Del asco al voto plasma

El 23 de octubre hay elecciones nacionales. Es bueno recordarlo. Lo que ocurrió el 14 de Agosto fue apenas una primaria para determinar candidatos. Sin embargo, la abultada diferencia entre la formula que encabeza Cristina Fernández y el resto de los candidatos parece haber borrado el significado del acto comicial. En el gobierno dan la contienda por liquidada. Muchos de los protagonistas de esa aventura política aparecen presos de la ciclotimia. Unos oscilan entre la rabia y el desencanto; los otros entre el entusiasmo y la euforia. Deberían recordar el consejo popular para recorrer este último tramo: “ni tan calvo ni con dos pelucas”.

En el oficialismo hay instrucciones precisas de moderar el exitismo. La presidenta sabe que se avecinan tiempos complejos para la economía. En pleno festejo por su formidable elección pidió “unidad nacional” para enfrentar la crisis financiera mundial. También brindó una conferencia de prensa (es difícil comprender por qué todavía siguen siendo tan esporádicos sus encuentros con el periodismo); aclaró que nadie es dueño de los votos obtenidos y demostró, con sus gestos hacia el presidente colombiano Juan Manuel Santos, que privilegia la seriedad y el compromiso democrático a los prejuicios que nacen de la ideología.

Argentina puede exhibir como política de Estado su defensa del Mercosur y la construcción de Unasur. No es poco. Con sus más y sus menos, todos los mandatarios argentinos acompañaron el proceso de integración puesto en marcha con el acuerdo firmado por los presidentes Raúl Alfonsín y José Sarney hace más de veinticinco años. Con sorprendente convicción Néstor Kirchner y Lula profundizaron la estrategia continental y la extendieron a Sudamérica. Y, más allá de las diferencias políticas, Eduardo Duhalde también fue un defensor de esos entendimientos. Cristina Kirchner y Dilma Russeff son tributarias de aquella relación privilegiada de los ex presidentes de Brasil y Argentina. Bajo ese paraguas se disponen a enfrentar el temporal financiero que, tarde o temprano, se desatará sobre la región.

No es casual entonces que la presidenta privilegie la gestión y la gobernabilidad en estos dos meses de campaña electoral. “Vamos a seguir trabajando”, responden los funcionarios de la Casa Rosada como si recitaran un mantra, cuando se los consulta sobre la estrategia electoral. Aunque no lo dicen, también tratarán de evitar el fuego amigo y los errores propios, la principal amenaza a lo que imaginan será un triunfo holgado. Por esa razón no se oculta el acercamiento con Mauricio Macri para coordinar políticas públicas en el área metropolitana y se evitan las agresiones. Sólo Hebe de Bonafini dio la nota discordante al ubicar como enemigos en lugar de adversarios a los dirigentes de la oposición.

Después del golpe electoral, en el duhaldismo se trabaja para recuperar la iniciativa. Tratarán de evitar los calificativos. No son pocos los que señalaron como un grave error las afirmaciones de Duhalde sobre la existencia de “banderas subversivas” en el comando electoral del kirchnerismo. No será sencillo, el sector parece con la intolerancia a flor de piel. También apostarán a seguir peleando por la presidencia y no “por colocar un diputado más”. Graciela Camaño, candidata a legisladora en Buenos Aires lo explica con claridad: convertir la elección de octubre en una legislativa es darse por derrotados antes de empezar.

El más golpeado por los números es Ricardo Alfonsín. Recién recuperado de una afección pulmonar, el dirigente radical tratará de mantener la casa en orden (perdón por la imagen). Varios dirigentes del interior le siguen facturando el acuerdo con Francisco De Narváez y hasta pretenden sumarse como colectoras del Frente Amplio Progresista. Muchos de los planteos son injustos: la decisión de sumar al millonario colombiano tuvo, en su momento, el aval de casi todos en la UCR. Es sabido que la derrota tiene pocos amigos. Para este sector la gran apuesta es no ceder lugares en el congreso.

