Los muñecos de la calesita

Nota1: Yo también estoy acomodándome al nuevo formato del blog. Espero poder. Confiemos en DET. Probemos y vemos. La idea es que todo funcione mejor no evitar las discusiones o complicar el debate.

Nota 2: Nicanor Parra decía que no hay casualidades sino encuentros prefijados. Tal vez algo de eso existió en mi paso por la Calesita de la Plaza López de Rosario, un sábado de hace un par de semanas. Encontré a la hija de Juan llorando y me contó lo del robo. Por suerte les cuento que ya logramos reponer los animalitos desaparecidos. Agregó a la pequeña cronica en video la nota que escribí el día que murió El griego.

Murió Juan Mitsis. Se fue el calesitero de la Plaza López. De una manera absurda la muerte le tendió una sortija envenenada. A los 80 años, este griego de mirada triste, se sentía más fuerte que Ulises al regresar a Itaca. Lo atropelló un conductor en la calle Laprida, a metros nada más, de su magnífico artefacto de sueños. Dos barrenderos que lo vieron caer, aseguraron que el hombre en su automóvil iba muy apurado para verlo. Juan estaba delgado y leve como una sombra amable. Es impropio hablar de un accidente. Sus mujeres amadas lo seguirán esperando: su esposa, Jorgelina Bravo; su hija; su nieta. Los niños de la República de la Sexta le rendirán el mejor homenaje: treparán a alguno de los catorce animalitos de la calesita como si nada hubiese pasado. Algunos lo verán todavía cerca del motor del carrusel, con su campera de jean, blindado en su silencio. Los niños ven más que los adultos.

Stelliano Mitsis, el padre de Juan, llegó a la Argentina procedente del Peloponeso en 1925. Es difícil saber por qué razón, después de atravesar el Atlántico persiguiendo un amor, terminó manejando una calesita. Quizá estaba predestinado a girar. La calesita es como la vida, uno se la pasa dando vueltas para alcanzar el deseo que como tal, siempre es inasible.

Antes de instalarse definitivamente en la Plaza López, el espacio público más antiguo de la ciudad, la calesita de los Mitsis viajó remolcada en camión por Bahía Blanca, Tres Arroyos y Azul. En 1950 encontró su lugar en el mundo. Desde entonces gira sobre su eje en el vértice más bello del la plaza, sobre el Pasaje Alfonsina Storni, cerca del rosal que rememora la presencia en Rosario de la poeta que se mató en el mar.

Juan siempre estuvo allí. Medio siglo al mando de ese barco quieto, garantizando el lento girar de la calesita. Sosteniendo el delicado equilibrio del mundo. Hasta que un problema de salud la alejó de la plaza, Jorgelina fue la encargada de agitar ante los niños “la pera” que guarda la ansiada sortija clavada como un aguijón. Quién no vivió la felicidad de arrebatar esa llave que habilita una vuelta gratis, no sabe nada.

En esos menesteres Juan mantuvo asistencia perfecta. En todos estos años, los Mitsis pasaron buenas y malas, resistieron junto a los vecinos los intentos del intendente de la dictadura por convertir el predio en una plaza seca, donde el cemento reemplazara al verde y a los árboles; superaron robos –que persisten– y un incendio. Pero el griego volvía a empezar ante cada revés, con disciplina espartana, con amabilidad ateniense. Ahora ya no está.

El niño que fui, tal vez, haya muerto un poco con su ausencia.

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Los muñecos de la calesita

26 comentarios en “Los muñecos de la calesita

  1. marga dijo:

    que bella despedida. que poético reconocimiento. otro accidente de tránsito… cuántos pañuelos de mujeres con abrazos huecos faltan en la plaza del dolor……. gracias por tus palabras Reynaldo.

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  2. SANDRA dijo:

    Rey:
    La casualidad de tu entrada me hace un nudo en la garganta. El otro día pasé por la puerta de la calesita donde llevé a mi hijo hace 18 años, en Villa Luro. La más antigua de todas en Miralla y Ramón Falcón Y hoy vivo frente a la calesita de mi infancia en Parque Rivadavia. Cada vez que paso me acuerdo de mis hermanos y yo corriendo entre medio de los animalitos tratando de sentarnos en el mejor auto o caballo. ¡Nos peleabamos y nos empujábamos!
    ¡Qué buén recuerdo Rey!. ¡Qué bueno!!!
    Cariños.

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  3. beatriz dijo:

    Rey: como me emocione al leer tu articulo, justo la semana pasada con el colectivo pase por la Plaza Arenales, en Villa Devoto y vi que ahi sigue la calesita de mi niñez, pero no creo que siga el mismo calesitero, ya que era mayor cuando yo era niña y ya tengo mis años yo tambien. Que buenos recuerdo a pesar del dolor por el accidente que le provoco la muerte a tu calesitero.

