Mauricio: candidato a todo

La persona que más insistió en que Mauricio Macri vaya a la reelección en la ciudad de Buenos Aires fue Gabriela Michetti. La diputada sostenía esa posición en total soledad cada vez que la mesa chica del PRO discutía la estrategia electoral. Su idea era consolidar una buena gestión y, recién después, intentar la aventura presidencial. Lo que Macri, Rodríguez Larreta y Cía rechazaban de plano en esos días pasó a ser “la jugada” del Jefe de Gobierno para el 2011. Lo que Michetti nunca imaginó y, a esta hora, es el motivo de su primera gran decepción con su mentor político: es que el ingeniero utilizaría un eventual triunfo porteño para mejorar su chance en los comicios de octubre. En ese caso Macri se vestiría de candidato testimonial.

El ensayo se sostiene en un argumento: “no nos aprueban el presupuesto”. En palabras del secretario general de la Ciudad, Marcos Peña, “Parece que hay una voluntad en la oposición de no dejar gobernar lo que eligieron los porteños”. La frase parece calcada de los lamentos del gobierno kichnerista ante el boicot opositor al presupuesto nacional. En el PRO no aceptan una verdad irrefutable: en política no hay nada más amargo que beber de la propia medicina. El gobierno nacional debe negociar su plan de gastos pero el gobierno local no. Más allá del doble estándar esgrimido lo cierto es que la traba legislativa, se convirtió en el atajo elegido para que Macri pueda anunciar el adelantamiento de los comicios y, más tarde, hasta una doble candidatura. “Llegaría a las presidenciales con una victoria en la Capital”, se sinceran los macristas.

Es evidente que la apuesta por la reelección es una variante que le permite a Macri ganar tiempo y mantener la iniciativa política. A pesar de los inconvenientes y cuestionamientos a su gestión el Jefe de Gobierno mantiene una alta imagen positiva. En consecuencia, sigue siendo el mejor candidato del PRO para intentar retener la Capital. Ya lo explicamos en estas páginas, Macri portaría una suerte de traje de amianto que lo protege de derrumbes, piquetes y procesamientos judiciales. La infalibilidad de esta idea sólo se podrá constatar en los comicios.

Los que creen en esta teoría dicen que se parece a Daniel Scioli. Las encuestas revelan que, tanto en la Ciudad como en la provincia, cuando se pregunta por áreas de gobierno: educación, salud o seguridad, la mayoría de la población rechaza la gestión. Sin embargo, cuando se pregunta por la imagen del Jefe de Gobierno o del gobernador los niveles de aprobación rondan el cincuenta por ciento. En ambos casos imagen y gestión aparecen disociadas.

Puertas adentro en el PRO, hay visiones encontradas. Michetti, la mejor posicionada electoralmente después de Macri, avala la primera parte de la movida. Acuerda con la reelección pero rechaza que se utilice la elección porteña como escala de los comicios nacionales. El otro candidato del PRO, Horacio Rodríguez Larreta avala todo. Si prospera la alquimia electoral será el más beneficiado. Aspira a ser el candidato a vicejefe de Gobierno y, si Macri acierta un pleno en octubre, ocuparía el principal sillón en la Ciudad. “Por ahora están abiertas todas las opciones”, respondió enigmático el Jefe de Gabinete. En el PRO festejan: lo que empezó como una variante de presión a los legisladores díscolos terminó convirtiéndose en una posibilidad.

En el Frente para la Victoria rechazan esos argumentos. Dicen que aprobarían el presupuesto sólo si el gobierno porteño acepta revisar el aumento del ABL y el resto de las tasas, el destino que quiere darse a las utilidades del Banco de la Ciudad y modificar las cifras previstas para el endeudamiento, entre otras cuestiones. Piensan que el posible anticipo de los comicios es una sólo una maniobra electoral. En esto coinciden con Proyecto Sur. De hecho, Claudio Lozano –economista y principal candidato del sector en la Ciudad– preparó un documento dónde señala que el proyecto oficial de presupuesto consolida la desigualdad y tiene serias inconsistencias. Así como están las cosas el 22 de diciembre, fecha fijada para la sesión, no habrá acuerdo.