Alberto Rodríguez Saá está exultante. Se ubicó en quinto lugar pero insiste con que le ganó a la presidenta en San Luis y que crecerá en su cosecha de votos en octubre. Eso alcanza para hacerlo feliz. Esta semana la emprendió contra Duhalde al que calificó de “mal tipo” y de ser el “preferido de (Héctor) Magnetto”. De hecho es el único candidato a presidente de la oposición que le asigna un rol decisivo en la disputa electoral al CEO del diario Clarín. De Alfonsín dijo, en cambio, que “es un buen tipo pero débil”.

Por el lado del Frente Amplio Progresista las cosas están más claras. Esta semana presentaron una bancada unificada y la apuesta es crecer a expensas aquellos dirigentes que ellos mismos consideran “el pasado”, como definió Hermes Binner a Duhalde y Alfonsín y tratar de sumar a otros sectores de la centroizquierda. También si pueden “robarle” votos al oficialismo. Tienen una diferencias con otros opositores: las críticas al gobierno van sobre sus errores no sobre sus aciertos.

Con todo deberán resistir operaciones diversas. Esta semana una página web sembró dudas sobre la posición del gobernador de Santa Fe sobre la Ley de Servicios Audiovisuales. Los socialistas acompañaron la norma en su momento pagando no pocos costos políticos y el propio Binner la considera “superadora”. Guillermo Estévez Boero fue uno de los diputados en a mediados de los ochenta presentó un proyecto similar en el Congreso. Quienes conocen al gobernador saben que sus convicciones no son para la ocasión.

Mientras tanto en el periodismo argentino todo es según el cristal con que se mire. Hay muertos buenos y muertos malos, cortes de ruta democráticos y piquetes autoritarios, escraches justos y escraches violentos, elecciones legítimas y comicios cuestionables. La novedad es la diferente clasificación del asco. Por su afirmación, apresurada y tonta, escrita después del triunfo de Mauricio Macri (“Da asco la mitad de Buenos Aires”), Fito Páez fue llamado a dar explicaciones a la justicia y fustigado hasta el cansancio por un sector de la prensa. El presidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcatti, apuntó al “voto plasma” para explicar la sorprendente adhesión electoral a la fórmula oficial. “La gente (que) mira (el programa de Marcelo) Tinelli y si puede pagar el plasma, no le importa nada más”. Lo explicó Montaigne: “nadie está libre de decir estupideces, lo grave es decirlas con énfasis”.

Nota publicada por Diario Z, edición del 26.08.2011

Del asco al voto plasma

El vendaval

Cristina Kirchner logró una elección histórica. Con el cincuenta por ciento de los sufragios, se impuso en todas las provincias menos en San Luis. Incluso ganó en las zonas rurales más refractarias al gobierno, también en los distritos donde sus candidatos fueron derrotados hace pocas semanas. Fue la preferida en la Capital Federal dónde un peronista no ganaba desde 1990. Obtuvo un millón setecientos mil votos más que en el 2007 y quedó a las puertas de la reelección. Hay muchas maneras de leer “el vendaval Cristina”, como lo definió Hermes Binner. Ya se ensayaron casi todas las variantes, desde las honestas a las malintencionadas: fue un voto de confianza a la presidenta; una convalidación de la gestión; el reconocimiento a la política económica y social, ganó por el apoyo de la juventud, porque es la única que puede conducir el país en el marco de una crisis internacional, porque no había ninguna alternativa seria, por la bonanza económica, porque la oposición está dividida, porque maneja el aparato del estado, por los subsidios que reparten, ganó por su viudez. Como sea, el respaldo de la mayoría de la sociedad fue claro y contundente. Aun en medio de la algarabía, la propia presidenta aclaró que no recibió un cheque en blanco.

Autocrítica

Los analistas de los medios hegemónicos se apuraron a reprender a los dirigentes opositores. Otra vez confunden el deseo con la realidad. Se empeñan en amoldar la cabeza al sombrero. El periodismo debe ser crítico del poder político y económico, ese es su rol esencial en un sistema democrático. Pero una cosa es ocupar ese lugar de manera responsable y otra comportarse como lobistas de intereses empresariales u operadores de facciones políticas a límite de rematar credibilidad afectando la información. Si la presidenta ratifica en Octubre este nivel de adhesión popular, acumulará más poder y el periodismo crítico tendrá un papel fundamental.

