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El tsunami de documentos secretos de la diplomacia norteamericana revelados por el sitio WikiLeaks, más allá de sus implicancias políticas internacionales, permiten confirmar la mirada prejuiciosa, prepotente y autoritaria de los Estados Unidos sobre el resto del mundo. Más de dos mil de esos documentos hacen referencia a la Argentina y su gobierno. Se confirma también el nivel de las fuentes de información utilizadas por la delegación yanqui: parte de la clase política argentina y un nutrido grupo de periodistas que exhiben, con orgullo, su asistencia perfecta a las reuniones públicas y confidenciales organizadas por el embajador con más poder en Buenos Aires. “¿Cómo a vos no te invitan ni para el 4 de Julio?”, me preguntó una colega con cierto desdén días antes de la principal celebración norteamericana. Casi todos, los que hacen la política y los que la cuentan, quieren ser interlocutores de “La Embajada”. Aunque más no sea para darle cuerpo a un rumor o hacer mérito soltando opiniones que coincidan con la perspectiva del Imperio. La idea extendida entre políticos y periodistas es que si algo dan, también algo recibirán.

En general la información vinculada a la Argentina, publicada hasta ahora, es pobre y poco relevante. Los grandes medios enfrentados con el gobierno nacional hicieron centro en el “estado mental” de la Presidenta de la Nación como la gran preocupación de la administración norteamericana. Una información que nació en una tapa de la revista Noticias dónde se hablaba de la supuesta bipolaridad de Cristina Fernández. El espionaje realizado por los diplomáticos es de dudosa calidad. El capítulo argentino se parece más a una carpeta de recortes preparada por el Agente 86 que a verdaderos reportes de inteligencia.

También quedaron expuestas algunas charlas públicas y otras privadas. Entre ellas, las críticas de los ex Jefes de Gabinete Alberto Fernández y Sergio Massa a la gestión oficial y a Néstor Kichner en particular. Los cuestionamientos de Fernández fueron realizados en los medios y se sucedieron desde el mismo momento en que se alejó del gobierno como consecuencia del conflicto con el campo. En sus dichos no hay apreciaciones peyorativas ni personales. Fernández sólo se quejó del “goteo” informativo que realiza el diario El País de España con datos de Argentina y lo atribuyó “a los problemas que el Grupo Prisa tiene con el gobierno”.

Lo de Massa, en cambio, ya generó un profundo malestar en el kichnerismo. El dirigente de Tigre que se presenta a sí mismo como “lo nuevo de lo nuevo” y se mostró compungido con la muerte de Kichner, a quien ponderó en sus exequias “por su apasionada militancia”, según la embajadora Vilma Martínez calificó al ex presidente como un “monstruo”, “psicópata” y “matón”. Las expresiones de Massa se sucedieron en una cena realizada en noviembre de 2009 “en casa de un amigo banquero”. Para horror de su esposa, Malena Galmarini, quien le hacía señas para que callase, el intendente Massa se despachó a gusto contra Kichner. Explicó además que el gobierno no tendría posibilidades de ganar las elecciones del 2011. Eso dice Wikileaks que la embajadora le escribió a sus superiores en Washington. Massa dice ahora que no dijo nada de lo que dicen que dijo y que sólo fue a La Embajada a renovar la visa. Si se tratara de un trámite judicial se podría hacer un careo entre Vilma y su amigo Sergio.

El actual Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, en algunos cables es sindicado como el Ministro “más amigo” de EEUU, en otros “como otros políticos argentinos está salpicado por rumores de corrupción e incluido vínculos con el narcotráfico”. Francisco De Narváez, rápido como un rayo, salió a pedirle explicaciones. El diputado millonario sabe de lo que habla. El mismo es una fuente privilegiada de La Embajada.

Hay que reconocerle a Elisa Carrió su honestidad brutal. En su momento la líder de la Coalición Cívica se acercó a la representación norteamericana para expresar sus críticas al gobierno. Hasta mandó cartas a otras embajadas extranjeras expresando su visión apocalíptica de la realidad argentina. Cuando se lo recriminaron, ella reivindicó la movida. Con Carrió no hay sorpresa posible. El resto de sus colegas peregrinan a La Meca pero se avergüenzan cuando tienen que reconocer que rezan.