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  4. Marcos dijo:

    ¡¡¡Cuánta melancolía calesitera!!!. Excelente nota: ¿cuándo se viene la que, unido a la “patriótica” U.I.A, destroce a Chávez por haber estatizado “capitales argentinos?.

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  5. Patricio dijo:

    Muy humano y sentido tu homenaje, Reynaldo. Me hago cargo de los sentimientos muy profundos que generan estos recuerdos de la niñez… de una niñez feliz e inocente.
    En mi infancia, solíamos ir con mis padres, en las vacaciones, a casa de un familiar que vivía a una cuadra del Monumento a la Bandera (1° de Mayo al 900). A la vuelta de esa casa, a una cuadra bajando hacia el río, había un pequeño parquecito con hamacas, barras paralelas, y una calesita de esas que llaman “náuticas”. Todas las mañanas corría, con mis 8 o 9 años de edad, hacia ese parquecito, y disfrutaba de la extraña calesita bamboleante…que en mis fantasías era la cubierta de un barco en plena tempestad…Ya grande, tuve oportunidad de llevar a mi hijo, que tenía la misma edad que yo en oportunidad de aquellas correrías, a ese mismo parquecito donde aún estaba la calesita bamboleante…las hamacas…las barras paralelas…y el bebedero de piedra, imitación granito cerca del cual se paraba un viejo cuidador de plaza. El cuidador ya no estaba.
    Se me nubló la vista…mirando a mi hijo jugar sobre las maderas carcomidas de la vieja calesita…
    En muchas otras oportunidades viajé a Rosario, pero nunca, nunca quise volver a ese parquecito….
    Gracias, Reynaldo, por llebarme a la nostalgia…

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  6. Irma dijo:

    Hay Rey que bonito!!! el post de hoy me emocionó mucho, quien no recuerda a nuestro calesitero, ¿la flia de El lo va leer? es un homenaje muy lindo, y para todos los que hoy siguen estando y dando alegrias a los pequeños, te re felicito nos has hecho caer la lagrimita… creo que nadie te va decir nada feo hoy, porque nos toca el alma a todos, un abrazo y gracias…..

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  7. Alejandra dijo:

    Muy emocionante el homenaje a Juan ,el calesitero,una vida dedicada

    a hacer reir a los niños.Ya debe estar en un buen lugar,con su ángel

    de siempre .

    En mi pueblo, no había calesita,íbamos cuando visitabamos otras ciu-

    dades grandes.Acompaño tu nostalgia.

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  8. Un relato realmente emotivo. En la plaza de mi barrio hoy la calesita la custodian los chicos de la UCEP y desde hace cuatro días no aparece el calesitero. ¿no te dejan hablar de este escuadrón en el canal donde trabajas?

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  9. Eduardo dijo:

    En España lleva por nombre Tiovivo; en Francia, Carrusel, pero acá en Argentina tiene un nombre sinónimo de infancia: Calesita. La historia de la calesita es un rompecabezas cuyas piezas no han sido unidas por la historiografía, pero es importante intentarlo, ya que Argentina es uno de los pocos países -el cuarto del mundo- que conserva esta tradición. Hasta tal punto este juego prendió en la cultura que la palabra “calesita” es porteña. “Vamos a jugar a la calesita”. La expresión primigenia era otra: “Juego de los caballitos”. Cuando todavía no existía la diferencia entre calesita y carrusel – las estructuras fijas que sólo giran y aquellas en las que, además de girar, los caballitos suben y bajan, el juego consistía en un caballo con orejeras que giraban como una noria y a su lado, en una calesa (pequeños carros de cuatro ruedas que se utilizaban en Europa central para llevar a las ciudades los productos de la tierra), iba corriendo un hombre.El primer juego de caballitos que llegó a Buenos Aires era francés y se instaló entre 1867 y 1870 en Barrio Parque, que quedaba entre lo que hoy es el Teatro Colón y el palacio de Tribunales. Hubo que esperar hasta 1930 para que apareciera la primera fábrica, Sequealino e hijos, una firma de herreros italianos de Rosario, que hizo más de mil calesitas para América Latina. Con ellos ganó la forma que tiene hoy este juego: unos treinta lugares para ser ocupados.
    El el lugar en que estaba
    la casa de inquilinatos,
    hay una “peña” de gatos
    vecinos de la barriada;
    la medianera pelada,
    con un dejo de tristeza,
    muestra el papel de las piezas
    que tocaron retirada.

    Perdió por demolición
    la casa de tantas piezas
    y dejó que la pobreza
    tenga nueva dirección,
    y nos muestra a discreción
    cuando se cambian de ropa
    “los que no dan pelota”
    cuando cae en el balcón.

    Y vino lo que faltaba
    a tomar ubicación
    causando la sensación
    de toda la muchachada
    que contempla alborozada
    a una hermosa calesita,
    con su eterna musiquita
    de canciones olvidadas.

