El país de las verdades a medias

“Estás con el Multimedios o estás con los trabajadores”, dicen de un lado.  “Estás contra los que cercenan la libertad de expresión o a favor de los que quieren censura”, dicen en el otro. El país en blanco y negro, el país irreal, el país de las verdades a medias se expresó con ferocidad esta semana. El conflicto gremial que impidió la distribución del diario Clarín el domingo pasado fue la escena elegida para un nuevo round del combate político-mediático. Las opciones que abren este párrafo son falsas. No se está con el grupo empresario si se cuestiona a los piquetes que interrumpieron la venta del matutino, ni se apoya al gobierno nacional si se señala que la empresa, hace años, que incumple la legislación laboral y, entre otras cuestiones, se resiste a aplicar la Ley de Servicios Audiovisuales.

Que un diario no llegue a los quioscos es una pésima noticia. No importa quién sea el editor. Con más razón si se trata de un medio opositor. Con todo, afirmar que en Argentina no hay libertad de expresión o que peligra la democracia es una exageración malintencionada. Igual de falaz es calificar el incidente de meramente gremial. El Ministro de Trabajo, Juan Carlos Tomada, llegó tarde y mal. Los mismos delegados de AGR, la planta en conflicto, se lo cuestionaron cara a cara y por la televisión pública. Aseguran que también, en privado, se lo demandó Cristina Kichner. El corte se tendría que haber evitado. Tomada prometió ahora mandar inspectores en forma permanente a la planta de la polémica para comprobar que no se cometan abusos. El conflicto lleva ocho años. Se acordó un poco tarde.

Los costos políticos, otra vez, los pagó la presidenta de la Nación. Pasó algo similar con la supuesta operación para “la reelección indefinida”; el intento de prohibirle a Mario Vargas Llosa que inaugure la Feria del Libro y lance sus conocidas diatribas; y se repitió con la amenaza de Moyano de convocar a paro general “en defensa propia”. En todos estos casos, Cristina Kichner tuvo que intervenir de manera directa o indirecta para explicar o corregir a la tropa propia. Ningún dirigente inteligente moldea su estrategia electoral para convencer a los que ya están convencidos. Sólo entre ellos hubo aplausos. Cerca de la presidenta lo saben.

Dos gobernadores se desmarcaron en forma explícita: Daniel Scioli y Juan Schiaretti. Se trata de los mandatarios con mayor juego propio en la constelación kichnerista (gobiernan Buenos Aires y Córdoba). Otros igual de incómodos, pero más prudentes, eligieron callar. No parece lo mejor apuesta cuando los operadores del oficialismo tratan de cerrar acuerdos con todo el peronismo del interior a excepción de Eduardo Duhalde y los hermanos Rodríguez Saá.

La oposición, golpeada por los resultados de Catamarca y Chubut, encontró un argumento de oro para criticar al gobierno y un respiro en una semana plagada de malas señales. Después de diez días todavía no hay un resultado indubitable en las elecciones de Chubut. En el conteo definitivo se encontraron planillas que no coinciden con los votos emitidos, alteraciones deliberadas de números y hasta urnas vacías. Más allá de quién se quede finalmente con el triunfo, el gobernador Mario Das Neves recibió un golpe demoledor a sus aspiraciones nacionales. La magra cosecha de su candidato se suma al escándalo de los comicios. La interna del PJ disidente languidece. En la UCR las cosas no están mucho mejor: Ernesto Sánz abandonó la competencia con Ricardo Alfonsín después de haberla propiciado. El senador no sólo comprendió que perdería por paliza, supo que la cantidad de votantes en la interna no sería relevante. Lo cierto es que hasta agosto no habrá candidato radical definitivo. En el PRO si bien se fijaron las fechas para la elección porteña (10 y 31 de julio), Maurico Macri no aportó certezas sobre su futuro y dejó abierta la puerta a una eventual reelección (el mejor camino según sus amigos más cercanos). Sufrirán su indecisión por lo menos un mes y medio más: Gabriela Michetti, Horacio Rodríguez Larreta y los porteños.

