Carta de intención

Hay muchos espejos dónde mirarse. Cristina Kirchner eligió uno cercano: España. Contó que había saludado a Mariano Rajoy por su triunfo contundente del domingo pasado -obtuvo el 44 por ciento- sobre el PSOE. Destacó que había logrado las mayorías legislativas y que podría aplicar sus ideas para tratar de sacar a su país de la crisis. Cuando los empresarios que seguían su discurso de cierre en la conferencia de la Unión Industrial Argentina comenzaron a sonreir y codearse por el sorpresivo elogio a un dirigente de derecha, la presidenta recordó que los mercados no lo perdonaron. La prima de riesgo de España quedó en zona de rescate y la bolsa se desplomó. Rajoy había pedido que “los mercados me den más de media hora” y no lo escucharon. Los llamados mercados se convirtieron en una amenaza identificable para cualquier gobierno en el mundo no importa su orientación o ideología. La cuestión es a quien se sacrifica ante su voracidad. “Respetamos a los mercados pero los que gobiernan son los que surgen del voto popular”, dijo la mandataria y agregó: “la formula de que la crisis la paguen los que menos tienen termina como la Argentina del 2001”.  Vale, por ahora, como carta de intención.

En la misma semana en la que los sectores más liberales de la economía y el periodismo, desde los honestos hasta los lobistas y operadores, la corrieron por izquierda hablando de tarifazos y ajustes por el anuncio de eliminación de subsidios, la presidenta de la Nación definió los ejes de su próximo mandato y se comprometió a proteger a los más vulnerables de la sociedad. Un clásico: los que pedían controles contra la evasión, los rechazan cuando se aplican para determinar de dónde salen los fondos que van al dólar y los que despotricaban contra los subsidios ahora califican la quita como una calamidad. Más allá de las interpretaciones interesadas o maliciosas, saber sobre quienes pesará el grueso de los retoques que se plantean en la economía es esencial. Algo es incontrastable: amplios sectores de la población pagarán más por los servicios que consumen. La eficacia, transparencia y equidad de los tijeretazos en el gasto público revelarán la moralidad de la medida.

En el mismo discurso, la presidenta reconoció a la inflación como un problema para su gobierno y regaló un título de tapa. Era hora. Recuperar la credibilidad del Indec y establecer un plan para combatirla deberían ser los próximos pasos. No se puede confundir una necesidad con una concesión. También rechazó la distribución de ganancias de las empresas a los trabajadores por medio de una ley y sugirió debatirlo en paritarias. De esa manera volvió a marcarle la cancha a Hugo Moyano el único dirigente que, desde adentro del peronismo, le disputa poder. Esta puja marcará la política durante los próximos meses.

La mandataria cuestionó las disputas inter sindicales y la falta de acatamiento a las conciliaciones obligatorias. Ricardo Cirielli y Jorge Pérez Tamayo no se dieron por aludidos. Horas antes, había ordenado hundir el bisturí en el cuerpo enfermo de la aerolínea de bandera. La mira estará puesta en tres ejes: eficacia, austeridad y productividad. El planteo abarca a pilotos y técnicos pero también a gerentes y funcionarios.

Pero no sólo habló de los trabajadores. Pidió competitividad con inclusión social. A los empresarios los instó a que reinviertan sus utilidades en el país y a que apuesten por el mercado interno y de la intrazona. Contó cómo algunos que pidieron créditos para sus empresas terminaron usando la plata para comprar dólares. Identificar a los oportunistas y castigarlos convertiría el tema en un ejemplo para la sociedad en lugar de una anécdota dicha al pasar.

La crisis económica internacional y sus consecuencias sobre la Argentina, los límites del modelo económico inaugurado en 2003, el ataque especulativo sobre el dólar y las reiteradas presiones sindicales, anticiparon el comienzo del segundo mandato de Cristina Kirchner.

QUIERO PERO NO

Según Mauricio Macri, la historia es así: el gobierno porteño quiere administrar los subtes pero no de esta manera. Reclamaron por eso durante años pero resulta que ahora que se los quieren ceder, no los quieren recibir sin apoyo económico. De acuerdo a esta versión: el gobierno nacional nunca quiso darle los subtes a Macri. Ahora con el objetivo de achicar gastos y eliminar subsidios se los quieren tirar por la cabeza. Pretenden que la ciudad los agarre de inmediato. De paso se banca la paritaria entre los metro-delegados y la empresa concesionaria que está prevista para comienzos del año que viene y el costo de tener que sincerar las tarifas.

