A bailar

Mis mejores augurios para el 2012. A mi me gusta desear deseos porque creo que los deseos son el verdadero motor de la vida. Les dejo un bello video que hizo León Gieco (el tema está en su último CD El Desembarco). También va una crónica del libro No hay tiempo que perder  que tiene mucho que ver con los bailes. Yo soy medio patadura pero en ese sitio de Río de Janeiro comprendí que “el cuerpo necesita la danza, como el alma la esperanza”.

Bienvenido a la ciudad de los sueños perdidos, a las calles donde todo puede suceder. Fica leve y dejate llevar por el ritmo. Niños de doce que manejan calibres 38. La coca volando por los morros. Mujeres increíbles huyendo hacia el olvido. Curaciones bajo el mágico influjo del candomblé. Ofrendas en la playa, aguardiente y comida para el santo. Asesinatos por un par de zapatillas o un reloj. Amor a destajo en cualquier sitio. El Elite Club es un refugio en el desierto, una tregua inventada para los solos del mundo.

Hace medio siglo un conocido periodista carioca ingresó al Elite, subió la escalera que da a la Rua Frei Caneca en el centro de Río de Janeiro, tambaleándose. Había bebido media docena de cervezas y varias caipirinhas en un bar de Santa Teresa. Sus poros hedían cachaça. La orquesta navegaba sobre un bolero cadencioso. Uno de los camareros lo tomó del brazo, el periodista quiso resistirse pero sus piernas ya no le respondían. Lo echaron del Club a la vista de todos. Despertó al mediodía siguiente acompañado por la resaca y la humillación. Una vez en el diario percutió en el teclado un furibundo artículo contra el Elite, “un club donde se repiten innumerables gaffes (del francés gaffe, error, torpeza, metida de pata)”. El dueño del Elite dobló el periódico y dirigió una amplia sonrisa a su personal que esperaba una reacción violenta. “Gaffe es una linda palabra”, dijo, y el mito de las gafieiras comenzó a disputarse las noches tropicales del Brasil.

Desde aquel incidente fueron denominados gafieiras los clubes nocturnos donde la danza es el atajo perfecto para el amor y lo único indispensable son las palabras que se dicen al oído. A sesenta y tres años de su inauguración, todavía no puedo determinar qué rara fuerza me empujó a la intersección de Frei Caneca y la Rua da República donde se levanta el Elite Club. No sé por qué esa noche no fui al Canecao a escuchar a Caetano Veloso. La razón por la que no fui al Circo Voador para mover las piernas al son del reggae resulta un misterio aún mayor.

Enfundada en un estrecho vestido rojo, una morena robusta de sexo indescifrable distribuye las entradas con avaricia, franquea la entrada del Elite por cincuenta mil cruzeiros como si entregara a un pecador las llaves del Paraíso. Sobre su cabeza, un cartel de papel pintado afirma: “El cuerpo precisa la danza, como el alma la esperanza”. Evito soltar mi portugués de pésimo acento y le alcanzo un billete. La gorda me susurra “Tenés suerte, hoy es baile de paqueras”. Más tarde me enteraré de que se trata del baile del enamoramiento, para formar nuevas parejas. Es jueves ―quinta feira― día ideal para morir en París con aguacero. Pero aquí, en el Elite, la muerte es una dama sentada a la espera de su samba preferido.

Entro a la semipenumbra del Club, las únicas luces son rojas. La vida es roja en Río. Un mozo de chaleco me acompaña, me siento en la segunda fila de mesas que rodean la pista. Me atiende el poeta Sergio Alves, devenido empleado gastronómico por obra y gracia de su compadre, Joao Batista, otro poeta que administra y hace las veces de presentador en el Elite. Bebo la primera caipirinha de la noche y descubro el extraño centro de mesa frente a mi nariz: un pequeño mástil con dos banderas: una verde y otra roja. Sergio Alves me devela el misterio: cuando el ocupante de la mesa busca pareja, retira del tosco mástil el banderín rojo y deja izado el verde. Mi sonrisa se interrumpe cuando el poeta-mozo se aprovecha de mi sorpresa y se lleva el banderín colorado. Confío en la oscuridad y me digo que la gafieira podría bancarse una buena historia.

La segunda caipirinha no había arribado a mi mesa ―la número 43― cuando sorprendo a un tipo alto, de unos cuarenta años, moviendo la cabeza como invitándome a bailar. Meneo la mía, incómodo, en sentido contrario. Por las dudas refuerzo la negativa con un rápido movimiento del índice. El tipo desaparece. La banda ataca ahora con una bossa nova. Me siento en el Río de los años cincuenta. Trompetas, guitarra, bajo y percusión. Con menos narcos y más prostitutas y malandros.

Bebo más. El golpe en el hombro me devuelve los ojos a la pista. Una mujer morena me extiende la mano. “El que duda no ama”, recuerdo que dijo García Márquez. Me aferro de sus dedos y camino con ella hacia el centro del salón. Se cuelga de mis hombros con delicadeza y al instante descubre la torpeza de mi cuerpo. Un samba de Vinicius es desflecado a conciencia por la banda. Trato de no pisarla. “No bailo bien”, me disculpo, al tiempo que percibo su aliento dulce. “Fica leve”, dice, y comienza a guiarme.

Como en un carrusel veo las caras a mi alrededor, danzarines singulares que no muestran piedad por mis pasos en falso. “Fica leve”, ordena ahora mi compañera y, deliberadamente, apoya en mi pubis su entrepierna. Me dejo llevar, la aprieto contra mi cuerpo y giramos. Todo se mueve, el cielo raso con arañas de cristal, el piso de madera, las mesas con sus estúpidas banderas. Siento deseos de parar, siento deseos de tomarla del cabello, siento deseos de besarla. “Fica leve”, repite con firmeza.