Mauricio Macri también cayó en la volteada. La embajadora escribió que la reunión que mantuvo con el Jefe de Gobierno le sirvió “para recordarnos su brusquedad, su maniquea visión del mundo y su incomodidad con las sutilezas de las comunicaciones interpersonales”. Contó que Macri cortó la reunión a los veinte minutos y que esas cualidades las “comparte con Néstor Kirchner, su gran rival político”. No bien se bajó del avión que lo trajo de regreso de su luna de miel –estuvo en Colombia y México, no en el Líbano como se anunció– Mauricio dijo no recordar el encuentro pero reconoció que ve seguido a la embajadora quien, suele mandarle brownies para su cumpleaños. Otra dulce lección de hipocresía. ¿Qué postre le mandará la embajadora a la Presidenta? ¿Qué masitas recibirá Massa en sus cumpleaños?

Más allá de este aluvión de chimentos, la información difundida por Wikileaks tiene poca relevancia política. Estos documentos están lejos de los informes secretos sobre la matanza de civiles y periodistas en Afganistán o la difusión de la masacre en Kenia que hicieron célebre al sitio de internet. Está claro que Wikileaks expresa el nivel de vulnerabilidad del mayor país del mundo. Ni el poderoso Departamento de Estado, ni la CIA, ni el Pentágono pueden proteger sus comunicaciones. Pero la baja calidad de estos secretos asombra. Está claro que apuntan más a erosionar al presidente Barak Obama que a exponer los entretelones del poder real y sus iniquidades. No son pocos, los que en Estados Unidos, piensan que la secretaria de Estado, Hillary Clinton, debería renunciar. Los republicanos celebran el peor momento del presidente demócrata. Tal vez lo hacen chocando sus tazas de té.

Nota publicada en el Diario Z del 02.12.10

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Alberto Fernandez: la historia Kirchner-Clarín

La pelea Clarín-Gobierno, las reuniones entre Néstor Kirchner y Héctor Magnetto, la relación con Papel Prensa, Graiver y Papaleo, la Ley de Medios, el discurso de la Presidenta y otros temas en una larga e interesante entrevista que le hicimos en Mañana es tarde al ex Jefe de Gabinete y representante del Estado en Papel Prensa, Alberto Fernández. (Gentileza Radio Del Plata)

[audio:25-08-alberto-fernandez.mp3] (para descargarlo, hacé click derecho, y elegí “Guardar destino como”)

Alberto Fernandez: la historia Kirchner-Clarín

Palabra de Fernández

Fue un funcionario clave en los primeros cinco años del gobiern kirchnerista. Ahora está alejado del poder y se permite lecturas críticas.

Desde hace varios meses trata de construir una alternativa que, en sus palabras, evite la derrota del peronismo en el 2011.

Vilipendiado por propios y extraños, el ex jefe de gabinete Alberto Fernández es un testigo privilegiado de los últimos años de la Argentina.

Ayer lo entrevistamos en Radio del Plata, habló de todo: Kirchner, la oposición, el fondo del bicentenario, Reutemann, De Narváez. Vale la pena escucharlo.

[audio:afernandez160210.mp3]

Audio gentileza Radio Del Plata (para descargarlo, hacé click derecho, y elegí “Guardar destino como”)

Palabra de Fernández

Tiburón, Delfín y Mojarrita

Los_superagentes

Ojalá fuesen como los agentes de la ficción nacional: Tiburón, Delfín y Mojarrita (encarnados hasta el cansancio por los inoxidables Ricardo Bauleo, Víctor Bo y Julio De Gracia). Torpes pero divertidos. Falsos pero más baratos. Los espías de la Secretaría de Inteligencia del Estado, en cambio, son ineficientes, costosos y peligrosos para el sistema democrático.

Todos los presidentes, desde 1983, asumieron con la intención de hacer más transparente la SIDE. Ninguno cumplió con la promesa. El organismo creado por Juan Perón funciona como un criado obediente y manso ante las directivas del poder de turno. Así garantizó su supervivencia con una estructura inalterable.

Desde la última dictadura, la SIDE se especializa en realizar tareas de inteligencia sobre políticos, sindicalistas, militantes sociales y periodistas. Realiza escuchas ilegales y seguimiento de opositores. En democracia, esas prácticas no se modificaron. Al mismo tiempo, el organismo se mostró incapaz para prevenir los atentados terroristas contra la AMIA y la embajada de Israel. Peor aun: agentes de la SIDE arruinaron pruebas y complicaron la investigación.