En tanto, el principal grupo mediático del país aprovechó la polémica que se desató a partir del piquete para recomponer su imagen (“es tan sospechoso un diario que critica siempre como aquel que no critica nunca”, dice la frase popular). La empresa vinculó las medidas de fuerza a las amenazas lanzadas por dirigentes de la CGT y cosechó apoyos y muestras de solidaridad. Pudo mostrarse así como el más débil en una pelea donde, en verdad, se enfrentan dos titanes. La prohibición de realizar actividad gremial dentro de la empresa –decisión que se remonta al año 2000 cuando despidió a más de un centenar de trabajadores y delegados– pasó a segundo plano. En aquel momento sólo publicaron información sobre los despidos la revista Veintitrés (fue nota de tapa) y Le Monde Diplomatique.

En febrero pasado la presidenta de la Nación cuestionó en duros términos la metodología del piquete en alusión a los cortes en los puertos exportadores de cereal ubicados al norte de Rosario. En ese momento, aprovechó la inauguración de la autovía Santa Fe-Paraná para pedir responsabilidad a los dirigentes del movimiento obrero: “no pueden tener las mismas prácticas con las que enfrentaron el modelo neoliberal en los noventa”. Por qué habría de avalarlos ahora. Claro que todavía no había ocurrido la fugaz detención del Momo Venegas ni la captura de José Pedraza. Tampoco el paro nacional con movilización a la Plaza de Mayo lanzado por Hugo Moyano. Esta vez Cristina Kichner no habló. En los próximos meses desde la CGT sólo escuchará reclamos. El fuego amigo es ya una constante.

Nota publicada en Diario Z, edición jueves 31.03.2011

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El país de las verdades a medias

Prisioneros de las palabras

“Es mejor ser rey de tus silencios que esclavo de tus palabras”. Tal vez Hugo Moyano, Mario Das Neves y Mauricio Macri no conocen la frase de Shakespeare que tiene infinidad de variantes en la sabiduría popular. El líder de la CGT¸ Hugo Moyano, ofuscado por la desmedida amplificación mediática de una requisitoria judicial de Suiza propuso un paro con movilización frente a la Casa Rosada. Más allá de las explicaciones, en el gobierno tienen claro que la presidenta de la Nación fue la principal destinataria de la bravata. Después de asegurar que el paro era inamovible, Moyano lo desmontó. Mario Das Neves días antes de la elección en Chubut dijo que si perdía se retiraba de la política. Tuvo una victoria pírrica en un comicio bochornoso. Festejó pero horas después anunció que desertaba de la interna del Peronismo Federal. El Jefe de Gobierno porteño anunció por enésima vez que será candidato a presidente. Con las encuestas en la mano, sus amigos más cercanos tratan de disuadirlo para que vaya por la reelección en la Ciudad.

Moyano y sus lugartenientes, el taxista Omar Viviani y el judicial Julio Piumato, explicaron que la medida de fuerza que gatillaron el viernes pasado no era contra la presidenta sino una suerte de advertencia para “los medios hegemónicos” que estigmatizan al camionero. Más allá del evidente destrato que recibe el sindicalista, propios y extraños deberían sincerarse: Moyano no es José Pedraza pero tampoco es Agustín Tosco. Y también debe comprender que, como cualquier ciudadano, es pasible de ser investigado.

El camionero interpretó que el impresentable exhorto judicial que llegó de Suiza (donde ni siquiera estaba mencionado) y la viabilidad que le otorgó la Cancillería era “una nueva movida” para perjudicarlo. Y que la andanada contaba con el aval de funcionarios oficiales. Por eso el paro incluía una movilización a Plaza de Mayo. El Ministro de Planificación, Julio De Vido, hizo su aporte decisivo para abortar la medida. Pero en el ánimo sindical también primó el enorme rechazo popular que cosechó el anuncio del paro en la opinión pública. Según un sondeo que manejan en Casa de Gobierno el 80 por ciento de los consultados expresó su repudio. Lo de Moyano fue defensivo pero también destinado a marcar la cancha. El martes pasado volvió a insistir con la idea de que el candidato a vicepresidente del Frente para la Victoria debería ser de origen sindical.