Como suele ocurrir, lo del subte no es ni tan calvo ni con dos pelucas. La CABA debe hacerse cargo de un servicio que se desarrolla íntegramente en su territorio, como alguna vez deberá hacerse cargo de la policía. Los porteños que son los ciudadanos con los mayores ingresos del país, triplican a la media de las provincias, acaparan el 53 por ciento de los subsidios. Es una injusticia evidente. De hecho en todo el país se paga más caro por los servicios domiciliarios y el transporte que en la capital. El pedido de subsidios hasta el 2017 como condición para asumir la gestión, con el argumento de realizar las obras que no se hicieron, es una desmesura a tono con el plazo perentorio que pretende imponer el gobierno nacional. Lo cierto es que nadie quiere pagar costos políticos de un aumento en el precio de los viajes. Y menos hacerlo por separado del resto del sistema de transporte metropolitano.

Hubo cruce de chicanas. María Eugenia Vidal, la nueva estrella del firmamento macrista, comparó a los subtes con Aerolíneas Argentinas. Una tontera para la tribuna. Desde el gobierno le enrostraron a Macri su histórico rechazo a los subsidios y su actual pedido de subsidios. Con todo, la negociación es indispensable. Para llegar a un acuerdo ambas parte deberán ceder.

EL MARCIANO

Así le dicen a Leopoldo Moreau: el marciano. Fue la voz más lúcida de la tumultuosa convención de la Unión Cívica Radical del fin de semana pasado. Señaló con crudeza el sorprendente giro a la derecha de su partido que determinó, en su opinión, la magra cosecha electoral de octubre pasado. Es verdad que a Moreau la historia no lo ayuda, cuando fue candidato en el 2003 obtuvo menos del 3 por ciento de los votos. Claro que venía de la catástrofe de la alianza. El dirigente bonaerense señaló que el radicalismo votó contra la ley de ADN, cuando Raúl Alfonsín había creado el Banco de datos genéticos “para ayudar a las abuelas”; voto contra la Ley de Medios cuando el ex presidente la impulsó en 1985 y sus legisladores tenían decenas de proyectos de regulación del mercado audiovisual y votó contra la estatización de las AFJP, contradiciendo la historia misma de la UCR. Luego le apuntó a la alianza con Francisco De Narváez. El empresario colombiano fue al radicalismo lo que Patricia Bulrich a la Coalición Cívica. Una señal de rendición, una bandera ajena. Nunca es triste la verdad aunque la diga un marciano.

Nota publicada en Diario Z edición 24.11.2011. Ilustración: Juanjo Olivieri

Carta de intención

Honestidad brutal

Esta semana Cristina Kirchner señaló a quienes considera pueden poner en riesgo “el modelo” y, en consecuencia, al gobierno que encabeza. Nunca antes lo había hecho con tanta claridad y dramatismo. El lunes pasado, en pleno conflicto en Aerolíneas Argentinas y desde Tierra del Fuego, les pidió a los sindicalistas “no boicotear a la Argentina”. Un día después, aprovechó su visita a plantas fabriles de Rosario y Las Parejas, en Santa Fe, para dar precisiones: “El llamado a no boicot es para todos –dijo–. Para aquellos que tienen prácticas sindicales que son propias de hacer a otros gobiernos que no escuchaban los reclamos de los trabajadores y también a algunas empresas que solamente piensan en la especulación” y apuntó a los “que ganan formidables sumas de dinero y no las reinvierten en la Argentina y se las llevan afuera”. Detrás del intento oficial por sincerar la economía, hay una durísima disputa de poder. En la oposición disfrutan de los beneficios del segundo plano y balconean en silencio lo que se presenta como el prólogo de una confrontación inevitable dentro de las fronteras del peronismo.

