El viaje de los egipcios

Hace unos días que pienso en este poema de Konstantino Kavafis. Será porque es uno de mis preferidos. Será porque el gran poeta griego nació en Alejandría. Será porque habla de un viaje vital y menciona a las ciudades de Egipto. Lo cierto es que nada será como era. Y cuando lo que era, era injusto su final es una gran noticia. Los antiguos egipcios pensaban la vida primero y la muerte, después, como un viaje. Ojalá este recorrido que el pueblo ha emprendido en las calles de El Cairo conduzca a un país y a un mundo más justos, más democráticos y más fraternos. Por lo pronto pienso en Mohamed y en Myriam que me alojaron, sin conocerme. Que me dieron refugio y fueron mis guías por una ciudad y una historia. Mohamed me contó que se había fugado a la Argentina para no ir al ejército. Después se convirtió en campeón de billar y le perdonaron la fuga. Pienso en ellos y en sus dos hijos. Me pregunto si habrán salido a las calles. Y pienso en Kavafis y en Ítaca.

ÍTACA

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca

debes rogar que el viaje sea largo,

lleno de peripecias, lleno de experiencias.

No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,

ni la cólera del airado Poseidón.

Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta

si tu pensamiento es elevado, si una exquisita

emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.

Los lestrigones y los cíclopes

y el feroz Poseidón no podrán encontrarte

si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,

si tu alma no los conjura ante ti.

Debes rogar que el viaje sea largo,

que sean muchos los días de verano;

que te vean arribar con gozo, alegremente,

a puertos que tú antes ignorabas.

Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,

y comprar unas bellas mercancías:

madreperlas, coral, ébano, y ámbar,

y perfumes placenteros de mil clases.

Acude a muchas ciudades del Egipto

para aprender, y aprender de quienes saben.

Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:

llegar allí, he aquí tu destino.

Mas no hagas con prisas tu camino;

mejor será que dure muchos años,

y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,

rico de cuanto habrás ganado en el camino.

No has de esperar que Ítaca te enriquezca:

Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.

Sin ellas, jamás habrías partido;

mas no tiene otra cosa que ofrecerte.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.

Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,

sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.

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