    Hay un alambre tejido
    frenando a la concurrencia,
    de pibes que en su impaciencia
    parecen monos prendidos,
    cuando alguno ha conseguido
    los “cinco” para una vuelta,
    ya los muestra de la puerta
    con un aire distinguido.

    El dueño, es un portugués
    que da vuelta a la “pera”,
    con la sortija espera
    que la saquen de un “revés”;
    baja apurado, después,
    para atender a los clientes
    que reclaman, impacientes;
    “que dura mucho… esta vez”.

    Cuando ya no hay candidatos,
    cesa la musiquita,
    y entonces, la calesita
    ya no tiene sobresaltos
    Una lona, de lo alto
    los cubre a los caballitos,
    que darán ese saltito
    que prometen de hace rato.

    Sale el caballo, mareado
    de una esquina de la carpa,
    y el pobre nos muestra un arpa
    en el flanco dibujado…
    fuerza motriz que ha comprado
    a plazos el portugués,
    y que un cochero tal vez
    ya lo había jubilado.

    Mueren las luces que había,
    y el patrón, por la vereda,
    va contando las monedas
    que añoran las alcancías…
    que van quedando vacías
    desde el día en que llegara,
    trayéndola desarmada
    a esa rueda de alegría.

    La luna, la va pintando
    de blanco a la calesita,
    y al caballo que dormita,
    tordillo lo va dejando;
    y el viento que va arrastrando
    la tapa de una tetera
    deshace un fila entera
    de hormiguitas desfilando.

    LA CALESITA
    Letra de Héctor Gagliardi

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  10. Estoy re-podrido de esos amargos de M que entran a hacerse los inteligentes, como anónimo (siempre son anónimos) y hacen preguntas como…¿es el blog de admiradores de Sietecase?, déjense de joder chéeeeee, esos son los mismos ignorantes que se piensan que para ser de Izquierda hay que pasarla mal o que ir a Mac Donalds es traicionar a la patria…y por otro lado siguen a clientelistas (eso si es traición a la patria) y autoritarios que se dicen POpulares y son más ricos que Bill Gates, y encima dentro de una entrada que ciertamente es popular, no como Starbucks ¿así se escribe?, que es el Café preferido de la hija de la presidenta, pero no los de Argentina…EL DE NEW YORK ¡ ¡ ¡, no soy de escribir malas palabras en mis comentarios pero…HAY GENTE BOLUDA CHÉEEEEEEEEEEEEEEE.

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  11. Eduardo dijo:

    Che Anita! Hay que hacer como hacen los franceses que afrancesan todo, nosotros como tenemos complejo de políglotas sabiondos apelamos al respeto a la lengua de origen y poco a poco no sabremos ni hablar, claro que no es tu caso. Me gustó lo del beso y mucho mas por donde lo asociaste! Beso

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  12. Yo soy directa.
    No se bien lo que quiero… pero lo quiero ya! (es que me crié entre varones) y eso del levante abrupto, así como las ausencias inexplicables, como el no soportar facturar ni que me facturen…es mi parte masculina.
    Por lo demás.. es todo mio mio mio… poco pero excelso.

    Chau.. me voy a tomar anís de los Hermanos, tengo saudade.

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  13. Vero dijo:

    Recién hoy puedo leer tu nota, qué tristeza!!!!!!!! Si bien la vida me trajo a Mendoza, nací y crecí en la República de la Sexta y como todos, disfruté de esa calesita. Qué difícil era esa sortija!!! Todavía tengo el recuerdo de mis dedos rozando la “pera” a punto de tomar la sortija y . . . en el último momento, un rápido movimiento del calesitero la alejaba hasta la próxima vuelta.
    Cada vez que vuelvo a Rosario, paso por la Plaza López y una sonrisa se instala en mi cara, la sonrisa de la infancia. Gracias por contarme la historia del Griego, no la conocía. Tengo 40 años así que estoy segura que fue a él a quien vi por años junto a la calesita.
    Gracias por traerme un poco de mi propia historia.

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  14. cris dijo:

    Me gusta pintar y lo hago con acuarelas, hace un par de días visité la calesita de la Plaza López para tomar unas fotos con la intención de pintar imagenes de mi infancia en Pichincha, Rosario por supuesto. Estaba la hija de Juan. Le comenté para qué eran las fotos que tomaba y le mencioné mi verdadera calesita de Pichincha, áquella a dónde mi abuela me llevaba en Oroño y Salta en diagonal al cine Real. Para quiénes tengan 52 años como yo y lo recuerden…
    Y mi gran emoción sobrevino cuando me dijo que la calesita era justamente esa, la de la Plaza López, que había estado por muy poco tiempo en Oroño y Salta y había sido mudada allí.
    Por supuesto las lágrimas….no las pude evitar….
    Así que agrego este dato para aquellos que tengan mis añitos y deseen ver un pedacito de su infancia aún girando .

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