¿Quieren ganar un libro?

A cuántos hay que matar (2010, Alfaguara)

Amigos, con motivo de la presentación en la Feria del Libro de mi novela A cuántos hay que matar (el miércoles 5 de mayo, a las 20,30, en la sala V. Ocampo) se nos ocurrió con DET hacer un sorteo entre los visitantes del blog. Sólo tienen que registrarse en el blog.

Muchos -los que comentan-, ya están registrados.

El miércoles sobre el mediodía haremos un sorteo al viejo estilo: una bolsa y papelitos. Al primer ganador le daremos A cuántos hay que matar, al segundo, le regalaremos el libro de cuentos Pendejos y al tercer número la edición de bolsillo de Un crimen argentino, mi primer novela policial.

Vamos a grabar en video el sorteo, para evitar suspicacias…

El sorteo se va a realizar entre todos los que se registren hasta el LUNES A LAS 19:00 HS.

Saludos a todos.

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¿Quieren ganar un libro?

Requiem para los escraches II

Publiqué esta nota en la contratapa de Critica el 10 de Julio del 2008. Pasó bastante tiempo. El país está más dividido. Los grandes grupos mediáticos  y el gobierno siguen enfrentados. La primera víctima de esta guerra, como en toda guerra, es la verdad. Y volvieron los escraches. Una metodología repudiable cuando la justicia funciona y está vigente el estado de derecho. Vuelvo a publicarla por su vigencia.

Réquiem para los escraches

Viene de escracho, cara en el uso vulgar. Es posible encontrarla en los tangos lunfardos, esos dónde Edmundo Rivero advierte que te pueden hacer “un feite en el escracho”. El Diccionario del habla de los argentinos le otorga el mismo significado y cita, en clave policial, a Rodolfo Walsh en Oficios: “Viejo, yo no pongo el escracho para que me fusile un zanahoria de estos”. Eso como historia del sustantivo. ¿Y el verbo?

También en el uso coloquial, escrachar tiene que ver con la cara. Escrachar según el Diccionario antes citado es “golpear a una persona particularmente en la cara”.

Ahora bien, la metodología del escrache es un invento argentino. Hasta la biblia de internet, la Wikipedia, coincide en definirlo como la denuncia popular contra personas acusadas de violaciones a los derechos humanos.

El acto de escrachar es tan nuestro como el colectivo, el dulce de leche y la birome. Pero a diferencia de estos hallazgos del ingenio nacional, el escrache debería tener fecha de vencimiento.
Casi todos coinciden en que la primera vez que se organizó un escrache fue en 1995. Los chicos de HIJOS habían participado de un campamento en Córdoba. La sensación de impunidad los abatía y fue entonces que surgió una idea simple y contundente: si la justicia no podía alcanzar a los asesinos y torturadores de sus padres y familiares, ellos no se iban a quedar de brazos cruzados.

“Si no hay justicia, hay escrache”, fue la consigna. Señalarían a los represores, los pondrían en evidencia.

Y lo lograron. Con pintadas, sentadas y movilizaciones, les hicieron dar la cara. Mostrar el escracho, aunque nadie se preocupó por indagar la conexión de esa acción con el origen misterioso de la palabra.

Les contaron a los vecinos que ese señor amable que paseaba a su perrito por Palermo; que ese viejito simpático que comulgaba en la Catedral de La Plata o ese caballero que siempre cedía su lugar en la fila del mercado de Tucumán, no habían dudado a la hora de matar inocentes o entregar a un recién nacido. Y lo más importante, que ese señor no iba a ser castigado por sus acciones aberrantes gracias a la existencia de las leyes del perdón. Más de un represor sintió públicamente el desprecio y el rechazo de la comunidad a partir de esas acciones directas.

Pero el escrache se extendió. Superó su objetivo inicial, vinculado a la denuncia contra los represores y sus cómplices, para convertirse en una herramienta de cuestionamiento a dirigentes políticos sospechados de corrupción. La dinámica tuvo su paroxismo en los aciagos días del 2001/2002 de la mano del “que se vayan todos”.

Ni siquiera los miembros de la Corte Suprema menemista se salvaron. Fue el prólogo popular a su vergonzante eyección de los tribunales por renuncia o juicio político. Esas movidas, en general, no incluían hechos de violencia. Aunque cada tanto algún cobarde, amparado en el montón, aprovechó para soltar algún golpe. Siempre innecesario.

El conflicto entre el gobierno y el campo le dio otra faceta a esa metodología. Los piqueteros oficialistas escracharon a la Sociedad Rural y le propinaron una que otra patada a su titular, Luciano Miguens. El mismo ataque sufieron otros dirigentes del campo. Algunos tuvieron que pedir custodia policial. Mientras tanto, un centenar de miembros de la tradicional Sociedad Rural de Rosario, la emprendieron contra el diputado Agustín Rossi rodeando su casa de Rosario en donde estaban su mujer y sus hijos.

