Fotos de la ausencia


María Irma Ferreira – María Susana Ferreira


Mario Eduardo Menendez – Luis María Pirro

Ausencias es un proyecto expositivo que partiendo de material fotográfico de álbumes familiares muestra diecisiete casos a través de los cuales se pone rostro al universo de los que ya no están: trabajadores, militantes barriales, estudiantes, obreros, profesionales, familias enteras; ellas y ellos víctimas del plan sistemático de represión ilegal y desaparición forzada de personas, instaurado por la dictadura militar argentina, entre 1976 y 1983.


Ciara Aiteman de Fink – Claudio Marcelo Fink


Roberto Ismael Sorba – Jorge Cresta – Azucena Sorba


Omar Darío Armestoy – Mario Alfredo Armestoy


Juntas. La típica foto de los años 70 con las chicas en el barrio.
Sola. La sobreviviente junto a lo que ahora es una pura ausencia.


Gustavo,Guillermo, Diego y Eduardo Germano.


Grupo de amigos en 1971. Hoy faltan dos.

Partí de una necesidad expresiva personal de ponerle presencia a la ausencia, pero al mismo tiempo de buscar aportar a la memoria“, señaló su autor, Gustavo Germano, fotógrafo radicado en España, cuyo hermano Eduardo fue secuestrado a los 18 años, en 1976.


Raul y su hemano Manuel con sus novias en 1973.


Laura con sus padres en 1976


Leticia Margarita Oliva – Orlando Rene Mendez
Playa “La tortuga alegre”, Concordia, Entre Ríos

Fotos de la ausencia

Bobby McFerrin, la escala pentatónica, y las expectativas

Este divertido video fue tomado durante una conferencia llevada a cabo en el marco del World Science Festival. La conferencia, con el título “Notas y neuronas: en busca del coro común“, intentaba descifrar si nuestra respuesta a la música viene de fábrica“, o si está culturalmente determinada, y si la reacción al ritmo y la melodía es universal o influenciada por el medio ambiente.

En ese contexto, Bobby McFerrin llevó a cabo este experimento.

http://vimeo.com/moogaloop.swf?clip_id=5732745&server=vimeo.com&show_title=1&show_byline=1&show_portrait=0&color=&fullscreen=1

World Science Festival 2009: Bobby McFerrin Demonstrates the Power of the Pentatonic Scale from World Science Festival on Vimeo.

Al iniciar el video, Mc Ferrin dice: “hablando de expectativas… expectativas…

Luego de la performance, dice “lo que me resulta más interesante de esto es que no importa dónde esté, donde sea, todas las audiencias lo entienden… No importa donde… Es la escala pentatónica

El otro conferencista le responde: “si buscas trabajo en neurociencias...”

(Visto en Hispasonic)

Bobby McFerrin, la escala pentatónica, y las expectativas

Se afanan todo

“No hay respeto, che. Se afanan todo”. La frase popular aparece en las conversaciones como síntoma de enojo e impotencia. Y es verdad. Algunos robos, incluso, ayudan a definir el funcionamiento de una sociedad. Esta semana robaron la banda y el bastón presidencial de Arturo Frondizi del Museo de la Casa Rosada. De allí se habían llevado el 30 de abril de 2007 un reloj de oro de Nicolás Avellaneda, otro reloj de Agustín P. Justo y una lapicera de Roberto M. Ortiz. Ese mismo año, habían birlado del Museo Histórico Nacional el reloj con cadena de Manuel Belgrano. Y en 2008 se llevaron del Museo del Banco Nación 530 monedas antiguas. Según la oficina de Interpol en Buenos Aires, de los casi dos mil bienes culturales robados en la Argentina en los últimos años cuatrocientos fueron sustraídos de museos u otros establecimientos oficiales. El tráfico de obras de arte, fósiles y piezas arqueológicas desde nuestro país hacia el resto del mundo es escandaloso.

En el momento del latrocinio, el Museo de la Casa Rosada –cuya existencia se revela sólo ante acontecimientos como éste– estaba cerrado por reformas. Es decir, no recibía visitantes desde enero. Con todo, los atributos de mando del presidente desarrollista desaparecieron. “No te tendrías que asombrarte tanto –me advirtió un colega–, en este país se robaron hasta el cadáver de Eva Perón”. Recordé también que el sable de San Martín, ese que nunca quiso desenvainar para derramar sangre americana y que legó a Juan Manuel de Rosas, fue hurtado un par de veces, aunque con fines políticos, y luego reapareció.

Con el reloj de Belgrano no hubo tanta suerte. Se trata de una reliquia invaluable. El abogado que devino general lo recibió de parte del rey Jorge III en un viaje que hizo a Inglaterra. Dicen que Belgrano lo apreciaba porque tenía la efigie del general francés Lafayette, un hombre al que admiraba. El creador de la bandera se lo entregó a su médico momentos antes de su muerte. No tenía otra cosa con qué pagar. Le debían varios meses de sueldo y estaba en la miseria. Todo el dinero que había recibido como premio por sus victorias ante los españoles lo había donado para hacer cuatro escuelas en el norte argentino. El reloj perdido es un símbolo del compromiso y la honradez en la función pública. Su ausencia parece una señal.

La máquina a cuerda de Belgrano desapareció de una vitrina que estaba sin llave. Según consta en la documentación que la Secretaría de Cultura aportó a la causa judicial, de los 40 mil objetos que forman el patrimonio del Museo Histórico Nacional, ubicado en Parque Lezama, sólo están registrados 16 mil. Es decir que el museo contiene una suerte de tsunami histórico.

En el dictamen judicial elaborado por el juez Octavio Aráoz de Lamadrid se consigna que el sistema de cámaras de seguridad del museo “no sólo es precario, obsoleto e ineficiente, sino que fue manipulado en el caso del robo del reloj”. Ningún funcionario fue castigado. El juez investigó y hasta ordenó cerrar el museo, la Secretaría de Cultura ofreció una recompensa de 20 mil pesos y la Policía Federal abrió una línea para denuncias (4346-5752, ¡llame ya!). En el fondo, todos apuestan al olvido. Tal vez por eso, la historia se repitió esta semana con los objetos que le entregaron a Frondizi en 1958.

El único favorecido por “el extraño caso del museo del Parque Lezama” fue el juez. Aráoz de Lamadrid, después de rendir con un 1 el concurso para ocupar de manera permanente el juzgado federal que está subrogando, tuvo una nueva oportunidad. Primera sorpresa: el Consejo de la Magistratura anuló el examen y ordenó otro. Segunda sorpresa: el tema de la nueva prueba sorprendió a todos los aspirantes menos a Aráoz de Lamadrid. Tenían que escribir sobre el robo de una reliquia en un museo.

Hay robos por todos lados. Eladia Blázquez es impiadosa en sus versos: “Y en la cruda indiferencia, entre el cólera y el curro / hay un juez que se hace el burro y también / hay un burro que hacen juez”.

Bandas organizadas, atorrantes de ocasión, agentes a sueldo de anticuarios, delincuentes solitarios. Todos tienen una oportunidad en la Argentina. Toneladas de fósiles, pinturas (Interpol todavía busca en vano datos sobre los quince cuadros de Antonio Berni que fueron robados en 2008 en Munro), objetos históricos y piezas de arqueología (desde momias a vasijas) salen al mejor postor.

Se afanan todo, es verdad. El problema no es el robo sino la impunidad.

Se afanan todo