Lo cierto es que cinco días después del triunfo oficialista en Catamarca, el kichnerismo se mostró enredado en una solapada interna que fue una fiesta para la oposición. Es la cuarta vez en poco tiempo que Cristina Kichner tiene que enmendar errores o groserías de su propio sector político. Tuvo que salir a desmentir un supuesto intento de reelección indefinida lanzado por Diana Conti; aclarar que nadie le impediría a Vargas Llosa lanzar sus diatribas en la Feria del Libro; se mostró junto a Daniel Scioli en varios actos para desactivar las operaciones destinadas a limar al gobernador y luego ordenó a sus hombres resolver, sin que la sangre llegue al río, la protesta de Moyano. La reflexión de la presidenta ante la asamblea legislativa adquiere una inusitada vigencia: también “debo cuidarme del compañero que siempre me quiso mucho o de algunos que ahora me quieren más que antes”. Traducido a lenguaje popular: “cuídenme de mis amigos que de mis enemigos me cuido sola”.

Golpeado por la paridad con el kichnerismo, el gobernador Mario Das Neves se bajó de la interna propiciada por Eduardo Duhalde y pidió un candidato de consenso. El triunfo de su delfin en Chubut –todavía en cuestión hasta el conteo final voto a voto– representa una victoria que si bien no lo obliga al retiro, lo deja fuera de la carrera nacional. Además quedó comprobado que la buena imagen de la presidenta de la Nación tracciona muchos más votos de los imaginados por la oposición. Francisco De Narváez y Felipe Solá, quienes viajaron a la provincia patagónica para participar de “una noche inolvidable” según la promesa que hizo Das Neves, volvieron a la Capital con más dudas que certezas. Solá advirtió sobre los peligros de hacer “una interna sin gente” en referencia a las primarias del Peronismo Federal previstas en Buenos Aires para el 3 de abril. Sólo quedan Eduardo Duhalde y Alberto Rodríguez Saá en una competencia que no emociona a nadie.

En el Pro se frotan las manos, piensan que todos los caminos del peronismo opositor conducen a Macri. Se podría decir que Mauricio ganó en Chubut aunque el Pro no existe allí. “No tienen otro candidato para enfrentar al kichnerismo”, explican cerca del Jefe de Gobierno. De Narváez, Solá y Graciela Caamaño ya hablan abiertamente de una alianza con el macrismo. Se trata de una paradoja. Las buenas noticias llegan en el momento de mayor vacilación del dirigente porteño. Macri repite que será candidato a presidente pero en su entorno hacen cola para pedirle que lo piense y apueste a un nuevo mandato en la Capital Federal.

Marcos Peña, Nicolás Caputo y Jaime Durán Barba hicieron esta semana un nuevo intento para convencer a Macri de que vaya por la reelección. Según una encuesta encargada por el Pro, la intención de voto de Cristina Kichner en la Capital supera por varios puntos al ex presidente de Boca. En los sondeos del gobierno nacional la cifra de diferencia es todavía mayor. Gabriela Michetti aprovechó un encuentro con su Jefe para decirle que acompañaría cualquier decisión que éste tomara y que estaba dispuesta, incluso, a bajar su candidatura. Macri agradeció el gesto (Michetti aparece en ese mismo sondeo imponiéndose en segunda vuelta en todos los escenarios) pero se mantuvo en su posición. “Soy el mejor candidato de la oposición. Además si no me la juego dirán que soy un cagón”, se sinceró.

Shakeaspeare tiene razón. Es mejor no ser esclavo de las propias palabras.