La referencia al boicot tuvo como origen el conflicto en Aerolíneas Argentinas pero tiene raíces más profundas. La presidenta se siente defraudada. Considera que su gobierno hizo un gran esfuerzo por rescatar a la compañía de la quiebra y que desde un sector del sindicalismo aeronáutico sólo le aportan complicaciones. Más allá de la colección de palos en la rueda que Ricardo Cirielli, del personal técnico, y Jorge Pérez Tamayo, jefe de los pilotos, colocan sistemáticamente y con inusual entusiasmo. Lo cierto es que los dos dirigentes fueron de los más mimados por el kirchnerismo. Cirielli fue subsecretario de transporte aerocomercial  y Pérez Tamayo, fue piloto del avión presidencial a partir de la buena relación con el matrimonio Kirchner. El primero está cerca de Luis Barrionuevo y el segundo reporta a Hugo Moyano. Ambos creen que una parte de la empresa les pertenece.

El cuadro se completa con un grupo de dirigentes de la Cámpora que, bajo el liderazgo de Mariano Recalde, asumieron la responsabilidad de dirigir la línea de bandera sin demasiada experiencia. Si los sindicatos no ayudan, los números tampoco. AA perdió en 2010, unos quinientos millones de dólares y aumentó su personal en mil quinientos empleados desde que fue estatizada. El origen ideológico o partidario de un funcionario, incluso de un sindicalista, no debería tener mayor relevancia si se cumple con dos condiciones básicas para desempeñar un cargo: eficacia y honestidad. El reciente conflicto revela que AA se parece más a un botín de guerra que a una empresa estatal.

En el fragor del conflicto, y ante lo que se consideró un paro sorpresivo de los controladores aéreos, el gobierno le pidió a la justicia el retiro de la personería gremial a los técnicos aeronáuticos y, por medio de un decreto, volvió a manos de la Fuerza Aérea el control de las torres de Tránsito Aéreo. La medida que recorta el poder a Cirielli se revela como un retroceso. Los técnicos rechazaron las acusaciones y lograron la adhesión tanto de la CGT oficial y como de la Azul y Blanca. No es difícil imaginar que en algún sitio del planeta, los españoles de Marsans se deben divertir con la situación. Los antiguos dueños de la empresa, que heredaron de Iberia lo que quedaba de AA, mantienen todavía una demanda por 1200 millones de dólares contra el Estado Argentino por la estatización.

Más allá de los aviones que no  vuelan, en el gobierno no logran un momento de paz. Mantienen la pulseada con los mercados por el precio del dólar mientras ven con preocupación la sucesión de escaramuzas y amenazas de sectores gremiales desde el triunfo electoral del 23 de octubre. El panorama no es el mejor cuando se prepara una compleja arquitectura de retoques económicos en subsidios y tarifas. Las advertencias de los camioneros de “salir a la calle” para reclamar la suba del mínimo no imponible del impuesto a la ganancias; los piquetes de los peones rurales para que les autoricen un incremento del 35 por ciento y la suspensión de tareas de los controladores de vuelos, valen como ejemplo. En ningún caso hay puestos de trabajo en riesgo. Lo que está en riesgo es otra cosa.

A pedir de Boca

Todo esto ocurre de este lado del Río de la Plata mientras en el mundo cayeron dos gobiernos arrastrados por la crisis económica y Mauricio Macri está más preocupado por el futuro de Boca que por el conflicto con los docentes o los derrumbes en la Ciudad de Buenos Aires.

Lo que temían cerca del Jefe de Gobierno finalmente sucedió: el presidente de Boca, Amor Ameal, llegó a un acuerdo con los dirigentes José Beraldi y Roberto Digón –hasta hace poco irreconciliables– para enfrentar a Daniel Angelici, delfín de Macri, en las elecciones del próximo 4 de diciembre. Haciendo una simplificación se puede decir que el kirchnerismo xeneixe se unió para darle batalla al macrismo. Ameal tiene el apoyo del diputado Carlos Kunkel; Beraldi buena relación con Amado Boudou y Digón, es un referente del sindicalismo peronista. Con tres listas la elección parecía tener un resultado cantado para la oposición, ahora todo cambió. Los buenos resultados económicos y el equipo puntero son una ayuda extra al oficialismo. El martes pasado Angelici visitó al ex presidente de Boca para pedirle, otra vez, que integre su lista y garantice el triunfo en las elecciones. Se llevó un rotundo no. Macri no quiere ser candidato testimonial en el club que presidió aun a riesgo de que su candidato termine derrotado. El empresario de los bingos tratará de convencerlo mientras le quede tiempo.

