El regreso de Iron Lady

Margareth Thatcher está de moda. La película Iron Lady, protagonizada por Meryl Streep, y las declaraciones de David Cameron sobre el supuesto colobialismo argentino en torno a Malvinas, le permitieron resurgir del pasado. El escritor y periodista español Manuel Vicent escribió este magnífico perfil en el diario El País (21.01.2012) de Madrid.

LA DAMA QUE SOLTÓ LOS PERROS DE LA CODICIA
Arrastrando las zapatillas por los pasillos de su apartamento de Belgravia donde vive la soledad de sus 87 años, perdida en el bosque lácteo de su desmemoria, tal vez Margaret Thatcher llega hasta una de las ventanas, aparta los visillos y mira la calle llena de hormigas y piojos humanos que se mueven con angustia hacia la estación del suburbano o la parada del autobús. Luego abre un armario, descuelga una chaqueta de su marido, Dennis Thatcher, un hombre de negocios del sector del petróleo, que murió hace 10 años, aunque ella cree que aún está vivo, y pasa toda la mañana limpiándole una mancha en la solapa.

El pasado no existe. La señora Thatcher ignora que nació en Grantham, una pequeña ciudad del noreste de Inglaterra donde de joven despachaba detrás del mostrador de la tienda de ultramarinos de su padre, el señor Alfred Roberts, un menestral de clase media y edil del Ayuntamiento, imbuido por el rigor metodista que aplicó a la política municipal, a la contabilidad de su negocio y a la educación severa de su hija. Margaret Hilda Roberts aprendió en la tienda familiar desde niña que el género humano es solo una clientela y que se divide en dos: unos clientes son serios, honrados y laboriosos, lo que les permite pagar la compra al contado; en cambio, a otros su padre tenía que fiarles porque se pasaban el día en la taberna y esperaban que el Estado les resolviera los problemas con subsidios y esas cosas, hasta que hubo que retirarles el crédito para cortar por lo sano.

Esta joven tendera tenía una voluntad férrea y la inteligencia muy despierta, lo que le permitió conseguir una beca para estudiar en un colegio de Oxford, pero llevaba ya incorporadas en el cerebro las lecciones prácticas que se aprenden de la vida y no en la universidad: que dos y dos son cuatro y nunca son cinco. En 1946, recién terminada la guerra mundial, era una hazaña que una chica como Margaret fuera admitida en el círculo de los estudiantes elitistas y que, encima, decidida a meterse en política, eligiera hacerlo en el Partido Conservador. Un clan lleno de machistas, gentes de casta, viejos lores, aristócratas cacatúas y herederos mantecosos, cuyas mujeres permanecían en casa dando órdenes a los criados después de montar a caballo por la pradera.

Todo el secreto de la Dama de Hierro fue que defendió en economía las cuentas de la vieja con suma entereza y obstinación. Por lo demás, la política consistía en mantener siempre muy alta una moral de combate. Esta actitud de no permitirse nunca una duda fue un disolvente entre los blandos varones de Partido Conservador. Margaret Thatcher comenzó a escalar puestos; primero obtuvo un escaño en el Parlamento, y antes de acceder al puesto de ministra de Educación, ensayó sus armas como secretaria de la Seguridad Social, donde practicó las mismas artes que la zorra realiza en un corral de gallinas; luego fue líder del Partido Conservador, y en 1979, mientras el IRA hacía saltar por los aires a lord Mountbatten desde su yate, Margaret Thatcher ganó las elecciones generales y se convirtió en la primera ministra, un suceso insólito en la historia de Europa. A renglón seguido, comenzó a aplicar la receta de una tendera de clase media. El mercado lo es todo. El mercado se corrige a sí mismo, se purifica expulsando de su seno a los débiles y a los holgazanes. El Estado no está para ayudar a los ciudadanos. Cada uno es responsable de sí mismo.

Mientras Margaret Thatcher planchaba a los sindicatos, privatizaba a las empresas públicas, se enfrentaba a las huelgas y entronizaba el neoliberalismo más salvaje, desde Dawning Street se dirigía a la Cámara de los Comunes con el bolso de cocodrilo charolado como el mismo espíritu con que iba a la tienda de ultramarinos de su padre. Fue el gran festín del librecambio con los perros de la codicia humana ladrando en el corazón del dinero. Pero aquella fiesta se convirtió en el baile maldito de esta durísima crisis económica.

De pronto, ahora, en medio de su locura senil, la misma que sufrió Ronald Reagan, su compadre neoliberal, Margaret Thatcher se pone el abrigo en su apartamento de Belgravia, se cubre la cabeza con un pañuelo y decide bajar a la calle a comprar una botella de leche en una tienda de comestibles de la esquina. Ninguna de las hormigas y piojos humanos con los que se cruza en la acera, hoy sometidos al paro más despiadado, reconoce a esa anciana encorvada, que en realidad es la principal responsable de su miseria.

