Estatización de las AFJP: dudas y certezas

Certezas: el sistema de jubilación privada fue un fracaso económico y social, además de un pésimo negocio para el Estado. Del casi medio millón de jubilados que cobran a través de una AFJP sólo el 23 por ciento cobra todo del sector privado. Al resto de los jubilados -para que llegaran a cobrar la mínima- les paga parte o todo el Estado. Además las AFJP le cobraban a los aportantes al sistema comisiones desmesuradas. El Estado era el socio bobo, ponía la plata que no alcanzaba y a su vez se desfinanciaba. ¿Y cómo conseguía la plata? Emitía bonos que compraban las AFJP con la plata que ponían mes a mes los aportantes del sistema. De locos!. Entonces es correcto que las jubilaciones vuelven al lugar de dónde nunca deberían haber salido, sí.

Dudas: Hace bien la gente en dudar del destino que el Estado, a través del gobierno de Cristina Kirchner, le dará a los fondos ($97 mil millones de pesos de fondos acumulados y aportes en el 2009 por $15 mil mllones). Sí. Esta decisión del gobierno es, como muchas tomadas este año, producto de la coyuntura y la necesidad (recordemos que el gobierno anunció con igual pompa e improvisación el pago con reservas al club de París, la reapertura del canje y la estatización de Aerolíneas Argentinas). No responde a una estrategia pensada con anticipación. Tampoco fue consensuada con las fuerzas políticas opositoras que coinciden con la idea central de un sistema previsional en manos del Estado. Por ejemplo, al radicalismo, le avisaron un día antes del anuncio.

Entonces qué hacer? Mäs allá de los lobbies y la oposición ciega, lo más sensato parece ser acompañar la medida pero exigiendo todas las garantías posibles para que el dinero de los jubilados tenga ese destino y no otro. Controles para que la Anses funcione como un organismo de regulación y no como el administrador de un botín de guerra que se puede destinar a pagar deuda externa o hacer campaña política.

En gran medida el gobierno padece más de la cuenta, hasta cuando sus propuestas son atinadas. Ocurre que la crisis más complicada con la que tiene que lidiar no es económica ni política:  es de credibilidad.

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