Navidad

La Noche de Paz se acerca al ritmo de la confrontación. A la disputa entre Hugo Moyano y la Presidenta Cristina Kirchner; se sumó la denuncia de Supercanal, la empresa de cable de Daniel Vila y José Luis Manzano, contra Cablevisión que derivó en un allanamiento a la empresa del Grupo Clarín. También se define en el Congreso de la Nación la regulación de la venta de papel de diarios, que reeditó los alineamientos políticos que se sucedieron cuando se debatió la Ley de Servicios Audiovisuales y actualizó la falaz antinomia entre libertad de prensa y libertad de empresa. Además volvió un clásico: péguele a Scioli.

“Hace ocho meses que Hugo no habla con la Presidenta. Estamos en el peor momento de la relación. Y después del discurso del otro día, ni los ministros llaman”. La confesión pertenece a un encumbrado e histórico dirigente gremial. Las consecuencias de la pelea entre Cristina Kirchner y Hugo Moyano están en el eje de todos los análisis. Están los que aseguran que la alianza estratégica no se rompió a pesar del tsunami de acusaciones lanzado por el dirigente camionero y los que vaticinan cataclismos sociales a partir del año próximo, dado que consideran que “no hay retorno en la relación”.

Al evocar a Iván Heyn, el joven economista fallecido en plena cumbre del Mercosur esta semana, Cristina Kirchner señaló: “Tenía una historia muy particular, que él siempre la comentaba. Su padre, producto de la crisis de 2001, fundió una empresa familiar, y de pasar a ser clase media alta, clase acomodada, un niño bien diría alguien, pasó a ser un chico que tuvo que ganarse la vida, porque su familia se fue del país. Pero él decidió quedarse en el país para seguir estudiando…hasta convertirse en un economista brillante”. También dijo que la noticia de la muerte del subsecretario de Comercio Exterior “me dejó sin aire…tenía la edad de mi hijo”. Una semana atrás, Moyano había fustigado a “los niños bien” en referencia a los jóvenes militantes de La Cámpora.

Algo está claro, se trata de una disputa de poder que se desarrolla en el peor escenario: con puja salarial, inflación, desmantelamiento de subsidios y con el telón de fondo de la crisis internacional. “Moyano respondió así porque se cansó de las agresiones y el maltrato”, explican cerca del líder camionero. La Presidenta cuestionó por extorsivos algunos planteos laborales (Petroleros y docentes de Santa Cruz y la de los técnicos de Aerolíneas Argentinas) pero nunca reivindica el apoyo recibido por la CGT en los últimos ocho años. Esa es la principal queja. En el gobierno traducen el enojo de la primera mandataria: va desde las supuesta discusión de Moyano con Néstor Kirchner en el último día de su vida, la amenaza de paro por el exhorto de Suiza, los apoyos al Momo Venegas y Ricardo Cirielli y las amenazas públicas de ganar la calle en reclamo del aumento del mínimo no imponible y el reparto de ganancias.

Por lo pronto, el conflicto tuvo sus primeras consecuencias. La juventud sindical que lidera Facundo Moyano, alguna vez calificada como “los soldados del pingüino”, decidió no concurrir a los actos de homenaje a las víctimas por la crisis del 2001. Allí tenían que compartir espacio con La Cámpora. Los dos grupos solían marchar juntos en este tipo de movilizaciones.

Los que eligen no dramatizar el conflicto se apoyan en una máxima de la política que señala que no puede existir ruptura entre dos que se necesitan. La pregunta es: ¿Se siguen necesitando? El secretario general de los Judiciales lo explicó a su manera: “(la relación) se quiebra si alguien deja de sentirse parte, no es nuestro caso y no creo que sea el caso de la Presidenta”. Es un deseo peronista para esta Navidad. Lo cierto es que las diferencias políticas y económicas no son tantas como las personales. Y esto es lo que hace más difícil cualquier acercamiento. Por lo pronto, la situación quedará congelada. Nadie moverá sus piezas hasta después del verano.

Otra disputa que encendió luces rojas tuvo como escenario la legislatura bonaerense. Jóvenes de La Cámpora se enfrentaron con policías en la asunción de las nuevas autoridades. Desde el kirchnerismo cruzaron con dureza a Ricardo Casal, el ministro de Seguridad de Daniel Scioli. Hubo sanciones a policías y un acuartelamiento de los agentes que adujeron recibir órdenes precisas de impedir el paso de los militantes. El gobernador respaldó a su funcionario. Sin restarle responsabilidad por la presencia primero y la represión posterior de la Infantería dentro del Legislativo, el desgaste al que es sometido el gobernador parece que no cesará en su nuevo mandato. Scioli también se siente maltratado pero su paciencia es mayor que la de Moyano. También su imagen positiva y el respaldo popular.

Tigres de papel

La ley que regula la comercialización de papel de diario reeditó la pelea generada por la Ley de Servicios Audiovisuales. Denuncias de los medios que controlan Papel Prensa sobre limitaciones a la libertad de expresión y defensa a ultranza de la norma por parte de los legisladores oficialistas. A diferencia de la norma sancionada hace dos años y que tiende a democratizar el mercado de medios, en esta ley el gobierno no logró sumar a otros sectores para su sanción. A juicio de este cronista, un error. Hasta un pecado de soberbia. De aprobarse como está, la ley no dejará de ser legítima y sólo deberá someterse, eventualmente, al control constitucional de la justicia. Pero las adhesiones por afuera del kirchnerismo la hubiesen dotado de un respaldo imprescindible a la hora de su defensa política.  Por lo menos dos docenas de legisladores hubiesen sumado sus votos afirmativos si el Frente para la Victoria abría la discusión de algunos puntos.