Hasta Elisa Carrió tuvo más autocrítica que ellos. “Soy la razón de la derrota”, dijo para explicar la debacle de su sector. La líder de la Coalición Cívica perdió cerca de cuatro millones de votos en cuatro años. Carrió tuvo una presencia televisiva sólo comparable a la de Marcelo Tinelli. Su fuerza pasó de sostener ideas progresistas a defender los intereses de las corporaciones. Para ponerlo en un par de nombres propios: cambió a Eduardo Macaluse por Prat Gay y los set de televisión por la militancia. A pesar de los esfuerzos dialécticos del candidato a vice presidente Adrián Pérez es difícil sostener que un partido que lleva de primera candidata a Diputada en la Capital a Patricia Bullrich y en Buenos Aires a Mario Llambías, es una fuerza de centro izquierda. Una buena noticia: el discurso rabioso tocó a su fin. El gobierno también tomó nota de eso.

Otro dato en relación a los medios: entre las adhesiones a la presidenta y los votos cosechados por el Frente Amplio Progresista se puede afirmar que el 60 por ciento de la población ratificó la sanción de la nueva ley de Servicios Audiovisuales.

Segundos

El peronista Eduardo Duhalde fiel a su historia e ideología, utilizó el primer discurso post elección para “alertar” sobre la presencia de “banderas de agrupaciones subversivas” en el centro de campaña del oficialismo y descargaba su enojo contra Ricardo Alfonsín, por entonces peleaban voto a voto un lejano segundo puesto. Alberto Rodríguez Saá, en cambio, celebraba el triunfo de su fórmula en San Luis. Sólo por un momento ambos lamentaron no haber seguido adelante con la interna del Peronismo Federal que los hubiese acercado a una cifra expectable. Pero fue sólo un instante, acto seguido prosiguieron cruzándose acusaciones.

“Francisco si me estás viendo”, clamó Alfonsín en un sorprendente llamado televisivo a su socio electoral. Quería saludarlo en medio de una euforia de origen desconocido. De Narváez había elegido su sofisticado bunker de Las Cañitas para esperar los resultados. A esa hora del domingo, el hijo de don Raúl ya sabía que el experimento de unir radicalismo y derecha había fracasado. El millonario colombiano después de imponerse en el 2009 a la lista que encabezó Néstor Kirchner, sólo obtenía el 16 por ciento de los sufragios. Apelando a la sabiduría popular: billetera mata galán pero el dinero no puede comprar amor.

De Frente

La otra sorpresa fue el festejo de un cuarto puesto. Sin embargo, los arquitectos del Frente Amplio Progresista bailaron en el escenario. Sabían que les sobraban motivos para la alegría. Hicieron una campaña de sólo cinco semanas y casi sin recursos. Llegaron a los dos dígitos, un objetivo soñado pero improbable. Entienden que son la fuerza opositora con más posibilidades de crecimiento. En su estrategia electoral no tiraron por la borda sus principios. Binner respaldó al ministro de la Corte Raúl Eugenio Zaffaroni cuando se desató una campaña mediática para voltearlo y, cada vez que pudo, reivindicó la intervención virtuosa del Estado en la economía.

El FAP enfrenta ahora varios desafíos: profundizar su perfil de fuerza de centroizquierda realmente amplia (debería hacer una convocatoria generosa); no caer en las trampas que les tenderá el establhisment (ahora huérfano de “esperanza blanca”); ofrecer un discurso coherente (Norma Morandini suele ubicarse en las antípodas de Binner); convencer a los eventuales votantes de qué puede ser algo más que una alternativa testimonial (el encuentro con Hugo Moyano apuntó a eso) y, en especial, demostrar que puede sacudirse el karma de la izquierda nacional siempre divisible por dos, por tres o por cuatro. No será una tarea sencilla.

