El súper ministro

Jorge Capitanich
Jorge Milton Capitanich no para un segundo. En poco más de una semana brindó varias conferencias de prensa con agenda abierta; recibió a empresarios y sindicalistas; habló con cuatro gobernadores; se reunió con varios de los ministros y les pidió un listado de propuestas concretas hasta el 2015; concurrió a su despacho de la Casa Rosada durante todos los días del fin de semana largo; fue a visitar al gobernador José Luis Gioja en su lugar de internación; citó a Mauricio Macri y al socialista Antonio Bonfatti y se presentó en el Senado de la Nación.

Desde que juró como Jefe de Gabinete, el ex gobernador de Chaco se convirtió en la figura más relevante del gobierno después de Cristina Kirchner. No son pocos los que se preguntan si la bendición presidencial incluía tanto margen de acción.

Cristina no se caracterizó durante su gestión por delegar poder en ningún funcionario. ¿Qué cambió?

El ascenso de “Coqui” responde a razones médicas y políticas. Las primeras son las más fáciles de explicar: el estado de salud de la Presidenta no le permite ocupar el centro de la escena todo el tiempo ni ejercer el poder con la centralidad con la que lo hizo desde 2007. En principio, aceptará el consejo de los facultativos que la atendieron y permanecerá más en Olivos que en la Casa Rosada. Claro que no dejará de trazar las estrategias generales de su gobierno pero se alejará del día a día de la administración.

De los nombres disponibles en el Frente para la Victoria, Capitanich era el que reunía mejores condiciones para reemplazarla en la gestión. Experiencia no le falta. Ya ocupó ese cargo en 2002 y exhibe, más allá de algunas críticas, dos mandatos como Gobernador en Chaco. Además es uno de los dirigentes oficialistas que con menos dudas defendió las decisiones más polémicas del gobierno. Firmó los documentos más duros contra el sector agropecuario durante la crisis de la 125 y es miembro del directorio de la AFSCA, el organismo de aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. El resto lo hará su ambición. Coqui quiere ser presidente o, por lo menos, ocupar un lugar en la fórmula del oficialismo.

Las razones políticas del ascenso del chaqueño tienen directa vinculación con los números. El malestar de un sector importante de la población con el gobierno se manifestó con claridad en las elecciones del 27 de octubre pasado. En el coro de los descontentos se enrolaron miles de personas que votaron a la presidenta en su reelección. Modificar políticas, enmendar errores graves y, de esa manera, recuperar la iniciativa para llevar a buen puerto al gobierno nacional en los dos últimos años de mandato, no es una operación gratuita ni graciosa. Requiere de sacrificios. Así lo entendió Cristina Kirchner.

Cedió a uno de sus funcionarios fetiche. Despedir a Guillermo Moreno tiene el valor de una amputación voluntaria. El ex Secretario de Comercio Interior era el único funcionario al que se podía calificar como “más kirchnerista que los Kirchner”. Pero volver a otorgarle credibilidad al Indec, por ejemplo, era incompatible con la figura de quién lo desquició. Ni Capitanich ni el ministro de Economía, Axel Kicillof, podían compartir gabinete con “el Napia” y se lo hicieron saber a la Presidenta. Nada personal. La necesidad no sabe de antiguas lealtades.

En Economía se tomarán decisiones que alterarán algunas líneas directrices de lo que el gobierno denomina “el modelo”. Cerca de Kicillof se habla de tomar deuda y avanzar sobre la política de subsidios indiscriminados, entre otras cuestiones.

La impronta de Capitanich incluye en el menú sapos de todo tipo para el kirchnerismo de paladar negro. Ante la previsible primera estocada de Hugo Moyano, quien se quedó afuera de las primeras reuniones con empresarios y sindicalistas -“A Capitanich le dieron el mejor camarote del Titanic“-, el Jefe de Gabinete respondió con firmeza pero haciendo referencia al “compañero Moyano“. Luego aseguró que se tomaba con humor los dichos del sindicalista. Cuando le recordaron los elogios que le dispensó Eduardo Duhalde, uno de los archienemigos de los Kirchner, dijo: “respeto la opinión de todos”.

La otra jugada del Jefe de Gabinete incluyó a Macri y a Bonfatti. Ambos fueron convocados a discutir una agenda común con la Nación en el despacho contiguo al de la Presidenta. Una convocatoria imposible de imaginar antes de la designación del ex gobernador chaqueño. Diálogo con la oposición, reuniones con ministros, conferencias abiertas con la prensa… ¿Esto quiere decir que Capitanich se corta solo? ¿Que impone su criterio por sobre lo que dice Cristina? Por supuesto que no.

Con el luto terminó una etapa política. La presidenta tomó una decisión en beneficio de la supervivencia del proyecto político que conduce. Delegación y cambios, dos palabras que no estaban en su diccionario. La eficacia de la jugada dependerá, en gran medida, de la pericia del flamante súper ministro.

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