En estos días, la gestión porteña le genera menos disgustos que el club de sus amores. Ya estableció las prioridades de su próximo mandato (Seguridad, la Agenda Social, Juventud y Medio ambiente) y definió los nombres de todo el gabinete (ver aparte). También prepara una contra propuesta para entregarle al gobierno nacional en el tema subterráneos: entre otros planteos pedirá más fondos para remozar algunas de las líneas en peor estado y más tiempo para definir el traspaso efectivo. Además, en su entorno, aseguran que ya le ganaron la pelea a los docentes por las juntas de calificación. Descuentan la aprobación legislativa del proyecto impulsado por el Ministerio de Educación. Exudan optimismo. De verdad creen que lo más complicado es Boca.

Nota publicada en Diario Z edición 17-11-2011

Honestidad brutal

El gusto por los ingenieros

En medio de la batalla contra la corrida cambiaria, mientras un sector del sindicalismo se empeña en mostrarle los dientes y amenaza con movilizaciones callejeras, con el telón de fondo de la crisis financiera internacional y la recesión en los países del Mediterráneo, Cristina Fernández pidió por más ingenieros. En el acto inaugural de una nueva universidad en Ezeiza, el martes pasado, la Presidenta, explicó que en el año 2003 se recibía un ingeniero cada ocho mil habitantes y ahora uno cada seis mil setecientos. “Todavía tenemos que hacer un gran esfuerzo y llegar a la meta de un ingeniero cada 4.000 habitantes”, dijo. Y recordó que China tiene un ingeniero cada dos mil habitantes, Alemania y Francia cuentan con uno cada dos mil trescientos y Brasil, uno cada seis mil. La apuesta por más ingenieros puede leerse como una señal hacia la producción nacional.

Durante la inauguración de la Universidad Aeroportuaria de Ezeiza, la Presidenta pidió un esfuerzo a los jóvenes para que “reorienten su vocación hacia aquellas carreras que tengan salida laboral” como la Ingeniería, área a la que consideró “clave”. La nueva Casa de Estudios formará Ingenieros en Telecomunicaciones, en Electrónica y Mecánica Aeronáutica, entre otras carreras. Es indiscutible el esfuerzo realizado en los últimos años por recuperar la Educación Técnica arrasada en la década del noventa. El modelo de sociedad diseñado por el menemismo no precisaba de técnicos, ni de ingenieros, ni de escuelas de oficios, ni de industria. El Ministerio de Educación de la Nación todavía le debe al país el diseño de una política seria de orientación universitaria. Una campaña institucional y mediática que impulse a los jóvenes hacia las carreras con mayor salida laboral y en línea con las necesidades del país. No se trata de cercenar la libertad de elegir, se trata de informar.

Lograr mayor cantidad de ingenieros está conectado a la mayor escolarización inicial. En ese sentido, la Asignación Universal por Hijo –una idea impulsada originalmente por la CTA y legisladores de la Coalición Cívica e implementado por el gobierno– ha dado muy buenos resultados. Según un estudio confeccionado por seis universidades en ocho provincias, unos 130 mil chicos se sumaron al sistema educativo. Más allá de la mezquindad política que tuvo su lanzamiento y de las torpes críticas que la recibieron, el logro más relevante es que la iniciativa casi no tiene ateos.

Pero los ingenieros también fueron motivo de discordia. El insólito derrumbe de un edificio en el centro de la Capital Federal rompió la tregua entre la Casa Rosada y el gobierno del ingeniero Mauricio Macri. Legisladores oficialistas, junto al Ministro de Trabajo, Carlos Tomada, fueron durísimos con el Jefe de Gobierno. Acusaron a la gestión porteña de falta de control y permisividad con las empresas constructoras. También le recordaron otros desmoronamientos como el del gimnasio de Villa Urquiza. Después de semanas de ostracismo y cuando muchos sospechaban del cumplimiento del una penitencia por sus declaraciones apresuradas en el caso Sobrero, hasta el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, se prendió a las críticas.

Lo cierto es que después de la sucesión de gestos de acercamiento entre los dos gobiernos, que incluyeron el anuncio del traspaso del subte y la coordinación de algunas tareas de seguridad, como en el Juego de la Oca todos volvieron al primer casillero. Macri intentó calmar a los vecinos sin techo anunciando que el Estado les pagaría por sus departamentos derruidos. Analizar críticamente lo que pasa en el área de control y fiscalización de la CABA, revisar su eficacia y transparencia, no es una concesión a la oposición sino una necesidad política. Sobre eso puede dudar un ingeniero pero no un Jefe de Gobierno.