Cristina

Conferencia de prensa, saludos con un Mauricio Macri en bermudas, reconocimiento a la altísima participación de los votantes, satisfacción por las primarias en general, ratificación de algunos proyectos como la legislación que pone límites a la extranjerización de la tierra y evocación de Néstor Kirchner. Así comenzó la presidenta de la Nación su mejor semana política de los últimos dos años.  “Nadie es dueño del voto de nadie. Ninguno es propietario de la voluntad de cada ciudadano. No hay que creérsela. Yo nunca me la creí”, dijo en un mensaje para propios y extraños. Muy cerca de la reelección sabe que, como dice el tango, “todo es tan fugaz”. Hasta en la victoria la prudencia es buena consejera.

Nota publicada en Diario Z, edic ión 17.08.2011

El vendaval

El revival conservador

¿Vuelve el populismo conservador? ¿Eso es lo que dice el triunfo de José Manuel De la Sota en Córdoba? ¿La “resurrección” de Carlos Reutemann como gran elector en Santa Fe indica eso? ¿El fenómeno Miguel Del Sel es una primera señal? ¿El aviso publicitario de Daniel Scioli rezando junto a su esposa, va en el mismo sentido? ¿El revival del peronismo “tradicional” aumenta las posibilidades de Eduardo Duhalde? Y, a la vez, ¿afecta las chances de reelección de Cristina Fernández? Todas estas preguntas se incorporaron en la agenda de la política esta semana. Las primarias abiertas y obligatorias del domingo aportarán algunas respuestas.

El “gallego” De la Sota encabezó, en su momento, la resistencia de su provincia a la resolución 125. Por primera vez, desde el conflicto con las entidades del campo, algunas voces lúcidas en el gobierno nacional reconocen más como error que como una epopeya aquel conflicto. La legitimidad de las retenciones a las exportaciones agropecuarias no oculta la mala aplicación de una medida que no discriminaba entre grandes y pequeños productores. El resto lo hizo una pésima comunicación. El resultado está a la vista. El gobierno terminó enemistado con amplios sectores de la población rural que lo habían acompañado con su voto en el 2007. Basta recordar que la fórmula que encabezó la presidenta ese año perdió en todas las grandes ciudades pero se impuso en el interior de casi todas las provincias. Esto dicho sin obviar que los medios de comunicación concentrados y el patriciado agropecuario aprovecharon la coyuntura para horadar la sustentabilidad democrática. La bonanza económica que vive el campo no ha logrado todavía restañar aquellas heridas. En el oficialismo nunca se hizo el intento de separar a ofendidos de conspiradores. Siguen ubicando a todos en la misma bolsa.

Lo primero que hizo el gobernador electo de Córdoba fue marcarle la cancha a la Casa Rosada. Dijo que sólo apoyaría al candidato que “que más favorezca a Córdoba”. También decidió mantener su lista de candidatos a diputados nacionales distinta a la del kirchnerismo. Sin embargo, el Jefe de Gabinete del gobierno nacional, Aníbal Fernández, dijo: “De la Sota es nuestro”. Curiosa interpretación, De la Sota es delasotista. Además ideológicamente está en las antípodas de la presidenta. Hará la venia si, y sólo si, como dicen las encuestas, Cristina Kirchner obtiene una importante cosecha de votos el domingo próximo. El cordobés juega al límite, siempre lo hizo, pero no come vidrio. Sabe que eventualmente deberá convivir cuatro años con la presidenta si ésta obtiene la reelección. Si la cosecha oficial es magra, los sectores más reaccionarios del peronismo podrían reorganizarse.

Los funcionarios nacionales advierten sobre el error de querer transpolar los resultados distritales a la elección general. Tienen razón. Muchos de los ciudadanos que optaron por Del Sel, De la Sota o Macri se inclinarán por Cristina en las primarias. En la Casa Rosada aspiran a alcanzar el 40 por ciento de los votos para vivir los días que restan a los comicios generales con cierta tranquilidad. Aun así incurrirían en una torpeza si omiten los mensajes de las urnas en cada uno de los distritos dónde los candidatos del oficialismo nacional cayeron derrotados.

