Teatro 2×1: Es inevitable

Es inevitable, es el título de una obra de teatro inquietante y conmovedora. Pertenece a Diego Casado Rubio, un talentoso director español aficando en Buenos Aires. Es la historia de un amor más allá de la muerte dónde se lucen, en clave almodovariana, las actrices Estela Garelli, Patrizia Alonso y Lorena Viterbo. Yo ya la había recomendado en un post anterior. Diego es mi amigo pero además es talentoso y su trabajo merece una visita.

Por iniciativa suya los visitantes de este blog que quieran concurrir tendrán la posibilidad de obtener dos entradas pagando una. Sólo tienen que escribir a  reservas@esinevitable.es colocando en el asunto: “2×1 7kc”, indicar un número de teléfono, nombre completo y el día de la función a la que quieren concurrir.

Les recuerdo que se presenta todos los domingos a las 20,30 en el teatro La Carbonera, Balcarce 998, tel. 4362-2651

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Teatro 2×1: Es inevitable

Por fin

Hay distintas versiones sobre este desenlace. Un millonario pagó al dibujante de la Warner para que al fin el Coyote atrapara al Correcaminos. Otros dicen que ya en 1980 el propio creador de los dos bichos, Chuck Jones,  había presentado esta escena “imposible”. Pero a mí me gustaría pensar que todo es producto de la perseverancia. Todas las cosas importantes llevan tiempo y esfuerzo. El amor, la amistad, los cambios en política. Por eso, prefiero pensar en que la obstinación y la tenacidad del Coyote tuvo premio.

La que sigue parece que es la versión de 1980 que hizo el propio Chuck Jones.

Por fin

Polémica: El presidencialismo está agotado?

Dr. Eugenio Zaffaroni
Dr. Eugenio Zaffaroni

“Un Poder Ejecutivo con minoría parlamentaria siempre es débil, eso es lo que puso de manifiesto el juicio político a (Aníbal) Ibarra. Mi temor es que la ciudad refleje el futuro del país”. Esta frase la dijo el doctor Eugenio Zaffaroni a Página/12 en momentos del juicio político a Aníbal Ibarra por la tragedia de Cromañón. Anoche en el programa Tres Poderes insistió con su idea de que “el presidencialismo está agotado”.  Para el juez de la Corte, la inestabilidad política en latinoamérica -ya no originada en asonadas militares sino en problemas sociales y económicos- debería abrir la discusión sobre una reforma constitucional que permita cambiar el sistema de gobierno hacia un modelo parlamentario. Este domingo consideró que el actual “vale todo” con dirigentes saltando de listas, cambiando de partido, poniéndose el traje de candidato para no asumir el cargo, etc, expresa justamente el agotamiento del modelo de concentración del poder en el presidente. El carácter dramático que el gobierno nacional le ha otorgado a la próxima elección legislativa -la oposición hizo lo propio- tiene que ver también con esta visión de que “no se puede gobernar” sin mayorías legislativas. Zaffaroni cree que el voto de confianza, el adelantamiento de las elecciones, las interpelaciones a los ministros, se facilitarían con otro sistema sin que peligre la estabilidad democrática. Dado el prestigio del jurista que lo plantea, su propuesta merece el debate.

Polémica: El presidencialismo está agotado?

La pampa sumergida

Este material me lo mandó Mario Cafiero. Se trata de un informe sobre lo que ellos llaman “El mayor territorio argentino en peligro”. Trata de responder a estos interrogantes: ¿Sabemos hoy que está pasando en las Malvinas y en el Atlántico sur? ¿Podemos perder la soberanía sobre millones de kilómetros cuadrados de nuestra Plataforma Continental y del Sector Antártico Argentino? ¿Cuál es la magnitud de los recursos petroleros, mineros, genéticos, de aguas dulces y territoriales que están en juego? ¿Por qué estos temas están rodeados de hermetismo? La producción es del Grupo Ulises. Vale la pena.

Ficha técnica:

Realización: ALEJANDRO AREAL VELEZ / Entrevistas: GRAL. JORGE LEAL (Jefe de la primera expedición argentina al Polo Sur), LIC. FELIX HERRERO. ING. MARIO CAFIERO. Agradecimiento:HORACIO EMILIO SOLARI. Colaboraron:JUAN CARLOS CERNADAS LAMADRID, JAVIER LLORENS, FEDERICO URIOSTE Y SERGIO OGGIONI. GRUPO ULISES

La pampa sumergida

Una memoria a medida

Nota: Esta nota en Crítica se publicó sin el último párrafo. Desconozco por qué razón.

