La confesión

Esta nota de Alejandra Dandan se publicó en Página/12 (http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-192989-2012-04-30.html). Me parece muy valiosa. Ellos empezaron a hablar. Tal vez se esté cerrando el círculo del horror. Tal vez, con la confesión y los juicios comienza a escribirse el último capítulo de esta historia. Justo en el día en que se cumplen 35 años de la primera ronda de las Madres de Plaza de Mayo, el testimonio de El gran dictador permite reflexionar en profundidad sobre lo que nos pasó.

“La desaparición era una figura cómoda”

El dictador Jorge Rafael Videla declaró el viernes pasado como testigo ante la Justicia y reconoció que el método de las desapariciones les resultó una figura “cómoda”, que “no provocaba el impacto de un fusilamiento público porque la sociedad no lo iba a tolerar”. Mientras le allanaban su casa con motivo de otra causa, Videla fue convocado por la jueza Martina Forns en el marco de un expediente en el que se busca saber dónde están los restos del ex jefe político del ERP, Mario Roberto Santucho. En ese juzgado, Videla declaró tres horas seguidas. Habló de las listas, dijo que cada uno de los jefes de áreas y de zonas tenían las suyas y explicó que nunca se publicaron porque no hubo acuerdo entre las Fuerzas. En uno de los párrafos más sabresalientes, se explayó sobre los “vuelos de la muerte”, una “cosa” que le atribuyó “específicamente a la marina”, pero en la que aceptó tener entendido que allí viajaban los que iban a ser “ejecutadas o sufrir una condena”, en una obvia referencia a los asesinatos. Videla fue convocado a pedido de la querella representada por Pablo Llonto. A 14 años de su primera declaración, en la que dijo no saber nada sobre Santucho, ahora aceptó haber decidido a hablar “tal como lo viene haciendo en sus (recientes) declaraciones”: reconoció haber ordenado el secreto con el que se decidió esconder el cuerpo de Santucho para evitar homenajes. Y el dato informativo más importante es que señaló al ex general Santiago Riveros como quien sabría dónde está su cuerpo.

“Era difícil pensar que tantas personas podían ser juzgadas y la Justicia estaba asustada por la persecución que habían sufrido los jueces de la Cámara Federal en ese momento”, indicó sobre los desaparecidos, según la copia de su testimonio brindado el viernes pasado en la sede del Juzgado Civil en lo Contencioso Administrativo Federal Número 2 de San Martín. La idea de los desaparecidos, dijo, “salió así, espontáneamente. La figura del desaparecido era la que se tenía que usar, era una figura ‘cómoda’, entre comillas, porque no impactaba en la sociedad”. En ese sentido, poco más tarde agregó: “Se puede discutir el procedimiento aplicado en ese momento a personas desaparecidas, que no era el impacto de un fusilamiento público porque la sociedad no lo iba a tolerar”. También dijo que todo esto ahora lo dice “debido a que las circunstancias cambiaron y que hace 14 años él no hubiera manifestado esto”.

Videla fue convocado al juzgado de San Martín en el marco de una causa civil, no penal, abierta en los años ’90 para investigar el destino de los cuerpos de Santucho y de Benito Urteaga. Llonto representa a Blanca Santucho, la hermana de Roby Santucho, que hoy tiene 82 años y está buscando saber dónde pusieron el cuerpo. Videla fue convocado como “testigo” y no imputado porque el expediente funciona en ese sentido como un juicio por la verdad: no busca responsables penales sino saber qué pasó con el cuerpo (ver aparte). Luego de la difusión del libro de Ceferino Reato con veinte horas de entrevista al ex dictador, en el que habla específicamente sobre el caso Santucho, la querella le pidió al juzgado que convocaran a Reato. Reato declaró cuatro días antes de Videla y eso abrió las chances de esta declaración. Quienes estuvieron presentes se quedaron completamente sorprendidos por lo que entendieron como una predisposición de Videla a declarar: habló sin parar durante tres horas y aunque, tal como viene sucediendo, en ningún momento hizo una autocrítica a lo que sigue definiendo como una guerra contra la subversión, expresó su voluntad de “querer colaborar” y señaló creer que “hay que abrir un poco más la información para blanquear la situación” y “así lo he demostrado con las declaraciones”.

