Preguntas

En las calles y rutas del país mueren unas veinte personas por día. Más de seiscientos argentinos pierden la vida cada mes en accidentes de tránsito. Esta cifra equivale a dos tragedias de Cromañón o a la cantidad de muertos que hubo en la guerra de Malvinas. Pero los números no dicen nada. En la madrugada del lunes pasado, sobre la ruta 11, en la provincia de Santa Fe una combi se estrelló contra un acoplado que apareció desde un camino lindero y en un instante murieron catorce personas. Eran familiares de un grupo de danza que se trasladaban de Villa Ocampo a Villa Guillermina. La antigua zona del tanino que, en los albores del siglo pasado, fue arrasada por La Forestal. El accidente conmovió al país pero sólo por unas horas. Ocurrió en la misma ruta dónde cuatro años atrás murieron nueve alumnos y una maestra del Colegio Ecos de la Capital Federal que volvían de una actividad solidaria. Y, como aquella vez, la imprudencia e irresponsabilidad del conductor del camión se combinó de manera fatal con la ausencia de control estatal. La camioneta transportaba a 19 personas y tenía capacidad para doce y la mayoría de los pasajeros no tenía cinturón de seguridad. Por su parte, el camión no contaba con luces en el acoplado y sus ruedas estaban en pésimo estado. El conductor, de 18 años, no tenía las condiciones para esa tarea. El estado de la carretera no fue decisivo pero Santa Fe es una de las cuatro provincias que no adhirieron todavía a la ley nacional que permite los controles de la Agencia Nacional de Seguridad Vial. Las otras son San Luis, Entre Ríos y Córdoba ¿Por qué razón la legión de muertos por el tránsito no figura en la agenda de la política? ¿Esto no es inseguridad?

El próximo viernes 8 de Octubre en el estadio Luna Park se conmemorará con un recital de rock el Día del Estudiante Solidario, fecha que se estableció a partir del accidente del colegio Ecos en el 2006. Aquella vez un camionero borracho embistió de frente contra el ómnibus que trasladaba a los chicos. Sergio Levin, papá de Lucas, uno de los pibes fallecidos, conduce un programa de televisión dónde se ocupa de promover la Seguridad Vial (Dos segundos por canal Metro). Consultado por lo sucedido en Villa Ocampo señaló: “Tengo impotencia y bronca, no sorpresa. Otro accidente era previsible. Desde que murieron nuestros hijos nada cambió en esa ruta”. Según el Centro de Experimentación y Seguridad Vial (CESVI) los camiones participan en un treinta por ciento de los choques. Muchos choferes manejan en malas condiciones físicas o no cuentan con la suficiente capacitación para conducir vehículos de gran porte. Los controles son laxos. Tanto en el accidente de Ecos como en el de Villa Ocampo, los camiones deberían haber sido detenidos. El despliegue de gendarmes en las rutas parece más vinculado a la custodia de las cabinas de peaje que al control vial.

La destrucción del sistema ferroviario completa el cuadro de peligrosidad. Casi todo el transporte de carga se hace en rodados con acoplados y el de pasajeros en ómnibus. En el gobierno nacional mencionan como hecho positivo la creación de la Agencia Nacional de Seguridad Vial y aseguran que desde el 2003 se duplicaron los kilómetros de autopistas construidos. Está bien pero no alcanza. ¿Hay que seguir llamando accidentes a situaciones evitables? ¿Por qué dejamos solos a los familiares de las víctimas? ¿Por qué no hay movilizaciones para exigir seguridad en el tránsito?

Ganar la calle

Y si de ganar la calle se trata, el martes pasado la congregación ante el Palacio de Tribunales para exigir el cumplimiento de la Ley de Servicios Audiovisuales dispara otra batería de preguntas. De arranque parece una idea absurda: ¿Por qué movilizarse para que se cumpla una ley que fue aprobada por amplia mayoría en el Congreso Nacional? ¿Podría no aplicarse? Contra cualquier pronóstico los temores tienen fundamento. Los sectores que no aceptan la regulación tienen un poder difícil de cuantificar. La historia de la democracia argentina lo ratifica.

¿Qué tienen en común Raúl Alfonsín, Carlos Menem y Fernando De la Rúa? Los tres fueron presidentes constitucionales, los tres intentaron aprobar una Ley de Medios que reemplazara a la norma heredada por la dictadura militar, los tres vieron frustrada esa aspiración. Los casos de Alfonsín y Menem son notables dado el apoyo popular con el que contaron y el poder que lograron exhibir. El líder radical mandó al banquillo de los acusados a los dictadores pero no logró regular el mercado de la comunicación. El riojano se dio el gusto de rematar el patrimonio nacional pero fracasó en su intento de legislar sobre el tema. De la Rúa, en su debilidad, propuso un proyecto al Congreso pero apenas un puñado de legisladores aceptó debatirlo. ¿Por qué creen que ni Alfonsín ni Menem ni De la Rúa lograron hacer lo que se habían propuesto?

La nueva norma –aun con sus defectos– representa un paso significativo en la búsqueda de una comunicación más democrática y plural en la Argentina. La Ley trasciende a los Kirchner quienes la impulsaron tardíamente y en medio de la pelea con el grupo Clarín, el actor más poderoso del mercado y con el que se habían entendido muy bien en los primeros años de gestión. Recoge los planteos de universidades, ongs, organizaciones sociales y especialistas de todo el país. ¿Por qué se considera un modo de presión la movilización popular pacífica de miles de ciudadanos frente a un edificio público? Y, en cambio, ¿Por qué no se considera una forma de presión las reuniones de importantes empresarios con miembros del Alto Tribunal? Los exabruptos de Hebe de Bonafini –tan funcional a los sectores más reaccionarios de la sociedad– no alcanzan a opacar un reclamo legítimo. Entre los derechos de los ciudadanos se encuentra la posibilidad de peticionar ante las autoridades.

Nota publicada en Diario Z del 30.09.2010

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