Momentos estelares de la humanidad

Me gustó mucho esta nota de Hernán Brienza (publicada en Crítica el domingo pasado).  “Momentos estelares de la humanidad” es uno de los libros más bellos que tuve entre manos en los últimos meses. Su autor el filósofo Stefan Zweig. Se los recomiendo. En especial para los amantes de la Historia y de las historias. Pero la nota tiene algo más: el impresionante alegato de Miguel de Unamuno ante los facistas españoles. Tal vez sirva para reflexionar hacia dónde llevan  los caminos del odio a una sociedad.

El austríaco Stefan Zweig, un representante del liberalismo europeo de la primera mitad del siglo XX, en su exquisito libro Momentos estelares de la humanidad -recientemente reeditado por Acantilado- se dedica a recuperar instantes sobresalientes del pasado occidental que él denomina “catorce miniaturas históricas”. Para Zweig, “ningún artista es durante las 24 horas de su jornada diaria interrumpidamente artista”; por eso, amigo consecuente de la singularidad, define “momento estelar” de la siguiente manera: “Lo que por lo general transcurre apaciblemente de modo sucesivo o sincrónico se comprime en ese único instante que todo lo determina y todo lo decide. Un único ‘sí’, un único ‘no’, un ‘demasiado pronto’ o un ‘demasiado tarde’ hacen que ese momento sea irrevocable para cientos de generaciones, determinando la vida de un solo individuo, la de un pueblo entero e incluso el destino de toda la humanidad”. El autor de El candelabro enterrado propone entonces como ejemplos un gesto de Cicerón, la conquista de Bizancio, la creación de “La Marsellesa”, el descubrimiento de El Dorado, entre otros. En estos días, se conmemoran aniversarios de varios momentos estelares de la humanidad: la toma del poder por parte de los sandinistas en Nicaragua -acaso la revolución de los poetas-, el levantamiento franquista que da inicio a la Guerra Civil Española, el asalto al cuartel de La Moncada en Cuba, el nacimiento de Antonio Machado, la muerte de Eva Perón -quizá la mujer que ametralló de “momentos estelares” la historia argentina. Seguramente por culpa de Beatriz Luque, mi profesora de literatura del Mariano Moreno, una hija de republicanos exiliados que me acercó a la generación española del 98, a los poetas del 27 y del 36, siempre me sentí cercano a esa historia que no me pertenecía ni por nacionalidad ni por herencia sanguínea. Por esa razón, cualquier aniversario de la Guerra Civil Española no me resulta inadvertido. Y para mí, el momento estelar de ese gran conflicto, que fue la antesala de la Segunda Guerra Mundial, ocurrió el 12 de octubre de 1936, y su protagonista fue el escritor y filósofo vasco Miguel de Unamuno. La anécdota, claro, es aquella del salón de actos universitario en que el hombre de barba cana enfrentó al general José Millán- Astray.
Unamuno, como muchos escritores e intelectuales de su época -desde Víctor Hugo a Leopoldo Lugones, por ejemplo-, se pensaba a sí mismo como la encarnación del espíritu de su patria. La reivindicación que hace de la figura del Quijote en ese libro de magnífica melancolía vital que es Del sentimiento trágico de la vida (1913) y en Vida de don Quijote y Sancho (1905 es -en términos nietzscheanos- un “rescate monumental”, muy similar al que hace Lugones en su texto El payador con el Martín Fierro, también en 1913. Trae al Quijote no como figura petrificada por el pasado sino para que actúe en el momento histórico, para que sirva de modelo y ejemplo. En una operación cultural muy interesante, Unamuno propone al Quijote arquetipo y al mismo tiempo se propone a sí mismo como Quijote. Y es en Del Sentimiento trágico… donde el autor de Abel Sánchez despliega ese humanismo radical -en palabras del teólogo Hans Küng- que llevará hasta las últimas consecuencias: “El hombre es un fin, no un medio. ¿Y qué es el derecho a la vida? Me dicen que he venido a realizar no sé qué fin social. Yo siento que yo, lo mismo que mis hermanos, he venido a este mundo a realizarme, a vivir”.