Como para completar el panorama, un juez de Mendoza dispuso la intervención de Cablevisión. El grupo Vila-Manzano cuestiona judicialmente la fusión de Multicanal con Cablevisión, lo que otorgó a ese grupo una posición dominante en el mercado de la televisión por cable. Algo así como que Frankestein se espante por los modos de Drácula. El Grupo Clarín, por su parte, responsabilizó al gobierno y a Vila, el mismo empresario que dijo que el kirchnerismo era peor que la dictadura de Videla. Vale recordar, además, que la polémica fusión fue aprobada en los últimos días del 2007 por Néstor Kirchner.

Eran otros tiempos. La Ley de Medios apenas asomaba como una posibilidad. Argentina muta vertiginosamente. Los protagonistas también. Basta pensar en el país del 2001, cuando la sociedad se asomó al abismo de la disgregación. Sólo ese recuerdo merece un brindis. Feliz Navidad.

Nota publicada en Diario Z edición 23.12.11

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Navidad

Titanes en el ring

Si se tratara de un comic el título podría ser: “Cristina contra las Corporaciones”. Pero no se trata de una historieta. La presidenta de la Nación no dejó ningún lugar para la fantasía: “Que se den por notificados: yo no soy la presidenta de las corporaciones, soy la presidenta de los 40 millones de argentinos”, anunció en su discurso ante la Asamblea Legislativa. En su exposición dedicó varios párrafos a cuestionar la actitud de los sectores económicos que propiciaron, a su juicio, las últimas corridas cambiarias y otros tantos para fustigar con dureza al sindicalismo. Si bien mencionó puntualmente a los docentes y petroleros de Santa Cruz (“con nosotros derecho a huelga hay, no de chantaje ni de extorsión”), la mayoría de los que la escucharon pensaron que el destinatario invisible de ese comentario era Hugo Moyano, ausente sin aviso en la ceremonia de reasunción. ¿Por qué razón los aliados estratégicos de ayer se convirtieron en los enemigos íntimos de hoy? ¿Hasta dónde la confrontación puede afectar la gobernabilidad?

Cerca del camionero no dudan: “con Néstor era otra cosa”. Aseguran que se sienten poco reconocidos, fueron prácticamente borrados de los cargos electivos, y que la Presidenta los critica en sus discursos y no les reconoce nada. En el gobierno le facturan a Moyano: los últimos enojos de Kirchner antes de morir, la amenaza de paro y movilización a Plaza de Mayo cuando se difundió un exhorto de Suiza y los apoyos que brindó al duhaldista Momo Venegas y al inclasificable Ricardo Cirielli. También se quejan de las advertencias “que lanza a través de los diarios” por el reparto de ganancias o la suba del mínimo no imponible. Lamentablemente no está en discusión el modelo sindical, ni su representatividad ni su democratización. Se trata de una escena de peronismo explícito. Después de la apabullante victoria electoral del 23 de octubre, con la oposición en terapia intensiva y el peronismo disciplinado, que alguien le dispute poder político es inadmisible para la presidenta.

Durante ocho años, el titular de la CGT fue uno de los pilares básicos del llamado “modelo kirchnerista”. Aunque en las elecciones que depositaron a Néstor Kirchner en la Casa Rosada, Moyano jugó con Alberto Rodríguez Saá, pero bastó un almuerzo con el flamante presidente para limar cualquier diferencia. “Nos dijo que iba a defender el trabajo y la producción de los argentinos. Eso fue suficiente”, recuerda el camionero cada vez que puede. En el altar de esa relación, Kirchner abandonó la idea de otorgarle la personería gremial a la CTA y le abrió canales de ayuda económica y política al camionero.  El resto es historia conocida, no hubo paros generales y se habilitaron las negociaciones paritarias. El resultado: hubo recuperación salarial y de puestos de trabajo. En el medio se sucedieron bravatas y hasta tiros. Un chofer de Moyano apareció por televisión disparando un arma durante una pelea entre camioneros y la UOCRA en el traslado de los restos de Perón a San Vicente.

Pero las mayores desavenencias se generaron en torno a las mediciones del Indec. “Para discutir salarios, nosotros nos guiamos por la inflación de los supermercados”, volvió a decir esta semana Moyano y en el gobierno lo sienten como una agresión. La incredulidad en las cifras del Indec es el caballito de batalla de la oposición. Al líder de la CGT no le importan las coincidencias. Los salarios de su gremio están entre los mejores del país. En gran medida, basa en eso su fortaleza. Esta semana volvió a anunciar que no aceptará techo en la negociación salarial que se viene. Una cuestión considerada vital por el gobierno. No quieren que “los planteos excesivos” disparen aun más los precios y exigen racionalidad. Creen que Moyano no quiere garantizarla.

La escalada parece interminable. Pablo Moyano, el hijo del titular de la CGT, en una chicana sofisticada calificó a connotados sindicalistas del menemismo como voceros del gobierno. La presidenta, por su parte, demolió los planteos de distribución de ganancias a través de una ley nada menos que en una cena de la Unión Industrial.  En ambos bandos se acusan de ingratitud. No es casual que la presidenta haya mencionado la Constitución de 1949 que no estipulaba en forma explícita el derecho a huelga. Más allá del debate histórico sobre la reforma constitucional más progresista que se sancionó en Argentina, la idea es sencilla: no figuraba el derecho a huelga porque, según el fundador del peronismo, no hacía falta. El gobierno de entonces expresaba los intereses de los trabajadores y, en esa lógica, por qué habrían de hacerle paro. Sin temor a la desmesura, Cristina Kirchner piensa lo mismo en esta coyuntura.