De cara al domingo. Macri eligió irse de vacaciones. Antes pidió el corte de boleta a favor de Federico Pinedo. El Jefe de Gobierno porteño, al igual que De la Sota, no quiere hacer ningún movimiento hasta saber cómo está cada candidato presidencial. La mayoría de los dirigentes del PRO se inclinan por cerrar un acuerdo con Duhalde. El ex presidente, en tanto, apuesta a convocar al voto del peronismo anti k para ubicarse en el segundo lugar. Esa plataforma es clave para saber si existen posibilidades ciertas de pelear en un eventual balotaje en Octubre.

Ricardo Alfonsín dirimirá con su socio Francisco De Narváez, en las primarias, una cantidad de nominaciones muy importante. Son más los distritos en los que tienen diferencias que en los que lograron acordar candidatos por consenso. El millonario colombiano devenido diputado apeló a una serie de avisos plagados de golpes bajos. Apuesta a que nadie recuerde su fallido mapa del delito y a mantener su aura de paladín de la mano dura. Hay un público para eso. El hijo de don Raúl, en tren de sobreactuar suele quedar a la derecha de De Narváez. Conforman un matrimonio por conveniencia.

En el resto de las fuerzas disputan otras cuestiones. En el Frente Amplio Progresista pretenden seguir creciendo. Con ese objetivo, la campaña de Hermes Binner asumirá gestos más osados. Esta semana, el socialista se reunió con Hugo Moyano y cerró su campaña con un acto en el Luna Park. Cómo ubicarse a la izquierda del gobierno sin apelar al discurso gorila es el desafío. Elisa Carrió; Alcira Argumedo, el derechista José Bonacci y la alianza de la izquierda orgánica buscan sobrepasar el límite del 1,5 por ciento para seguir en carrera. Alberto Rodríguez Saa juega por el afán de competir, como argumento de campaña exhibe los logros de San Luis.

Con un solo candidato por partido las primarias, en el rubro presidencial, se convirtieron en una suerte de encuesta con el cien por ciento de efectividad. Será relevante saber: cuál es el porcentaje que puede alcanzar la fórmula que encabeza la presidenta; quién se ubica en segundo lugar; cuál es el margen de diferencia entre el primero y el segundo y si los resultados pueden precipitar nuevas alianzas. Mientras la violencia sacude las principales capitales del mundo, desde Londres a Santiago de Chile, la democracia argentina vive un momento apasionante.

Nota publicada en Diario Z / 12 de agosto de 2011

El revival conservador

En calzoncillos

Ocurrió lo esperado por todos. Mauricio Macri ganó de manera contundente la segunda vuelta electoral en la Ciudad de Buenos Aires. Contra toda lógica algunos funcionarios del gobierno nacional todavía se muestran sorprendidos. Son los que alentaron ir al balotaje. El jefe de gobierno porteño tuvo otra previsible fiesta con música y globos de colores. Apañado en el calor de ese triunfo se ubicó en la grilla de candidatos a la presidencia para el 2015. Pensando en la Casa Rosada, estrenó discurso peronista (habló de luchar contra la pobreza y la desigualdad) y se mostró conciliador. Valoró el llamado de Cristina Fernández de Kirchner, quien lo felicitó por la victoria. El líder del PRO aseguró esa noche que no apoyaría a ningún candidato hasta después de las elecciones primarias y que conversaría con todos, incluso con la mandataria en busca de “una relación madura”. Pero ese Macri duro poco. Es sabido que en política, las palabras tienen una insoportable levedad. Un día después, en una entrevista para el diario Clarín, aseguró que “este proceso está agotado”; que nunca votaría a la presidenta; elogió a Eduardo Duhalde y retó a Ricardo Alfonsín por haber dicho que él “era su límite” y, por las dudas, lo perdonó. Acto seguido anunció sus vacaciones.