La acción de mi momento estelar de la humanidad transcurre en la Universidad de Salamanca. Unamuno había enfrentado al rey de España, al dictador José Antonio Primo de Rivera, había sido diputado socialista de la República y había abjurado de ella cuando el gobierno avanzaba hacia la reforma agraria y otras reformas de corte socializantes. En julio de 1936, levantó su voz en apoyo a los fascistas que se habían vuelto contra la República. Era uno de los pocos intelectuales españoles que apoyaba a los “nacionales”. Y allí estaba ese 12 de octubre en el palacio de arquitectura plateresca -el relato es de Hugh Thomas- participando de un acto del Día de la Raza e indignándose mientras oía los discursos en contra del País Vasco y Cataluña, a quien José María Pemán acusaba de “cánceres en el cuerpo de la nación” y alentaba a que “el fascismo, que es el sanador de España, sabrá como exterminarlas, cortándolas en carne viva”… En ese momento, alguien en la platea gritó el necrofílico lema de “¡Viva la muerte!”, y el general Millán-Astray, que había perdido un ojo y un brazo en la guerra de Marruecos, comenzó con los “España…Una. España… Grande. España… Libre”. La universidad se había convertido, entonces, en el templo de intolerancia y el fanatismo.
Unamuno se levantó y de manera quijotesca pronunció uno de los discursos más conmovedores -por su bizarría y belleza- del siglo XX: “Acabo de oír el necrófilo e insensato grito de ‘¡Viva la muerte!’, y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían, he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. El general Millán-Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero, desgraciadamente, en España hay actualmente demasiados mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta el pensar que el general Millán-Astray pudiera dictar las normas de la psicología de la masa. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor”.
Millán-Astray lo interrumpe exaltado y brama: “¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!”, y la multitud lo aclama. Pemán, alza la voz y agrega: “¡No! ¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los malos intelectuales!”.Unamuno, entonces, imperturbable, con la parsimonia de un hombre que sabe que está pronunciando un “no” único, que protagoniza un momento irrevocable para el destino de toda la humanidad, un instante sublime de la Historia, que está construyendo con sus actos la verdad poética de que la razón vence a la fuerza, concluye: “Éste es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho”.
Unamuno debió salir acompañado por Carmen Polo Martínez Valdez -la mismísima mujer de Franco- para que los fascistas no lo lincharan en la sala de la universidad. El autor de Niebla se refugió en un oscuro silencio, cargado de decepción y desesperanza. Agonizó espiritualmente dos meses, hasta que el 31 de diciembre de 1936 falleció inesperadamente. Si no hubiera muerto de tristeza, su instante estelar habría perdido fuerzas. Para enfrentar a la muerte, Unamuno simplemente murió. “Si un filósofo no es un hombre, es todo menos un filósofo”, escribió alguna vez. Frente a Millán-Astray, Unamuno tuvo su instante borgeano. Como en la Biografía de Tadeo Isidoro Cruz supo en ese momento no sólo cuál era su destino sino también cuál había sido la razón de su existencia. Unamuno supo ese día quién era. Se había convertido en filósofo. Y le demostró a toda la humanidad que era posible ser sencillamente un hombre.