Los funcionarios se quejan de la Secretaría de Inteligencia sólo cuando dejan de ser funcionarios. Le pasó este semana a Alberto Fernández, quien aseguró que lo espiaron. Explicó que a raíz de un encuentro con Julio Cobos una funcionaria de su confianza, Mónica Losardo, fue obligada a dejar la vicejefatura del Ministerio de Justicia. Cree que se trató de una represalia política por su reunión secreta con el vicepresidente. Fernández se quejó amargamente. Argumentó, además, que el cónclave estaba destinado a defender al Gobierno, ya que le pidió a Cobos que ayudara en la prórroga de los superpoderes. A pesar de la gravedad del episodio –el vicepresidente y el ex jefe de Gabinete vigilados ilegalmente–, Fernández optó por no hacer la denuncia judicial.

Mientras ocupó su despacho en el primer piso de la Casa Rosada, Alberto F. mantuvo una buena relación con los dos máximos responsables de la SIDE: Héctor Icazuriaga y Francisco Larcher. Pero, claro, como reza el anillo de Julio Grondona: “Todo pasa”. Lo mismo sufrieron Roberto Lavagna y Gustavo Beliz cuando dejaron de ser ministros. Pasaron de mimados a perseguidos. Beliz todavía enfrenta una causa por revelar la identidad de un agente.

Los informes elaborados por algunos de los tres mil agentes que, dicen, tiene la SIDE llegan a los despachos de Balcarce 50 en forma diaria. Hay espionaje para todos los gustos. La política se mezcla con favores personales y con escuchas a pedido. Con los contactos adecuados, hay funcionarios que consiguen información sobre sus propias esposas o novias cuando ellos están lejos del hogar.

Todos en el Gobierno lo saben. Sólo el poder te hace invisible a los ojos y oídos indiscretos. Según uno de los mayores especialistas en comunicación del país, la capacidad verificada de intercepciones es de 7.680 celulares. Sólo 1.440 son legales (cuentan con permiso judicial).

Hasta ahora, la Justicia no logró castigar las acciones ilegales de inteligencia interior. Hace poco quedó al descubierto una de red de espionaje paralelo que abrió computadoras en la Corte Suprema y hasta en la Presidencia. Se constató la existencia de cincuenta carpetas con información privada de políticos, periodistas y actores. Uno de los acusados, el ex agente Pablo Carpintero, ya logró la falta de mérito. Su compañero Iván Vázquez está en Uruguay escribiendo un libro. El último episodio involucró a Francisco de Narváez. En plena campaña electoral llegaron al juzgado de Faggionatto Márquez, en forma anónima, las comunicaciones que mantuvo el diputado opositor con el periodista Carlos Pagni. Los mensajes hablaban de la posible recusación al juez que lo había acusado de vinculaciones con el llamado “rey de la efedrina”. Después de la derrota del kirchnerismo, la causa descansa en paz.

La SIDE es una caja negra impermeable a cualquier control democrático serio y riguroso. De hecho, la “Comisión Bicameral Permanente de Fiscalización de los Organismos y Actividades de Inteligencia”, que preside el senador oficialista Marcelo Fuentes, sólo funcionó cuando se mandaron a imprimir las tarjetas personales de los once legisladores que la integran. Tuvieron que utilizar tarjetas grandes, eso sí.

La SIDE le cuesta al país 1.350.000 pesos por día. Sí, leyó bien: por día. Nadie sabe en qué se gasta ese dinero. La planilla de gastos se presenta en blanco al Congreso bajo el argumento de proteger a los espías argentinos. Según el libro SIDE, la Argentina secreta (Planeta), publicado por el periodista Gerardo Young, sólo un tercio de los fondos se destina a tareas específicas de inteligencia; el resto del dinero recorre caminos inciertos.

A pesar de que fueron víctimas del espionaje estatal durante los meses previos a la elección de 2003, Néstor y Cristina Kirchner contribuyeron como pocos presidentes a engrosar los fondos para la cuestionada Secretaría de Inteligencia. En los últimos seis años, el incremento presupuestario fue del 250 por ciento. El plan de gastos de 2009 le asigna 484,5 millones de pesos.

Para esto es mejor que nos cuiden Mojarrita, Delfín y Tiburón.

Tiburón, Delfín y Mojarrita

Creer o reventar

No sé de dónde salió esta frase que presenta una opción falsa. Es evidente que cualquiera puede no creer y seguir entero por la vida, como si nada. Si fuese cierta no quedarían argentinos sobre el planeta. Basta recordar aquello de “la casa está en orden” o “revolución productiva y salariazo”.

