuando se desató, era solucionable. Sin embargo, inspirado por Néstor Kirchner el gobierno eligió la confrontación. Y ganó, es cierto, pero a lo Pirro.

Triunfos que son derrotas

Se puede encontrar una flor en el barro

Se puede encontrar una flor en el barro. Eso dicen los poetas. De la misma manera, los chinos aseguran que se puede encontrar una oportunidad hasta en la peor de las crisis. Hace tres meses que el país vive el agobio de una pelea sin precedentes entre la dirigencia del campo y el gobierno nacional. Entre el interior profundo y el Estado. El conflicto tiene costos económicos, políticos y sociales impredecibles. ¿Es posible encontrar aspectos positivos en esta disputa?

El gobierno con mayor poder político desde 1983 -apoyo popular, mayoría en ambas cámaras legislativas, adhesión casi total de los gobernadores, control de la CGT, sintonía total con las cámaras empresarialess y una caja formidable- encontró límites a sus decisiones.

Se vuelven a valorar el diálogo y la búsqueda de consenso a la hora de establecer políticas públicas. No son pocos los funcionarios kirchneristas que reconocen que su ausencia desató la confrontación.

Por primera vez se discute en casi todos los hogares del país sobre medidas económicas concretas (las retenciones móviles) y hasta se habla de qué hacer con la renta extraordinaria de la exportación agrícola.

Volvieron los actos masivos sin intervención de los aparatos partidarios o sindicales. Y aunque en ellos se junte, gracias a la impericia del Gobierno, el agua y el aceite, no deja de ser reconfortante ver a la gente común movilizada.

Quedó en blanco sobre negro, o en verde sobre marrón, que una cosa son los pools de siembra -a los que la Presidenta de la Nación acusó de especuladores en su paso por Roma- y otra, muy distinta, los pequeños y medianos productores, sean arrendatarios o no. Resta que el Gobierno revise la política de subsidios que hasta ahora dedicó cifras millonarias a los grupos más concentrados del sector.

Gobernadores e intendentes tuvieron que dar cuenta a sus votantes de cada una de sus decisiones desde que comenzó la puja por la renta. Cuando esos reclamos se ejercen sin violencia se amplían los alcances de la democracia. Quedó expuesto el nivel de subordinación de los legisladores provinciales a los mandatos de sus partidos y la nula referencia con sus votantes.

Se abrió la discusión por la coparticipación de las retenciones que embolsa el gobierno nacional en forma exclusiva. Por citar dos ejemplos: Santa Fe aporta siete mil millones y Córdoba ocho mil por la exportación de cereales y reciben migajas.

El gobierno nacional descubrió al movimiento campesino. Los ciudadanos más pobres que trabajan la tierra en la Argentina lograron las reuniones que durante tantos años les había negado.

Hasta los dirigentes de la Sociedad Rural hablaron de la necesidad de distribuir equitativamente el ingreso en el país donde, según la UCA, un millón de niños y adolescentes pasaron hambre en 2007.

Los intelectuales argentinos volvieron a debatir en forma pública sobre decisiones políticas. También lo hicieron algunos periodistas que lograron zafar del corsé impuesto por los intereses económicos y políticos de los medios para los que trabajan.

Ningún economista serio se subió a los rumores de una supuesta corrida bancaria. No lo hizo ni Roberto Lavagna, ni los especialistas de los partidos de la oposición. Ni siquiera Elisa Carrió, la voz más crítica al Gobierno, se aprovechó de la coyuntura. Todo lo contrario, ante la consulta de los medios de comunicación cada uno desmintió la posibilidad de desbarranque de la economía.

Por el conflicto, los funcionarios nacionales se acordaron de las reiteradas advertencias de Greenpeace sobre los peligros del monocultivo y el avance de la frontera agrícola a costa de los bosques nativos. Durante años el gobierno nacional y los gobernadores del norte se dedicaron a boicotear la Ley de Bosques (se perdieron dos millones de hectáreas en los últimos diez años). Juan Manuel Urtubey, de Salta, sigue mirando para otro lado. En esa provincia a través de algunas maniobras todavía autorizan desmontes ilegales.

De golpe en el Gobierno se despertó el interés por los cultivos alternativos, la lechería y la ganadería. Después de cinco años en el poder, ahora hablan de diseñar una política integral para el campo.

Se tomó conciencia a nivel oficial de la existencia de la grave crisis alimentaria mundial y se analiza, por fin, el papel de la Argentina. Las proyecciones revelan diez años con subas en los precios de los alimentos por la mayor demanda y el avance de los biocombustibles.