En el archipiélago peronista el cambio de calendario electoral no generó mayor inquietud. Analizan que éste es el mejor momento de Cristina Kichner en cuanto a la consideración popular. “Si las elecciones se hacen ahora claramente seríamos la segunda fuerza en la Capital”, confesó un operador del PJ y agregó: “si todos los sectores progresistas logramos coincidir en una propuesta común se puede ganar en segunda vuelta”.

Daniel Filmus es el candidato más consolidado. Cerca del senador dicen que ya ronda el 20 por ciento de intención de voto. El Ministro de Economía, Amado Boudou, también dejó trascender su interés en competir pero más allá de su alto conocimiento, posicionar su candidatura en forma rápida aparece como una dificultad insalvable.

El kichnerismo de Capital pretende cerrar acuerdos con otros sectores afines por su rechazo al macrismo. Entre las prioridades están el grupo de Martín Sabbatella y Carlos Heller, al que podría sumarse Jorge Telerman. El ex Jefe de Gobierno, junto a Diego Kravetz, volverá al ruedo político activo en un evento el próximo 17 de diciembre. La unidad no es sencilla pero la muerte de Néstor Kichner, acercó posiciones que parecían irreconciliables. Hasta existen conversaciones con Aníbal Ibarra, aunque la suya es una figura resistida en el núcleo duro del peronismo porteño. Telerman e Ibarra, además, se guardan viejos rencores.

Los que apuestan a consolidar esta suerte de frente kichnerista-progre imaginan un lugar destacado en la lista de legisladores para Jorge Rivas. El diputado socialista, que sigue luchando contra la parálisis que le provocaron los golpes en un atraco, ya cambió su domicilio a la Capital Federal y estaría dispuesto a aceptar el desafío.

Una cosa queda clara, más allá de los nombres, la batalla porteña será a todo o nada.

Especial para Diario Z, publicada en su edición 09.12.2010

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Mauricio: candidato a todo

El wiki wiki

El tsunami de documentos secretos de la diplomacia norteamericana revelados por el sitio WikiLeaks, más allá de sus implicancias políticas internacionales, permiten confirmar la mirada prejuiciosa, prepotente y autoritaria de los Estados Unidos sobre el resto del mundo. Más de dos mil de esos documentos hacen referencia a la Argentina y su gobierno. Se confirma también el nivel de las fuentes de información utilizadas por la delegación yanqui: parte de la clase política argentina y un nutrido grupo de periodistas que exhiben, con orgullo, su asistencia perfecta a las reuniones públicas y confidenciales organizadas por el embajador con más poder en Buenos Aires. “¿Cómo a vos no te invitan ni para el 4 de Julio?”, me preguntó una colega con cierto desdén días antes de la principal celebración norteamericana. Casi todos, los que hacen la política y los que la cuentan, quieren ser interlocutores de “La Embajada”. Aunque más no sea para darle cuerpo a un rumor o hacer mérito soltando opiniones que coincidan con la perspectiva del Imperio. La idea extendida entre políticos y periodistas es que si algo dan, también algo recibirán.

En general la información vinculada a la Argentina, publicada hasta ahora, es pobre y poco relevante. Los grandes medios enfrentados con el gobierno nacional hicieron centro en el “estado mental” de la Presidenta de la Nación como la gran preocupación de la administración norteamericana. Una información que nació en una tapa de la revista Noticias dónde se hablaba de la supuesta bipolaridad de Cristina Fernández. El espionaje realizado por los diplomáticos es de dudosa calidad. El capítulo argentino se parece más a una carpeta de recortes preparada por el Agente 86 que a verdaderos reportes de inteligencia.

