Lo que viene

FPV

¿Cómo leerá la Presidenta de la Nación los resultados electorales de las legislativas? Ésa es una de las preguntas que comparten oficialistas y opositores. ¿Estará en línea con la puesta en escena que hizo todo el gabinete en el comando de campaña en la medianoche del  27 de octubre? La de “aquí no ha pasado nada” y que prefiere celebrar que el kirchnerismo sigue siendo la primera fuerza nacional, por lo cual no habrá cambios de políticas ni en nombres. O, por el contrario, sin dejar de reivindicar el despliegue territorial  del Frente para la Victoria ni renunciar a sus convicciones, recepta el mensaje de las urnas y produce algunos golpes de timón en sus políticas públicas.

Antes de eso, Cristina Kirchner debe reasumir el ejercicio pleno del poder e interactuar en un mapa político que se modificó y ya cuenta con media docena de candidatos a sucederla. Su deseo ahora tiene los límites que le imponen los médicos en resguardo de su salud. De algo no hay dudas: el futuro del proyecto político que encabeza depende de la eficacia que demuestre para resolver algunos de los reclamos que plantea la población. Quedan dos años de gestión que serán cruciales.
A favor cuenta con el control del Congreso y una alta imagen positiva (ronda el 50 por ciento). En contra: a la irrupción de un dirigente peronista con alto caudal electoral (Massa), se suma la ausencia de un candidato propio que dispute la sucesión y la existencia de un escenario económico complicado.

El resto de los protagonistas también tienen fortalezas y debilidades. Sergio Massa logró un formidable respaldo en las urnas. En 120 días venció al candidato del gobierno por doce puntos y cosechó casi cuatro millones de votos. Pero no cuenta con el aval de la mayoría de los gobernadores peronistas y debe permanecer dos años en la Cámara de Diputados. Francisco De Narváez es el espejo más temido.

Mauricio Macri, el único dirigente que blanqueó su aspiración a suceder a Cristina Kirchner, cuenta con el aval de la victoria en la Capital Federal, el haber logrado presencia en 22 distritos y engrosado sus bancadas en diputados y senadores (contará con tres a partir de diciembre), además de las buenas elecciones de Santa Fe y Córdoba. La principal complicación es la baja inserción en la provincia de Buenos Aires, un distrito clave para disputar una elección presidencial (37 por ciento del padrón).

Entre los candidatos del peronismo no kirchnerista se destaca José Manuel De La Sota. El gobernador de Córdoba se impuso en la elección de diputados a través de su delfín Juan Schiaretti pero lo hizo con apenas el 26 por ciento. Parece un porcentaje pobre para aspirar a la presidencia.

Varios gobernadores del Frente para la Victoria, lograron respaldos contundentes en sus distritos. Sergio Urribarri lo hizo en Entre Ríos. A favor: tiene una muy buena relación con la Presidenta. Algunos lo consideran un candidato natural del kirchnerismo. No lo ayudan ni su baja proyección nacional ni su nula inserción en Buenos Aires. En una situación parecida se encuentra Jorge Capitanich, de gran elección en el Chaco.

A pesar de la derrota en su provincia, Daniel Scioli mantiene sus aspiraciones intactas. Tiene una alta imagen positiva y apuesta a realizar dos años de “gestión activa” que mejoren sus chances electorales. Cree, además,  que el paso por Diputados puede afectar la visibilidad de Massa. Cuenta con el aval de varios gobernadores que lo ven con mejores ojos que al Intendente de Tigre. Le juega en  contra la desconfianza que genera en el kirchnerismo ortodoxo. Su incomodidad en el escenario del Frente para la Victoria el domingo fue evidente.

Entre los opositores, tanto Hermes Binner como Julio Cobos están en una situación similar. Ganaron por un buen porcentaje sus provincias (Santa Fe y Mendoza) pero tienen dificultades para hacer pie en la provincia de Buenos Aires. Allí la aliada del dirigente socialista, Margarita Stolbizer, obtuvo poco más del 11 por ciento. En esta alianza imaginan que una interna abierta, como la que hicieron los candidatos de UNEN, puede mejorar sus posibilidades. En esa instancia no habría que descartar la participación de Elisa Carrió.

