La señal

Fue una señal. En eso coinciden todos los medios y casi todos los analistas. Fue una señal a la clase política, apuntan los editorialistas. Se refieren a las tres millones de personas que participaron activamente de los festejos del Bicentenario. Fue una señal del pueblo argentino, agregan reflexivos. Y mencionan la alegría popular, la ocupación de las calles, el orden y la tranquilidad con que se desarrollaron los actos. Fue un mensaje. Lo dicen los mismos que hasta hace una semana presagiaban el desastre y describían el malestar de la población. Y apuntan a coro: ¿Sabrán leerlo los dirigentes?

No hay duda que la mayoría de la población entendió con claridad que la celebración del Bicentenario le pertenecía por derecho y por historia. No hay duda que el grueso del pueblo argentino está menos dividido que sus dirigentes. Es evidente que muchos de los que fueron convocados por la Patria y los artistas populares durante estos cuatro días, se podrían poner de acuerdo en los temas trascendentes. Seguramente vecinos de distintas banderías políticas, encontrarían la manera de avanzar hacia un país más justo.

Fue una señal. Pero ¿sólo para los políticos?

¿Y los medios de comunicación que privilegian sus negocios a la información? ¿Y los periodistas que sacrifican credibilidad en función de subordinarse a intereses empresarios? Para ellos también hubo una señal.

¿Sabrán leerla?

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La señal

196 comentarios en “La señal

  1. majo dijo:

    Es preciso que nos entendamos.
    Yo hablo de algo seguro y de algo posible.
    Seguro es que todos coman
    y vivan dignamente
    y es posible saber algún día… Ver más
    muchas cosas que hoy ignoramos.
    Entonces, es necesario que esto cambie.

    El carpintero ha hecho esta mesa
    verdaderamente perfecta
    donde se inclina la niña dorada
    y el celeste padre rezonga.
    Un ebanista, un albañil,
    un herrero, un zapatero,
    también saben lo suyo.

    El minero baja a la mina,
    al fondo de la estrella muerta.
    El campesino siembra y siega
    la estrella ya resucitada.
    Todo sería maravilloso
    si cada cual viviera dignamente.

    Un poema no es una mesa,
    ni un pan,
    ni un muro,
    ni una silla,
    ni una bota.

    Con una mesa,
    con un pan,
    con un muro,
    con una silla,
    con una bota,
    no se puede cambiar el mundo.

    Con una carabina,
    con un libro,
    eso es posible.

    ¿Comprendéis por qué
    el poeta y el soldado
    pueden ser una misma cosa?

    He marchado detrás de los obreros lúcidos
    y no me arrepiento.
    Ellos saben lo que quieren
    y yo quiero lo que ellos quieren:
    la libertad, bien entendida.

    El poeta es siempre poeta
    pero es bueno que al fin comprenda
    de una manera alegre y terrible
    cuánto mejor sería para todos
    que esto cambiara.

    Yo los seguí
    y ellos me siguieron.
    ¡Ahí está la cosa!

    Cuando haya que lanzar la pólvora
    el hombre lanzará la pólvora.
    Cuando haya que lanzar el libro
    el hombre lanzará el libro.
    De la unión de la pólvora y el libro
    puede brotar la rosa más pura.

    Digo al pequeño cura
    y al ateo de rebotica
    y al ensayista,
    al neutral,
    al solemne
    y al frívolo,
    al notario y a la corista,
    al buen enterrador,
    al silencioso vecino del tercero,
    a mi amiga que toca el acordeón:
    -Mirad la mosca aplastada
    bajo la campana de vidrio.

    No quiero ser la mosca aplastada.
    Tampoco tengo nada que ver con el mono.
    No quiero ser abeja.
    No quiero ser únicamente cigarra.
    Tampoco tengo nada que ver con el mono.
    Yo soy un hombre o quiero ser un verdadero hombre
    y no quiero ser, jamás,
    una mosca aplastada bajo la campana de vidrio.

    Ni colmena, ni hormiguero,
    no comparéis a los hombres
    nada más que con los hombres.

    Dadle al hombre todo lo que necesite.
    Las pesas para pesar,
    las medidas para medir,
    el pan ganado altivamente,
    la flor del aire,
    el dolor auténtico,
    la alegría sin una mancha.

    Tengo derecho al vino,
    al aceite, al Museo,
    a la Enciclopedia Británica,
    a un lugar en el ómnibus,
    a un parque abandonado,
    a un muelle,
    a una azucena,
    a salir,
    a quedarme,
    a bailar sobre la piel
    del Último Hombre Antiguo,
    con mi esqueleto nuevo,
    cubierto con piel nueva
    de hombre flamante.

    No puedo cruzarme de brazos
    e interrogar ahora al vacío.
    Me rodean la indignidad
    y el desprecio;
    me amenazan la cárcel y el hambre.
    ¡No me dejaré sobornar!

    No. No se puede ser libre enteramente
    ni estrictamente digno ahora
    cuando el chacal está a la puerta
    esperando
    que nuestra carne caiga, podrida.

    Subiré al cielo,
    le pondré gatillo a la luna
    y desde arriba fusilaré al mundo,
    suavemente,
    para que esto cambie de una vez…

    GONZÁLEZ TUÑON

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    1. Patricio dijo:

      majo:
      Evidentemente te gustan los poemas “que dicen algo” y “que algo queda”.
      Para solaz de tu espíritu, me permito recomendarte “Qué Lástima” de Leon Felipe.
      Lo podés escuchar desde youtube.
      Me quedo con la expectativa de saber tu opinión o tu pensamiento.
      Saludos.

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  2. Bill de Caledonia dijo:

    La foto de la 9 de julio la repleta me llvea a aquello de Scalabrini: “El subsuelo de la patria sublevado”, esta vez, contra los Medios de Comunicación dominantes.

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