La vida por Tom Jobim. “Eu sei que vou te amar”. Ahora ya no quiero detenerme, su olor lo invade todo. Se sobrepone al humo y al sudor, a los cometas y las mariposas. Tal vez bebí de más. Con el último acorde, la mujer desaparece y yo vuelvo derrotado a la mesa 43. La busco en la penumbra roja del salón hasta que mi miopía anuncia la derrota de los ojos. Joao Batista agradece desde el escenario y anuncia los próximos bailes de la semana. Mixtura chistes sobre el hambre y el sexo de los brasileños, es su capacidad de síntesis. Apoyo los labios en la cuarta “caipira”. Esta vez la banda suma a una vocalista que suelta la voz como Gal Costa. Todo en la dulzura del alcohol.

Vuelvo a verla. Está en mitad de la gafieira. Me abro paso entre las mesas y llego hasta su cuerpo. “Vou a ficar leve”, le prometo, y empezamos a movernos suavemente.

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A bailar

Alegría en la pelea

En la última cumbre de líderes sudamericanos, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, anunció que en enero de 2012 se realizará una cumbre de mandatarios y ex mandatarios que, como él, enfrentaron y vencieron al cáncer. “Esa cumbre se va a hacer comenzado el 2012, después de que Lula termine la quimioterapia”, dijo Chávez en un contacto telefónico con la televisora estatal de su país. Hasta sus más acérrimos enemigos le reconocen a Chávez el sentido del humor que exhibe cada vez que puede. El venezolano se sometió a un proceso de quimioterapia por un cáncer en la zona pélvica y no deja de hablar de un tema, hasta hace poco, considerado tabú. La propuesta de cumbre fue dicha, en tono de broma, a pocos días de que se le detectara al ex presidente de Brasil, Luiz Lula da Silva un cáncer de laringe. La afirmación en sí, es una señal de esperanza. Por un lado implica que se puede y se debe enfrentar a la enfermedad sin perder la alegría y, por el otro, que se puede ejercer funciones de gobierno en medio de esa pelea. Los presidentes de Brasil y Paraguay, Dilma Ruseff y Fernando Lugo, son claros ejemplos de ello.  Chávez anunció: “No habrá cáncer ni fuerza que nos detenga”. La presidenta argentina también se permitió bromear: voy a disputarles la presidencia pro-témpore a todos”. Antes agradeció el apoyo de sus colegas de la región, desde el venezolano a Sebastián Piñera. También dijo: “quiero perdirles que ayuda, no para mí, para el país”. Fue una señal.

Cristina Fernández de Kirchner será intervenida el próximo 4 de enero por un equipo dirigido por el doctor Pedro Saco a raíz de un carcinoma papilar en la tiroides. Según la información brindada por el gobierno, no existe metástasis y “no hay compromiso de los ganglios”. La mayoría de los especialistas coincidieron en que se trata de una de las variantes menos malignas de la enfermedad y con altas posibilidades de recuperación a partir de la cirugía sin necesidad de quimioterapia. Es buen romance: lo menos malo dentro de lo malo. La información amplia y precisa sobre la enfermedad, la confirmación de una intervención programada y la presencia de la presidenta en distintos actos el día posterior al anuncio, contribuyeron a llevar tranquilidad ante la conmoción inicial que generó la noticia.

Cristina Kirchner se tomará veinte días de licencia por enfermedad, lapso en el cual ejercerá la presidencia Amado Boudou. Esto también es alentador. Si esta desgraciada circunstancia hubiese ocurrido hace algunos meses, la incertidumbre hubiese sido grande. Julio Cobos fue durante varios años vicepresidente y opositor al mismo tiempo. “La biología nos enseña derecho constitucional”, dijo con ironía. Boudou, en cambio, goza de la total confianza de la presidenta. Ella misma lo eligió para que la acompañe en la fórmula presidencial y es el arquitecto de la última fase de lo que la mandataria califica como “el modelo”. Con todo lo chicaneó: “guarda con lo que hacés”.

Al anunciarle a sus ministros que debían suspender sus vacaciones, se permitió criticar a Mauricio Macri sin citarlo: “Yo descanso en mi casa y no en Italia, como algunos suertudos”. Le pidió también que asuma la administración de los subterráneos.

Las primeras reacciones de la oposición política fueron inmediatas. No se escatimaron mensajes de apoyo y solidaridad. Lo mismo ocurrió con miles de ciudadanos que eligieron las redes sociales y los medios de comunicación para expresarse. La presidenta conserva una alta consideración popular (un 65 por ciento de imagen positiva) y desde esa plataforma se dispone a enfrentar algunos desafíos trascendentes para su gobierno en el 2012. La relación con la CGT y las corporaciones empresarias, la lucha contra la inflación y las consecuencias de la crisis internacional, están entre los más destacados.

Desde el frente gremial provienen retos explícitos. Cuando todo indicaba que la confrontación quedaría congelada hasta después del verano. Se tradujeron en hechos las advertencias lanzadas en el club Huracán en el acto de camioneros. El gremio de empleados de la AFIP, alineado con el titular de la CGT, lanzó un paro de cuatro días por el cambio de horario de atención al público. Más allá de la decisión inconsulta del titular del organismo con los horarios, la dimensión de la medida expresa otras cuestiones. “¿Si hubiese despidos qué harían? ¿Tomar rehenes?”, se preguntó un funcionario nacional. Finalmente se dictó la conciliación obligatoria. Por su parte, Pablo Moyano, secretario adjunto del gremio de Camioneros, lanzó una movilización a la Cámara Empresaria del sector en reclamo de un bono extra de 2500 pesos que, según dicen los referentes del transporte, sólo las grandes empresas podrían dar. La idea es ganar la calle. Una demostración de fuerza con viarios destinatarios.