Esta nota fue publicada en el Diario Z edición 23.03.2011

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Prisioneros de las palabras

Lo que Obama debió haber hecho en Chile

Esta nota fue publicada ayer en la Contratapa de Página/12. Es valiosa por su autor, por el planteo y por la memoria de ese presidente honesto y valiente que se llamó Salvador Allende.  La participación de EEUU en su derrocamiento es innegable, algún gesto de disculpa no hubiese estado mal. La publico ahora que el diario ya no está en la calle por si se les pasó por alto. Agradezco al diario y a Ariel Dorfman. Vale la pena leerla.ra,

Por Ariel Dorfman

Cuando Barack Obama desembarque en Chile por una visita de 24 horas, algo crucial va a faltar en su agenda. Habrá mariscos suculentos y discursos que elogien la prosperidad de Chile, acuerdos bilaterales y encuentros con los poderosos y los pomposos, pero no hay planes, sin duda, de que el presidente de los Estados Unidos tome contacto con lo que fue la experiencia fundamental de la reciente historia chilena, el trauma que el pueblo de mi país padeció durante los casi diecisiete años del régimen del general Augusto Pinochet.

Y, sin embargo, no sería imposible que Obama se asomara a una pequeña muestra de lo que fue la aflicción de Chile. A escasas cuadras del Palacio Presidencial de La Moneda, donde ha de ser agasajado por Sebastián Piñera, 120 investigadores se dedican asiduamente a recoger una lista definitiva de las víctimas de Pinochet para que se les pueda entregar alguna forma de reparación. Este es el tercer intento desde que terminó la dictadura, en 1990, para enfrentar las pérdidas masivas que ocasionó. Dos comisiones establecidas oficialmente ya habían escrutado una inmensa cantidad de casos de tortura, ejecuciones y prisión política, pero se fue haciendo claro, en la medida en que pasaban los años, que innumerables abusos de derechos humanos seguían sin identificarse. Y, de hecho, la indagación corriente ha recibido 33.000 solicitudes adicionales, horrores que todavía no habían sido registrados.

Aunque Obama no tiene derecho a leer ninguno de los informes confidenciales acerca de aquellos casos, unos minutos robados de su estricto calendario para hablar con algunos de los hombres y mujeres que llevan a cabo las pesquisas le informaría más sobre la escondida agonía de Chile que mil libros y reportajes.

Podría, por ejemplo, conversar con una investigadora llamada Tamara. El 11 de septiembre de 1973, el día en que Salvador Allende fue derrocado, el padre de Tamara, uno de los guardaespaldas de Allende, fue detenido, sin que jamás se supiera su paradero ulterior. Yo trabajaba en La Moneda en la época de la asonada militar y salvé la vida debido a una cadena de coincidencias milagrosas, pero el padre de Tamara no fue no tan afortunado, como no lo fueron varias buenos amigos míos, cuyos cuerpos todavía están sin sepultura.

O podría Obama auscultar los ojos de un abogado que conozco, al que lo secuestraron una tarde y que fue torturado durante semanas antes de que lo dejaran una noche en una calle desconocida, tan lejos de su hogar que fue inmediatamente arrestado de nuevo por romper el toque de queda. O por ahí Obama podría conversar con una antropóloga que tuvo que marcharse al exilio durante 14 años, perdiendo su país, su profesión, su idioma, y cuyo retorno a Chile fue tan angustioso como el destierro original, puesto que sus hijos, a raíz de su prolongada ausencia del país donde nacieron, habían decidido permanecer en el extranjero, lo que significa que esa familia estará para siempre escindida.

O si el presidente Obama se siente más cómodo conociendo lugares en vez de seres humanos de carne y hueso, podría familiarizarse con Villa Grimaldi, una casa de tormentos donde ahora se yergue un centro para la paz, o ceder diez minutos para visitar el Museo de la Memoria, donde hay exhibiciones que denuncian el terrible pasado de Chile.

Una razón por la cual tiene sentido que Obama haga todo lo posible por vislumbrar, aunque fuera a través de un vidrio oscuro, nuestra vasta y devastadora pena, es que los norteamericanos fueron, en gran parte, responsables de aquella tragedia. Washington ayudó y alentó y financió la caída del gobierno democráticamente elegido de Allende y la trayectoria dictatorial de Pinochet. En un momento en que la revuelta en Egipto, como en tantos otros países que se sacuden el yugo autoritario, le recuerda al mundo las consecuencias de sostener regímenes brutales, sería aleccionador para un presidente tan inteligente y compasivo como lo es Obama ver, de cerca y en forma personal, algunos de los hombres y mujeres que han sido destruidos por esa política.

