Humor rural

El presidente de CRA Mario Llambías quiso hacerse el chistoso. El lunes pasado vivía un momento de euforia, unos mil productores aclamaban a la Mesa de Enlace en el predio de la Exposición Rural. Fue entonces que recordó la chicana de Néstor Kirchner quien, en pleno conflicto entre las entidades del campo y el gobierno, dijo que nunca recibiría a los “hijos de Martínez de Hoz”. La gente aplaudía. Y Llambías se sentía Charly García. Después de aceptar con reservas el convite a la Casa Rosada, hizo una reivindicación pública de José Alfredo Martínez de Hoz. Claro, fue un chiste. Aclaró que se trataba del fundador de la Sociedad Rural en 1866.

Llambías debería saber que ese apellido quedará para la historia marcado por el uso público que le dio el nieto del fundador de la rural, el José Alfredo que fue Ministro de Economía de la última dictadura militar. El nieto que el dos de abril de 1976 puso en marcha un plan que terminó por precarizar el empleo, destruir la producción nacional y endeudar el país.

Hace unos meses Hugo Biolcatti, el actual presidente de la Rural hizo un chiste sobre la posibilidad de una entrega anticipada del poder en la Argentina. La claque esa vez fue el doctor Mariano Grondona que de golpes sabe más que de etimología.

El gobierno de los Kirchner tiene infinidad de aristas cuestionables. Para criticarlo no hace falta convocar a los fantasmas del pasado, a menos que se crea que ellos son la mejor solución para el país. En ese caso no se trataría de ningún chiste.

Humor rural

CNN: el golpe en Honduras nunca existió

Una perlita: la democrática cadena CNN eligió tapar las delcaraciones del presidente Barak Obama sobre el golpe de Estado en Honduras. El presidente norteamericano se estaba manifestando categóricamente contra el golpe y todavía faltaba que hablara el presidente de Colombia Alvaro Uribe cuando “de pronto” la cadena decidió pasar a emitir un acto en la Casa Rosada. Increíble!

CNN: el golpe en Honduras nunca existió

Tiempo de ciberprotesta

En estos tiempos de Internet y ciberacción, una persona puede lograr ser escuchada, a veces con resultados impredecibles.

Le paso a Dave Carroll, un músico canadiense al que United Airlines le rompió una guitarra Taylor de 3.500 dólares al subirla al avión. Luego de protestar durante nueve meses pidiendo una indemnización, llevó a cabo su venganza colgando en internet el vídeo de una canción burlándose de la aerolínea, consiguiendo un éxito arrollador: el video ya fue visto por más de 4 millones de personas.

El fin de la historia? United se contactó con el músico, e hicieron las paces.

Tiempo de ciberprotesta

Momentos estelares de la humanidad

Me gustó mucho esta nota de Hernán Brienza (publicada en Crítica el domingo pasado).  “Momentos estelares de la humanidad” es uno de los libros más bellos que tuve entre manos en los últimos meses. Su autor el filósofo Stefan Zweig. Se los recomiendo. En especial para los amantes de la Historia y de las historias. Pero la nota tiene algo más: el impresionante alegato de Miguel de Unamuno ante los facistas españoles. Tal vez sirva para reflexionar hacia dónde llevan  los caminos del odio a una sociedad.