El senador Aníbal Fernández habló de puja de poder detrás de los últimos reclamos sindicales. El secretario general de los Judiciales, Julio Piumato, lo tildó de “gorila”. Una antigualla que revela el grado de tensión existente entre los antiguos “socios estratégicos”. Dónde está el “verdadero” peronismo será uno de los argumentos más utilizados en la confrontación que se desarrolla adentro del PJ.

En medio de la conmoción por el estado de salud de la mandataria, se conoció la noticia de la compra de inmuebles en Puerto Madero, a nombre de una empresa de la familia Kirchner. Justo un día antes el filósofo José Pablo Feinmann, quien suele ponderar las políticas del gobierno, habló en una entrevista con La Nación sobre el abultado patrimonio presidencial. La oposición utilizó sus dichos y los kirchneristas se enojaron. Feinmann fue el protagonista de una polémica tan irritante como necesaria. Algo está claro: negocios personales y gestión pública son contradictorios.

En tanto, la presidenta deberá pasar por un trance que iguala a todos los mortales. Según las convicciones personales deberá poner la confianza en los médicos, en Dios o en los dos al mismo tiempo. Ni el ajetreo de la política ni los desafíos de la economía, pueden ser más importantes que su salud. Los argentinos de buena fe, hacen votos por su pronta recuperación.

Nota publicada en Diario Z, edición 29.12.11

Alegría en la pelea

Historia de un gordo

Feliz Navidad para todos! Anoche volví a ver a Papá Noel. Me provocó nostalgia y ganas de acercarles este texto publicado hace muhcos años y recuperado entre las crónicas de No hay tiempo que perder. Símbolo del consumo y del capitalismo. Reprentante generoso de la milagrería popular. Todo a la vez. Espero lo disfruten.

A bordo de un trineo volador, tirado por ocho renos, viajando desde el Polo Norte viene Papá Noel con una bolsa enorme repleta de regalos. No le importa el calor sofocante del hemisferio sur. No se le caen ni el gorro ni la risa de trueno. No sufre la ausencia de chimeneas. Puntual y eficiente, viene. Es verdad que no llega para todos de la misma manera. En eso se parece al capitalismo que lo convirtió en figura emblemática del consumo. Sus regalos no están a la altura de la bondad de los infantes sino de la capacidad económica de los padres. Pero su leyenda no tiene ateos. Recibir regalos es una de las experiencias más agradables de la vida. Era tan necesaria su presencia en este reino de usureros y abstemios, que hubo que inventarlo.

El verdadero San Nicolás era un obispo turco ―si bien no faltan los herejes que dudan de su existencia― nacido en el año 280 en la ciudad de Patara, Licia, una región boscosa de Asia Menor. Se dice que era hijo de una familia muy rica. Se ordenó como sacerdote a los 19 años cuando murieron sus padres. Al poco tiempo se convirtió en obispo. Tal vez por su juventud o por su amor por los más pequeños, lo llamaban “el obispo de los niños”. De hecho les legó su fortuna personal. Se le atribuyen varios milagros, entre ellos la resurrección de un marinero egipcio.

La historia a partir de la cual se construyó la leyenda cuenta que vivían en Patara, tres niñas que no podían aspirar a casarse debido a que su padre era muy pobre y, se sabe, sin dote no había pretendientes ni nupcias. El hombre, con todo pesar, había pensado en venderlas a medida que alcanzaran la edad de casarse.

Cuando San Nicolás se enteró de tan triste situación, decidió intervenir: cuentan los creyentes que cuando cada niña alcanzó la edad suficiente, en complicidad con las sombras de la noche, el obispo fue dejando dinero dentro las medias que las jovencitas colgaban cerca de la ventana para que se secaran.

Otra versión indica que el obispo Nicolás arrojó oro por la boca de la chimenea de la casa de las niñas. Lo cierto es que la leyenda se extendió desde el Oriente católico a toda Europa primero, y después por el resto del mundo. Cualquier regalo inesperado era agradecido a San Nicolás. Su función de repartir obsequios, por demás agradable, le regaló a cambio el fervor popular. De hecho, se han levantado en homenaje a San Nicolás más iglesias que en recuerdo de cualquier otro santo.

A partir de esa figura básica de un hombre alto de barba gris y traje blanco, mezclada con las creencias nórdicas del Padre Invierno, lo gnomos y los ancianos generosos de Alemania, se terminó de delinear el personaje. Los holandeses instalados en la costa este de los Estados Unidos lo llevaron a América. A comienzos del siglo XIX el escritor Washington Irving comprendió que un obispo no tenía mucho que ver con las tradiciones de esa parte del mundo, lo desvistió de sus ropas clericales y lo transformó en un holandés bonachón, “Guardián de Nueva York”. El holandés Sinter Klaas (San Nicolás) se convirtió rápidamente en el anglosajón Santa Claus. Está claro que todo se transforma.

Fue el dibujante Thomas Nast, un inmigrante alemán radicado en los Estados Unidos, quien en 1862 se acercó con sus trazos a la figura actual. Si bien los primeros dibujos de Nast lo mostraban como un gnomo barrigón, sus diseños lo imaginaron cada vez más alto. En este proceso San Nicolás perdió definitivamente su origen religioso para convertirse en personaje neutro, a la medida de la sociedad industrial. Ese cambio garantizó su expansión. Santa Claus regresó a Europa donde se fusionó con Father Christmas, celebrado por los ingleses. En Francia, el Padre Navidad se transformó en Papá Noel, así llegó a España y después a toda Hispanoamérica.