Y Chile también ofrece un ejemplo de lo difícil que es confrontar los crímenes contra la humanidad, cuán difícil y también cuán necesario. En mi país hemos aprendido que si nuestra comunidad, nuestro pueblo entero, no mira de frente el pasado aterrador y arrastra hasta la luz su pesadumbre, si los responsables no reciben castigo, corremos el riesgo de que se corrompa nuestra alma misma.

Es una lección que Obama y sus compatriotas deberían imponerse. Dos años después de su inauguración, Guantánamo sigue abierta y no hay señal de que se proponga un enjuiciamiento de las violaciones de los derechos humanos bajo la administración de Bush ni tampoco una insinuación de que se les pediría perdón a las víctimas. Una comisión norteamericana que tome como modelo una como se ha establecido en Santiago podría constituir un primer paso hacia un ajuste de cuentas que, como bien lo sabemos los chilenos, no debería postergarse en forma indefinida.

Por importante que fuera esa experiencia para Obama, hay otra que sería aún más significativa. Por la noche va a cenar en el mismo Palacio Presidencial donde murió hace muchos años atrás Salvador Allende, en defensa del derecho de su pueblo a elegir su propio destino. Allende está enterrado en un cementerio no muy lejos de donde la elite del país va a estar brindando por la amistad eterna entre Chile y los Estados Unidos. En 1965, durante un viaje notable a Chile, Bobby Kennedy se salió del escrupuloso protocolo que se le había armado y se encontró con mineros expoliados y estudiantes universitarios hostiles y se sumergió en los problemas del país para conocerlos, para preguntarse cómo llegar a su resolución. ¿Y si Obama decidiera seguir el ejemplo de Kennedy –su ídolo, Bobby Kennedy– y se saliera del guión para hacer algo sin precedentes como una visita a la tumba de Allende? ¿Si muy simplemente se parase en ese lugar, estuviese a pie ante los restos de quien fue, como él, un presidente elegido por su pueblo, si le dedicara un par de minutos solitarios?

No sería imprescindible que pidiera perdón o expresara remordimiento por la intervención de los Estados Unidos en los asuntos internos de Chile ni por haber sostenido a Pinochet durante tanto tiempo. Bastaría ese gesto sencillo. Ese homenaje a un presidente que entregó su vida luchando por la democracia y la justicia social mandaría un mensaje a América latina, y de hecho a todo el planeta, que sería más elocuente que cincuenta discursos retóricos. Sería una señal de que quizá de veras sea posible una nueva era en las relaciones entre los Estados Unidos y sus vecinos al sur del río Bravo, que el pasado tan amargo e injusto nunca más ha de volver, nunca, nunca más.

* El último libro de Ariel Dorfman es Americanos: Los pasos de Murieta.

Lo que Obama debió haber hecho en Chile

Entre el temblor y las lágrimas

Todos dudan. Julio Cobos analiza si es conveniente presentarse a la elección presidencial y propone suspender los comicios internos del radicalismo. Ernesto Sánz sugirió ampliar las alianzas de la UCR hacia cualquier sector, desde Proyecto Sur al Pro y al Peronismo Federal. Ricardo Alfonsín dice que no es para tanto y espera por Hermes Binner. Mauricio Macri replantea su candidatura presidencial aunque antes de volver a viajar aseguró que su única meta es la Casa Rosada. Gabriela Michetti “hace pucheros” y dice que su postulación a la Jefatura de Gobierno está a disposición del ex presidente de Boca. Mario Das Neves disimula como puede su preocupación, hasta hace una semana nadie dudaba del triunfo de su delfín en los comicios de Chubut. “Si pierdo me voy”, sentenció. Felipe Solá se muestra cada vez más lejos del llamado peronismo disidente. Hermes Binner sorprende al expresar su deseo de competir por la presidencia. Y hay más. El tablero político tiembla. Se parece a Japón en pleno terremoto. La responsable del sismo político tiene nombre y apellido: Cristina Fernández de Kichner.