Pese cierto tono reflexivo en algunos pasajes, cuando habló de cuestiones como los listados de los desaparecidos, reclamados desde hace años por los organismos de derechos humanos, asumía la descripción con una postura de tipo administrativo con la lógica que pueden imprimirles a los relatos los burócratas.

Las listas

El juzgado de todos modos preguntó por las listas de los desaparecidos: “Usted dijo en la entrevista (con Reato) que en un momento tuvo en su poder unas carpetas que le entregaron y además unas cartas sobre el tema de desaparecidos”. Dijo que el tema era la gran inquietud que tenían los familiares y que “sí conoció carpetas”. Y sobre qué se hizo con esas listas, explicó que no se difundieron por dos razones: por una cuestión de desorden en los datos y porque no hubo acuerdo entre las Fuerzas. En sus palabras: “Hubo un intento de ser publicadas, pero era una lista muy defectuosa porque los datos que daba el Ministerio del Interior eran globales. Estaban los desaparecidos producto de la acción militar y una persona que fallecía en la calle, como por ejemplo un borracho que se moría en la vía pública”. Las “listas se presentaron ante la Junta y se rechazaron y luego, como síntesis, no se publicaron porque hubo un desacuerdo entre las Fuerzas y además porque no era conveniente publicar las listas con errores porque generaba mayor desconcierto”. Y dijo: “Se sabía que las personas que estaban desaparecidas después de dos años era obvio que estaban muertas, pero no (se sabía) el destino de sus restos”.

Cuando el juzgado preguntó si las listas que contenían datos ciertos tenían el destino de los muertos, respondió claramente, pero pareció decir que no. “En las listas de desaparecidos nunca se hablaba del destino, eso es lo que nunca se ha dado a conocer. No es fácil cumplir con esa obligación moral por la forma tabicada en que se procedía y en algunos casos no hay rastros de eso y no puede publicarse a medias.” Dijo que “una lista que mereciera fe por equilibrada es hoy muy difícil (de reconstruir)”.

Pablo Llonto, que estuvo en la declaración, agrega algunos comentarios sobre ese mismo pasaje. Explica que Videla subrayó que en su momento no se difundieron las listas por dos razones: por desorden en los nombres, que podían tener datos de quienes no habían sido asesinados por el accionar militar, como él lo dijo. Y porque no hubo acuerdo entre la Armada, la Fuerza Aérea y el Ejército. Sobre el eje del “desorden”, hay alguna otra precisión que dio el dictador y hoy es importante: Videla dijo claramente que “no había un lugar que centralizara las listas porque cada responsable de cada cuerpo y de cada zona tenía autonomía para dirigir la lucha contra la subversión, entonces había que recopilar la información de cada uno de esos lugares”. Y eso no se habría hecho. Un dato que dejaría en claro que nunca hubo una lista única con todos los nombres.

“Sobre ese famoso sueño de que haya una lista donde estén todos los nombres, creo que nos va quedando claro hace tiempo que no existió nunca –-dice Llonto–. Cada aparato de represión, como Bahía Blanca, Tucumán, Córdoba y demás, por todo lo que va apareciendo, parece indicar que cada uno concentró su propia información, que no hubo nunca una única lista.”

Los vuelos

Videla llegó al juzgado, esposado, desde la guarnición militar de Campo de Mayo. Estaba vestido de traje y corbata. Llegó con una carpeta azul en la mano, que no abrió. Varias veces repitió ese gesto que se observa todavía en las imágenes que lo muestran describiendo la figura de los desaparecidos: las manos moviéndose en el aire. Cuando lo hacía, les decía a los que estaban presentes que no lo malinterpretaran: dice que en esa imagen él no niega al desaparecido.