Osvaldo Soriano, casi un Papá Noel de la literatura, además de ser un excelente narrador era un gran tipo. Ninguna de estas dos verdades es un gran descubrimiento para sus lectores o amigos. El humor de Soriano era fino y contundente. La última postal que me envió, meses antes de morir, lucía la imagen de Papá Noel: gordo, con su barba y bigotes blancos, su traje rojo y una botella de Coca-Cola en la mano. Alguna vez Soriano escribió una crónica memorable sobre la historia de la bebida más popular del mundo capitalista. Es que la imagen actual del entrañable personaje navideño fue perpetrada por los creativos de la bebida cola. Una imagen tan popular no podía soslayarse a la hora de programar las nuevas campañas de ventas. En 1931, Habdon Sundblom transformó al gnomo de Nast en el gordinflón agradable que todos conocemos. Como era previsible, manchó su traje con los colores de la compañía y le encajó una botella de gaseosa en la mano derecha.

Sin preguntarse por el origen de la leyenda, despreocupadas y generosas, miles de personas se convierten cada Nochebuena en Papá Noel. A falta de chimeneas utilizan como plataformas terrazas y balcones. Barbas de algodón, toques de rubor en las mejillas, trajes de raso rojo, barrigas de almohadón y grandes dosis de entusiasmo. Las mamás Noel prefieren el silencio para que no las reconozcan, los hombres una voz cavernosa y distorsionada. Es una escena de amor festejada por chicos y grandes.

“Somos los antipaladines: gordos y viejos, cuando la sociedad dice que hay que ser joven y fuerte para triunfar. Esa noche ganamos nosotros”. La definición es de Helio Migliore, operador de la Central de Emergencias de Rosario. Helio, que se recibió de periodista, es Papá Noel desde hace dos décadas. Primero se disfrazaba para su familia y después, ante innumerables pedidos, se transformó en el abastecedor de las sonrisas de muchos hogares de la República de la Sexta, uno de los barrios más lindos de Rosario. Los vecinos solo  deben llamarlo y tener preparada la bolsa de tela roja. En esos menesteres no solo estacionar el trineo es un problema. Helio cuenta que una vez iba de recorrida con el auto en plena Nochebuena y dobló en “U” porque llegaba tarde a una casa. Enseguida lo detuvo un agente de tránsito: “Cuando me vio con el traje no lo podía creer. Antes de que reaccionara le dije ‘no me detenga agente,  soy Papá Noel’, y por supuesto, me dejó ir”.

No recuerdo cuándo descubrí la operación navideña organizada por mi familia. Pero mantengo entre mis recuerdos más queridos la imagen de Papá Noel deslizando con cuidado de asaltante la bolsa de regalos desde el techo del garaje donde nos reuníamos cada Navidad. Y conservo, desde entonces, el temor a lo inesperado, la perplejidad de mis primos, la risa de mi madre, la ilusión de una noche blanda con regalos y amores que llegaban del cielo.


Historia de un gordo

Navidad

La Noche de Paz se acerca al ritmo de la confrontación. A la disputa entre Hugo Moyano y la Presidenta Cristina Kirchner; se sumó la denuncia de Supercanal, la empresa de cable de Daniel Vila y José Luis Manzano, contra Cablevisión que derivó en un allanamiento a la empresa del Grupo Clarín. También se define en el Congreso de la Nación la regulación de la venta de papel de diarios, que reeditó los alineamientos políticos que se sucedieron cuando se debatió la Ley de Servicios Audiovisuales y actualizó la falaz antinomia entre libertad de prensa y libertad de empresa. Además volvió un clásico: péguele a Scioli.

“Hace ocho meses que Hugo no habla con la Presidenta. Estamos en el peor momento de la relación. Y después del discurso del otro día, ni los ministros llaman”. La confesión pertenece a un encumbrado e histórico dirigente gremial. Las consecuencias de la pelea entre Cristina Kirchner y Hugo Moyano están en el eje de todos los análisis. Están los que aseguran que la alianza estratégica no se rompió a pesar del tsunami de acusaciones lanzado por el dirigente camionero y los que vaticinan cataclismos sociales a partir del año próximo, dado que consideran que “no hay retorno en la relación”.

Al evocar a Iván Heyn, el joven economista fallecido en plena cumbre del Mercosur esta semana, Cristina Kirchner señaló: “Tenía una historia muy particular, que él siempre la comentaba. Su padre, producto de la crisis de 2001, fundió una empresa familiar, y de pasar a ser clase media alta, clase acomodada, un niño bien diría alguien, pasó a ser un chico que tuvo que ganarse la vida, porque su familia se fue del país. Pero él decidió quedarse en el país para seguir estudiando…hasta convertirse en un economista brillante”. También dijo que la noticia de la muerte del subsecretario de Comercio Exterior “me dejó sin aire…tenía la edad de mi hijo”. Una semana atrás, Moyano había fustigado a “los niños bien” en referencia a los jóvenes militantes de La Cámpora.

Algo está claro, se trata de una disputa de poder que se desarrolla en el peor escenario: con puja salarial, inflación, desmantelamiento de subsidios y con el telón de fondo de la crisis internacional. “Moyano respondió así porque se cansó de las agresiones y el maltrato”, explican cerca del líder camionero. La Presidenta cuestionó por extorsivos algunos planteos laborales (Petroleros y docentes de Santa Cruz y la de los técnicos de Aerolíneas Argentinas) pero nunca reivindica el apoyo recibido por la CGT en los últimos ocho años. Esa es la principal queja. En el gobierno traducen el enojo de la primera mandataria: va desde las supuesta discusión de Moyano con Néstor Kirchner en el último día de su vida, la amenaza de paro por el exhorto de Suiza, los apoyos al Momo Venegas y Ricardo Cirielli y las amenazas públicas de ganar la calle en reclamo del aumento del mínimo no imponible y el reparto de ganancias.