En el fragor de esta batalla todo se da vuelta. La denuncia sobre los sectores que propiciaron “cinco corridas cambiarias” desde el 23 de Octubre y le hicieron perder al Banco Central un cuarto de sus reservas pasó a segundo plano. Moyano cosecha apoyos entre quienes, hasta ayer, lo repudiaban: desde el Momo Venegas a Patricia Bulrich; desde los editores de Clarín a Mauricio Macri. A río revuelto ganancia de pescadores. Tanto en el gobierno como en la CGT, los más lúcidos, expresan preocupación y tienden puentes. Están también los que piensan que la turbulencia pasará: “no se pelean quienes se necesitan”. El escenario de la disputa no ayuda: quita de subsidios a los servicios domiciliarios, puja salarial y los coletazos de la crisis internacional. Una cosa es marcar la cancha y otra, muy distinta, dinamitarla.

Nota publicada en Diario Z edición 15.12.2011

 

Titanes en el ring

equipo que gana, no se toca

La frase pertenece al mundo del fútbol y, a la vez, responde a la sabiduría popular. ¿Para qué hacer cambios cuando se viene de un triunfo? La presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el Jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, coincidieron en la cantidad de modificaciones en sus gabinetes. Sólo sumaron tres nombres a sus elencos ministeriales. Ambos privilegiaron la capacidad, la experiencia de gestión y, en especial, la lealtad. La distancia ideológica que separa a estos dirigentes no es obstáculo para la aplicación de un similar razonamiento político. Cualquier dirigente exitoso trata de ratificar su liderazgo y el rumbo político elegido después de recibir el respaldo popular.

La presidenta sólo movió las fichas obligadas. Se podría decir, por el perfil de los nuevos funcionarios, que CFK hace una opción preferencial por los profesionales jóvenes cada vez que debe sumar colaboradores. Juan Manuel Abal Medina, de 43 años, pasó de la Secretaría de Comunicación a la Jefatura de Gabinete. Si bien proviene del progresismo, militó en el Frente Grande, porta un apellido cargado de significado dentro del peronismo. Su padre fue un estrecho colaborador de Perón y su tío, Fernando, uno de los fundadores de Montoneros. Es un hombre formado en el ámbito académico y representa el cristinismo puro y duro. Reemplaza a Aníbal Fernández, quien por primera vez en diez años pasará a un segundo plano de la política. Casi un exilio dorado: allí podrá ejercer su filosa oratoria aunque lejos de “la cocina” del poder que tanto lo seduce.

Alfredo Scoccimarro fue el encargado de anunciar la conformación del nuevo gabinete casi como si se tratara de un mero trámite administrativo. Esa fue otra señal. El vocero presidencial es visto como uno de los eventuales reemplazos de Abal Medina en Comunicación. Un área clave, allí se deciden las estrategias comunicacionales del oficialismo y, nada menos, las pautas publicitarias.

En Economía el cambio de línea es más imperceptible todavía: Hernán Lorenzino fue promovido de Secretario de Finanzas a titular del Ministerio. Este nombramiento despeja especulaciones sobre cortocircuitos entre la primera mandataria con su vicepresidente Amado Boudou. El funcionario “rockero” no pasa por su mejor momento pero tampoco transita el desierto como apuntaron algunos medios. Deberá sí, superar el karma de los vicepresidentes. Más allá de la calificación “de concheto” que le disparó hace una semana y de cualquier interpretación interesada, hasta ahora la presidenta lo privilegió al elegirlo como compañero de fórmula, al designar a Lorenzino como su reemplazante y al impulsar a Roberto Feletti, otro colaborador de Boudou, como presidente de la Comisión de Presupuesto en la Cámara de Diputados. La confirmación de Diego Bossio al frente del Anses también fue una buena noticia para el ex Ministro.

Un día después de su nombramiento, Lorenzino anunció que la reestructuración de la deuda soberana –es un especialista en el tema– será una prioridad. Aunque no mencionó al monstruo, tal vez para no invocarlo, la lucha contra la inflación es el otro gran tema de su agenda. Todo con el telón de fondo de la puja salarial y las posibles consecuencias de la crisis internacional.

En Agricultura fue designado Norberto Yahuar, un patagónico que dejó a Mario Das Neves justo a tiempo. En una escena de peronismo explícito, este año enfrentó al gobernador de Chubut impulsando la candidatura del kirchnerista Carlos Eliceche. Se desempeñaba en la Subsecretaría de Pesca y reemplazará a Julián Dominguez, quien presidirá la Cámara de Diputados.

El resto, es el mismo equipo que saludó en el atrio ante el aluvión de votos del 23 de Octubre. Julio De Vido, a quien se sindicaba como número fijo para Economía, seguirá en su puesto y en la primera línea de muchos conflictos. Tiene a su cargo la relación con Hugo Moyano y la CGT, con los empresarios, con los intendentes y gobernadores, y el desmantelamiento de los subsidios. De Vido, junto a sus colegas Nilda Garré, Alicia Kirchner, Carlos Tomada, Florencio Randazzo y los secretarios Carlos Zanini, Oscar Parrili y Guillermo Moreno, conforman el centro operativo de la gestión.

En la mala costumbre de expresar noticias deseadas y no hechos reales, algunas usinas periodísticas y políticas daban por finiquitada la gestión del polémico Secretario de Comercio. Más allá de algunas barrabasadas que llevan su firma, la última fue el anuncio de una supuesta canasta navideña para cuatro personas al costo de cien pesos, Moreno está más firme que nunca. Si alguna vez emigra de su puesto será hacia un lugar mejor.

El sábado, la presidenta expondrá ante los legisladores su plan de gobierno. Tampoco allí habrá sorpresas. Defender “el modelo”, apostar a la diversificación productiva, alentar la innovación tecnológica, mejorar la educación, ampliar derechos sociales, restringir la venta de tierras a extranjeros, profundizar la integración regional, entre otros temas.