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Momentos estelares de la humanidad

10 comentarios en “Momentos estelares de la humanidad

  1. Pablo dijo:

    Las fotos del pacto suicida de Stefan Zweig con Lote Altmann, en un oscuro cuarto de Petropolis, tomados de las manos, el con la boca abierta, ella con la cabeza apoyada en sus hombros, indefensos, solos ante su amor y con la mesita de luz como testigo, muertos. El con la corbata puesta, muerta, el con el bigote puesto, muerto, el con la palabra puesta, muerta, el con los sueños puestos, muertos. Zweig fue un pacifista, un nomade soñador, un judio errante que renego del sionismo, un escritor imprescindible, un gran ajedrecista, me imagino que un buen hombre. Cada vez que alguien menciona el nombre de Zweig me cuesta asociarlo con los pasajes de felicidad que me proporciono su obra, me viene a la cabeza esa foto, luego trucada por el gobierno brasileño simulando un abrazo. Me viene a la memoria esa foto, la foto que muestra hasta donde puede llegar la desilusion, el escepticismo. La foto del sucidio de la paz, un momento no estelar de la humanidad.

    Es injusto, creo, juntar en un mismo lugar a Zweig y Unamuno. Nunca perdonare a Unamuno. El no grito Viva la Muerte pero fue como si lo hubiese gritado, su sola presencia en ese acto lo juntaba con la muerte, con el fascismo, con la intolerancia, con el fanatismo antidemocratico, con la rebelion de la cruz y el espanto. El intento escaparse del monstruo que habia ayudado a crear pero no pudo, no vencio ni convencio, o vencio pero no convencio. Es dificil perdonarle a un intelectual de su valia su apoyo al fascismo. Sin ir mas lejos que Wikipedia podemos ver como continua la historia que no se relata en el articulo de Brienza, Unamuno sigue intentando buscar los equilibrios imposibles,el medio del miedo, se encierra en una ceguera hipocrita que pretende no ver y reclama razon donde solo cabia la bestialidad. Unamuno declara en uno de sus ultimos reportajes lo siguiente:

    “Tan pronto como se produjo el movimiento salvador que acaudilla el general Franco, me he unido a él diciendo que lo que hay que salvar en España es la civilización occidental cristiana y con ella la independencia nacional, ya que se está aquí, en territorio nacional, ventilando una guerra internacional. (…) En tanto me iban horrorizando los caracteres que tomaba esta tremenda guerra civil sin cuartel debida a una verdadera enfermedad mental colectiva, a una epidemia de locura con cierto substrato patológico-corporal. Las inauditas salvajadas de las hordas marxistas, rojas, exceden toda descripción y he de ahorrarme retórica barata. Y dan el tono no socialistas, ni comunistas, ni sindicalistas, ni anarquistas, sino bandas de malhechores degenerados, excriminales natos sin ideología alguna que van a satisfacer feroces pasiones atávicas sin ideología alguna. Y la natural reacción a esto toma también muchas veces, desgraciadamente, caracteres frenopáticos. Es el régimen del terror. España está espantada de sí misma. Y si no se contiene a tiempo llegará al borde del suicidio moral. Si el miserable gobierno de Madrid no ha podido, ni ha querido resistir la presión del salvajismo apelado marxista, debemos tener la esperanza de que el gobierno de Burgos tendrá el valor de oponerse a aquellos que quieren establecer otro régimen de terror. (…) Insisto en que el sagrado deber del movimiento que gloriosamente encabeza el general Franco es salvar la civilización occidental cristiana y la independencia nacional, ya que España no debe estar al dictado de Rusia ni de otra potencia extranjera cualquiera, puesto que aquí se está librando, en territorio nacional, una guerra internacional. Y es deber también traer una paz de convencimiento y de conversión y lograr la unión moral de todos los españoles para reestablecer la patria que se está ensangrentando, desangrándose, envenenándose y entonteciéndose. Y para ello impedir que los reaccionarios se vayan en su reacción más allá de la justicia y hasta de la humanidad, como a las veces tratan. Que no es camino el que se pretenda formar sindicatos nacionales compulsivos, por fuerza y por amenaza, obligando por el terror a que se alisten en ellos, ni a los convencidos ni convertidos. Triste cosa sería que el bárbaro, anti-civil e inhumano régimen bolchevístico se quisiera sustituir con un bárbaro, anti-civil e inhumano régimen de servidumbre totalitaria. Ni lo uno ni lo otro, que en el fondo son lo mismo.”