Al regreso, después del 14 de agosto y con los números puestos, Macri deberá decidir si sostiene un perfil negociador con el gobierno nacional o si persiste en su rol de principal opositor. La otra duda que tendrá que resolver es si apoya activamente al candidato de la oposición más votado o si se limita a un acompañamiento testimonial. No son pocos en su entorno los que le sugieren acotar su participación en la campaña nacional. En términos pragmáticos, la reelección de Cristina Kirchner aparece como una mejor opción que el triunfo de cualquier opositor. La presidenta no tendrá otro período en el 2015.  Además apuntalar a otro candidato alternativo podría dejarlo pegado a una derrota si, finalmente, se impone el Frente para la Victoria. Eso le dicen.

En el PRO las opiniones están divididas. Muchos alientan la adhesión a Eduardo Duhalde. Es el sector del pro-peronismo. Miguel Del Sel ya anunció su apoyo al ex presidente y anunció que lo acompañará en sus recorridas por Santa Fe. Varios de los candidatos del partido van colgados de la fórmula Duhalde-Das Neves. Jorge Macri, candidato a intendente en Vicente López, es uno de ellos.

La gran sorpresa del domingo pasado fue el llamado de la presidenta a un Mauricio Macri que, según declaró, la atendió en calzoncillos. En el gobierno nacional describieron la comunicación como algo habitual. Sin embargo, no hay muchos antecedentes de llamados a opositores. Cristina Kirchner, por ejemplo, no felicitó a Antonio Bonfatti cuando el socialista se impuso en Santa Fe hace dos semanas. El saludo del gobierno llegó un día después en la voz del ministro Florencio Randazzo. ¿Qué pasó? ¿En la cumbre del poder registraron que las actitudes destempladas no caen bien? Tal vez. Las agresiones sólo son apreciadas por la hinchada incondicional. Está demostrado que sólo con ese grupo no se ganan elecciones. Pasó en Santa Fe.

Ahora viene Córdoba. José Manuel De la Sota no aceptó un acuerdo en el que tuviese que ceder la decisión sobre las listas. Ya recibió el apoyo de Carlos Reutemann y Daniel Scioli. El candidato del Frente Cívico, Luis Juez, intentará arrebatarle la provincia al justicialismo. El kirchnerismo no compite. No será derrotado pero tampoco tendrá nada para celebrar.

Ahora bien ¿La sucesión de derrotas hace peligrar las chances de la presidenta de obtener la reelección? Imposible saberlo. Por ahora es una hipótesis optimista de los candidatos opositores. Transpolar los resultados distritales a la elección nacional es un error. Aún con esa certeza, en el gobierno acusaron los golpes sucesivos. Para colmo, tuvieron que soportar otra ráfaga de fuego amigo. Julio Grondona anunció modificaciones en el principal torneo de AFA con el objetivo de “ascender” a River y, en menos de una semana, luego del aluvión de críticas, sepultó el proyecto. Un mamarracho que, en su momento, contó con el aval oficial.

En medio de la disputa electoral y, en realidad como parte de ella, un sector de la prensa y algunos opositores desataron una dura campaña contra el Juez de la Corte Suprema, Eugenio Raúl Zaffaroni. Utilizaron la torpeza del magistrado y el exceso de confianza que depositó en un apoderado para pedir su cabeza. En departamentos de su propiedad, que entregó para alquiler a través de ese colaborador, se ejercía la prostitución. Insólito y estúpido, pero pretender transformar un error en complicidad delictual es de mala fe. Hermes Binner y Alcira Argumedo apoyaron al juez y lo alentaron a dar explicaciones. Hasta Eduardo Duhalde se mostró prudente. Ricardo Alfonsín le pidió la renuncia sin más en un ademán patético. El penalista más destacado de la Argentina se ha ganado muchos enemigos. En su lógica perversa creen que afectándolo también dañan al gobierno que lo nombró. La actual composición de la Corte Suprema es la más prestigiosa de la historia argentina por calidad e independencia. Este ataque al juez, contiene una advertencia reveladora: van por todo.

Nota publicada en Diario Z edición 04.08.2011

En calzoncillos