El gobernador del Chaco, Jorge Capitanich, sufrió un ataque a huevazos por parte de productores enfurecidos en Sáenz Peña. Le pasó a su colega Daniel Scioli en Olavarría. Y a tres diputados tucumanos que votaron el proyecto oficial. Le ocurrió a Felipe Solá en la puerta del Congreso y eso que el diputado bonaerense se la jugó presentando un proyecto alternativo.

También le tocó a varios intendentes del interior que no acompañaron la protesta agraria. La lista de escrachados en los últimos meses es interminable. Los discursos virulentos de los protagonistas incentivaron las agresiones.

En la lectura de algunos medios de comunicación, el escrache tuvo el mismo tratamiento que los piquetes. Hay piquetes buenos y piquetes malos. Hay escraches justificados y otros que constituyen un ataque al honor y la integridad de las personas.

Lo cierto es que a esta altura, cuando los procesos judiciales a los represores son indetenibles, cuando impera el Estado de Derecho y hay una Corte Suprema independiente, los escraches deberían volver a los tangos lunfardos; a los policiales de Walsh o a las crónicas de Arlt. En la comunidad generan más molestias que adhesiones. Los represores se hacen visibles cuando la justicia los reclama. Cuando ponen el escracho para escuchar una condena.

Y en cuanto a los políticos o los actores sectoriales que defienden su renta, el escrache cada vez se parecen más a una práctica antidemocrática. Cien tipos agrediendo a uno, que fue elegido por cien mil, porque no les gusta lo que hizo en uso de sus facultades políticas.

En todo caso se podría apelar al autoecrache y aprender a votar mejor la próxima vez.

Requiem para los escraches II

Botnia: empate con sabor amargo

La Haya confirmó que Uruguay violó el tratado del río Uruguay pero evaluó que no hay motivos suficientes para hacer cesar la planta. Algo así como “tiene razón, pero marche preso”.

Si no mandaban a desmantelar la empresa por lo menos deberían haber contemplado alguna indemnización a los habitantes de Gualeguaychú. El tribunal no avanzó en el tema contaminación (en realidad estima que no hay daño ambiental) aunque habilitó el monitoreo conjunto.

El fallo revela que tanto el gobierno de Jorge Batlle como el del socialista Tabaré Vázquez violaron el tratado del Río Uruguay y mintieron. Además son los responsables de utorizar la instalación de semejante monstruo frente a un enclave turístico.

Una decisión insólita y estúpida. Tan torpe como el apoyo del gobierno argentino al corte del puente internacional. En un balance simple y rápido:

Lo positivo:

-Se confirmó que Uruguay violó el tratado del río Uruguay.

-Los uruguayos no podrán autorizar ninguna planta más sin consultar al gobierno Argentino (aunque no consultar en el caso de Botnia no les trajo ninguna consecuencia).

-El fallo obliga al monitoreo conjunto de la planta.

-Los asambleístas lograron que el tema medioambiental se incorpore a la agenda de la política. (Esto debería ser el punto de partida para avanzar en los parámetros de contaminación de otras empresas como las plantas pasteras ya instaladas en el país y sobre otros focos contaminantes como el Riachuelo)

Lo negativo:

-Botnia seguirá allí a pesar de que nació de una irregularidad.

-Seguirá el corte en el puente internacional.

-La corte no se expidió sobre la contaminación sonora y visual de la planta. (Esta última es evidente)

Ahora el desafío es reencauzar las relaciones con un pueblo hermano que están seriamente dañadas por la irresponsabilidad de los dirigentes de ambas orillas. Los funcionarios uruguayos que habilitaron este disparate y los argentinos que no pudieron impedirlo con negociaciones a tiempo son los encargados de reparar lo que está roto, ¿podrán?.

Ayer, en Mañana es tarde, conversamos con el embajador Raúl Estrada Oyuela sobre las implicancias del fallo. Vale la pena escucharlo.

[audio:20-04-oyuela.mp3]

Audio gentileza Radio Del Plata (para descargarlo, hacé click derecho, y elegí “Guardar destino como”)

Botnia: empate con sabor amargo

¿Por qué no charlamo' un ratito? (con Sietecase)

Este miércoles 21 de abril en el marco del ciclo La Ficción y sus Hacedores, se realizará una entrevista pública con Reynaldo Sietecase a cargo de Silvia Hopenhayn.

Por este ciclo organizado por el Fondo Nacional de las Artes han pasado ensayistas, poetas, narradores argentinos. La idea es agrupar en este ciclo a “escrituras” que marcan la cultura del presente.

La entrevista comenzará a las 19.30 hs en Rufino de Elizalde 2831 (Palermo Chico) y tendrá una duración de una hora apróximadamente. La entrada es libre y gratuita.

¿Por qué no charlamo' un ratito? (con Sietecase)

Señor Juez

Tarragó Ros y el juez Baltazar Garzón

Casi todos los medios de Europa están atravesados por el debate en torno al proceso que se lleva adelante en España contra el juez Baltazar Garzón.

El juez que tuvo un papel clave en la investigación de los crímenes cometidos por las dictaduras latinoamericanas desde Europa, llegó incluso a detener al dictador Augusto Pinochet, fue cuestionado por un sector de la derecha española por su intento de investigar los crímenes del franquismo (unas 114 mil víctimas de la represión).