No es muy difícil determinar qué es lo que hace creíble a un político. Hay dos cuestiones esenciales: la correlación directa entre lo que dice y lo que hace y el cumplimiento estricto de las cosas que promete.

Hace varios días que doy vueltas por el vecindario de la credibilidad. Más precisamente desde que se cumplió el primer aniversario del triunfo electoral de Cristina Fernández de Kirchner. El gobierno nacional atraviesa una crisis política, originada en la derrota legislativa de su proyecto de retenciones móviles, y enfrenta, además, una crisis económica que tiene origen internacional y condimentos locales. Sin embargo, el mayor problema de la gestión no es político ni económico, es de credibilidad.

El 28 de octubre de 2007 la fórmula Cristina Fernández- Julio Cobos ganó las elecciones presidenciales con el 45,29% de los sufragios. Unos nueve millones de personas apostaron al “cambio en la continuidad”. Algo así como rescatar lo bueno y enmendar lo malo de la gestión de su marido. La flamante Presidenta había prometido en su campaña mayor calidad institucional. Tenía con qué, la adhesión popular le permitió contar con amplia mayoría en las dos cámaras del Congreso. Los gobernadores le juraban lealtad en forma masiva y los intendentes estaban alineados. ¿Qué pasó? No se cumplió.

La Presidenta anunció que en su mandato la Argentina “volvería” a insertarse en el mundo. A la semana de asumir se incendió la relación con los Estados Unidos por la valija de Antonini Wilson. El venezolano nacionalizado norteamericano es impresentable, pero no menos cierto es que la valija ingresó a Buenos Aires gracias a la diligencia de Claudio Uberti, un funcionario clave de la administración kirchnerista. Se profundizó el conflicto con el Uruguay: el puente binacional sigue cortado y el gobierno de Tabaré Vázquez descartó apoyar al presidente argentino para conducir la Unión de Naciones Suramericanas. Y como si esto fuese poco, la relación con España está en su peor momento a partir de la estatización de Aerolíneas Argentinas.

La Presidenta había prometido también más diálogo con la oposición. “Quiero convocar a todos sin odios ni rencores”, dijo el día del triunfo electoral. Nunca se llamó formalmente a los partidos opositores para dialogar sobre ningún tema. Medidas trascendentales como la intervención sobre la aerolínea de bandera o el fin de las AFJP tampoco permitieron abrir un canal de diálogo. Y esto sólo por nombrar dos medidas que hubiesen contado con el aval de otras fuerzas políticas.

El gran proyecto oficial era el acuerdo del Vicente Nario Bicentenario con todas las fuerzas sociales, económicas y políticas de cara a 2010. Durante el conflicto con las asociaciones de chacareros y productores, se generalizó la acusación de golpistas. Se estigmatizó y se intentó crear un fantasma con la posible interrupción del mandato popular. Del otro lado hubo de todo, incluso golpistas. Pero nunca corrió peligro la estabilidad democrática. Se jugó al todo o nada sólo por sostener una medida fiscal. El conflicto dividió a la sociedad y el Gobierno hizo un aporte decisivo para que eso ocurriera.

Néstor Kirchner iba a quedar en un segundo plano. “La presidenta es Cristina”, repetían como un catecismo los funcionarios. Lo cierto es que el Presidente está detrás de cada una de las decisiones del Gobierno. Las políticas más importantes son tomadas entre dos o tres personas y la mayoría de los ministros se entera por los diarios. Se fue Alberto Fernández y llegó Sergio Massa, no cambió nada.

Los voceros auguraron nuevos tiempos en la relación con los periodistas. A pesar del anuncio, la Presidenta apenas dio una conferencia de prensa en la residencia de Olivos.

Se podrían enumerar más promesas y más decepciones.

Pero no sólo la palabra oficial está en crisis. Mauricio Macri prometió construir diez kilómetros de subte por año para la Capital Federal, una cifra que se convirtió en un sueño inalcanzable. También afirmó que la educación iba a convertirse en la prioridad de su gobierno y tuvo conflictos con los cooperadores, los estudiantes y los maestros.

Elisa Carrió decidió enfrentar la estatización de la jubilación privada a su estilo. Habló de saqueo, robo y estafa. Objetivo de su enojo fueron el Gobierno y sus ex compañeros del ARI. Más allá de la legítima preocupación por el destino del dinero de los jubilados, terminó coincidiendo con el PRO. En 2000, Carrió había presentado un proyecto para que las jubilaciones volvieran al Estado. Creer o reventar. ¿Es una opción falsa?

Creer o reventar