Evitando incurrir en pronósticos, materia que se golpea de frente con el análisis de la realidad política, al día de hoy se vislumbra un esquema semejante al 2003 con un peronismo dividido y una oposición en igual condición, lo que impediría el triunfo de un candidato en primera vuelta. Lo que está más claro es la puja de conceptos: habrá un candidato defendiendo la continuidad del “modelo” (Scioli, Urribarri u otro); un sector que propondrá dejar lo que está bien y cambiar lo que se hizo mal (Massa) y un sector que irá “a por todo” (Macri, Cobos y Binner).

Los que disfruten de la política no tendrán tiempo para aburrirse.

Lo que viene

Feliz domingo

Votacion

Sobre la medianoche del domingo 27 de octubre quedará conformada una nueva geografía política en el país. No sólo se dibujará la nueva composición de ambas cámaras legislativas, también quedará establecida la grilla de presidenciables.

Aun con derrotas en los principales distritos del país (Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Mendoza y CABA) el Frente para la Victoria -que arriesga las bancas del 2009, su peor elección- podría mantener la primera minoría en Diputados y Senadores. Ése resultado forzará a la presidenta de la Nación a hacer modificaciones de políticas y nombres pero le garantiza gobernabilidad para sus dos últimos años en la Casa de Gobierno.

No es difícil prever que en la línea de largada quedarán bien posicionados Daniel Scioli y Sergio Massa; los dos principales referentes del peronismo bonaerense –a los que eventualmente habría que sumar al entrerriano Sergio Urribarri– el líder del PRO, Mauricio Macri; el socialista Hermes Binner, el radical Julio Cobos y, tal vez, la indefinible Elisa Carrió. Todos tendrán una buena perfomance en sus distritos.

La que termina fue una campaña rara. La deserción de Cristina Kirchner, por el estricto reposo que le sugirieron los médicos, dejó al escenario electoral sin su principal animadora. Y si bien la Presidenta ya había decidido delegar en el gobernador de Buenos Aires la responsabilidad de sostener la campaña de Martín Insaurralde, la presencia de su ausencia tiene un impacto que se terminará de medir el domingo.

Scioli hizo todos los deberes de la lealtad. Bancó los trapos y llevó de la mano a Insaurralde por toda la provincia pero sigue sin lograr que el kirchnerismo recontra kirchnerista lo vea con buenos ojos. El ex motonauta apuesta a acotar la diferencia con Massa, al que le asigna pocas chances en la disputa del 2015, para la que falta una eternidad. Perder por poco es su gran objetivo. No la tiene fácil.

La campaña tuvo un inusitado nivel de violencia y llamativas cuotas frívolas. Hubo una docena de hechos graves. Las pedradas a la caravana del Frente Renovador en La Matanza; la agresión a Karina Rabolini en Malvinas Argentinas; el atentado contra Milagro Sala en Jujuy; el asesinato de un puntero kirchnerista a manos de dos matones al servicio del PRO de Vicente López y el ataque a la casa del Gobernador de Santa Fe, Antonio Bonfatti, son los más destacados.

La forma y la imagen se impusieron a los contenidos. ¿Cuántos de los votantes conoce qué propuestas llevará al Congreso el candidato al que va a acompañar con su voto? Sólo hubo debate de ideas entre los principales candidatos de la Capital. Las entrevistas que concedió Sergio Massa a Maru Bonata, Jorge Rial, Luis Ventura y Luis Majul, todos conductores más dedicados al espectáculo que a la política, implican la elección de un perfil. Hay un Massa para cada consumidor como bien lo señaló Beatriz Sarlo en una buena nota en el diario La Nación.

El publicitado romance entre Martín Insaurralde y Jésica Cirio también fue una decisión política. Para los que diseñaron la campaña del intendente de Lomas de Zamora, vale más un beso en Caras que muchas entrevistas periodísticas. “Las mujeres son importantes”, me confesó un encuestador. “Vaya novedad”, le respondí sabiendo que no hablábamos de lo mismo. El hombre agregó: “Massa tiene a Malena, Scioli a Karina y Martín a Jésica”.

Con sus más y sus menos, el rito del sufragio se repite y en un país que sufrió el agobio de la dictadura, eso sólo debería ser motivo de celebración. Treinta años de democracia son un logro de todos y cada uno de los argentinos. El sistema tiene infinitas falencias. Por sí sólo no garantiza el bienestar general, ni la igualdad ni la justicia social. Pero tiene una ventaja fundamental: mejora con el uso y su práctica es el único dique de contención contra el autoritarismo. Feliz domingo para todos.