Finalmente le tomará juramento Julio Cobos. Más allá de la sinuosa figura del vicepresidente, a esta altura un cadáver político, eso es lo que corresponde. Y otra vez fue la presidenta la que puso las cosas en su sitio. Los alcahuetes y el fuego amigo serán inevitables en  el segundo mandato que comienza.

Los nombres de Mauricio

El Jefe de Gobierno porteño emprendió el mismo camino. A Macri no hay que explicarle el significado de una frase futbolera. El triunfo de su delfín en Boca ratifica su olfato. Cuando las cosas salen bien, sólo hay que cambiar lo justo y necesario. El peronista Emilio Monzó, quien fuera intendente de Carlos Tejedor y ex funcionario del gobierno de Daniel Scioli, ocupará el flamante Ministerio de Gobierno. El gesto hacia el peronismo no kirchnerista es claro. La carrera al 2015 ya comenzó. A cargo del Ministerio de Modernización del Estado, la otra novedad, estará Andrés Ibarra, ex gerente general de Boca y ex responsable de Infraestructura Escolar. Un hombre cuestionado pero de total confianza. De eso se trata.

El otro cambio es obligado: Carolina Stanley va a Desarrollo Social en reemplazo de la vicejefa de gobierno María Eugenia Vidal. La nueva ministra es hija del conocido banquero del Citybank. Está claro que Macri elige bien a las mujeres que lo acompañan: inteligentes, lindas, leales y ambiciosas. Después de proyectar a Gabriela Michetti al firmamento político nacional, ahora María Eugenia Vidal es la nueva estrella del gobierno porteño. Junto a Rodríguez Larreta y Monzó tendrá la misión de defender y explicar la gestión. El trío intentará mejorar la relación con el gobierno nacional. Todo un desafío.

Nota publicada en Diario Z, en su edición del 8.12.2011 – Ilustración: Juan José Olivieri

equipo que gana, no se toca

Pelados y pelucas

Ni tan calvo ni con dos pelucas. Ni Hugo Moyano está al borde del retiro efectivo de la CGT, ni los empresarios tienen motivos para festejar la Navidad de manera anticipada. Ni la quita de subsidios es una cruzada solidaria ni tampoco un ajuste despiadado. Ni la economía está en calma y con todas las variables controladas, ni se está cerca del desmadre. En su lógica binaria, un sector de la prensa interpreta que Cristina Kirchner esperó obtener un rotundo triunfo electoral para reivindicar al liberalismo económico a fuerza de tarifazos y ajustes, imponer límites a los gremios y concesiones a los industriales. La mirada más que maliciosa es tonta.

La relación entre la Presidenta y Moyano pasa por su peor momento. Pero afirmar que desde el gobierno impulsan el relevo del camionero de la cúpula de la principal central obrera del país es temerario. No existe un nombre alternativo al del camionero y, además, la capacidad de influencia del oficialismo en la interna gremial es relativa. Esto lo saben Gordos y Flacos. La representatividad de un dirigente sindical no depende del humor de un gobierno. Con todo, en sus últimos discursos Cristina Kirchner decidió marcar el territorio ante el único dirigente de su partido que, sin dinamitar nunca la alianza que los une, le disputa poder real.

Los peldaños de la escalada fueron muchos y variados: el anuncio de un paro con movilización a Plaza de Mayo ante un exhorto internacional que después se abortó; la reacción corporativa en defensa de Gerónimo Momo Venegas; las amenazas de movilización en reclamo de la modificación del mínimo no imponible (una cuestión que sólo afecta a los gremios que más ganan); el apoyo a los técnicos aeronáuticos cuando el gobierno pidió la suspensión de su personería gremial; la exigencia de una ley que distribuya las utilidades de las empresas “por los diarios” y las medidas de acción directa como bloqueos o piquetes a plantas y empresas.

La presidenta redobló la apuesta. Aniquiló el debate legislativo sobre el reparto de utilidades de las empresas y lo condenó a las discusiones paritarias. En el gobierno reconocen que se trata de una reivindicación razonable y constitucional pero la califican de inoportuna ante la situación económica que se avecina. Varias veces se refirió con ironía al “compañero Hugo”. Hasta dónde llegará la confrontación es un misterio. Es una pena que la definición de un nuevo modelo sindical, más democrático y transparente, esté fuera de la discusión.

En la misma semana, Cristina Kirchner respaldó también a la cúpula de Aerolíneas Argentinas y fustigó a pilotos y técnicos aeronáuticos. La palabra que más utiliza para definir la actitud sindical es ingratitud. “Si el Estado no intervenía para recatarla Aerolíneas no existiría”, repite en público y en privado. Con esa idea, anunció cambios y recortes en la empresa y prometió más productividad, austeridad y eficiencia. La gran apuesta es a achicar el déficit. Para que sea eficaz la consigna debe abarcar desde el primero al último de los empleados. El pedido de concurso de American Airlines, después del fracaso de un acuerdo laboral con los pilotos, fue el ejemplo elegido por los funcionarios que volvieron a cruzar espadas con los gremios. Más allá de la crisis que vive la tercera aerolínea norteamericana, es necesario señalar que no son pocas las empresas aéreas que tienen resultados positivos. En buen romance no todo lo que vuela da pérdidas.

El titular de los técnicos no se privó de lanzar más leña al fuego. Ricardo Cirielli comparó las medidas del gobierno con las de una dictadura militar. El último dirigente que utilizó una analogía semejante fue un empresario. En referencia al proyecto de Ley de Servicios Audiovisuales, Daniel Vila consideró al kirchnerismo “peor que la dictadura de Videla”. Para esa época el dueño del Grupo América mandó a distribuir entre los empleados de su canal unas pulseras con la leyenda “hasta K”. No hace tanto tiempo.