Desde el interior emergen nuevos protagonistas de la política.

El Gobierno reconoció un error.

Se puede encontrar un flor en el barro pero para eso hay que mirar el barro con mucha atención.

Se puede encontrar una flor en el barro

Maldito aguante

“Tengo aguante, pero no de ahora, desde hace mucho tiempo.”La frase no le pertenece al Cholo Simeone ni a Ramón Díaz. No fue dicha al finalizar un partido de fútbol. La imagen tribunera fue utilizada por la presidenta de la Nación, Cristina Kirchner, durante un acto en Jujuy la semana pasada. Quería ratificar su convicción y su coraje a la hora de enfrentar la pulseada con el campo. El aguante es el concepto que manejan los hinchas para justificar cualquier cosa por el amor a la camiseta. De esta manera, los fanáticos terminan aceptando desde el mal juego del equipo, la administración ineficaz o fraudulenta del club, hasta la violencia. Todo en nombre del aguante.

Aguantar, es el verbo de moda en el país que avanza tambaleante hacia el bicentenario de su nacimiento. Según el Diccionario de la Real Academia significa la capacidad para “soportar el sufrimiento” pero también remite a “tolerancia y paciencia”. Vaya paradoja, el uso coloquial del término aguante es contradictorio con las ideas de tolerancia y paciencia que indica el diccionario.

Alfredo De Angeli le respondió a Cristina con su propia versión del aguante: “La lucha es larga, señora Presidenta, a duro, duro y medio”. El dirigente de la Federación Agraria Argentina de Entre Ríos pasó del legítimo protagonismo en las protestas a una suerte de adicción mediática, que él mismo reconoció. Sus declaraciones sobre la existencia de armas entre los productores, sus advertencias, complican más de lo que ayudan a la hora de entablar una negociación.

El exagerado protagonismo de De Angeli obligó a Eduardo Buzzi, el titular de la Federación Agraria, a redoblar su aguante. El entusiasmo lo llevó a sostener que más que las retenciones móviles lo que se discute es “el modelo de país”.

Algo incomprensible, en boca de un dirigente que sabe perfectamente que en un estado de derecho los proyectos políticos se confrontan en elecciones. El gobierno nacional ya había incurrido en una falacia similar cuando alertó sobre un intento de golpe de Estado ante las primeras protestas del campo.

“Vamos a ir a las rutas para denunciar a los grupos dominantes que quieren volver a los 90.” Luis D’Elía ya había mostrado que tiene aguante, cuando concurrió a la Plaza de Mayo para “romper” una movilización de caceroleros anti- K. Incluso no dudó en pegar una que otra trompada “en defensa de la democracia”.

Un grupo de productores entrerrianos sitió la intendencia de Crespo, con una consigna: “Si el intendente no nos atiende lo vamos a echar”. Una imagen del más puro aguante. Finalmente el encuentro se realizó y nadie se hizo cargo de la amenaza.

El domingo pasado un grupo de productores vinculado a la Sociedad Rural le hizo un escrache al presidente del bloque del Frente para la Victoria en la Cámara de Diputados, Agustín Rossi. El legislador santafesino estaba en su casa con sus dos hijos pequeños. La Sociedad Rural es una de las entidades que estuvo más cerca de la última dictadura. Sin embargo, no se privó de utilizar un método de denuncia popularizado por la agrupación HIJOS para señalar a represores. Escrachar a un diputado oficialista, eso es tener aguante.

Al intendente de Pergamino, Héctor Gutiérrez, un radical K, los chacareros le regalaron un par de rodilleras para que use en su próxima visita a la Casa Rosada. Ofendido por la sucesión de estos hechos, el ministro del Interior, Florencio Randazzo, denunció a los productores por apretar a intendentes y gobernadores. Minutos después, se dedicó a llamar a gobernadores e intendentes para que no recibieran a productores. El Gobierno no puede aceptar que le discutan el monopolio del “apriete político”.

¡Aguantaremos! Dicen en ambos lados de la trinchera, alimentando de manera irresponsable una espiral que puede terminar en graves hechos de violencia que después todos saldrán a rechazar. Pero será tarde.

En la Argentina, donde la vida y la política se han futbolizado, el aguante es un desafío tan vano como innecesario. El aguante no alcanza para ganar un partido de fútbol y, mucho menos, para resolver una crisis política. En la cancha, para ganar hay que jugar bien, con talento e inteligencia. Ni gritar hasta la afonía, ni vivir colgado del alambrado, ni andar a las piñas con todo aquel que defiende los colores del adversario pueden modificar un resultado.