    No se Sietecase adonde llevan los caminos del odio. Pareciese ser que los caminos de la paz llevan a Zweig, los del odio a Unamuno. Si su frase es una parabola para nuestra sociedad, solo puedo decirle que el odio es como la pobreza, si no buscamos sus causas estructurales dificilmente lleguemos a entenderlo. En un pais donde muchos asesinos y torturadores caminan sueltos por las calles , donde estos mismos asesinos se entregan a un pacto de silencio que oculta la verdad, que impide cualquier reconciliacion o perdon, un pacto que se rie de la justicia democratica, en un pais donde nadie pide perdon ni se arrepiente de nada, en un pais donde falta una generacion (y no escabullo los crimenes y las traiciones cometidos por supuestas cupulas revolucionarias, supuestas en todo sentido, por lo de cupulas y por lo de revolucionarias), en un pais asi, no se adonde llevan o pueden llevar los caminos del odio. Ojala no existiesen, ni el odio ni los caminos que llevan a el. Pero ya ve, la foto del suicidio de Zweig y su compañera habla por si sola.

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    1. Pablo no conocía la foto, la buscaré. También cuestiono la actitud de Unamuno en su apoyo al facismo español pero me parece que ese momento que rescata Brienza permite pensar y por eso lo valoro. Como permite pensar tu comentario, que en mí funciona como un golpe de viento en un día de verano, alerta mis sentidos, me mantiene atento.

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  2. Patricio dijo:

    Adonde está el odio de Unamuno..??
    Porque descree y apostrofa a la turba bolchevique que pretendía(y lo hizo) adueñarse de España, imponiendo su propio totalitarismo engendrado desde Stalin, Lenín, Trosky y toda la caterva roja…por eso odia.?
    Acaso Stalin no era mas fascista que el mismo Mussolini..?? y porqué se apostrofa a la Falange, a Franco, y sus seguidores de “fascistas”…si quienes lo hacían (y aún hoy lo siguen haciendo), eran(son) tan intolerantes y prejuiciosos como los por ellos vituperados..??
    Porqué se sigue siendo tan hipócritas…??
    Esa hipocresía sí, genera odios…

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  3. Jorge D. dijo:

    La nota de Brienza nos lleva a una foto, a un recorte, a un instante muy singular de la historia, tal como lo señala su título: Momentos Estelares de la Humanidad.
    La recordada postura Unamuno, su grito de “no a la muerte” , asociada con la obra de S. Sweiz, su militancia por la paz y su suicido resultan inquietantes.
    A leer el texto de Brienza me sentí interrogado, casi interpelado.
    El notable comentario de Pablo reforzó más aún ese sentimiento, me puso frente al siempre “temido” espacio de la contradicción, con el cual nos confrontamos a diario..

    En Del Sentimiento Trágico de la Vida, dice Unamuno: ” La vida en sí es una paradoja, y la persona se contradice a sí mismo. Unamuno se consideró “un hombre de contradicción y de pelea [. . .] uno que dice una cosa con el corazón y la contraria con la cabeza, y que hace de esta lucha su vida.” Quizás etuviese profetizando sobre las causas de la postura que adoptó frente a la tragedia española.

    Ese Sentimiento Trágico de la Vida es el que nos impone la muerte, no como final, sino como compañera inevitable. No corremos hacia la muerte vamos con ella. Ese sentimiento es el que nos revela la foto que gracias a tu comentario he visto: Los cuerpos de Sweiz y su mujer Lote, “suicidados” en los Carnavales de Rio

    En las conversaciones con Nikos Kazantzakis dice Don Miguel:
    ” No soy ni fascista ni bolchevique. Yo estoy solo”. “Yo estoy solo -repite mientras se levanta-, como Croce en Italia”.
    Luego de su “Venceréis, pero no convenceréis”, es destituido de su cargo en Salamanca y pasa los últimos 2 meses de su vida en prisión domiciliaria. El horror recién comenzaba..