El austríaco Stefan Zweig, un representante del liberalismo europeo de la primera mitad del siglo XX, en su exquisito libro Momentos estelares de la humanidad -recientemente reeditado por Acantilado- se dedica a recuperar instantes sobresalientes del pasado occidental que él denomina “catorce miniaturas históricas”. Para Zweig, “ningún artista es durante las 24 horas de su jornada diaria interrumpidamente artista”; por eso, amigo consecuente de la singularidad, define “momento estelar” de la siguiente manera: “Lo que por lo general transcurre apaciblemente de modo sucesivo o sincrónico se comprime en ese único instante que todo lo determina y todo lo decide. Un único ‘sí’, un único ‘no’, un ‘demasiado pronto’ o un ‘demasiado tarde’ hacen que ese momento sea irrevocable para cientos de generaciones, determinando la vida de un solo individuo, la de un pueblo entero e incluso el destino de toda la humanidad”. El autor de El candelabro enterrado propone entonces como ejemplos un gesto de Cicerón, la conquista de Bizancio, la creación de “La Marsellesa”, el descubrimiento de El Dorado, entre otros. En estos días, se conmemoran aniversarios de varios momentos estelares de la humanidad: la toma del poder por parte de los sandinistas en Nicaragua -acaso la revolución de los poetas-, el levantamiento franquista que da inicio a la Guerra Civil Española, el asalto al cuartel de La Moncada en Cuba, el nacimiento de Antonio Machado, la muerte de Eva Perón -quizá la mujer que ametralló de “momentos estelares” la historia argentina. Seguramente por culpa de Beatriz Luque, mi profesora de literatura del Mariano Moreno, una hija de republicanos exiliados que me acercó a la generación española del 98, a los poetas del 27 y del 36, siempre me sentí cercano a esa historia que no me pertenecía ni por nacionalidad ni por herencia sanguínea. Por esa razón, cualquier aniversario de la Guerra Civil Española no me resulta inadvertido. Y para mí, el momento estelar de ese gran conflicto, que fue la antesala de la Segunda Guerra Mundial, ocurrió el 12 de octubre de 1936, y su protagonista fue el escritor y filósofo vasco Miguel de Unamuno. La anécdota, claro, es aquella del salón de actos universitario en que el hombre de barba cana enfrentó al general José Millán- Astray.
Unamuno, como muchos escritores e intelectuales de su época -desde Víctor Hugo a Leopoldo Lugones, por ejemplo-, se pensaba a sí mismo como la encarnación del espíritu de su patria. La reivindicación que hace de la figura del Quijote en ese libro de magnífica melancolía vital que es Del sentimiento trágico de la vida (1913) y en Vida de don Quijote y Sancho (1905 es -en términos nietzscheanos- un “rescate monumental”, muy similar al que hace Lugones en su texto El payador con el Martín Fierro, también en 1913. Trae al Quijote no como figura petrificada por el pasado sino para que actúe en el momento histórico, para que sirva de modelo y ejemplo. En una operación cultural muy interesante, Unamuno propone al Quijote arquetipo y al mismo tiempo se propone a sí mismo como Quijote. Y es en Del Sentimiento trágico… donde el autor de Abel Sánchez despliega ese humanismo radical -en palabras del teólogo Hans Küng- que llevará hasta las últimas consecuencias: “El hombre es un fin, no un medio. ¿Y qué es el derecho a la vida? Me dicen que he venido a realizar no sé qué fin social. Yo siento que yo, lo mismo que mis hermanos, he venido a este mundo a realizarme, a vivir”.
La acción de mi momento estelar de la humanidad transcurre en la Universidad de Salamanca. Unamuno había enfrentado al rey de España, al dictador José Antonio Primo de Rivera, había sido diputado socialista de la República y había abjurado de ella cuando el gobierno avanzaba hacia la reforma agraria y otras reformas de corte socializantes. En julio de 1936, levantó su voz en apoyo a los fascistas que se habían vuelto contra la República. Era uno de los pocos intelectuales españoles que apoyaba a los “nacionales”. Y allí estaba ese 12 de octubre en el palacio de arquitectura plateresca -el relato es de Hugh Thomas- participando de un acto del Día de la Raza e indignándose mientras oía los discursos en contra del País Vasco y Cataluña, a quien José María Pemán acusaba de “cánceres en el cuerpo de la nación” y alentaba a que “el fascismo, que es el sanador de España, sabrá como exterminarlas, cortándolas en carne viva”… En ese momento, alguien en la platea gritó el necrofílico lema de “¡Viva la muerte!”, y el general Millán-Astray, que había perdido un ojo y un brazo en la guerra de Marruecos, comenzó con los “España…Una. España… Grande. España… Libre”. La universidad se había convertido, entonces, en el templo de intolerancia y el fanatismo.
Unamuno se levantó y de manera quijotesca pronunció uno de los discursos más conmovedores -por su bizarría y belleza- del siglo XX: “Acabo de oír el necrófilo e insensato grito de ‘¡Viva la muerte!’, y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían, he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. El general Millán-Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero, desgraciadamente, en España hay actualmente demasiados mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta el pensar que el general Millán-Astray pudiera dictar las normas de la psicología de la masa. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor”.
Millán-Astray lo interrumpe exaltado y brama: “¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!”, y la multitud lo aclama. Pemán, alza la voz y agrega: “¡No! ¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los malos intelectuales!”.Unamuno, entonces, imperturbable, con la parsimonia de un hombre que sabe que está pronunciando un “no” único, que protagoniza un momento irrevocable para el destino de toda la humanidad, un instante sublime de la Historia, que está construyendo con sus actos la verdad poética de que la razón vence a la fuerza, concluye: “Éste es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho”.
Unamuno debió salir acompañado por Carmen Polo Martínez Valdez -la mismísima mujer de Franco- para que los fascistas no lo lincharan en la sala de la universidad. El autor de Niebla se refugió en un oscuro silencio, cargado de decepción y desesperanza. Agonizó espiritualmente dos meses, hasta que el 31 de diciembre de 1936 falleció inesperadamente. Si no hubiera muerto de tristeza, su instante estelar habría perdido fuerzas. Para enfrentar a la muerte, Unamuno simplemente murió. “Si un filósofo no es un hombre, es todo menos un filósofo”, escribió alguna vez. Frente a Millán-Astray, Unamuno tuvo su instante borgeano. Como en la Biografía de Tadeo Isidoro Cruz supo en ese momento no sólo cuál era su destino sino también cuál había sido la razón de su existencia. Unamuno supo ese día quién era. Se había convertido en filósofo. Y le demostró a toda la humanidad que era posible ser sencillamente un hombre.