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Feliz domingo

Boludos

Juan Gelman

La palabra que mejor representa a la Argentina es “boludo”. La responsabilidad de la elección recayó en el poeta Juan Gelman. A partir de una iniciativa del diario El País de España, en el marco del VI Congreso de la Lengua Española, que se desarrolla en Panamá, veinte escritores fueron invitados a definir a sus países con una sola palabra. La idea era que eligieran la palabra más autóctona del país, una palabra que al expresarla escrita o fonéticamente se identificara a qué lugar pertenece. El autor de Gotán entre cientos de vocablos posibles –y esquivando las previsibles “tango”, “mate”, “asado” o “pampa”– apostó a lo seguro y dijo: “boludo”. ¿Será esa la palabra que nos representa cabalmente?

“Es un término muy popular y dueño de una gran ambivalencia hoy –explicó Gelman-. Entraña la referencia a una persona tonta, estúpida o idiota; pero no siempre implica esa connotación de insulto o despectiva. En los últimos años me ha sorprendido la acepción o su empleo entre amigos, casi como un comodín de complicidad. Ha venido perdiendo el sentido insultante. Ha mutado a un lado más desenfadado, pero sin perder su origen”.

En ese encuentro se determinó también que el español es el segundo idioma materno que se habla en el mundo, superado sólo por el chino mandarín. Intelectuales, escritores y estudiosos de la lengua consignaron también que es uno de los idiomas que más crece en hablantes pero uno de los que más lectores pierde.

Ese dato dinamita el entusiasmo que despierta la vitalidad y expansión del idioma común. Y revela también nuestro nivel de boludez. Nos ponemos contentos porque el español crece pero no nos preocupamos porque cada vez se lee menos y el nivel educativo de nuestros niños es peor.

En esa lógica nos entusiasma que podamos producir alimentos para 500 millones pero no nos indigna lo suficiente que existan chicos con hambre. De hecho, en el Congreso de la Lengua que se hizo en Rosario en 2004, los alumnos de las escuelas votaron sus palabras preferidas. En los barrios más acomodados ganaron “máma”, “amigo” y “paz”. En los barrios pobres, “mamá” compartió el podio con la palabra “milanesa”.

Somos un país que condena masivamente la corrupción pero donde la mayoría no duda en pagar una coima. Dónde todos opinan pero nadie se mete. Dónde la culpa siempre es de otro y los méritos propios. Un pueblo que se queja pero no participa. Somos unos vivos bárbaros. En especial cuando nos creemos más de lo que valemos y, dejamos en claro, lo boludos que somos.

La elección de palabras es un juego intelectual pero revelador. Para Bolivia, Edmundo Soldán eligió la palabra “jailón”; el chileno Antonio Skármeta, votó por “patiperro”. Por Colombia, Laura Restrepo apostó por “vaina” y en México, José Pacheco, se quedó con la popular “pínche”. En Uruguay, Claudia Amengual, no se jugó y optó por “celeste”. El venezolano Rafael Cadenas apostó a “bochinche” y su colega ecuatoriana, Gabriela Alemán, la palabra “yapa”.

Pero no hay duda, “boludo” es insuperable. Además tiene una infinidad de variantes. Ya lo explicó Isidoro Blaistein en su “Balada del Boludo”, cuyo final hace un pequeño y amoroso racconto:

“Entonces vino un alegre y le dijo:
Boludo alegre.
Vino un pobre y le dijo:
Pobre boludo.
Vino un triste y le dijo:
Triste boludo.
Vino un pastor protestante y le dijo:
Reverendo boludo.
Vino un cura católico y le dijo:
Sacrosanto boludo.
Vino un rabino judío y le dijo:
Judío boludo.
Vino su madre y le dijo:
Hijo, no seas boludo.
Vino una mujer de ojos azules y le dijo:
Te quiero.”

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Boludos

Declaración de guerra

Narcotrafico

Nunca antes el narcotráfico había plantado cara tan abiertamente a las instituciones políticas del país. A los escándalos que terminaron con el descabezamiento de las policías de Santa Fe y Córdoba por su vinculación con el delito, se sumaron esta última semana la masacre de cinco personas en un bar de la villa 1-11-14, en el Bajo Flores y el ataque a la casa del gobernador Antonio Bonfatti. Este último hecho no tiene antecedentes en los últimos 30 años de democracia.