En un momento, sobre ese tema intenta discutir los números que le dio a Reato. Y la definición que él dio sobre los 7 u 8 mil desaparecidos de los que habló. “El saldo de la guerra no estaba calculado y los 7 u 8 mil desaparecidos no era la gente que había que matar, como menciona el periodista, sino que fue una consecuencia de la guerra”, dice la declaración, como si fueran dos cosas distintas.

El juzgado le preguntó también por los vuelos de la muerte. Si había escuchado hablar de ellos. Aquí es donde mostró una de sus descripciones más crudas: lo que para él son “condenados” son los militantes asesinados. “Personalmente no los ordenó (a los vuelos) –dijo–. Ni los dirigió y le llegaron (los datos) porque se los habían contado. Era una cosa más de la Armada. Supone que en los vuelos iban la tripulación y las personas que iban a ser ejecutadas o a cumplir una condena, no pudiendo asegurar –dijo– si el Ejército en algún momento utilizó sus elementos aéreos para este tipo de procedimientos.”

También explicó que intentó escribir un libro con su biografía. Entre los asuntos sobre los que trabajó mencionó el caso Beagle, un dato que permite entender ahora que parte de los objetos encontrados en el allanamiento a su casa podrían tener que ver con eso. También dijo que había recibido dos tipos de respuestas entre sus camaradas de armas sobre las declaraciones que está dando. Unos que lo criticaron por haber hablado, otros que no. Una de las expectativas más importantes que generan las declaraciones de Videla entre los querellantes son los efectos que podría tener su decisión entre los oficiales de rango inferior para que se abra de esa manera un camino para que hablen.

La confesión

Historia e historieta

La escena es posible y revela una de las grandes paradojas argentinas: Carlos Menem desde su banca de senador por La Rioja, vota a favor del proyecto de estatización de la mayoría accionaria de YPF, la empresa que él mismo decidió privatizar a comienzos de los noventa cuando era presidente de la Nación. También podría votar en contra o ausentarse de la sesión, es cierto. Pero el sentido de su voto no es sustancial, lo relevante es su condición. Menem es senador gracias al apoyo de la mayoría de los riojanos cuando, en realidad, debería estar preso. La imagen figurada es una postal dolorosa. Argentina hizo lo que casi ningún otro país de la región siquiera sometió a discusión: vendió su empresa petrolera a una firma diez veces más pequeña y renunció a controlar su matriz energética. Menem no tuvo sanción penal por propiciar éste y otros estropicios. Tampoco cosechó sanción social. La histórica decisión de recuperar para el Estado el control de la empresa petrolera merece, por lo trascendente, una lectura crítica.

Menem lo hizo, y para poder hacerlo, contó con el apoyo de todo el Partido Justicialista con la honrosa excepción del llamado “Grupo de los 8” (es justicia mencionarlos: Germán Abdala, Darío Alessandro, Juan Pablo Cafiero, Luis Brunati, Franco Caviglia, José Carlos Conde Ramos, Moisés Fontela y Chacho Álvarez). Además se opusieron Saul Ubladini, la CTA de Víctor De Genaro y el MTA de Hugo Moyano mientras el resto del sindicalismo aplaudía. El apoyo de los gobernadores de las provincias petroleras fue clave: les enseñaron la zanahoria de las regalías y, acosados por tremendas crisis financieras, exigieron a sus legisladores que aprobaran la venta de la empresa. La Santa Cruz de Néstor Kirchner no fue la excepción. Al histórico discurso de la presidenta, cuando anunció la recuperación de YPF por la vía de la expropiación, le faltó una autocrítica más precisa.