Más lejos o más cerca del calor oficial, los empresarios no deberían apurarse a celebrar. Si bien la presidenta hizo otros gestos a favor de sus planteos históricos: anunció ante empresarios de la construcción que se revisaría la llamada doble vía judicial en los juicios laborales (a la ART y a la empresa), entre otras cosas. También volvió a reclamar más inversiones y por el origen nacional de los insumos. Hace una semana, les pidió que reinviertan sus ganancias en el país y, a través de sus ministros, anunció más controles a la evasión. En la cena de la UIA señaló, sin nombrarlas, a dos empresas que utilizaron el dinero que recibieron con créditos a tasas subsidiadas para especular con moneda extranjera. Un ejemplo de capitalismo “Made in Argentina”.

Cómo pararse frente a las corporaciones y frente a los reclamos sectoriales en el momento más complicado desde el 2003. La eliminación de subsidios y prebendas requiere de inversión privada y obra pública. Ésa es la fórmula. En el gobierno saben que los aumentos de servicios y tarifas tendrán, a partir del año próximo, como telón de fondo la puja salarial. Daniel Scioli y Mauricio Macri hicieron sus propios anuncios de incrementos. No parece el mejor escenario para luchar contra la inflación.

En tanto, la campaña para que aquellos ciudadanos que puedan pagar rechacen los subsidios está a pleno. Funcionarios y famosos demuestran su altruismo ante las cámaras. Se trata de un gesto de conciencia que bien podría prescindir del estruendo. Lo razonable es que el Estado realice la poda con precisión y rigor, evitando inequidades y preservando a los sectores más vulnerables. Para eso no hace falta la televisión. Durante años se amparó a bancos, mineras y casinos, entre otros sectores, de manera inexplicable. Si se está en busca de ejemplos, se podría propiciar una reforma fiscal que tienda a lograr mayor igualdad haciendo tributar más a los que ganan más y a los que tiene más. Es difícil de explicar por qué razón, después de ocho años de gobierno, no se impulsó una reforma fiscal. O sobran pelados o faltan pelucas.

Nota publicada en Diario Z en la edición del 1.12.2011

Pelados y pelucas

Carta de intención

Hay muchos espejos dónde mirarse. Cristina Kirchner eligió uno cercano: España. Contó que había saludado a Mariano Rajoy por su triunfo contundente del domingo pasado -obtuvo el 44 por ciento- sobre el PSOE. Destacó que había logrado las mayorías legislativas y que podría aplicar sus ideas para tratar de sacar a su país de la crisis. Cuando los empresarios que seguían su discurso de cierre en la conferencia de la Unión Industrial Argentina comenzaron a sonreir y codearse por el sorpresivo elogio a un dirigente de derecha, la presidenta recordó que los mercados no lo perdonaron. La prima de riesgo de España quedó en zona de rescate y la bolsa se desplomó. Rajoy había pedido que “los mercados me den más de media hora” y no lo escucharon. Los llamados mercados se convirtieron en una amenaza identificable para cualquier gobierno en el mundo no importa su orientación o ideología. La cuestión es a quien se sacrifica ante su voracidad. “Respetamos a los mercados pero los que gobiernan son los que surgen del voto popular”, dijo la mandataria y agregó: “la formula de que la crisis la paguen los que menos tienen termina como la Argentina del 2001”.  Vale, por ahora, como carta de intención.

En la misma semana en la que los sectores más liberales de la economía y el periodismo, desde los honestos hasta los lobistas y operadores, la corrieron por izquierda hablando de tarifazos y ajustes por el anuncio de eliminación de subsidios, la presidenta de la Nación definió los ejes de su próximo mandato y se comprometió a proteger a los más vulnerables de la sociedad. Un clásico: los que pedían controles contra la evasión, los rechazan cuando se aplican para determinar de dónde salen los fondos que van al dólar y los que despotricaban contra los subsidios ahora califican la quita como una calamidad. Más allá de las interpretaciones interesadas o maliciosas, saber sobre quienes pesará el grueso de los retoques que se plantean en la economía es esencial. Algo es incontrastable: amplios sectores de la población pagarán más por los servicios que consumen. La eficacia, transparencia y equidad de los tijeretazos en el gasto público revelarán la moralidad de la medida.

En el mismo discurso, la presidenta reconoció a la inflación como un problema para su gobierno y regaló un título de tapa. Era hora. Recuperar la credibilidad del Indec y establecer un plan para combatirla deberían ser los próximos pasos. No se puede confundir una necesidad con una concesión. También rechazó la distribución de ganancias de las empresas a los trabajadores por medio de una ley y sugirió debatirlo en paritarias. De esa manera volvió a marcarle la cancha a Hugo Moyano el único dirigente que, desde adentro del peronismo, le disputa poder. Esta puja marcará la política durante los próximos meses.

La mandataria cuestionó las disputas inter sindicales y la falta de acatamiento a las conciliaciones obligatorias. Ricardo Cirielli y Jorge Pérez Tamayo no se dieron por aludidos. Horas antes, había ordenado hundir el bisturí en el cuerpo enfermo de la aerolínea de bandera. La mira estará puesta en tres ejes: eficacia, austeridad y productividad. El planteo abarca a pilotos y técnicos pero también a gerentes y funcionarios.

Pero no sólo habló de los trabajadores. Pidió competitividad con inclusión social. A los empresarios los instó a que reinviertan sus utilidades en el país y a que apuesten por el mercado interno y de la intrazona. Contó cómo algunos que pidieron créditos para sus empresas terminaron usando la plata para comprar dólares. Identificar a los oportunistas y castigarlos convertiría el tema en un ejemplo para la sociedad en lugar de una anécdota dicha al pasar.