En lo que va de 2013, sólo en el departamento Rosario hubo 175 homicidios. En la mayoría de los casos las víctimas son menores de 24 años. Según fuentes judiciales, gran parte de esos crímenes tuvo relación con la pelea entre bandas de narcos que se diputan el territorio de venta de drogas. Hay víctimas que también son victimarios. Los llamados soldaditos de los narcos y los consumidores de pasta base, convertidos en “muertos vivos” aptos para todo servicio. Una veintena de estos homicidios fueron ejecuciones protagonizadas por sicarios. Sí, como en las películas. Matadores que operan con frialdad y precisión.

El socialismo que gobierna Santa Fe cometió un error que ahora está tratando de enmendar: le cedió a la policía el control de la fuerza. Ese exceso de confianza facilitó los “negocios” y la corrupción. También desamparó a los buenos policías. Las investigaciones judiciales en marcha revelaron que en casi todas las bandas desmanteladas hasta ahora existía alguna vinculación con personal de seguridad. El ex jefe de la policía santafecina Hugo Tognoli se encuentra detenido, al igual que el comisario inspector Gustavo Pereyra, quien, según la investigación judicial, facilitaba información a los narcos.

Pero decir que se trata de un problema santafesino es una estupidez. Algo parecido ocurrió en Córdoba. Una investigación sobre la conexión entre policías y narcos llevó al gobernador José Manuel De la Sota a relevar al Ministro de Seguridad de Córdoba, Alejo Paredes, y al jefe de policía, Ramón Frías. En esa provincia apenas se vislumbró la punta del iceberg.

En Buenos Aires los episodios más graves estuvieron ligados a la producción de efedrina. Hubo tres homicidios mafiosos que todavía no fueron esclarecidos. También se detectó la presencia de narcos colombianos y se registraron vendettas y detenciones. La laxitud de las fronteras argentinas no es secreto para nadie. La falta de radares y controles terrestres serios fueron denunciados hasta el cansancio por distintos dirigentes políticos de la oposición. El lavado de dinero encontró en Buenos Aires un punto de destino.

Cualquier lista de hechos vinculados a la actividad del narcotráfico parece mezquina. Pero no hay duda de que el atentado contra la vivienda de Antonio Bonfatti es el hecho más grave ocurrido desde 1983 y debería operar como un punto de inflexión. El gobernador o alguno de sus familiares pudieron perder la vida en el ataque del viernes 11 de octubre. Catorce casquillos de bala quedaron regados en su casa. Hubo inteligencia previa –sabían que no estaba la custodia– y una organización precisa.

El mensaje fue claro: si podemos con el gobernador podemos con cualquiera que intente impedir nuestros negocios. Policías honestos, fiscales, jueces, funcionarios, ciudadanos que puedan denunciar, eventuales testigos. Todos quedaron advertidos de manera brutal. Un colega de Rosario lo definió así: “fue una declaración de guerra”.

El gobernador hizo una conferencia de prensa ratificando su decisión de “ir a fondo en la lucha contra los narcos”. A su lado estaban el Ministro de Defensa Agustín Rossi y autoridades de todas las fuerzas políticas. Hermes Binner y Jorge Obeid, ex gobernadores y candidatos a diputados nacionales, enfrentados por la política, se sentaron juntos.

La reacción solidaria, la imagen de unidad, duró poco. Un día después Rossi cuestionó a Binner y lo responsabilizó por el crecimiento del narcotráfico. Los socialistas lo tildaron de oportunista y denunciaron la falta de apoyo de las autoridades federales. Puede que los dos tengan algo de razón, pero la pelea pública provoca más alarma. Mientras se pasan facturas diversas, muchos pibes pierden la vida en los barrios más pobres de las grandes ciudades.

La lucha contra el crimen organizado, porque de eso se trata, requiere de consensos mínimos. El enemigo es demasiado grande y su capacidad para corromper es ilimitada. Valen algunas preguntas: ¿Es muy difícil imaginar una agencia federal de lucha contra el narcotráfico creada como cuerpo de elite con el acuerdo del Estado nacional y las provincias? ¿Por qué la Jefa de los Fiscales no dispone instrucciones claras para que los funcionarios puedan actuar con un claro respaldo a la hora de investigar delitos complejos? ¿No ha llegado la hora de debatir en profundidad la despenalización del consumo como una manera de coartar los negocios del tráfico?