Por lo pronto, el conflicto tuvo sus primeras consecuencias. La juventud sindical que lidera Facundo Moyano, alguna vez calificada como “los soldados del pingüino”, decidió no concurrir a los actos de homenaje a las víctimas por la crisis del 2001. Allí tenían que compartir espacio con La Cámpora. Los dos grupos solían marchar juntos en este tipo de movilizaciones.

Los que eligen no dramatizar el conflicto se apoyan en una máxima de la política que señala que no puede existir ruptura entre dos que se necesitan. La pregunta es: ¿Se siguen necesitando? El secretario general de los Judiciales lo explicó a su manera: “(la relación) se quiebra si alguien deja de sentirse parte, no es nuestro caso y no creo que sea el caso de la Presidenta”. Es un deseo peronista para esta Navidad. Lo cierto es que las diferencias políticas y económicas no son tantas como las personales. Y esto es lo que hace más difícil cualquier acercamiento. Por lo pronto, la situación quedará congelada. Nadie moverá sus piezas hasta después del verano.

Otra disputa que encendió luces rojas tuvo como escenario la legislatura bonaerense. Jóvenes de La Cámpora se enfrentaron con policías en la asunción de las nuevas autoridades. Desde el kirchnerismo cruzaron con dureza a Ricardo Casal, el ministro de Seguridad de Daniel Scioli. Hubo sanciones a policías y un acuartelamiento de los agentes que adujeron recibir órdenes precisas de impedir el paso de los militantes. El gobernador respaldó a su funcionario. Sin restarle responsabilidad por la presencia primero y la represión posterior de la Infantería dentro del Legislativo, el desgaste al que es sometido el gobernador parece que no cesará en su nuevo mandato. Scioli también se siente maltratado pero su paciencia es mayor que la de Moyano. También su imagen positiva y el respaldo popular.

Tigres de papel

La ley que regula la comercialización de papel de diario reeditó la pelea generada por la Ley de Servicios Audiovisuales. Denuncias de los medios que controlan Papel Prensa sobre limitaciones a la libertad de expresión y defensa a ultranza de la norma por parte de los legisladores oficialistas. A diferencia de la norma sancionada hace dos años y que tiende a democratizar el mercado de medios, en esta ley el gobierno no logró sumar a otros sectores para su sanción. A juicio de este cronista, un error. Hasta un pecado de soberbia. De aprobarse como está, la ley no dejará de ser legítima y sólo deberá someterse, eventualmente, al control constitucional de la justicia. Pero las adhesiones por afuera del kirchnerismo la hubiesen dotado de un respaldo imprescindible a la hora de su defensa política.  Por lo menos dos docenas de legisladores hubiesen sumado sus votos afirmativos si el Frente para la Victoria abría la discusión de algunos puntos.

Como para completar el panorama, un juez de Mendoza dispuso la intervención de Cablevisión. El grupo Vila-Manzano cuestiona judicialmente la fusión de Multicanal con Cablevisión, lo que otorgó a ese grupo una posición dominante en el mercado de la televisión por cable. Algo así como que Frankestein se espante por los modos de Drácula. El Grupo Clarín, por su parte, responsabilizó al gobierno y a Vila, el mismo empresario que dijo que el kirchnerismo era peor que la dictadura de Videla. Vale recordar, además, que la polémica fusión fue aprobada en los últimos días del 2007 por Néstor Kirchner.

Eran otros tiempos. La Ley de Medios apenas asomaba como una posibilidad. Argentina muta vertiginosamente. Los protagonistas también. Basta pensar en el país del 2001, cuando la sociedad se asomó al abismo de la disgregación. Sólo ese recuerdo merece un brindis. Feliz Navidad.

Nota publicada en Diario Z edición 23.12.11

Navidad

Titanes en el ring

Si se tratara de un comic el título podría ser: “Cristina contra las Corporaciones”. Pero no se trata de una historieta. La presidenta de la Nación no dejó ningún lugar para la fantasía: “Que se den por notificados: yo no soy la presidenta de las corporaciones, soy la presidenta de los 40 millones de argentinos”, anunció en su discurso ante la Asamblea Legislativa. En su exposición dedicó varios párrafos a cuestionar la actitud de los sectores económicos que propiciaron, a su juicio, las últimas corridas cambiarias y otros tantos para fustigar con dureza al sindicalismo. Si bien mencionó puntualmente a los docentes y petroleros de Santa Cruz (“con nosotros derecho a huelga hay, no de chantaje ni de extorsión”), la mayoría de los que la escucharon pensaron que el destinatario invisible de ese comentario era Hugo Moyano, ausente sin aviso en la ceremonia de reasunción. ¿Por qué razón los aliados estratégicos de ayer se convirtieron en los enemigos íntimos de hoy? ¿Hasta dónde la confrontación puede afectar la gobernabilidad?

