Cuando billetera mata bosques

Imagen www.tartagalnoticias.com.ar
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El gobierno nacional no quiere reglamentar la Ley de Bosques.

Es una vergüenza lo que ocurre con este tema. Entre la plata y el medio ambiente se elige la plata.

No se trata de una norma de preservación ambiental revolucionaria. Apenas es una norma que establece un parate. Las provincias no pueden dar nuevos permisos de deforestación hasta tanto se realice un ordenamiento territorial que permita saber que parte del bosque argentino se puede talar sin perjudicar el ecosistema.

En definitiva establece una moratoria al desmonte indiscriminado.

Para lograr aprobar la ley hubo que vencer el impresionante lobby de los grandes grupos sojeros y sus aliados los gobernadores de las provincias del norte.

Las organizaciones ecologistas convocaron a la población y lograron reunir un millón y medio de firmas en apoyo de la ley.

La ley prevé además apoyo económico para que las provincias mejoren la capacidad técnica para controlar los desmontes y también den compensaciones y subsidien a campesinos e indígenas de las zonas boscosas.

Sin embargo, el gobierno transformó lo que parecía un triunfo de los conservacionistas en una derrota.

El 28 de noviembre pasado se cumplió un año sin que la ley de Bosques sea reglamentada.

El desborde del río Tartagal y el alud de lodo que provocó varias muertes y la destrucción de casas y bienes es producto de esta inacción oficial.

Según Greenpeace la tala de bosques destruyó la estructura de las laderas y volvió inestable los contornos del río que terminó arrasando todo.

Entre 1998 y 2002 la superficie deforestada en Salta fue de 195 mil hectáreas, mientras que entre el 2002 y el 2004 fue de 415 mil. Todo en función de ampliar la superficie sojera.

Lo de Tartagal –que ya se dio en el 2006- es una de las consecuencias directas.

Uno de los principales impulsores de la Ley de Bosques, el diputado Miguel Bonasso denunció que en el presupuesto 2009 no había ninguna partida destinada a implementar la ley.

Está claro que el gobierno de Cristina Kirchner no tiene la voluntad política de limitar la voracidad de los grupos que tienen intereses agrícolas en el norte argentino.

El gobernador Urtubey, al igual que su predecesor Juan Carlos Romero se lo agradecen.

Algo parecido ocurrió con el veto a la Ley de Protección de Glaciares.

En esto también la billetera mató los sueños de los ambientalistas.

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Cuando billetera mata bosques