Si la clase política no enfrenta con unidad, decisión e inteligencia los desafíos que plantea el narcotráfico, la pelea estará perdida antes de comenzar. Y sobran los espejos donde mirar los resultados.

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Declaración de guerra

Chapear

Cabandie

Sorpresa: “chapear” no es un argentinismo. “Chapear”, en su expresión original “chapar”, figura en el Diccionario de la Real Academia como “Guarnecer o cubrir con chapas”. Según el glosario de jergas y modismos de Argentina, chapear es un término de origen policial que indica “mostrar o exhibir la medalla o chapa policial para ingresar a algún lugar u obtener ventajas”. Los mexicanos le dicen “charolear”, que quiere decir: “impresionar con la influencia de un cargo público”.

Eso hizo el diputado porteño Juan Cabandié en mayo pasado. No sólo exhibió su condición ante un control de tránsito en Lomas de Zamora, sino que pidió por teléfono que le aplicaran a la agente un “correctivo”. De ese distrito es el primer candidato del Frente para la Victoria en Buenos Aires, Martín Insaurralde.

El lunes pasado la Secretaría de Transporte de su municipio tuvo que desmentir que el despido de Belén Mosquera, la agente involucrada, estuviera relacionado con este penoso incidente. A dos semanas de las elecciones legislativas, el impacto en la campaña electoral es difícil de mensurar todavía. Pero es evidente que la exhibición de chapa que hizo Cabandié remite a lo peor de las prácticas de un sector de la clase política nacional y tendrá sus costos.

El diputado porteño argumentó que lo demoraron injustificadamente (habló de una hora), le revisaron sus pertenencias y lo maltrataron, que le pidieron el recibo de pago del seguro y él exhibió el resumen de la tarjeta de crédito con el débito automático. Dijo también estar convencido de que querían que les diera plata (coima).

No sería ésta una escena infrecuente en las calles y rutas de la argentina. Aun si fuese cierto, de ninguna manera justifica su reacción. “Fue un momento de calentura. No reaccioné bien”, dijo Cabandié. En el video que se difundió, filmado por un gendarme, el dirigente tuvo otra frase desafortunada: “yo me banqué a la dictadura”. Lamentablemente Juan Cabandié, como sus padres, fue una de las tantas víctimas del aparato represivo. Su militancia, al igual que la de otros nietos, debería funcionar como ejemplo para la sociedad, no como un escudo.

En el entorno del legislador pusieron el acento en la oportunidad en que “aparece” el video y lo relacionaron con la campaña electoral. Eso no cambia mucho las cosas. Es muy probable que la difusión del incidente, ocurrido cinco meses atrás, tenga como objetivo dañar al candidato. Pero el hecho existió. Y Juan Cabandié dijo lo que dijo. Y la empleada fue desafectada de su trabajo.

El intendente de Lomas de Zamora y candidato oficialista también deberá dar explicaciones. Justo ahora que, según dicen las encuestas, acortó un par de puntitos de la diferencia que le lleva Sergio Massa.

Patricia Bulrich no compite en estas elecciones pero denuncia. Alguna vez multada por manejar con una dosis de alcohol en sangre mayor que la permitida, tal vez se sienta con autoridad para llevar a tribunales al joven de La Cámpora por “abuso de autoridad”. La ex Ministra de Trabajo de la Alianza no suele desaprovechar oportunidades que le otorguen visibilidad mediática.

El pedido de coima y el “chapeo” son parte del paisaje nacional. Legisladores y funcionarios de todo pelaje y nivel se creen con privilegios e inmunidades. Se piensan distintos ante la ley. Por esa razón, cada vez que lo creen conveniente, te exhiben el carné, el cargo y hasta el apellido. Hay una pregunta que ya es un clásico de la chantada: “¿Vos sabés con quien estás hablando?”. Hasta que el empleado que cumple con una tarea de control no pueda responder con tranquilidad: “con un ciudadano cualquiera”, todo seguirá igual.