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El regreso de Iron Lady

4 comentarios en “El regreso de Iron Lady

  1. Eduardo dijo:

    Nada indica que deba cambiar el cristal a través del cual deshilvano el mundo, por el contrario, él se me presenta sonriente frente al resultado de mis quehaceres políticos. Sus suplicios y las interpretaciones del establishmen de consultores, periodistas, filósofos, políticos, sociólogos y cuanta especie “exculpa sistema” halle cabida en la vista y oídos de los sufrientes habitantes del orbe, pese a todos esos artilugios de la prestidigitación, ninguno de los victimarios sobre los que los liberales han echado desde hace siglos las razones del incumplimiento capitalista, son los responsables de las catástrofes del sistema.
    Ni Reagan, ni Thatcher, ni Bush, ni Berlusconi, ni cuantos exponentes de la ortodoxia más acérrima se nos ocurran, son los culpables, solo son los hombres y mujeres que el ciclo económico mundial y local necesitaba. Ni Hitler fue el causante del nazismo, ni Mussolini de fascismo, fueron ellos la respuesta o reacción a la etapa de auge revolucionario producto de la expansión de la era imperialista del capitalismo y de la disputa inter-imperialista dentro mismo del sistema mundial.
    El capitalismo es guerrerista, creador y a la vez destructor de fuerzas productivas, anárquico y expoliador. De este árido panorama no se sale inculpando a cuatro infelices, por más imagen grandiosa que le hayan construido.
    El mismísimo John Maynard Keynes cuando en 1925 lo preguntaron ¿Por qué no se afilió al Partido Laborista? (caracterizado como partido de la clase obrera) respondió: “En primer lugar, es un partido de clase, y de una clase que no es la mía. Si yo he de defender intereses parciales, defenderé los míos. Cuando llegue la lucha de clases como tal, mi patriotismo local y mi patriotismo personal estarán con mis afines. Yo puedo estar influido por lo que estimo que es justicia y buen sentido, pero la lucha de clases me encontrará del lado de la burguesía educada”. Pero este buen señor aburguesado y el mundo, aplicaron sus recetas contra cíclicas recién en 1935, diez años después, cuando el capitalismo entró en dicha fase, no antes, y con Milton Fridmann sucedió lo que con Keynes, la necesidad burguesa fue al escaparate de sus recursos ideológicos políticos, lo tomó de sus galardones creados para tal fin y lo transformo en el tipo necesario, útil, imprescindible para salvar al mundo. La potencia comunista hizo lo suyo después de la 2da guerra, obligando al capitalismo al estado de bienestar aún sin ciclo a favor (década del 70),
    Hoy en día la crisis es de sobre-producción y de alto consumo pero con rasgos inversores de la especulación financiera, es la fase y no hay lola. Obama es un keynesiano perverso que salva sectores claves de la economía pero los deja sin control estatal, los capitales están voraces y su gobierno no aguantaría un nuevo New Deal, o lo matan o lo voltean, así lo indican las guerras de expoliación a las que solo los ilusos creyeron que iba a renunciar.
    La historiografía liberal y el periodismo de coyuntura, se han encargado de empavonar con hierro a estos figurines de plastilina, mascarones de proa de una burocracia que timonea este buque desde hace al menos cuatrocientos años y que no iba a resignar su poder y su representación por un imbécil como Reagan. Ninguno de ellos resiste el cruce a la etapa siguiente, por lo tanto, ninguno maneja el timón del mundo, solo se les oye gritar de vez en cuando: ¡pelícano a babor!

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  2. Piccola dijo:

    REY: ¡qué bello el mercado de flores!. Me encantan además, los músicos callejeros. La gente que anda por ahí, ¿no siente frío en las manos, o no le gustan los guantes?
    M. Gracias por compartir con nosotros, como el buen periodista que sos, todos los espacios interesantes. Un pedido femenino: si lo ves a Jude Law, dale saludos de mi parte.

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  3. Lagrimas_Negras dijo:

    7kc actualizate q los tiempos cambian, ahora tenemos al “Iron Man Kirchnerista” !!

    Gioja comparó a los ambientalistas con los nazis
    “Hay algunas coincidencias” entre Adolf Hitler y los ecologistas que protestan contra la mineria en Famatina, afirmó el gobernador de San Juan.

    Que digna y linda gente son los k ! producen admiración ! bueeeee está comprobado q no le hacen asco a nada ! S.O.S. Devuelvanme mi Nación con algo de nivel, tanta berretada apabulla.

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