El riguroso informe sobre los incumplimientos de Repsol en materia de inversión y exploración; el detalle de la voracidad de sus accionistas y la falta de estrategias productivas de la gestión privada de la empresa, bien pudo estar acompañado por algún párrafo crítico sobre los errores cometidos en el diseño de la política petrolera de los últimos años. En especial, el fallido intento de “argentinización” que terminó en un negocio “atado” para un grupo empresario amigo. Memoria, verdad y justicia es una consigna que no sólo debe remitirse a los años oprobiosos de la última dictadura. También en materia económica es necesario establecer un “Nunca más”.

Los de Afuera

Desde España se generó un tsunami de amenazas, declaraciones altisonantes, insultos y bravuconadas. La medida fue considerada injusta, ilegal, maliciosa, arbitraria y discriminatoria. Desde los medios de comunicación de la Madre Patria, se sostiene la idea de que “tocar” a Repsol es “atacar” a España. En esa idea coinciden el gobierno del Partido Popular y el PSOE, ahora en la oposición. Sin embargo, no todos piensan igual. El diputado Alberto Garzón Espinosa, de Izquierda Unida, lo explicó con claridad: “Repsol no es España, Repsol es en un 42 por ciento propiedad de inversores extranjeros y otro diez por ciento es de Pemex (la petrolera mexicana), también de bancos y constructoras. No es España, es una multinacional”. Y agregó: “la decisión del gobierno argentino es legítima y no afecta a la economía española”. El legislador de la izquierda parlamentaria española se permitió apuntar: “espero que la empresa ahora sirva al pueblo y a los trabajadores y no se convierta en un negocio para otros capitales”.

Más allá de los previsibles planteos en los tribunales internacionales, la discusión ahora es de plata. En un principio, el presidente de Repsol, Antonio Bruffau aseguró que iban a reclamar diez mil millones de dólares. Luego aumentó la cifra a 18 mil millones. En su paso por el Senado, el ministro de Planificación Julio De Vido y el viceministro Axel Kicillof  rechazaron el planteo: “Vamos a pagar lo que vale, no lo que ellos quieran”, señalaron. Luego incorporaron el concepto de “daños ambientales” para deducir del precio final que se tendrá que pagar por la operación. Vale un ejemplo: sólo en Santa Cruz hay una denuncia contra la empresa por afectar el medio ambiente que ronda los 500 millones de dólares.

En las últimas horas se sucedieron los apoyos de Bolivia, Venezuela, Brasil y Uruguay. El más claro fue Pepe Mujica: “No nos gusta el prepo de la Europa rica”, dijo y defendió la decisión del gobierno argentino “porque hace a su soberanía”. Las críticas llegaron de la Unión Europea y en Sudamérica protestaron Chile y México, cuya petrolera tiene el diez por ciento de Repsol.

Los de Adentro

Como ocurrió con otras dos decisiones políticas trascendentes del gobierno: la estatización de los fondos de jubilación y la ley de Servicios Audiovisuales, una parte importante de la oposición adelantó su apoyo a la medida. Desde Pino Solanas hasta Hermes Binner; desde Víctor De Genaro hasta la mayoría de los dirigentes de la UCR, se expresaron a favor de recuperar la empresa petrolera. Cada uno con sus matices y sus críticas. En especial por la forma, la errática política de los últimos años y el respeto a las acciones del grupo Eskenazi.  El acompañamiento opositor contribuye a darle contención política a la medida y es una clara señal hacia el exterior.  Si la generosidad no fuera un bien tan escaso en la Argentina, el kirchnerismo haría muy bien en destacarlo.  Lograr el autoabastecimiento petrolero y la eficacia en la gestión de la empresa, es una tarea que trasciende a un gobierno.

