CFK, el FMI y el INDEC

El discurso de la Presidenta de la Nación, Cristina Fernández, en la ONU, sigue generando polémica.

En la editorial de la radio, que se puede reproducir aquí por gentileza de Vorterix.com, pregunto si es posible reivindicar como positivo que la presidenta haya rechazado las presiones del FMI y, a la vez, señalar que el manotazo al INDEC es una de las decisiones más desastrosas tomadas por el gobierno nacional.

Concluyo que hacerlo, más que posible, es imprescindible. Las estadísticas en Argentina no son creíbles y no sólo ocultan inflación, también ocultan pobres y, por consiguiente, impiden acertar con las políticas públicas que deberían contrarrestar la pobreza.

Posteo el comentario para que sigamos discutiendo.

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CFK, el FMI y el INDEC

Maneras de leer la calle

Las dos notas más interesantes de este fin de semana sobre la movilización, con cacerolas incorporadas, del jueves 13 de septiembre contra el gobierno de CFK , llevan las firmas de Mario Wainfeld en Página/12 “La gente en las calles” y Beatriz Sarlo en La Nación “La maldición argentina de ser hoy un representante de la clase media“.

El periodista señala, sin abandonar sus críticas a los manifestantes, “…todo gobierno inteligente y atento a su conservación debe atender a la calle”. La columnista de La Nación, después de defender la movilización de la clase media, apuntó: “Detestar al kirchnerismo no produce política”.

El ninguneo y el desprecio a la movilización del jueves pasado es un error político y un gesto gratuito de soberbia. Los repudiables insultos a la Presidenta y el odio expresado por algunos de los movilizados no deberían impedir el análisis racional del reclamo. En la calle hubo de todo. Sin embargo, en el oficialismo eligieron el camino más torpe.

Así, Abal Medina, Julio De Vido y Jorge Coscia compitieron para ver quién le pegaba más duro a la concentración.

Tomar nota de lo que pasó no implica hacer ninguna concesión. Del otro lado, la variante más tonta, pensar que el cacerolazo implica un fin de época o como dijo un encendido Mauricio Macri: “uno de los días más importantes de la historia argentina”.

Algo recurrente en este sector es confundir el deseo con la realidad. La oposición está lejos de capitalizar ése descontento tan variopinto.  La humildad ayuda a entender. Aunque en Argentina, la humildad es una especie en peligro de extinción.

Maneras de leer la calle

Dios y CFK

Hace cuatro o cinco años que el periodismo en Argentina tiró por la borda los parámetros de rigor y precisión que deben acompañar a una noticia a la basura. En medio de la pelea entre el gobierno y el grupo Clarín dejó de ser importante que un hecho sea cierto. Lo relevante para una trinchera o la otra es que ese hecho, mejor dicho, su versión noticiable, afecte al “enemigo”.

En estos días se puede comprobar esta hipótesis con un ejemplo. La presidenta, tal vez víctima del uso y abuso que hace de sus presentaciones públicas, utilizó una frase poco feliz: “Sólo hay que tenerle miedo a Dios… y un poquito a mí”. La frase sacada de contexto suena autoritaria y amenazante. Impropia de una mandataria de un país democrático. Es sabido que, como refiere el refranero popular, el poderoso es bien tenido cuando es más respetado que temido. Así la levantaron la mayoría de los medios críticos al gobierno, y destacados dirigentes opositores consultados al minuto, respondieron sobre la afirmación con enojo, preocupación y fastidio.

Sin embargo, la frase completa hacía referencia a los funcionarios del Poder Ejecutivo, no a los opositores. Incluso, la Presidenta aclaró que hacía referencia a los funcionarios que había nombrado y en relación a su eficacia en la gestión. Pero esta parte de la frase fue omitida deliberadamente en las crónicas.

No estaría mal que los funcionarios corruptos e ineficaces le tuvieran un poco de miedo a la Presidenta. Tampoco estaría mal que la Presidenta se desprendiera al momento de los funcionarios que roban, utilizan el Estado en beneficio propio o son unos inútiles. Eso le daría un sano sustento al temor que imaginamos. Pero más allá de esto, está claro que, como no me canso de señalar, en medio de esta guerra la primera víctima es la verdad.

Leer críticamente la información, saber desde dónde se emite, pensar en los por qué y los para qué de una noticia, se han vuelto tareas indispensables.

Dios y CFK