“Es la memoria un gran don,/ calidá muy meritoria;/ y aquellos que en esta historia/ sospechen que les doy palo,/ sepan que olvidar lo malo/ también es tener memoria”. Esta es la penúltima sextilla del Martín Fierro. “Olvidar lo malo” de manera deliberada es, en los versos de José Hernández, un ejercicio de memoria. Tal vez el escritor pensó en sus enemigos y les dedicó la frase en el final de un libro repleto de apelaciones a la memoria. Además Fierro cargaba con una historia de persecusión y violencia. Necesitaba un poco de paz. Otros dos grandes poetas argentinos no admiten esa posibilidad. “Una sola cosa no hay y es el olvido”, escribió Jorge Luis Borges. Y Juan Gelman sugirió: “No te olvides, de olvidar el olvido”. A nivel social, el olvido es sinónimo de impunidad.

Esta semana se conoció una noticia inquietante: científicos argentinos han demostrado que es posible bloquear recuerdos que estaban arraigados en la memoria. El trabajo fue publicado en la revista The Journal of Neurosciencie. A partir de experimentos con ratones descubrieron una proteína clave en los procesos cerebrales que se ponen en funcionamiento para evocar un recuerdo. Parece que determinaron qué “cables” se cruzan en la cabeza e iluminan imágenes y situaciones. Incluso aquellas que preferiríamos que queden en las sombras para siempre. Una vez descubierta la proteína, una inyección de inhibidores de la misma permitiría alterar la retención de los recuerdos evocados.

“Potencialmente podría ser aplicable a casos de fobias o a personas que sufren de estrés postraumático”, explicó al diario La Nación, el doctor Arturo Romano del Laboratorio de Neurobiología de la Memoria de la UBA. Otro de los especialistas, Carlos Baratti explicó que “la memoria no es borrada del cerebro, sino que no se expresa. Esto podría significar un paso enorme en algunos trastornos en que un recuerdo patológico altera la vida cotidiana del afectado”. En Estados Unidos ya se realizaron experimentos en seres humanos.
Si es así, en breve, el hombre podrá elegir qué cosas recordar y qué cuestiones matar en su mente para siempre. Será posible armar una suerte de puzzle con la memoria conservando sólo momentos placenteros. La eventual confirmación de ese procedimiento arrasaría con la idea freudiana de que los malos recuerdos siempre permanecen en la mente aunque el sujeto logre bloquearlos. Y, como un Alien silencioso, modifican las conductas aunque la persona ni siquiera lo sospeche.

En el filme Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, Joel Barish (Jim Carrey) se somete a un proceso de borrado de recuerdos. Quiere olvidar un amor pero en el último minuto se arrepiente y termina peleado por retener en su memoria la imagen de la mujer amada. Joel comprende que sin esos recuerdos no será la misma persona. Y aquí está la cuestión. Más allá de los indudables efectos terapéuticos positivos del descubrimiento, la posible edición de los recuerdos nos transformaría irremediablemente en otras personas.
A nivel social la manipulación de la memoria es una tentación recurrente. Algunos creen que la historia es una macilla que se puede modelar a gusto. Aquello de que la historia la escriben los que ganan. Lo intentó en vano la dictadura militar con su idea más perversa: lo que no está, no existe. La operación fracasó estrepitosamente y por esa razón, es posible seguir exigiendo juicio y castigo a los responsables de las torturas, los secuestros y los asesinatos.

Editar la memoria trasciende a los uniformados. Esta semana ocurrió con Raúl Alfonsín. Hubo políticos, periodistas y medios que, aunque en su momento lo hostigaron por su prédica a favor de los Derechos Humanos y su estilo confrontativo, se apuraron a rescatar “su vocación de diálogo y sus cualidades democráticas”. Es el Alfonsín que les sirve para “pegarle” a los Kirchner.

Desde el gobierno se hizo una operación inversa. Necesitaban al Alfonsín combativo. El presidente que no dudaba en enfrentarse con los factores de poder. Desde la Casa Rosada se dio la orden de pasar hasta el cansancio, en el canal oficial, el discurso que dio el ex presidente en la Sociedad Rural en 1988. En medio de la silbatina, el líder radical no duda en calificar de facistas a quienes lo insultan y responde uno a uno a sus reclamos. La alocución es memorable. Es el Alfonsín que necesita el gobierno para justificar su interminable pelea con las entidades del campo.

La reiteración de la escena en el canal del Estado, es un peldaño más en la estrategia de transformar el gigantesco error de haber equiparado a los sectores concentrados del campo con los pequeños productores y lo que queda de la oligarquía agraria con los habitantes del interior profundo, en una suerte de epopeya revolucionaria.

Alfonsín es la suma de todos esos pedazos. Un defensor del diálogo y el consenso, pero también un hombre que no rehuía los conflictos. El hombre del juicio a las Juntas Militares y el que años después propuso las leyes de Obediencia debida y Punto final. El lúcido impulsor del Mercosur y el presidente de la economía de guerra.

A diferencia de lo que pasa con la memoria de los animales que sólo actúa sobre el presente inmediato, la memoria de los hombres permite analizar lo ocurrido y planificar hacia adelante. Vuelvo a citar a Gelman “la memoria es un territorio lleno de heridas y fulgores”. Para poder ser nosotros, para estar completos, hay que cargar con las heridas y los fulgores. Sobre esas heridas y sobre esos fulgores, hay que construir el futuro. Es una tarea tan dolorosa como indispensable.