La lógica ilógica

Mientras tanto “palos porque bogas y palos porque no bogas”. La sabiduría popular no falla. “A nadie se le puede prohibir lo que no está prohibido en la ley. Esto es ilegal. Un atentado contra la libertad”. La frase le pertenece a un ofendido catedrático tributarista de la Universidad Austral. No sólo advirtió con vehemencia a sus alumnos, también se prestó a varios reportajes en radio y televisión. La afrenta: los controles de la AFIP a la comercialización de dólares. Es por lo menos curioso que los mismos economistas y medios de comunicación que machacaban con la necesidad de controlar el lavado de dinero, la evasión, la fuga de capitales y el mercado negro hasta hace una semana, ahora se quejen de los controles y digan que son ilegales.

Algo parecido ocurre con la eliminación de subsidios en el transporte. Fue el caballito de batalla de los economistas liberales y de los grandes diarios durante años. Sin embargo, ahora que se discute sobre esa posibilidad, advierten con títulos catástrofe sobre los aumentos y auguran una suerte de conmoción social a partir de los “tarifazos” que se vienen. Sincerar la economía, incluyendo el desquicio en el Indec, sin afectar a los sectores más débiles de la sociedad es uno de los grandes desafíos del gobierno. Pero como en un circo, los mismos que alientan al equilibrista a dar otro paso en el alambre, esperan ansiosos su caída.

El gusto por los ingenieros

Las brujas no existen pero…

A pocas horas de confirmarse el formidable respaldo popular obtenido por la presidenta de la Nación los mercados reaccionan como si se tratara de un gobierno débil y al borde del cachetazo. A pesar del triunfo en casi todo el país y la obtención de la mayoría legislativa, hubo una renovada corrida hacia el dólar acompañada de anuncios catastróficos en las portadas de los grandes diarios. En relación a la demanda de moneda norteamericana el Ministro de Economía, Amado Boudou, habló de “intentos de generar histeria colectiva” y apuntó contra “cuatro o cinco grandes empresas” como responsables de las grandes compras pero no las identificó. Salvo en unos pocos pub irlandeses de la Capital Federal, el festejo de Halloween pasó inadvertido. Sin embargo, la sabiduría popular indica que si bien las brujas no existen… que las hay, las hay.

Más allá de la posible existencia de gestos especulativos y movidas insidiosas, en los últimos doce meses se fugaron del país 22 mil millones de dólares. Este es un dato objetivo que espanta. Gran parte del excedente de negocios legales e ilegales; carradas de plata blanca, negra y azul; se convierten en moneda yanqui todos los días. Los controles de la AFIP aparecen como insuficientes ante el aluvión pero, por lo menos, describen un intento por frenar las maniobras. Los cuestionamientos per se, en boca de economistas y periodistas especializados, suenan extraños. Son las mismas usinas las que suelen reclamarle al Estado más controles ante el lavado, el narcotráfico, las falsificaciones de ropa, el trabajo en negro y la evasión.

Con brujas o sin ellas; con devaluadores  full time y oportunistas; con especuladores y con los que quieren poner un Ministro de Economía a su medida; hay que reconocer que el dólar ya es parte del ser nacional. Costará mucho romper con ese mandato difícil de explicar a un extranjero. En especial cuando el gobierno no reconoce la inflación real y el Indec tiene menos credibilidad que un discurso de Lilita. En ese contexto hasta un jubilado piensa que sus pocos ahorros no tienen otro resguardo que los papeles con la cara de Washington. No importa lo que se diga: el que apuesta al dólar nunca pierde. Lamentablemente, desde el retorno a la democracia, en todas esas timbas perdió el país.

El frente político no parece depararle a la presidenta mayores sobresaltos en el arranque de su segundo mandato. Gran parte de la oposición sigue lamiéndose las heridas y en el PJ nadie discute su liderazgo. Es en la economía donde deberá dar las grandes batallas. La crisis internacional, la inflación, los subsidios, el superávit, la reforma bancaria aparecen, inevitables, en la agenda. Algunas correcciones imprescindibles no gozarán de la simpatía de todos los implicados pero de eso se trata la gestión pública. El anuncio conjunto de los Ministros  Boudou y Julio De Vido (de Planificación) sobre la eliminación de subsidios para bancos, financieras, compañías de seguros, juegos de azar, puertos fluviales y aeropuertos, telefonía móvil, hidrocarburos y minería son una clara señal en ese sentido. Hacen blanco en lo evidente: el Estado no debe proteger a los poderosos.