Maldito aguante

¿Para qué sirve un martillo?

Un martillo puede ser muy útil para construir una casa o para romperle la cabeza a un persona. Gabriel García Márquez utilizó el ejemplo del martillo para defender a las telenovelas durante un encuentro de escritores latinoamericanos. Para los intelectuales que participaban de la discusión, los llamados “culebrones” eran productos culturales desechables.

El colombiano dejó en claro que el formato televisivo en cuestión, celebrado y difundido en todas las pantallas del continente, tenía una enorme potencialidad y que merecía más respeto. Recordó que la buena recepción que alcanzan las telenovelas tanto en los hogares más pobres como en los acomodados, las convierten en un gran vehículo a la hora de contar una buena historia.

Pero advirtió que esas mismas series podían volverse estructuras narrativas sin gracia, reproductoras de prejuicios y al servicio del status quo.

Ahora bien, en cualquier caso la responsabilidad nunca debía ser imputable al martillo sino a la persona que lo empuñase. En este caso, los guionistas y productores detrás de la telenovela.

Las retenciones son como un martillo: pueden servir para redistribuir el ingreso en una comunidad y hacer el modelo económico más justo o sólo pueden contribuir a engrosar la recaudación.

Desde 2002, cuando hicieron su aparición en la escena política reciente de la mano de Eduardo Duhalde, las retenciones fueron destinadas a engordar las arcas del Estado. Por entonces el argumento de su aplicación fue sostener a los damnificados de la crisis económica.

Aquellos que se habían caído del sistema y habían perdido sus trabajos y bienes. Las retenciones se convierten en planes sociales y ayuda de emergencia, decían. Pero no era tan así.

Según varios especialistas, la apropiación de la renta de los exportadores en esos años postdevaluación tenía como objetivo central hacer frente a los pagos de la deuda externa.

¿Eso cambió? No. A pesar de la renegociación de la deuda y la cancelación de las acreencias con el FMI, el alto endeudamiento externo se mantiene. Para el economista Claudio Lozano, la plata de las retenciones tiene tres destinos: pagos al exterior; compra de divisas y subsidios al capital concentrado industrial.

La Federación Agraria denunció que la mitad de los subsidios nacionales va a manos de grandes industrias (Aceitera General Deheza, La Serenísima y Molinos Ríos de la Plata, entre otras).

Ahora que la aplicación de las retenciones se discute hasta en las peluquerías de barrio es bueno aclarar que son una herramienta de política económica legítima. Pero es fundamental explicar que pueden ser utilizadas con objetivos diferentes. Para que puedan ser consideradas redistributivas deberían cumplir algunos requisitos básicos.

El dinero que el Estado captura de la ganancia extraordinaria de los exportadores tiene que tener un destino que no sea sólo la caja de la Nación.

Gobernadores e intendentes de las provincias agrícolas, tanto kirchneristas como opositores, exigen que parte de “la riqueza verde” que sale de sus territorios vuelva de una manera directa a su región.

De esta forma no tendrían que mendigar la ayuda al gobierno central para hacer obras de infraestructura o caminos. Este reclamo hizo que hombres como Hermes Binner (Santa Fe aporta 7 mil millones de pesos), Carlos Reutemann, Juan Schiaretti (Córdoba aporta 8 mil millones) quedaran más cerca del reclamo del campo que de la posición del Gobierno.

El otro aspecto que le quita equidad al recurso es la falta de segmentación de la alícuota. Este diario publicó que la Federación Agraria acercó el año pasado un proyecto de retenciones móviles que contemplaba la aplicación del 50% para los establecimientos de más de mil hectáreas y de 15% y 25% para los más chicos. La propuesta ni siquiera fue considerada.

Tampoco hay constancia concreta de que los recursos que el Estado obtiene de las retenciones se vuelquen directamente a los sectores más desprotegidos de la sociedad. Ésa sería una buena manera de acallar críticas. Se trataría de una simplificación virtuosa: les sacan a los ricos para darles a los pobres. Pero como todo va al mismo pozo eso es imposible de comprobar.

El gobierno de Cristina Kirchner contribuyó tanto como los sectores concentrados del campo a demonizar las retenciones. En un caso, por su aplicación defectuosa e inconsulta; en el otro, para defender sus intereses económicos.

Las retenciones no son buenas ni malas; son igual que un martillo: tan útiles para construir una casa como para romperle la cabeza a un tipo.

¿Para qué sirve un martillo?