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Chapear

Hay Elisa para rato

Debate_TN

Elisa es segura, divertida, inteligente. Se mueve ante las cámaras con la seguridad y la soltura de Susana. Habla con la impunidad de Mirtha. Y, como esas grandes divas, su nombre propio ya es una marca registrada. Para los programas de la televisión por cable es rating garantizado. De un punto se puede pasar a tres o cuatro, sólo hace falta que lance alguna de sus denuncias con el tono adecuado. Seguir leyendo “Hay Elisa para rato”

Hay Elisa para rato

El triunfo de Botnia o la guerra de los tontos

Botnia

La pelea entre los gobiernos uruguayo y argentino es patética. Se produce a medida de las necesidades de una multinacional, UPM (ex Botnia), cuyo único interés es obtener grandes beneficios sin preocuparse por el daño ambiental que provoca con su producción.

Los últimos cruces de declaraciones entre el presidente de Uruguay, Pepe Mujica, y el canciller argentino, Héctor Timerman, expresan el peor momento de la relación entre ambos países desde 2006, cuando los vecinos y ambientalistas de Gualeguaychú cortaron el puente binacional como rechazo a la instalación de la pastera de origen finlandés.

Horas antes del aluvión de chicanas y acusaciones, el presidente uruguayo había compartido un acto junto a su par argentina, Cristina Kirchner, donde hablaron de unidad, integración y amistad.

La ex Botnia nunca debió construirse en su actual emplazamiento. La debilidad del gobierno uruguayo ante los planteos de la empresa y la impericia de la cancillería argentina, permitieron que un emprendimiento de tal magnitud se instalara frente a un enclave turístico.

La historia reciente es conocida. Meses de corte en el puente y luego el fallo de la Corte Penal Internacional de La Haya a la que se volverá a recurrir ahora. Argentina argumenta que con la autorización para producir diez por ciento más, otorgado a la empresa por Mujica, se violó nuevamente el tratado del Río Uruguay.

La decisión oriental motivó al gobierno argentino a difundir parte de los informes ambientales que, hasta esta semana, estaban bajo diez candados: “Violaciones de UPM al medio ambiente del río Uruguay, altas temperaturas del efluente, alto contenido de fósforo, presencia de pesticidas en el efluente y en los pluviales, presencia de cromo, presencia de fenoles en el efluente”.

Denuncias que, según Timerman, fueron presentadas oportunamente en la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU). Mujica, que en charlas privadas dice cosas que no revela en público, minimizó las denuncias: “genera más fósforo el dique de mi chacra que la planta de UPM”, dijo y aseguró que “del lado de Gualeguaychú” hay más pesticida que del lado uruguayo. También relacionó la falta de acuerdo con el clima electoral que vive la Argentina. “Esto es inaceptable y ofensivo”, le respondió el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri.

Lo cierto es que el monitoreo conjunto era una orden decidida por la Corte de La Haya, después de no encontrar motivos suficientes para ordenar el desmantelamiento de la pastera pero reconociendo la violación uruguaya al Tratado del Río Uruguay al permitir su instalación sin avisarle al gobierno argentino. Nunca se pudo implementar un sistema de controles de manera eficaz.

La Corte internacional no se expresó sobre el impacto negativo al turismo entrerriano. Este es uno de los aspectos más absurdos de la decisión uruguaya. Con sólo haber construido la planta 30 o 40 kilómetros río abajo, el impacto al turismo no hubiese existido. La decisión de no cambiar el emplazamiento es asimilable a permitir la construcción de una pastera en Punta del Este.

Ante el hecho consumado, la contaminación ambiental de un emprendimiento de esta naturaleza es inevitable. El tema es cómo morigerar su impacto. Cómo mantenerlo en los valores menos nocivos para animales y personas.

Los antecedentes no ayudan. Argentina no tiene un historial para enorgullecerse en esta materia. La minería a cielo abierto, la utilización extensiva e intensiva de pesticidas, la deforestación, la contaminación de las grandes empresas sobre el río Paraná y en el Riachuelo, son ejemplos vergonzosos de la falta de control estatal.

Sólo la acción conjunta de los gobiernos podría imponer condiciones a una megaempresa como UPM.  En otros sitios del mundo existe experiencia de este tipo. En general para controlar emprendimientos hidroeléctricos ejecutados por multinacionales.

Compartimos el río, la historia y un destino. Aunque después de escuchar a Pepe Mujica y al canciller argentino, no lo parezca.

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El triunfo de Botnia o la guerra de los tontos