Con los partidos de derecha no hubo sorpresas, se opusieron de manera tajante a la intervención del estado. En conferencia de prensa, Mauricio Macri, señaló: “es una decisión que va en contra los intereses del país”. Hasta allí, todo bien. Nadie esperaba algo distinto. Pero luego el Jefe de Gobierno contó que se desveló por la medida y expresó la preocupación que lo asaltó, en plena madrugada, ante la cuna de su hijita. Igual de asustado, Francisco De Narváez, aprovechó para advertir sobre los riesgos de “entregarle YPF a La Cámpora como hicieron con Aerolíneas”. Elisa Carrió y los restos de la Coalición Cívica, se limitaron a impugnaron la medida. El gran Carlos, no dijo nada todavía.

Nota publicada en Diario Z edición 19.1.2

Historia e historieta

YPF y el tiempo perdido

Escribí esta nota la semana pasada cuando se perfeccionó la idea de que el Estado avanzaría sobre el control de YPF.  Las reflexiones valen. En especial ahora que ante el planteo del gobierno se levantan voces críticas desde el progresismo y, desde luego, desde la derecha. La pregunta que trato de responder es si es válido que muchos de los dirigentes que posibilitaron la privatización de la empresa sean ahora los que plantean su “recuperación”.

La palabra Perón es como la palabra Dios, en su nombre se hacen las mejores y las peores cosas. Espero que el lector acepte que tal afirmación está exenta de contaminación gorila. Es una frase descriptiva. La historia de YPF es un ejemplo. Ahora que en los máximos niveles del gobierno nacional se estudian variantes para incrementar la presencia del Estado en la petrolera, vale la pena recordar. La memoria sirve, entre otras cuestiones, para evitar la reiteración de errores.

En 1992 el entonces presidente de la Nación, Carlos Menem, enterrando la doctrina peronista, impulsó la venta de las acciones de la petrolera estatal. La venta de “la joya de la abuela” del patrimonio nacional fue bautizada como “Ley de Federalización de los hidrocarburos y de privatización de Yacimientos Petrolíferos Fiscales”. Y allí estaba la trampa. El riojano les prometió a los gobernadores de las provincias petroleras que se cobrarían las regalías que se les debían, si instruían a sus legisladores para que votaran la ley que dejaba al país sin el control de la matriz energética.  Los estados provinciales vivían momentos difíciles, con sus tesoros vacíos y crisis financiera. Entre los gobernadores que apoyaron la enajenación de las últimas acciones que estaban en manos del Estado, estaba Néstor Kirchner.  En números, para Santa Cruz, la movida implicaba 500 millones de dólares.

Aun bajo administraciones de orientación liberal, ni Brasil ni México ni Venezuela cometieron ese pecado. Todos los grandes países latinoamericanos mantienen, con mayoría estatal, sus grandes empresas petroleras. Años después Menem completó la desnacionalización cuando entregó la llamada acción de oro y, de esa forma, la capacidad de veto del gobierno. La pequeña Repsol se quedó con el control total de la enorme YPF.

En el 2003, cuando el kirchnerismo llegó el poder lo hizo como contracara del menemismo. Durante algunos meses se especuló con la posibilidad de que el gobierno anunciara la reestatización de la empresa. Sin embargo, esa medida nunca se anunció. El Estado le quitó la concesión a las firmas que administraban el servicio de Aguas, el Correo, el espacio radioeléctrico, las AFJP y Aerolíneas.  Con YPF-Repsol, en cambio, propició la “argentinización”. Le abrió la puerta de la empresa a un grupo nacional con una insólita garantía: podía pagar la compra con las utilidades obtenidas por la firma. La familia Eskenazi se quedó con el 25,5 por ciento de las acciones.

El gobierno, y en esta prédica se suman los gobernadores de los distritos petroleros, asegura que la petrolera maximizó sus ganancias, distribuyó utilidades y no invirtió lo esperado en exploración e investigación de nuevos recursos. En España, rechazan este argumento. Lo cierto es que desde hace un mes los mandatarios provinciales empezaron a dar de baja distintas concesiones de explotación. Esta política, más los rumores de intervención estatal, hizo que el valor de las acciones de la empresa se desmoronara un cuarenta por ciento.