La crisis económica internacional y sus consecuencias sobre la Argentina, los límites del modelo económico inaugurado en 2003, el ataque especulativo sobre el dólar y las reiteradas presiones sindicales, anticiparon el comienzo del segundo mandato de Cristina Kirchner.

QUIERO PERO NO

Según Mauricio Macri, la historia es así: el gobierno porteño quiere administrar los subtes pero no de esta manera. Reclamaron por eso durante años pero resulta que ahora que se los quieren ceder, no los quieren recibir sin apoyo económico. De acuerdo a esta versión: el gobierno nacional nunca quiso darle los subtes a Macri. Ahora con el objetivo de achicar gastos y eliminar subsidios se los quieren tirar por la cabeza. Pretenden que la ciudad los agarre de inmediato. De paso se banca la paritaria entre los metro-delegados y la empresa concesionaria que está prevista para comienzos del año que viene y el costo de tener que sincerar las tarifas.

Como suele ocurrir, lo del subte no es ni tan calvo ni con dos pelucas. La CABA debe hacerse cargo de un servicio que se desarrolla íntegramente en su territorio, como alguna vez deberá hacerse cargo de la policía. Los porteños que son los ciudadanos con los mayores ingresos del país, triplican a la media de las provincias, acaparan el 53 por ciento de los subsidios. Es una injusticia evidente. De hecho en todo el país se paga más caro por los servicios domiciliarios y el transporte que en la capital. El pedido de subsidios hasta el 2017 como condición para asumir la gestión, con el argumento de realizar las obras que no se hicieron, es una desmesura a tono con el plazo perentorio que pretende imponer el gobierno nacional. Lo cierto es que nadie quiere pagar costos políticos de un aumento en el precio de los viajes. Y menos hacerlo por separado del resto del sistema de transporte metropolitano.

Hubo cruce de chicanas. María Eugenia Vidal, la nueva estrella del firmamento macrista, comparó a los subtes con Aerolíneas Argentinas. Una tontera para la tribuna. Desde el gobierno le enrostraron a Macri su histórico rechazo a los subsidios y su actual pedido de subsidios. Con todo, la negociación es indispensable. Para llegar a un acuerdo ambas parte deberán ceder.

EL MARCIANO

Así le dicen a Leopoldo Moreau: el marciano. Fue la voz más lúcida de la tumultuosa convención de la Unión Cívica Radical del fin de semana pasado. Señaló con crudeza el sorprendente giro a la derecha de su partido que determinó, en su opinión, la magra cosecha electoral de octubre pasado. Es verdad que a Moreau la historia no lo ayuda, cuando fue candidato en el 2003 obtuvo menos del 3 por ciento de los votos. Claro que venía de la catástrofe de la alianza. El dirigente bonaerense señaló que el radicalismo votó contra la ley de ADN, cuando Raúl Alfonsín había creado el Banco de datos genéticos “para ayudar a las abuelas”; voto contra la Ley de Medios cuando el ex presidente la impulsó en 1985 y sus legisladores tenían decenas de proyectos de regulación del mercado audiovisual y votó contra la estatización de las AFJP, contradiciendo la historia misma de la UCR. Luego le apuntó a la alianza con Francisco De Narváez. El empresario colombiano fue al radicalismo lo que Patricia Bulrich a la Coalición Cívica. Una señal de rendición, una bandera ajena. Nunca es triste la verdad aunque la diga un marciano.

Nota publicada en Diario Z edición 24.11.2011. Ilustración: Juanjo Olivieri

Carta de intención

Honestidad brutal

Esta semana Cristina Kirchner señaló a quienes considera pueden poner en riesgo “el modelo” y, en consecuencia, al gobierno que encabeza. Nunca antes lo había hecho con tanta claridad y dramatismo. El lunes pasado, en pleno conflicto en Aerolíneas Argentinas y desde Tierra del Fuego, les pidió a los sindicalistas “no boicotear a la Argentina”. Un día después, aprovechó su visita a plantas fabriles de Rosario y Las Parejas, en Santa Fe, para dar precisiones: “El llamado a no boicot es para todos –dijo–. Para aquellos que tienen prácticas sindicales que son propias de hacer a otros gobiernos que no escuchaban los reclamos de los trabajadores y también a algunas empresas que solamente piensan en la especulación” y apuntó a los “que ganan formidables sumas de dinero y no las reinvierten en la Argentina y se las llevan afuera”. Detrás del intento oficial por sincerar la economía, hay una durísima disputa de poder. En la oposición disfrutan de los beneficios del segundo plano y balconean en silencio lo que se presenta como el prólogo de una confrontación inevitable dentro de las fronteras del peronismo.

La referencia al boicot tuvo como origen el conflicto en Aerolíneas Argentinas pero tiene raíces más profundas. La presidenta se siente defraudada. Considera que su gobierno hizo un gran esfuerzo por rescatar a la compañía de la quiebra y que desde un sector del sindicalismo aeronáutico sólo le aportan complicaciones. Más allá de la colección de palos en la rueda que Ricardo Cirielli, del personal técnico, y Jorge Pérez Tamayo, jefe de los pilotos, colocan sistemáticamente y con inusual entusiasmo. Lo cierto es que los dos dirigentes fueron de los más mimados por el kirchnerismo. Cirielli fue subsecretario de transporte aerocomercial  y Pérez Tamayo, fue piloto del avión presidencial a partir de la buena relación con el matrimonio Kirchner. El primero está cerca de Luis Barrionuevo y el segundo reporta a Hugo Moyano. Ambos creen que una parte de la empresa les pertenece.