También quedaron expuestas algunas charlas públicas y otras privadas. Entre ellas, las críticas de los ex Jefes de Gabinete Alberto Fernández y Sergio Massa a la gestión oficial y a Néstor Kichner en particular. Los cuestionamientos de Fernández fueron realizados en los medios y se sucedieron desde el mismo momento en que se alejó del gobierno como consecuencia del conflicto con el campo. En sus dichos no hay apreciaciones peyorativas ni personales. Fernández sólo se quejó del “goteo” informativo que realiza el diario El País de España con datos de Argentina y lo atribuyó “a los problemas que el Grupo Prisa tiene con el gobierno”.

Lo de Massa, en cambio, ya generó un profundo malestar en el kichnerismo. El dirigente de Tigre que se presenta a sí mismo como “lo nuevo de lo nuevo” y se mostró compungido con la muerte de Kichner, a quien ponderó en sus exequias “por su apasionada militancia”, según la embajadora Vilma Martínez calificó al ex presidente como un “monstruo”, “psicópata” y “matón”. Las expresiones de Massa se sucedieron en una cena realizada en noviembre de 2009 “en casa de un amigo banquero”. Para horror de su esposa, Malena Galmarini, quien le hacía señas para que callase, el intendente Massa se despachó a gusto contra Kichner. Explicó además que el gobierno no tendría posibilidades de ganar las elecciones del 2011. Eso dice Wikileaks que la embajadora le escribió a sus superiores en Washington. Massa dice ahora que no dijo nada de lo que dicen que dijo y que sólo fue a La Embajada a renovar la visa. Si se tratara de un trámite judicial se podría hacer un careo entre Vilma y su amigo Sergio.

El actual Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, en algunos cables es sindicado como el Ministro “más amigo” de EEUU, en otros “como otros políticos argentinos está salpicado por rumores de corrupción e incluido vínculos con el narcotráfico”. Francisco De Narváez, rápido como un rayo, salió a pedirle explicaciones. El diputado millonario sabe de lo que habla. El mismo es una fuente privilegiada de La Embajada.

Hay que reconocerle a Elisa Carrió su honestidad brutal. En su momento la líder de la Coalición Cívica se acercó a la representación norteamericana para expresar sus críticas al gobierno. Hasta mandó cartas a otras embajadas extranjeras expresando su visión apocalíptica de la realidad argentina. Cuando se lo recriminaron, ella reivindicó la movida. Con Carrió no hay sorpresa posible. El resto de sus colegas peregrinan a La Meca pero se avergüenzan cuando tienen que reconocer que rezan.

Mauricio Macri también cayó en la volteada. La embajadora escribió que la reunión que mantuvo con el Jefe de Gobierno le sirvió “para recordarnos su brusquedad, su maniquea visión del mundo y su incomodidad con las sutilezas de las comunicaciones interpersonales”. Contó que Macri cortó la reunión a los veinte minutos y que esas cualidades las “comparte con Néstor Kirchner, su gran rival político”. No bien se bajó del avión que lo trajo de regreso de su luna de miel –estuvo en Colombia y México, no en el Líbano como se anunció– Mauricio dijo no recordar el encuentro pero reconoció que ve seguido a la embajadora quien, suele mandarle brownies para su cumpleaños. Otra dulce lección de hipocresía. ¿Qué postre le mandará la embajadora a la Presidenta? ¿Qué masitas recibirá Massa en sus cumpleaños?

Más allá de este aluvión de chimentos, la información difundida por Wikileaks tiene poca relevancia política. Estos documentos están lejos de los informes secretos sobre la matanza de civiles y periodistas en Afganistán o la difusión de la masacre en Kenia que hicieron célebre al sitio de internet. Está claro que Wikileaks expresa el nivel de vulnerabilidad del mayor país del mundo. Ni el poderoso Departamento de Estado, ni la CIA, ni el Pentágono pueden proteger sus comunicaciones. Pero la baja calidad de estos secretos asombra. Está claro que apuntan más a erosionar al presidente Barak Obama que a exponer los entretelones del poder real y sus iniquidades. No son pocos, los que en Estados Unidos, piensan que la secretaria de Estado, Hillary Clinton, debería renunciar. Los republicanos celebran el peor momento del presidente demócrata. Tal vez lo hacen chocando sus tazas de té.

Nota publicada en el Diario Z del 02.12.10

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