Primeros bocinazos

Al unísono con la embestida cambiaria, se sucedieron los reclamos de dirigentes de la CGT exigiendo modificaciones en el impuesto a las ganancias sobre los grandes salarios (es necesario señalar que se trata de un gravamen progresivo que afecta a los sueldos más altos). Hubo también amenazas de movilizaciones callejeras para sostener esos planteos. Por su parte, Hugo Moyano, aprovechó el homenaje de la Central Obrera a un año de la muerte de Néstor Kirchner para pedir una ley que garantice la distribución de ganancias entre los trabajadores.

En el gobierno nacional lo tomaron como un nuevo desafío. Recuerdan que fue esta administración la que liquidó las distorsiones de la tablita de Machinea. Cómo seguirá la relación del gobierno con el líder camionero es otra incógnita a develar. La presidenta le reconoce a Moyano su rol en los noventa cuando enfrentó la política de devastación del patrimonio nacional. Por esa razón, es altamente improbable que desde la Casa Rosada se contribuya a su desestabilización en la CGT a favor de los dirigentes que arroparon gremialmente al menemismo. Pero es una torpeza pensar que no habrá reacción ante planteos que se asemejan a pliegos de condiciones.

Un grupo de peones rurales cortaron por dos horas el miércoles pasado la autovía Ricchieri generando un caos de tránsito. Finalmente fuerzas de Gendarmería despejaron la ruta sin violencia. “Buscan generar un desgaste político”, dijo la Presidenta y los instó a “encontrar otras formas de protestar”. No sólo los afiliados al sindicato de Gerónimo Momo Venegas deberían darse por aludidos.

¿Y si le ponemos Néstor?

     Hace un par de meses, cuando empezó la sucesión de homenajes al ex presidente de la Nación, el semanario satírico Barcelona se permitió una humorada en su portada. Bajo el título “¿Por qué nadie se acuerda de Néstor Kirchner?” anunció: “Solamente el campeonato de fútbol de primera división, un estadio, una escuela, el centro cívico y un barrio en San Juan, una escuela en el Chaco, un barrio en La Plata, una comisaría y un centro comunitario en Misiones, un tramo de un gasoducto y un cine-teatro en Jujuy, una calle en San Vicente, un comedor en San Martín, un puente en Cosquín, el auditorio del Hospital Gandulfo, un parque nacional en Entre Ríos, un hospital en Florencio Varela, el aeropuerto de Villa María, una avenida en Caleta Olivia, una avenida en Río Gallegos, la ex ruta 66, la sede de la secretaría de la UNASUR, una plazoleta en San Telmo, la Terminal de Ómnibus de San Rafael, la Terminal de Ómnibus y una escuela en Santiago del Estero, una campaña nacional para pintar escuelas, el acceso a Pehuajò, una plaza en Escobar, un paseo en Neuquén, el paseo costero del Calafate y una radio en La Pampa llevan el nombre del ex presidente. Y apenas un candombe pedorro recuerda su memoria. ¿Por qué el kirchnerismo decidió darle la espalda a su líder?”

Todavía no se habían emplazado las dos estatuas que lo recuerdan ni se había presentado la moción de un diputado provincial de declarar feriado el 27 de Octubre en todo el territorio de Santa Cruz para recordar el día de su muerte. ¿No será mucho? ¿Cómo diferenciar el cariño popular de la sobreactuación? ¿Cómo discernir los homenajes sinceros y dolidos, de los acomodaticios y chupamedias? ¿Qué diría el propio Néstor Kirchner de todo esto?

Por lo pronto, vale recordar las palabras de Athualpa Yupanqui. Quién cansado de los fogonazos de los flashes que trataban de registrar su regreso a los escenarios después de años de exilio, les pidió a los fotógrafos que dejaran de retratarlo. “La mejor cámara –les dijo– es el corazón”.

Nota publicada en Diario Z, edición del 3.11.2011

Las brujas no existen pero…