Una memoria a medida

Muerte de un pariente

Raúl Alfonsín

Es como si se nos hubiese muerto un pariente. Un tipo con el que compartimos muchas cosas. Un tipo con el que nos alegramos. Un tipo con el que nos enojamos. Un tipo al que le creímos. Un tipo al que puteamos. Un tipo al que respetamos. Un tipo testarudo y apasionado. Un tipo honesto.

No voté por Raúl Alfonsín. El 1983 fue mi debut electoral y ahora que todos se volvieron repentinamente alfonsinistas, aprovecho para confesar que no voté por Alfonsín. Nosotros queríamos más. Militábamos en la universidad y estábamos enloquecidos de entusiasmo por el final de la dictadura. El candidato radical nos parecía demasiado moderado. Arcaico en sus maneras de convocar a la población recitando el preámbulo de la Constitución Nacional. Nuestro candidato era Oscar Alende (“Alende no se vende”, ¿te acordás?). “El bisonte” no sólo hablaba de derechos humanos, proponía reforma agraria y fustigaba a los monopolios y al capitalismo en general. Pero, sorpresas te da la vida, el fundador del Partido Intransigente, ese médico bueno y combativo, terminó con los años apoyando a Antonio Cafiero y después a Carlos Menem.

De todas maneras, como miles de argentinos que no lo habían votado, me alegré con su triunfo. Algo de todo eso nos pertenecía. Además el abogado de Chascomús era la antítesis de los dictadores. Y cumplió con su promesa. Los comandantes fueron juzgados y condenados. En eso superó nuestras expectativas de máxima. Hay que recordar que el candidato peronista propiciaba aceptar la autoamnistía dictada por los militares. La mejor mitad de Alfonsín es la que puede sintetizarse en una frase: “Nunca más”. La certeza actual de que no hay retorno a ese pasado de violencia irracional, tiene su impronta.

También se cruzó con la Sociedad Rural y con la Iglesia Católica. Impulsó la Ley de Divorcio contra viento y marea. Lo cruzó al presidente norteamericano Ronald Reagan en defensa de la autodeterminación de los pueblos de centroamérica. En esos casos su carácter de mierda era una fiesta.

Después volví a enojarme con su “Felices Pascuas” en la Semana Santa del 87, cuando nos dijo que la casa estaba en orden y no lo estaba. Viví como una traición la sanción de las leyes de Obediencia Debida y el Punto Final. Yo ya me había hecho periodista pero con Alfonsín era difícil mantener la objetividad. Le recriminamos esos gestos “de debilidad” hasta el cansancio. Él defendía sus decisiones más polémicas en nombre de la paz social y la estabilidad democrática. Muchos de los que habíamos estado en las plazas del país para defender su gobierno, no terminábamos de entenderlo. Alfonsín no se cansaba de explicarlo.
En medio de la pelea, impulsó dos ideas luminosas: la integración latinoamericana, junto al presidente brasilero José Sarney, y el traslado de la Capital Federal. De hecho, el Mercosur es la única política de Estado que la Argentina mantiene desde hace veinte años. El traslado de la Capital y la consiguiente apuesta al desarrollo patagónico quedaron en la nada. El canibalismo nacional impide revisar críticamente éste último proyecto.

Siempre mantuvo sus convicciones con vehemencia y aceptaba los costos políticos de sus actos. No le gustaban las críticas y no dudaba en salir al cruce de cualquier planteo. Solía “carajear” a los periodistas. En 1989 acosado por los saqueos y la hiperinflación, decidió adelantar las elecciones y luego anticipó la entrega del poder.

Alfonsín entendía el diálogo como necesidad democrática, no como una concesión. Pactó con Carlos Menem y sumó más críticas. El riojano consiguió un nuevo mandato y la UCR, un senador extra por provincia. Luego ayudó a construir la Alianza. El resto es historia reciente y conocida. Vio la explosión del radicalismo y apoyó los intentos actuales de reconstrucción. Recibió homenajes y reconocimientos merecidos.

Aprendió. Dijo en la Casa de Gobierno, cuando un busto con su imagen llegó allí para quedarse, “sigan ideas, no sigan a hombres; ése fue, es, y siempre será mi mensaje a los jóvenes. Los hombres pasan o fracasan, las ideas se transforman en antorchas que mantienen viva la llama democrática“. Los hombres pasan o fracasan. Lo escuchaban Néstor y Cristina Kirchner, la presidenta de la Nación. Pasar, no triunfar, debería ser la máxima aspiración para un demócrata. Pasar, para recién después buscar algún lugar en la memoria popular.

Se murió un pariente al que será difícil olvidar. Deja un legado valioso. Se puede ocupar cargos sin enriquecerse. Se puede llegar a la función pública para servir y no para servirse. Se puede ser presidente para acertar y también para equivocarse. Hacer política vale la pena.

Muerte de un pariente