Momentos estelares de la humanidad

Gordos

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El modelo sindical argentino es autoritario, burocrático, prebendario y violento. Además, limita la participación democrática. Es inexplicable, por ejemplo, que la Central de los Trabajadores Argentinos no tenga todavía personería gremial.

Ahora que la derrota electoral del kirchnerismo impulsa a los denominados Gordos a exigir la cabeza de Hugo Moyano, es necesario señalar que el debate sindical en la Argentina vuelve a centrarse sólo en un punto: quién está más cerca del poder o quién es el interlocutor privilegiado de los que manejan la caja del Estado. Sobre la libertad sindical y la mejor defensa de los derechos laborales no se dice ni se debate nada.

El último presidente que prometió impulsar el reconocimiento de la CTA fue Néstor Kirchner. En varias ocasiones le dijo a Víctor De Gennaro que tendría el okey oficial. La primera vez fue en El Calafate, cuando los dos posaron junto al presidente de Brasil, Inácio “Lula” da Silva, un viejo amigo del dirigente gremial, con el glaciar Perito Moreno de fondo. De Gennaro había estado cerca del gobernador patagónico en la campaña de 2003, mientras Moyano apoyó a Adolfo Rodríguez Saá. Unos meses antes de dejar el poder en 2007, Kirchner reiteró su compromiso, pero tampoco cumplió. El ex presidente del país y del PJ eligió privilegiar su alianza estratégica con el secretario de la CGT, Hugo Moyano, y el camionero le respondió con lealtad. Entre otros gestos políticos propició un gigantesco acto de apoyo en la avenida 9 de Julio.

Después de la derrota electoral, los Gordos del sindicalismo (así se llama a los gremios importantes en afiliados, aunque la denominación remita también a las balanzas de los secretarios generales) se decidieron a disputar la conducción de la CGT. Acusaron a Moyano de personalista y autoritario y advirtieron al Gobierno que si mantiene sólo a Moyano como interlocutor no estará hablando con todo el movimiento obrero. “Hugo sólo trabaja para los afiliados de su gremio”, dijeron.

La bronca tuvo un detonante. En una semana pudieron comprobar que aun en medio de la debacle oficial, el secretario de la CGT mantenía su poder de fuego intacto. En pocos días, el líder camionero logró relevar a un funcionario designado para manejar los fondos de las obras sociales. El funcionario nombrado por el ministro Juan Manzur duró 48 horas en el cargo. Al frente de Aerolíneas Argentinas el Gobierno designó a Mariano Recalde, hijo de Héctor, principal asesor de Moyano, y logró que el Estado subsidiase a los empresarios del transporte para que éstos abonaran sin chistar un 17 por ciento de aumento salarial a los choferes de camiones.

Parece que no registran que Hugo también es un mariscal de la derrota”, se quejó uno de los Gordos. Moyano, a su vez, disparó munición gruesa. Los acusó de “cara de piedra al máximo”, “se creen Rambo” y aseguró que “hablan como si vinieran de otro planeta”, para terminar atribuyéndoles responsabilidad en las crisis de los noventa y de 2002.