La bendición a Lucía Corpacci fue decisiva para el triunfo del oficialismo en Catamarca. Un mes atrás, la presidenta de la Nación hizo en esa provincia su primer discurso con tono electoral. A partir de allí comenzó la levantada de la senadora oficialista quién, después de estar veinte puntos por debajo del gobernador, se quedó con el triunfo. Brizuela del Moral hizo su aporte a la derrota: anunció que se quedaría veinte años en el poder. La mayoría de los catamarqueños lo mandaron a su casa.

La flamante gobernadora electa, Lucía Corpacci, empañó el festejo de su triunfo reivindicando a su pariente y aliado Ramón Saadi. También cuestiono la cobertura preiodística en torno al asesinato de María Soledad. Lejos de los micrófonos, en el gobierno nacional lo lamentaron: “una cosa es no negar a su primo y otra reinvindicarlo”. El ex gobernador, que perdió el cargo por el escándalo desatado después de la violación y asesinato de la joven, fue más allá: “fue un crimen pasional”, explicó. Una afrenta gratuita a la inteligencia y la memoria de los argentinos. Un manjar para la oposición.

Está claro que la mentada “unidad del peronismo” detrás del proyecto nacional de reelección tiene esos lastres en casi todos los distritos. La re-reelección del gobernador de San Juan, José Luis Gioja, es uno de los más pesados. Hasta su hermano el senador César Gioja lo cuestionó: “José Luis ha producido un quiebre en la institucionalidad, en el partido y en la familia”. El gobernador derramó unas lágrimas por la inesperada interna familiar durante un acto dónde instruyó a sus seguidores para que militen por su permanencia en el poder.

Más allá del llanto, la pregunta del millón es saber si la Presidenta se convirtió en una suerte de rey Midas de la política. Según cuentan las historias, el monarca de Frigia convertía en oro todo lo que tocaba. ¿CFK tiene la facultad de empujar a la victoria a todos los candidatos que apoya? Evidentemente no. La política tiene una lógica más pobre que los relatos mitológicos. Lo que está fuera de discusión, hasta para los más acérrimos opositores, es el influjo positivo que derrama la buena imagen que tiene la Presidenta entre amplios sectores de la población.

Hace un mes nadie se atrevía a cuestionar el triunfo en Chubut del candidato apoyado por el actual gobernador Mario Das Neves. Después de la visita de CFK a Comodoro Rivadavia, el sábado pasado, y su apoyo explícito al candidato del Frente para la Victoria todo cambió. Das Neves, precandidato a presidente por el Peronismo Federal, sumó dramatismo, asegurando que una derrota lo alejaría de la política para siempre. Antes de la visita de la Presidenta la elección se contaba como una formalidad.

En tanto, Felipe Solá se muestra cada vez más lejos del conglomerado que armaron Eduardo Duhalde y los hermanos Rodríguez Saá. El ex gobernador de Buenos Aires se preguntó sobre el sentido de hacer una interna “sin gente”. Sus declaraciones impactaron de lleno en el duhaldismo.

Pero el partido que más sintió el impacto de la elección catamarqueña fue la UCR. Demostrando que tiene menos cintura política que un pollo de campo, el vicepresidente Julio Cobos viajó a Catamarca a media tarde del domingo para celebrar el triunfo de su correligionario Brizuela del Moral. También lo hizo Ernesto Sánz. El pragmatismo no sólo es patrimonio del PJ. Ambos dirigentes radicales son críticos de la permanencia excesiva en el poder. Seguramente serán impiadosos con el intento de Gioja. Sin embargo, se mostraron dispuestos a acompañar los deseos de eternidad del gobernador de Catamarca.

Ahora sugieren replantear la estrategia opositora. Cobos quiere suspender las internas de abril, algo que rechazó de plano Ricardo Alfonsín. El senador Sánz propuso abrir el marco de alianzas hacia izquierda y derecha. Sin el radicalismo no se puede pero con el radicalismo solo no alcanza, explicó.  ¿La convocatoria incluye a Macri y a Pino Solanas? ¿Es posible una alianza de toda la oposición antikichnerista? Parece imposible pero esa es una palabra que perdió contundencia en Argentina.