Cerca del camionero no dudan: “con Néstor era otra cosa”. Aseguran que se sienten poco reconocidos, fueron prácticamente borrados de los cargos electivos, y que la Presidenta los critica en sus discursos y no les reconoce nada. En el gobierno le facturan a Moyano: los últimos enojos de Kirchner antes de morir, la amenaza de paro y movilización a Plaza de Mayo cuando se difundió un exhorto de Suiza y los apoyos que brindó al duhaldista Momo Venegas y al inclasificable Ricardo Cirielli. También se quejan de las advertencias “que lanza a través de los diarios” por el reparto de ganancias o la suba del mínimo no imponible. Lamentablemente no está en discusión el modelo sindical, ni su representatividad ni su democratización. Se trata de una escena de peronismo explícito. Después de la apabullante victoria electoral del 23 de octubre, con la oposición en terapia intensiva y el peronismo disciplinado, que alguien le dispute poder político es inadmisible para la presidenta.

Durante ocho años, el titular de la CGT fue uno de los pilares básicos del llamado “modelo kirchnerista”. Aunque en las elecciones que depositaron a Néstor Kirchner en la Casa Rosada, Moyano jugó con Alberto Rodríguez Saá, pero bastó un almuerzo con el flamante presidente para limar cualquier diferencia. “Nos dijo que iba a defender el trabajo y la producción de los argentinos. Eso fue suficiente”, recuerda el camionero cada vez que puede. En el altar de esa relación, Kirchner abandonó la idea de otorgarle la personería gremial a la CTA y le abrió canales de ayuda económica y política al camionero.  El resto es historia conocida, no hubo paros generales y se habilitaron las negociaciones paritarias. El resultado: hubo recuperación salarial y de puestos de trabajo. En el medio se sucedieron bravatas y hasta tiros. Un chofer de Moyano apareció por televisión disparando un arma durante una pelea entre camioneros y la UOCRA en el traslado de los restos de Perón a San Vicente.

Pero las mayores desavenencias se generaron en torno a las mediciones del Indec. “Para discutir salarios, nosotros nos guiamos por la inflación de los supermercados”, volvió a decir esta semana Moyano y en el gobierno lo sienten como una agresión. La incredulidad en las cifras del Indec es el caballito de batalla de la oposición. Al líder de la CGT no le importan las coincidencias. Los salarios de su gremio están entre los mejores del país. En gran medida, basa en eso su fortaleza. Esta semana volvió a anunciar que no aceptará techo en la negociación salarial que se viene. Una cuestión considerada vital por el gobierno. No quieren que “los planteos excesivos” disparen aun más los precios y exigen racionalidad. Creen que Moyano no quiere garantizarla.

La escalada parece interminable. Pablo Moyano, el hijo del titular de la CGT, en una chicana sofisticada calificó a connotados sindicalistas del menemismo como voceros del gobierno. La presidenta, por su parte, demolió los planteos de distribución de ganancias a través de una ley nada menos que en una cena de la Unión Industrial.  En ambos bandos se acusan de ingratitud. No es casual que la presidenta haya mencionado la Constitución de 1949 que no estipulaba en forma explícita el derecho a huelga. Más allá del debate histórico sobre la reforma constitucional más progresista que se sancionó en Argentina, la idea es sencilla: no figuraba el derecho a huelga porque, según el fundador del peronismo, no hacía falta. El gobierno de entonces expresaba los intereses de los trabajadores y, en esa lógica, por qué habrían de hacerle paro. Sin temor a la desmesura, Cristina Kirchner piensa lo mismo en esta coyuntura.

En el fragor de esta batalla todo se da vuelta. La denuncia sobre los sectores que propiciaron “cinco corridas cambiarias” desde el 23 de Octubre y le hicieron perder al Banco Central un cuarto de sus reservas pasó a segundo plano. Moyano cosecha apoyos entre quienes, hasta ayer, lo repudiaban: desde el Momo Venegas a Patricia Bulrich; desde los editores de Clarín a Mauricio Macri. A río revuelto ganancia de pescadores. Tanto en el gobierno como en la CGT, los más lúcidos, expresan preocupación y tienden puentes. Están también los que piensan que la turbulencia pasará: “no se pelean quienes se necesitan”. El escenario de la disputa no ayuda: quita de subsidios a los servicios domiciliarios, puja salarial y los coletazos de la crisis internacional. Una cosa es marcar la cancha y otra, muy distinta, dinamitarla.

Nota publicada en Diario Z edición 15.12.2011

 

Titanes en el ring

equipo que gana, no se toca

La frase pertenece al mundo del fútbol y, a la vez, responde a la sabiduría popular. ¿Para qué hacer cambios cuando se viene de un triunfo? La presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el Jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, coincidieron en la cantidad de modificaciones en sus gabinetes. Sólo sumaron tres nombres a sus elencos ministeriales. Ambos privilegiaron la capacidad, la experiencia de gestión y, en especial, la lealtad. La distancia ideológica que separa a estos dirigentes no es obstáculo para la aplicación de un similar razonamiento político. Cualquier dirigente exitoso trata de ratificar su liderazgo y el rumbo político elegido después de recibir el respaldo popular.

La presidenta sólo movió las fichas obligadas. Se podría decir, por el perfil de los nuevos funcionarios, que CFK hace una opción preferencial por los profesionales jóvenes cada vez que debe sumar colaboradores. Juan Manuel Abal Medina, de 43 años, pasó de la Secretaría de Comunicación a la Jefatura de Gabinete. Si bien proviene del progresismo, militó en el Frente Grande, porta un apellido cargado de significado dentro del peronismo. Su padre fue un estrecho colaborador de Perón y su tío, Fernando, uno de los fundadores de Montoneros. Es un hombre formado en el ámbito académico y representa el cristinismo puro y duro. Reemplaza a Aníbal Fernández, quien por primera vez en diez años pasará a un segundo plano de la política. Casi un exilio dorado: allí podrá ejercer su filosa oratoria aunque lejos de “la cocina” del poder que tanto lo seduce.