Según a quién se consulte las estrategias van desde la compra directa de acciones por parte del Estado (utilizaría fondos del Ansses o de las reservas del Banco Central), el ingreso de otro grupo nacional en reemplazo de los Eskenazi y la creación de empresas provinciales de petróleo hasta la estatización a través de una ley del Congreso Nacional que le reasigne valor estratégico a la empresa. En este último caso, muchos de los dirigentes que propiciaron la venta de YPF serían los encargados de revertir la situación que se generó en los 90.

La gran pregunta es si una cosa invalida la otra. El kirchnerismo recién hizo un credo de la defensa de los Derechos Humanos cuando llegó al poder. Desde allí impulsó el fin de la impunidad, los juicios a los represores y la recuperación de la memoria con verdad y justicia. Algo similar ocurrió con la norma que tiende a democratizar el mapa mediático de la Argentina. Antes de enviar la nueva Ley de Servicios Audiovisuales al Congreso, el gobierno de Néstor Kirchner prorrogó las licencias de los medios electrónicos por diez años y aprobó la fusión de Cablevisión y Multicanal permitiendo la concentración del mercado de le tele por cable.

¿Una cosa invalida la otra?  Para los sectores progresistas la respuesta debería ser una sola: no. De hecho cada una de esas decisiones contó con el acompañamiento de las fuerzas de centroizquierda en el parlamento. Los avances en esas áreas fueron indudables. Ahora bien, no sería mala idea que aquellos que acompañaron el despojo o lo avalaron con su silencio, tuvieran la valentía de explicar por qué pasó lo que nos pasó a los argentinos. En especial, cuando bajo la misma bandera partidaria se disponen a intentar remediarlo.

Más allá de cómo se resuelva la cuestión, algo es seguro: se levantará un aluvión de críticas. Los mismos que callaron cuando se remataban las empresas del Estado, se apurarán a advertir sobre la inseguridad jurídica. Como ante la reivindicación de los derechos soberanos sobre Malvinas, no faltará el grupo de intelectuales y periodistas que saldrá a defender el derecho a la autodeterminación, en este caso, de los accionistas.

Nota publicada en Diario Z en su edición del 6.4.2012

YPF y el tiempo perdido

Dos ladrones (un soneto pascual)

Este soneto fue grabado por Edmundo Rivero, tiene una historia muy singular, además de su belleza rea, fue censurado por la dictadura militar, que obligó al cantor a grabarlo pero sin los términos en lunfardo. Es una linda mirada desde la perspectiva de los dos chorros que estaban, según cuentan, junto a Jesús en el momento final. Suelo decir que mi fe es flaquita y mi deseo poderoso. Que deseo que Dios exista aunque dudo y, por esa razón, me declaro dudante en lugar de creyente. Pero no me enorgullezco de eso, en realidad lo lamento. Para los que creen y para los que no, va este soneto, con el que hoy cerré el programa de radio. Felices Pascuas o Pesaj. (Una curiosidad: no existen muchas imágenes de la crucifixión que incluyan a los dos ladrones)

Dos ladrones

Hay tres cruces y tres crucificados

en la más alta, al diome, el Nazareno.

En la del wing lloraba el chorro bueno

mangándole el perdón de sus pecados.

 

Escracho torvo; dientes apretados,

marcaba el otro lunfa el duro freno

del odío, y destilaba su veneno

con el rechifle de los rejugados.

 

¿No sos hijo de Dios? Dale. Salvate.

Sos el Rey de los Moishes, arranyate.

¿Por qué no te bajás? ¡Dale, che, guiso!

Jesús ni se mosquió. ¡Minga de bola!

Y le dijo al buen chorro: Estate piola

que hoy zarparás conmigo al Paraíso.

 

Lope de Boedo

Dos ladrones (un soneto pascual)