Casi desde la escalerilla del avión que lo alejó de Buenos Aires una vez más, Mauricio Macri intentó un mensaje de certidumbre: “sigo siendo candidato a presidente como el primer día”. Las dudas sobre su postulación nacional nacen de las encuestas que posicionan a la Presidenta cerca de ganar en primera vuelta y fueron puestas en palabras por un ministro del gabinete porteño y por Jaime Durán Barba, el principal asesor electoral de Macri.

Hay que avalar una desmentida: Gabriela Michetti no lloró por este tema, como trascendió en la prensa. Si se emocionó cuando aseguró durante una reunión de la mesa chica del PRO que “Mauricio debe decidir lo que es mejor para él y para el partido”. Ratificó que si Macri juega en la Ciudad, ella se baja. Aunque la legisladora es la mejor posicionada para intentar suceder a su Jefe, sabe que está atada a sus palabras. El año pasado insistió hasta el cansancio con la idea de la reelección. Para ella, Macri debería disputar un segundo período en la Ciudad y mostrar mayor eficacia en la gestión para, recién después, lanzarse a la aventura nacional. Más allá de que todos en el PRO relativizan la cuestión, el tema que parecía sepultado volvió al a discusión interna.

Todo sucede como en un culebrón colombiano, entre el temblor y las lágrimas.

Nota: publicado en Diario Z edición 17.03.2011

Entre el temblor y las lágrimas

Una pesadilla real

El Fujiyama en rojo. Uno de Los sueños de Akira Kurosawa (film de 1990 del gran director japonés) es una metáfora dolorosa de lo que pasa hoy en Japón. Mi amigo Pablo -periodista, escritor y gran cinéfilo-  me envió este sueño-pesadilla que me conmovió profundamente. Les pido que se tomen un momento y lo vean. Tal vez podamos cumplir así con el sentido que tiene esa notable película: advertir contra la estupidez humana.

Una pesadilla real

Un crimen argentino en Italia

Amigos estoy muy contento, acaba de publicarse en Italia mi primera novela: Un crimen argentino (ediciones Alfaguara).

Les paso la página de la editorial: bcdeditore.it por si se lo quieren regalar a sus familiares italianos. O tal vez quieran practicar la lengua del Dante con mi libro. No sé. Pero vale un poco de autobombo.

Va mi agradecimiento a la agencia de Nicole Witt y al eficaz Jordi Roca que me representan. Aquí está la portada de esa edición.

Un crimen argentino en Italia

La versión marxista de Macri

“Éstos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros.” La frase que se le atribuye al capo cómico Groucho Marx bien podría ser la síntesis jocosa del momento de vacilación que vive Mauricio Macri. Dijo hasta el cansancio, a propios y extraños, que su gran objetivo era la candidatura presidencial y que descartaba competir por otro período en la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, en los últimos días las palabras de su principal asesor electoral, Jaime Durán Barba, y la opinión de sus amigos Nicolás Caputo y José Torello lo llevaron a repensar el futuro inmediato. Las encuestas que dan a la presidenta Cristina Fernández ganando en primera vuelta operaron como un revulsivo en el campamento del PRO. Hasta el viernes pasado la candidatura presidencial era una decisión incuestionable. “Mauricio quiere ser candidato a presidente, es su gran sueño pero no va a suicidarse”, confesó uno de sus hombres de confianza. Por lo pronto, el jefe del gobierno porteño se tomará hasta fin de abril para resolver cómo jugará ante el nuevo escenario.

¿Ser o no ser candidato a Presidente? La duda arrasa con las expectativas de los dos aspirantes a la sucesión: Horacio Rodríguez Larreta y Gabriela Michetti. Si finalmente Macri acata el consejo de su asesor ecuatoriano, la diputada nacional no tiene argumentos para el reproche. Fue ella misma la que en diciembre pasado, en el marco de una reunión de la llamada mesa chica del PRO, se animó a sugerir que la mejor alternativa electoral para el partido que gobierna la ciudad de Buenos Aires era que Mauricio Macri fuera por la reelección. Estaba convencida de que después de una gestión con altibajos, en un segundo período se podría demostrar la eficacia prometida en la campaña que les dio el triunfo hace cuatro años. En ese momento, la idea cosechó el cuestionamiento del jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, el repudio de varios ministros y el rechazo del propio Mauricio Macri.