    Pablo coincido en muchas de tus apreciaciones, pero no creo en que la historia se construya como un telos, me recuerda a la posición de W. Benjamin (otro suicidado por la paz) respecto a la presencia de un mesias que se filtra en los intersticios de nuestras vidas, en instantes (fugaces quizás) pero que tienen que ver con el Aquí y Ahora, en el momento en que decidimos – Momentos Estelares de la Humanidad ?- y no con el garantismo progresista que dominó lo moderno y que confundió humanismo con puro antropocentrismo.
    Me quedo con la imagen de ese Unamuno calificado por Arocena como un “Sentidor Paradojal” y que nos advirtiera tempranamente sobre los estragos de la racionalidad absoluta como único significado de lo humano y como aval de un futuro inevitablemente mejor.
    Creo que somos sujetos de las contradicciones con ellas convivimos y de ellas aprendemos.
    Un brazo
    Gracias Rey por el espacio
    Jorge D

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    1. adrián dijo:

      Ante todo….chapeaux a los post de Pablo y Jorge D !!! Que bueno encontrar estos comentarios en el blog…!! Tengo coincidencias generales y parciales con ambos y talves, alguna diferencia. No se bien porqué, de entrada, el artículo de Brienza me produjo algunas sensaciones encontradas similares a la que hace algunos años me produjera aquella “famosa carta” que Oscar del Barco enviara a la revista La Intemperie y que desató, como era de esperar, una larga polémica en otros medios gráficos de alcance nacional. Como bien dice Jorge y dado que el ser humano es el único que se define por la tensión resultante entre lo que siente, lo que piensa y lo que hace, la contradicción sobreviene cuando la “herida” con la que todos llegamos hasta aqui, comienza “a sangrar” y lentamente comenzamos a des-cubrir detrás de la “apariencia” aquello que verdaderamente somos. Con-vivir con “ese otro” que llevamos dentro, es, tal vez, la paradoja que mejor define este viaje hacia la nada que contiene la certeza de que, en definitiva, somos aquello que nos falta. Creo que detrás de los “débiles” y los “heridos” de la historia se encuentran los hombres y mujeres que mejor han expresado “la condición humana”. Estar herido es la “única certeza de que estamos vivos” decía un poeta amigo….bueno, desde esa herida que era el signo de su felicidad nos mira sin parpadear Stefan Zweig…no me inquieta su mirada, por el contrario, me recuerda que la tarea recién comienza a pesar de lo mucho que el reloj atrasa…….

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  4. Jorge D. dijo:

    Rey
    Siempre me ha gustado la radio, pero aún asi no es frecuente que me enganche con algún programa en especial.. Me pregunté durante bastante tiempo sobre las causas de mi “adherencia” a Mañana es Tarde y llegué a las siguientes conclusiones:
    1. Se despliega en tu espacio una suerte de “Periodismo Literario” y en general me siento muy bien con los textos que lees o las canciones que pasás.
    2. Percibía un clima de disenso interno muy sano y no impostado
    3. Alcanzaba a comprender tu manifiesta y natural incomodidad frente a la pronta estigmatización dentro de un clima social tendiente a las lecturas lineales, funcional a los intereses de aquellos que pretenden colocarnos en una situación maniquea o si prefería esquizo paranaide que obtura toda capacidad de reflexión
    3. Las Orcas, más allá de la notable y evidente capacidad que poseen , se instalaron en el “colectivo imaginario” – de los oyentes- como la imagen de lo transgresor de lo fantaseado, son una suerte de dinámica entre la seducción y la retirada. La voz ejerce un enorme poder cuando no va asociada a la imagen.
    Atento a todo esto y a pesar de no ser un amante de las “Exposiciones Rurales” en general, el lunes me dí una vuelta y luego de ver algunos exponentes de nuestra ganadería, caras conocidas, máquinaria, stands de todo tipo y la más extensa colección de boinas que recuerde; me fuí para el movil de Radio del Plata.. Creo que mi visita no tenía otro objetivo que corroborar las sensaciones que tengo respecto al progranma y que arriba comenté.
    Después de sortear notables obstáculos de bosta, choques con gente distraida y activas promotoras, me encontré entre el picadero y la cabina de la radio.
    Ahí estaba: (yo) un tipo grande haciendo señas a un vidrio, extraña sensación….
    Bien, los resultados de la excursión los envié por mail, varias veces y en algunos mensajes telefónicos.
    Te diré que casi todos los supuestos se ratificaron..sin embargo tengo mi conducta “bajo sospecha” u observación.
    No es mi objetivo ponerme en quejoso, pero luego de la “tarea de campo ” emprendida, esperaba respuesta de algún mail de los tanto que envié.. Ahora me preguntó: ¿ Por qué debería haber una respuesta?. No lo tengo claro, solo quería comentarte estas impresiones.
    Un abrazo
    Jorge D.