Intelectuales, artistas, dirigentes políticos y sindicales, ciudadanos comunes de todo el mundo le expresaron su respaldo.

Según la escritora Elvira Lindo, si el magistrado es desplazado de su cargo, será una nuevo triunfo de la dictadura española y una verguenza para la España democrática. Comparto esa idea.

Por lo que hizo, por lo que representa para la defensa de los derechos humanos en el mundo, por el respeto que me merece, quiero expresar mi solidaridad con el magistrado.

Ayer en la radio pudimos hablar con Carlos Agüero, Coordinador de Ayuda a las Víctimas de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de España.

[audio:14-04-AGUERO.mp3]

Audio gentileza Radio Del Plata (para descargarlo, hacé click derecho, y elegí “Guardar destino como”)

Señor Juez

La decadencia televisada

Hacía mucho tiempo que no lo hacía. Tal vez tuve mucha mala suerte pero ocurrió. Anoche me puse a ver televisión. Tenía que ordenar papeles y se me ocurrió que podía hacerlo mirando la tele. Debo aclarar que no tengo servicio de cable. Ningún prejuicio, es una decisión personal que se fundamenta en el atractivo menú que ofrece la televisión paga. En el cable siempre hay algo interesante y eso me distrae de lecturas y escritura. Además me ahorro unos mangos ya que el fóbal, mi gran pasión, es gratis.

El tema es que en un par de horas ví repetida hasta el cansancio una pelea entre unos tipos que no conozco pero algunos decían que eran actores a las trompadas. La pelea se originó en el programa de Anabella Ascar, la conductora rubia de Crónica que hace unos programas bizarros que parece son delirantes y divertidos. Ella se autoproclamó en una nota -paseó por todos los canales después del macht de boxeo- como “la reina bizarra” (en eso parece honesta, aunque alguien en medio de los bollos decía: “esto es un golazo”). 

En medio de esos informes que se sucedían una y otra vez, pasaban escenas de la pelea a las puteadas entre los técnicos de Tigre y Godoy Cruz que se acusaban mutuamente de “falopero” y “coimero”, respectivamente. Todo debe haber tenido buen rating. Esta es una buena idea para los productores de programas periodísticos: hay que incorporar pugilato.

Lo cierto es que en medio de todo este pandemonium miré los noticieros: Cobos levantaba la bandera de la “moralidad” y anunciaba que le iba a descontar 20 por ciento de la dieta a los legisladores que no dieran quorum en la próxima sesión del Senado, Macri definía su estrategia judicial para zafar de las acusaciones de espionaje y los secretarios privados de la presidenta Cristina Kirchner eran llamados a explicar cómo se enriquecieron. Guauuu. Todo es igual, nada es mejor.

Como suele decir el maestro Mario Trejo, la decadencia cultural de la argentina a 200 años de su nacimiento es evidente y, tal vez por esa misma razón, muy dolorosa.

La decadencia televisada

Un texto falso

Estimados amigos quiero hacerles una advertencia. Está circulando un texto por internet (se llama “Lo que Vilamanzano no sabe” y supuestamente es una  contratapa del diario Crítica que no se publicó) que  se me atribuye. Bien, es totalmente falso.

Tan falso que ni siquiera mi nombre está bien escrito: me llamo Reynaldo Sietecase no Reinaldo Siettecase como dice el brulote. Tan falso que habla de una nota en Crítica dónde no escribo desde hace cuatro meses. Tan falso que dice que desde los 12 años yo quería trabajar en LT8 de Rosario y que por eso me llevaba la radio a la escuela. Estoy molesto y escandalizado. A los doce años yo quería jugar en Central, no ser periodista.

La idea aparente de los falsificadores es despertar con mi nombre solidaridad con los trabajadores de prensa despedidos en Rosario (ahora hay una conciliación obligatoria). Pero el fin no justifica los medios. Esto es un engaño aberrante.

Es público que acompaño y comparto la lucha de los trabajadores del diaro La Capital, LT8 y LT3, como en general acompaño las luchas de todos los trabajadores por una vida más digna. Pero el texto que circula en internet (no voy a reproducirlo aquí para no seguir haciendo el juego a los turros que lo escribieron) es una falacia.

Debo aclarar también que el grupo Uno decidió mi desvinculación de LT8, después de veinte años de trabajo -ingresé en 1989-, apenas unas semanas antes del conflicto actual. Por otro lado, el grupo América también levantó del aire sin explicación los programas Tres Poderes y Lado Salvaje. Nuestras especulaciones van desde la entrevista que le hicimos a Francisco De Narváez cuando estaba en campaña hasta nuestra decisión de tratar la Ley de Medios Audiovisuales con profesionalismo, es decir como periodistas y no como soldados de ninguna causa. Con todo, me parece triste y vergonzoso que se intente “construir solidaridad” con una mentira. Para eso sirve también internet y el anonimato.

Por suerte el colega Humberto Lobosco tuvo el tino de consultarme sobre este texto apócrifo antes de difundirlo en su programa. Les pido por favor que no me atribuyan algo que no escribí. Muchas gracias.

Reynaldo Sietecase

Un texto falso