El fin de semana pasado después de escuchar a sus asesores en materia electoral, el ex presidente de Boca reconoció que la idea de la reelección todavía no está descartada. ¿Qué cambió para que el ingeniero revise su estrategia? Varias encuestas, incluso las encargadas por el PRO, revelan que la Presidenta podría ganar en primera vuelta. Y con un agravante: el crecimiento de Ricardo Alfonsín y el posible acuerdo con el socialismo de Hermes Binner podrían desplazar a Macri del ansiado rol de principal referente opositor relegándolo al tercer lugar. En lenguaje popular: se quedaría sin el pan (la Jefatura de Gobierno) y sin la torta (la Presidencia).

Según los sondeos conocidos, Cristina Kirchner duplica a Macri en intención de votos en la Capital. Y si bien los mismos relevamientos revelan que Gabriela Michetti se impondría en la Ciudad, esto tampoco trae tranquilidad. Cerca de Rodríguez Larreta advierten que, en esa situación, Michetti se quedaría “con todo”. Si el triunfo de la diputada viene acompañado por una derrota estrepitosa del fundador del partido, la pregunta es ¿quién mandaría en el PRO?

Durán Barba había diseñado una estrategia destinada a consolidar a Macri como el principal referente opositor. La gran apuesta era la polarización con el gobierno nacional para que los sectores no kirchneristas vieran al jefe de Gobierno porteño como la única opción para derrotar al oficialismo en segunda vuelta. De hecho, la vuelta de Francisco de Narváez al redil, sin pretensiones ni planteos de ningún tipo, era tomada como ejemplo del “nos necesitan”. Lo mismo ocurrirá con Eduardo Duhalde y el Peronismo Federal, vaticinaban en el PRO.

El especialista ecuatoriano hasta explicaba las ventajas que se podrían capitalizar de una eventual derrota. Perder por poco, reteniendo la Capital, le permitiría a Macri partir de un piso alto para disputar la Presidencia en 2015. Una carrera para la que no estará habilitada CFK. Ahora los planos y proyecciones de esa aventura están más cerca del tacho de basura que de la mesa de arena. Por lo pronto, la decisión es ganar tiempo.

Las mismas encuestas alteraron el afán por la unificación de elecciones locales con las nacionales. Por ahora sólo se habla de juntar los comicios porteños con la elección de los representantes de las quince comunas (es posible que se resuelva favorablemente esta semana). Cerca de Macri, hay dos posturas. Están los que sugieren votar en julio o agosto a nivel local para apuntalar las chances nacionales con un hipotético triunfo y los que sugieren todo en octubre. Esta opción, con un Macri que arrastra menos votos que la Presidenta, es la que menos entusiasma. También habrá que esperar para cerrar el calendario electoral. Claro que si Macri va por la reelección la historia será otra. En el PRO aseguran que, en ese caso, descartará claramente la doble postulación. Aunque el eventual volantazo no dejará mucho margen de credibilidad.

En el kirchnerismo porteño todo sigue igual. El senador Daniel Filmus sigue mejor posicionado que los ministros Juan Carlos Tomada y Amado Boudou, salvo en las encuestas que encargó el titular de la cartera de Economía. Con todo, Boudou cuenta con el aval de la Casa Rosada y se muestra confiado. La buena perspectiva electoral de Cristina Kirchner alienta su sueño electoral. ¿La Presidenta podría inclinarse por el candidato oficialista con menos intención de votos? ¿Por qué no? “Sólo en el caso de que no quiera ganar”, desliza, ante la sorpresa de este cronista, un referente del progresismo porteño.

Uno más uno, no siempre es dos en política. Hay que volver al genial Groucho Marx: “¿A quién le va a creer usted, a mí o a sus propios ojos?”.

Nota publicada en Diario Z en la edición del 10.03.2011

La versión marxista de Macri