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    1. Jorge te pido disculpas si es que no leímos algún mensaje tuyo en la radio. En general quedan muchos sin leer cada día. Obvio que por falta de tiempo, el programa se nos hace corto. Pero me encargaré de enmendarlo. Y gracias por tus palabras, también creo que el programa tiene algunos de los atributos que vos mencionas y muchos defectos que yo conozco y vos, elegantemente, no referís. Abrazos

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  5. Jorge D. dijo:

    Rey: Gracias por la respuesta, no me sentí censurado ni mucho menos. Entiendo los tiempos radiales.
    Cuando aludo a que tengo mi conducta bajo sospecha, me refiero a interogarme sobre está sorprendente, para mi, afiliación a un espacio radial, no hago alusión a defecto alguno que callo por elegancia.
    Ocurre que “pateé el tablero de mi profesión”.. estoy en búsqueda (como todos,creo) de un espacio en el que ponga más energía en hacer lo que quiero que en creer que quiero lo que hago… Quizás sea algo tarde, no lo sé.
    Me gusta demasiado la palabra, en todas sus formas. Pero…. pero como dice Marai en una de sus novelas soy una suerte de “artista sin arte”

    Saludos a Las Orcas, a Claudio y a todo el equipo
    Gracias de nuevo
    Un abrazo
    PD: Creeme no hay nada que enmendar

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  6. Jorge D. dijo:

    Adrían, gracias por tus comentarios y especialmente por tu aporte al tema
    En lo personal también tengo coincidencias con Pablo e incluso algunas conmigo !!
    Resulta muy claro que somos sujetos de esa tensión permanente entre el hacer, el pensar y el sentir.
    Lo que define al hombre desde el hombre mismo quizás sea la acción, que implica una elección previa. De otra forma los humanos parecemos condenados a ser definidos por “algo” ajeno a nosotros o bien somos una suerte de dioses mal acabados, semidioses o animales superiores…”El hombre no goza de su libertad la padece” (Sartre). Estamos condenados a elegir a actuar ya que ser libres no implica “mera disponibilidad” sino opción, y por cada elección dejamos de lado infinitas posibilidades que ya no seremos.
    A la hora de elegir estamos solos, nos apoyamos en algún recorte del pasado, nuestro siempre limitado conocimiento y las no muchas experiencias acumuladas.
    Acuerdo con vos en que somos “seres habitados”, coexisten en nuestro “escenario interno” varios “personajes”, esos que a la hora de la decisión parecen dialogar entre si para llegar a un acuerdo, te comento que en mi caso hacen un ruido similar al de una reunión de consorcio…Pessoa los llamaba “los disponibles”.
    Que hubiera pensado dicho y hecho Unamuno si no hubiese muerto al principio de la Guerra ??? No lo sé, pero conociendo su obra me atrevo a pensar que hubiera gritado otra vez No a la muerte!
    Me siento más cómodo con las dudas que con las certezas, no creo en ellas.
    Galeano dice que solo cree en las “certezas que desayunan con dudas”.
    Un abrazo
    Jorge

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