Alfredo Scoccimarro fue el encargado de anunciar la conformación del nuevo gabinete casi como si se tratara de un mero trámite administrativo. Esa fue otra señal. El vocero presidencial es visto como uno de los eventuales reemplazos de Abal Medina en Comunicación. Un área clave, allí se deciden las estrategias comunicacionales del oficialismo y, nada menos, las pautas publicitarias.

En Economía el cambio de línea es más imperceptible todavía: Hernán Lorenzino fue promovido de Secretario de Finanzas a titular del Ministerio. Este nombramiento despeja especulaciones sobre cortocircuitos entre la primera mandataria con su vicepresidente Amado Boudou. El funcionario “rockero” no pasa por su mejor momento pero tampoco transita el desierto como apuntaron algunos medios. Deberá sí, superar el karma de los vicepresidentes. Más allá de la calificación “de concheto” que le disparó hace una semana y de cualquier interpretación interesada, hasta ahora la presidenta lo privilegió al elegirlo como compañero de fórmula, al designar a Lorenzino como su reemplazante y al impulsar a Roberto Feletti, otro colaborador de Boudou, como presidente de la Comisión de Presupuesto en la Cámara de Diputados. La confirmación de Diego Bossio al frente del Anses también fue una buena noticia para el ex Ministro.

Un día después de su nombramiento, Lorenzino anunció que la reestructuración de la deuda soberana –es un especialista en el tema– será una prioridad. Aunque no mencionó al monstruo, tal vez para no invocarlo, la lucha contra la inflación es el otro gran tema de su agenda. Todo con el telón de fondo de la puja salarial y las posibles consecuencias de la crisis internacional.

En Agricultura fue designado Norberto Yahuar, un patagónico que dejó a Mario Das Neves justo a tiempo. En una escena de peronismo explícito, este año enfrentó al gobernador de Chubut impulsando la candidatura del kirchnerista Carlos Eliceche. Se desempeñaba en la Subsecretaría de Pesca y reemplazará a Julián Dominguez, quien presidirá la Cámara de Diputados.

El resto, es el mismo equipo que saludó en el atrio ante el aluvión de votos del 23 de Octubre. Julio De Vido, a quien se sindicaba como número fijo para Economía, seguirá en su puesto y en la primera línea de muchos conflictos. Tiene a su cargo la relación con Hugo Moyano y la CGT, con los empresarios, con los intendentes y gobernadores, y el desmantelamiento de los subsidios. De Vido, junto a sus colegas Nilda Garré, Alicia Kirchner, Carlos Tomada, Florencio Randazzo y los secretarios Carlos Zanini, Oscar Parrili y Guillermo Moreno, conforman el centro operativo de la gestión.

En la mala costumbre de expresar noticias deseadas y no hechos reales, algunas usinas periodísticas y políticas daban por finiquitada la gestión del polémico Secretario de Comercio. Más allá de algunas barrabasadas que llevan su firma, la última fue el anuncio de una supuesta canasta navideña para cuatro personas al costo de cien pesos, Moreno está más firme que nunca. Si alguna vez emigra de su puesto será hacia un lugar mejor.

El sábado, la presidenta expondrá ante los legisladores su plan de gobierno. Tampoco allí habrá sorpresas. Defender “el modelo”, apostar a la diversificación productiva, alentar la innovación tecnológica, mejorar la educación, ampliar derechos sociales, restringir la venta de tierras a extranjeros, profundizar la integración regional, entre otros temas.

Finalmente le tomará juramento Julio Cobos. Más allá de la sinuosa figura del vicepresidente, a esta altura un cadáver político, eso es lo que corresponde. Y otra vez fue la presidenta la que puso las cosas en su sitio. Los alcahuetes y el fuego amigo serán inevitables en  el segundo mandato que comienza.

Los nombres de Mauricio

El Jefe de Gobierno porteño emprendió el mismo camino. A Macri no hay que explicarle el significado de una frase futbolera. El triunfo de su delfín en Boca ratifica su olfato. Cuando las cosas salen bien, sólo hay que cambiar lo justo y necesario. El peronista Emilio Monzó, quien fuera intendente de Carlos Tejedor y ex funcionario del gobierno de Daniel Scioli, ocupará el flamante Ministerio de Gobierno. El gesto hacia el peronismo no kirchnerista es claro. La carrera al 2015 ya comenzó. A cargo del Ministerio de Modernización del Estado, la otra novedad, estará Andrés Ibarra, ex gerente general de Boca y ex responsable de Infraestructura Escolar. Un hombre cuestionado pero de total confianza. De eso se trata.

El otro cambio es obligado: Carolina Stanley va a Desarrollo Social en reemplazo de la vicejefa de gobierno María Eugenia Vidal. La nueva ministra es hija del conocido banquero del Citybank. Está claro que Macri elige bien a las mujeres que lo acompañan: inteligentes, lindas, leales y ambiciosas. Después de proyectar a Gabriela Michetti al firmamento político nacional, ahora María Eugenia Vidal es la nueva estrella del gobierno porteño. Junto a Rodríguez Larreta y Monzó tendrá la misión de defender y explicar la gestión. El trío intentará mejorar la relación con el gobierno nacional. Todo un desafío.

Nota publicada en Diario Z, en su edición del 8.12.2011 – Ilustración: Juan José Olivieri

equipo que gana, no se toca

Pelados y pelucas

Ni tan calvo ni con dos pelucas. Ni Hugo Moyano está al borde del retiro efectivo de la CGT, ni los empresarios tienen motivos para festejar la Navidad de manera anticipada. Ni la quita de subsidios es una cruzada solidaria ni tampoco un ajuste despiadado. Ni la economía está en calma y con todas las variables controladas, ni se está cerca del desmadre. En su lógica binaria, un sector de la prensa interpreta que Cristina Kirchner esperó obtener un rotundo triunfo electoral para reivindicar al liberalismo económico a fuerza de tarifazos y ajustes, imponer límites a los gremios y concesiones a los industriales. La mirada más que maliciosa es tonta.