El cuadro se completa con un grupo de dirigentes de la Cámpora que, bajo el liderazgo de Mariano Recalde, asumieron la responsabilidad de dirigir la línea de bandera sin demasiada experiencia. Si los sindicatos no ayudan, los números tampoco. AA perdió en 2010, unos quinientos millones de dólares y aumentó su personal en mil quinientos empleados desde que fue estatizada. El origen ideológico o partidario de un funcionario, incluso de un sindicalista, no debería tener mayor relevancia si se cumple con dos condiciones básicas para desempeñar un cargo: eficacia y honestidad. El reciente conflicto revela que AA se parece más a un botín de guerra que a una empresa estatal.

En el fragor del conflicto, y ante lo que se consideró un paro sorpresivo de los controladores aéreos, el gobierno le pidió a la justicia el retiro de la personería gremial a los técnicos aeronáuticos y, por medio de un decreto, volvió a manos de la Fuerza Aérea el control de las torres de Tránsito Aéreo. La medida que recorta el poder a Cirielli se revela como un retroceso. Los técnicos rechazaron las acusaciones y lograron la adhesión tanto de la CGT oficial y como de la Azul y Blanca. No es difícil imaginar que en algún sitio del planeta, los españoles de Marsans se deben divertir con la situación. Los antiguos dueños de la empresa, que heredaron de Iberia lo que quedaba de AA, mantienen todavía una demanda por 1200 millones de dólares contra el Estado Argentino por la estatización.

Más allá de los aviones que no  vuelan, en el gobierno no logran un momento de paz. Mantienen la pulseada con los mercados por el precio del dólar mientras ven con preocupación la sucesión de escaramuzas y amenazas de sectores gremiales desde el triunfo electoral del 23 de octubre. El panorama no es el mejor cuando se prepara una compleja arquitectura de retoques económicos en subsidios y tarifas. Las advertencias de los camioneros de “salir a la calle” para reclamar la suba del mínimo no imponible del impuesto a la ganancias; los piquetes de los peones rurales para que les autoricen un incremento del 35 por ciento y la suspensión de tareas de los controladores de vuelos, valen como ejemplo. En ningún caso hay puestos de trabajo en riesgo. Lo que está en riesgo es otra cosa.

A pedir de Boca

Todo esto ocurre de este lado del Río de la Plata mientras en el mundo cayeron dos gobiernos arrastrados por la crisis económica y Mauricio Macri está más preocupado por el futuro de Boca que por el conflicto con los docentes o los derrumbes en la Ciudad de Buenos Aires.

Lo que temían cerca del Jefe de Gobierno finalmente sucedió: el presidente de Boca, Amor Ameal, llegó a un acuerdo con los dirigentes José Beraldi y Roberto Digón –hasta hace poco irreconciliables– para enfrentar a Daniel Angelici, delfín de Macri, en las elecciones del próximo 4 de diciembre. Haciendo una simplificación se puede decir que el kirchnerismo xeneixe se unió para darle batalla al macrismo. Ameal tiene el apoyo del diputado Carlos Kunkel; Beraldi buena relación con Amado Boudou y Digón, es un referente del sindicalismo peronista. Con tres listas la elección parecía tener un resultado cantado para la oposición, ahora todo cambió. Los buenos resultados económicos y el equipo puntero son una ayuda extra al oficialismo. El martes pasado Angelici visitó al ex presidente de Boca para pedirle, otra vez, que integre su lista y garantice el triunfo en las elecciones. Se llevó un rotundo no. Macri no quiere ser candidato testimonial en el club que presidió aun a riesgo de que su candidato termine derrotado. El empresario de los bingos tratará de convencerlo mientras le quede tiempo.

En estos días, la gestión porteña le genera menos disgustos que el club de sus amores. Ya estableció las prioridades de su próximo mandato (Seguridad, la Agenda Social, Juventud y Medio ambiente) y definió los nombres de todo el gabinete (ver aparte). También prepara una contra propuesta para entregarle al gobierno nacional en el tema subterráneos: entre otros planteos pedirá más fondos para remozar algunas de las líneas en peor estado y más tiempo para definir el traspaso efectivo. Además, en su entorno, aseguran que ya le ganaron la pelea a los docentes por las juntas de calificación. Descuentan la aprobación legislativa del proyecto impulsado por el Ministerio de Educación. Exudan optimismo. De verdad creen que lo más complicado es Boca.

Nota publicada en Diario Z edición 17-11-2011

Honestidad brutal

Las brujas no existen pero…

A pocas horas de confirmarse el formidable respaldo popular obtenido por la presidenta de la Nación los mercados reaccionan como si se tratara de un gobierno débil y al borde del cachetazo. A pesar del triunfo en casi todo el país y la obtención de la mayoría legislativa, hubo una renovada corrida hacia el dólar acompañada de anuncios catastróficos en las portadas de los grandes diarios. En relación a la demanda de moneda norteamericana el Ministro de Economía, Amado Boudou, habló de “intentos de generar histeria colectiva” y apuntó contra “cuatro o cinco grandes empresas” como responsables de las grandes compras pero no las identificó. Salvo en unos pocos pub irlandeses de la Capital Federal, el festejo de Halloween pasó inadvertido. Sin embargo, la sabiduría popular indica que si bien las brujas no existen… que las hay, las hay.

Más allá de la posible existencia de gestos especulativos y movidas insidiosas, en los últimos doce meses se fugaron del país 22 mil millones de dólares. Este es un dato objetivo que espanta. Gran parte del excedente de negocios legales e ilegales; carradas de plata blanca, negra y azul; se convierten en moneda yanqui todos los días. Los controles de la AFIP aparecen como insuficientes ante el aluvión pero, por lo menos, describen un intento por frenar las maniobras. Los cuestionamientos per se, en boca de economistas y periodistas especializados, suenan extraños. Son las mismas usinas las que suelen reclamarle al Estado más controles ante el lavado, el narcotráfico, las falsificaciones de ropa, el trabajo en negro y la evasión.