Es fácil hacerse el duro cuando el sueldo de los camioneros lo pagan todos los argentinos”, disparó Luis Barrionuevo. El gastronómico dice que tiene vela en este entierro. Él fue el primero en enfrentarlo creando la CGT Azul y Blanca. Se desató así una pelea de pesos pesados. Si no estuviese el país en el medio, hasta sería una buena oportunidad para comprar pochoclo y sentarse a mirar.

Son como viejos luchadores de sumo tratando de sacarse a empujones del escenario. Se conocen desde siempre. En un rincón Hugo Moyano, secretario general del sindicato de camioneros durante 17 años y desde 2004 secretario general de la CGT. En el otro rincón Oscar Lescano, 26 años al frente del Sindicato de Luz y Fuerza; Armando Cavalieri, 20 años como líder de la Federación de Empleados de Comercio; Andrés Rodríguez, con 22 años al frente de UPCN y Gerardo Martínez con 20 años liderando a los obreros de la construcción. Junto a los barones del conurbano forman parte del poder permanente.

A todos por igual se les cuestionan sus métodos y su discrecionalidad. A Moyano le llueven las críticas por tener a casi toda su familia trabajando en el gremio. Su esposa maneja la obra social. También los subsidios estatales y el aval oficial a la captación de empleados de otros gremios. Los Gordos reciben impugnaciones por su desmesurado crecimiento patrimonial y sus negocios con empresas privadas y hasta con el Estado. Ambos sectores coinciden en las prácticas violentas y en su rechazo a la gestión de Graciela Ocaña. La ex ministra de Salud les exigió a los sindicalistas que explicaran qué hicieron con los más de 200 millones de pesos que recibieron para sus obras sociales y cuyo destino es incierto (Comercio no rindió 75 millones y UPCN 21, para tomar dos ejemplos).

Moyano exhibe su antimenemismo como una cucarda. Los Gordos, sobre esos años de jolgorio, callan. Barrionuevo fue funcionario y se declaró “recontra alcahuete” del riojano. Moyano defiende su quintita pero también el empleo. El gastronómico celebró el último documento de los grandes empresarios que pedía menor intervención del Estado. Es difícil elegir cuando las opciones se parecen a las que brinda una interna sindical en la Argentina. Mientras tanto, en lo que va del año se perdieron unos doscientos mil puestos de trabajo.

Gordos

Bailando en la estación

Mi amigo Claudio Valfré me mandó este video. Es una irrupción artística en una estación de trenes en Bélgica. No sé por qué pero me tocó el corazón. Ante el agobio de cada día, qué lindo sería poder cantar en mitad de Retiro o Constitución. Los artistas que prepararon la perfomance sólo ensayaron dos veces. Una caricia en medio de la batalla suburbana.

Bailando en la estación

Se olvidaron de Fontanarrosa

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Recibí este correo de la escritora Claudia Piñeiro, autora de Las viudas de los jueves. Es increíble pero los grandes diarios del país se olvidaron del Negro. Yo tengo para mí que los círculos literarios siguen despreciándolo como un escritor menor. Por fortuna, sus lectores lo mantenemos en un lugar privilegiado del corazón.

Hola, Reynaldo!   Como periodista, escritor y rosarino, quiero compartir con vos una reflexión que estuvimos haciendo hoy con otro escritor rosarino, Juan Martini, a ver qué opinás. ¿Te diste cuenta que a 2 años exactos de la muerte del Negro Fontanarrosa (19/julio/2007) ninguno de los diarios principales de esta capital hizo siquiera una mención? No salió nada en La Nación, nada el Página ni en su suplemente Radar, nada el Clarín donde además el Negro trabajó por ¿20?, ¿30? años. Tampoco encontré nada en Critica, tampoco en Perfil (aunque no podría asegurarlo porque de este diario sólo vi la versión digital y no incluye todas las notas). En Clarín, incluso, lo nombran en una nota acerca de las malas palabras, haciendo alusión a su famosos discurso en el Congreso de la lengua, pero nadie menciona, ni siquiera en una línea en esa columna, que hoy es el aniversario de su muerte.   Impresiona un poco cómo alguien que fue, y seguramente sigue siendo, un ícono de los argentinos, no hizo que saltara la alarma en ninguna redacción para que alguien escribiera, al menos, una pastilla.

Esta es una de esas cosas tontas que cada tanto me dan ganas de compartir.

Se olvidaron de Fontanarrosa