La relación entre la Presidenta y Moyano pasa por su peor momento. Pero afirmar que desde el gobierno impulsan el relevo del camionero de la cúpula de la principal central obrera del país es temerario. No existe un nombre alternativo al del camionero y, además, la capacidad de influencia del oficialismo en la interna gremial es relativa. Esto lo saben Gordos y Flacos. La representatividad de un dirigente sindical no depende del humor de un gobierno. Con todo, en sus últimos discursos Cristina Kirchner decidió marcar el territorio ante el único dirigente de su partido que, sin dinamitar nunca la alianza que los une, le disputa poder real.

Los peldaños de la escalada fueron muchos y variados: el anuncio de un paro con movilización a Plaza de Mayo ante un exhorto internacional que después se abortó; la reacción corporativa en defensa de Gerónimo Momo Venegas; las amenazas de movilización en reclamo de la modificación del mínimo no imponible (una cuestión que sólo afecta a los gremios que más ganan); el apoyo a los técnicos aeronáuticos cuando el gobierno pidió la suspensión de su personería gremial; la exigencia de una ley que distribuya las utilidades de las empresas “por los diarios” y las medidas de acción directa como bloqueos o piquetes a plantas y empresas.

La presidenta redobló la apuesta. Aniquiló el debate legislativo sobre el reparto de utilidades de las empresas y lo condenó a las discusiones paritarias. En el gobierno reconocen que se trata de una reivindicación razonable y constitucional pero la califican de inoportuna ante la situación económica que se avecina. Varias veces se refirió con ironía al “compañero Hugo”. Hasta dónde llegará la confrontación es un misterio. Es una pena que la definición de un nuevo modelo sindical, más democrático y transparente, esté fuera de la discusión.

En la misma semana, Cristina Kirchner respaldó también a la cúpula de Aerolíneas Argentinas y fustigó a pilotos y técnicos aeronáuticos. La palabra que más utiliza para definir la actitud sindical es ingratitud. “Si el Estado no intervenía para recatarla Aerolíneas no existiría”, repite en público y en privado. Con esa idea, anunció cambios y recortes en la empresa y prometió más productividad, austeridad y eficiencia. La gran apuesta es a achicar el déficit. Para que sea eficaz la consigna debe abarcar desde el primero al último de los empleados. El pedido de concurso de American Airlines, después del fracaso de un acuerdo laboral con los pilotos, fue el ejemplo elegido por los funcionarios que volvieron a cruzar espadas con los gremios. Más allá de la crisis que vive la tercera aerolínea norteamericana, es necesario señalar que no son pocas las empresas aéreas que tienen resultados positivos. En buen romance no todo lo que vuela da pérdidas.

El titular de los técnicos no se privó de lanzar más leña al fuego. Ricardo Cirielli comparó las medidas del gobierno con las de una dictadura militar. El último dirigente que utilizó una analogía semejante fue un empresario. En referencia al proyecto de Ley de Servicios Audiovisuales, Daniel Vila consideró al kirchnerismo “peor que la dictadura de Videla”. Para esa época el dueño del Grupo América mandó a distribuir entre los empleados de su canal unas pulseras con la leyenda “hasta K”. No hace tanto tiempo.

Más lejos o más cerca del calor oficial, los empresarios no deberían apurarse a celebrar. Si bien la presidenta hizo otros gestos a favor de sus planteos históricos: anunció ante empresarios de la construcción que se revisaría la llamada doble vía judicial en los juicios laborales (a la ART y a la empresa), entre otras cosas. También volvió a reclamar más inversiones y por el origen nacional de los insumos. Hace una semana, les pidió que reinviertan sus ganancias en el país y, a través de sus ministros, anunció más controles a la evasión. En la cena de la UIA señaló, sin nombrarlas, a dos empresas que utilizaron el dinero que recibieron con créditos a tasas subsidiadas para especular con moneda extranjera. Un ejemplo de capitalismo “Made in Argentina”.

Cómo pararse frente a las corporaciones y frente a los reclamos sectoriales en el momento más complicado desde el 2003. La eliminación de subsidios y prebendas requiere de inversión privada y obra pública. Ésa es la fórmula. En el gobierno saben que los aumentos de servicios y tarifas tendrán, a partir del año próximo, como telón de fondo la puja salarial. Daniel Scioli y Mauricio Macri hicieron sus propios anuncios de incrementos. No parece el mejor escenario para luchar contra la inflación.

En tanto, la campaña para que aquellos ciudadanos que puedan pagar rechacen los subsidios está a pleno. Funcionarios y famosos demuestran su altruismo ante las cámaras. Se trata de un gesto de conciencia que bien podría prescindir del estruendo. Lo razonable es que el Estado realice la poda con precisión y rigor, evitando inequidades y preservando a los sectores más vulnerables. Para eso no hace falta la televisión. Durante años se amparó a bancos, mineras y casinos, entre otros sectores, de manera inexplicable. Si se está en busca de ejemplos, se podría propiciar una reforma fiscal que tienda a lograr mayor igualdad haciendo tributar más a los que ganan más y a los que tiene más. Es difícil de explicar por qué razón, después de ocho años de gobierno, no se impulsó una reforma fiscal. O sobran pelados o faltan pelucas.

Nota publicada en Diario Z en la edición del 1.12.2011

Pelados y pelucas