Con brujas o sin ellas; con devaluadores  full time y oportunistas; con especuladores y con los que quieren poner un Ministro de Economía a su medida; hay que reconocer que el dólar ya es parte del ser nacional. Costará mucho romper con ese mandato difícil de explicar a un extranjero. En especial cuando el gobierno no reconoce la inflación real y el Indec tiene menos credibilidad que un discurso de Lilita. En ese contexto hasta un jubilado piensa que sus pocos ahorros no tienen otro resguardo que los papeles con la cara de Washington. No importa lo que se diga: el que apuesta al dólar nunca pierde. Lamentablemente, desde el retorno a la democracia, en todas esas timbas perdió el país.

El frente político no parece depararle a la presidenta mayores sobresaltos en el arranque de su segundo mandato. Gran parte de la oposición sigue lamiéndose las heridas y en el PJ nadie discute su liderazgo. Es en la economía donde deberá dar las grandes batallas. La crisis internacional, la inflación, los subsidios, el superávit, la reforma bancaria aparecen, inevitables, en la agenda. Algunas correcciones imprescindibles no gozarán de la simpatía de todos los implicados pero de eso se trata la gestión pública. El anuncio conjunto de los Ministros  Boudou y Julio De Vido (de Planificación) sobre la eliminación de subsidios para bancos, financieras, compañías de seguros, juegos de azar, puertos fluviales y aeropuertos, telefonía móvil, hidrocarburos y minería son una clara señal en ese sentido. Hacen blanco en lo evidente: el Estado no debe proteger a los poderosos.

Primeros bocinazos

Al unísono con la embestida cambiaria, se sucedieron los reclamos de dirigentes de la CGT exigiendo modificaciones en el impuesto a las ganancias sobre los grandes salarios (es necesario señalar que se trata de un gravamen progresivo que afecta a los sueldos más altos). Hubo también amenazas de movilizaciones callejeras para sostener esos planteos. Por su parte, Hugo Moyano, aprovechó el homenaje de la Central Obrera a un año de la muerte de Néstor Kirchner para pedir una ley que garantice la distribución de ganancias entre los trabajadores.

En el gobierno nacional lo tomaron como un nuevo desafío. Recuerdan que fue esta administración la que liquidó las distorsiones de la tablita de Machinea. Cómo seguirá la relación del gobierno con el líder camionero es otra incógnita a develar. La presidenta le reconoce a Moyano su rol en los noventa cuando enfrentó la política de devastación del patrimonio nacional. Por esa razón, es altamente improbable que desde la Casa Rosada se contribuya a su desestabilización en la CGT a favor de los dirigentes que arroparon gremialmente al menemismo. Pero es una torpeza pensar que no habrá reacción ante planteos que se asemejan a pliegos de condiciones.

Un grupo de peones rurales cortaron por dos horas el miércoles pasado la autovía Ricchieri generando un caos de tránsito. Finalmente fuerzas de Gendarmería despejaron la ruta sin violencia. “Buscan generar un desgaste político”, dijo la Presidenta y los instó a “encontrar otras formas de protestar”. No sólo los afiliados al sindicato de Gerónimo Momo Venegas deberían darse por aludidos.

¿Y si le ponemos Néstor?

     Hace un par de meses, cuando empezó la sucesión de homenajes al ex presidente de la Nación, el semanario satírico Barcelona se permitió una humorada en su portada. Bajo el título “¿Por qué nadie se acuerda de Néstor Kirchner?” anunció: “Solamente el campeonato de fútbol de primera división, un estadio, una escuela, el centro cívico y un barrio en San Juan, una escuela en el Chaco, un barrio en La Plata, una comisaría y un centro comunitario en Misiones, un tramo de un gasoducto y un cine-teatro en Jujuy, una calle en San Vicente, un comedor en San Martín, un puente en Cosquín, el auditorio del Hospital Gandulfo, un parque nacional en Entre Ríos, un hospital en Florencio Varela, el aeropuerto de Villa María, una avenida en Caleta Olivia, una avenida en Río Gallegos, la ex ruta 66, la sede de la secretaría de la UNASUR, una plazoleta en San Telmo, la Terminal de Ómnibus de San Rafael, la Terminal de Ómnibus y una escuela en Santiago del Estero, una campaña nacional para pintar escuelas, el acceso a Pehuajò, una plaza en Escobar, un paseo en Neuquén, el paseo costero del Calafate y una radio en La Pampa llevan el nombre del ex presidente. Y apenas un candombe pedorro recuerda su memoria. ¿Por qué el kirchnerismo decidió darle la espalda a su líder?”

Todavía no se habían emplazado las dos estatuas que lo recuerdan ni se había presentado la moción de un diputado provincial de declarar feriado el 27 de Octubre en todo el territorio de Santa Cruz para recordar el día de su muerte. ¿No será mucho? ¿Cómo diferenciar el cariño popular de la sobreactuación? ¿Cómo discernir los homenajes sinceros y dolidos, de los acomodaticios y chupamedias? ¿Qué diría el propio Néstor Kirchner de todo esto?

Por lo pronto, vale recordar las palabras de Athualpa Yupanqui. Quién cansado de los fogonazos de los flashes que trataban de registrar su regreso a los escenarios después de años de exilio, les pidió a los fotógrafos que dejaran de retratarlo. “La mejor cámara –les dijo– es el corazón”.

Nota publicada en Diario Z, edición del 3.11.2011

Las brujas no existen pero…