Homenaje a Vinicius en Uruguay

Este domingo se cumplen 95 años del nacimiento de un enorme poeta: Vinícius De Moraes. AnnaBella Casales, lectora de este blog, va a estar invitada cantando algo y contando historias y anécdotas de su vida en un espectáculo que se hace en Montevideo (Uruguay) en la Sala Zitarrosa.

AnnaBella dice que esta movida sobre Vinícius se está dando porque él vivio allá y compuso A felicidade (Tristeza nao tem fim…) viendo una gota de rocío en un arbol de la Plaza Matriz, entre otras cosas. Por eso, el 25 se va a colocar una placa en esa plaza como recuerdo.

La gacetilla dice:

En el 95 aniversario de su nacimiento, Indigo Producciones presenta un homenaje a Vinícius de Moraes.

“Vinícius, el poeta apasionado”

Un viaje musical a través de canciones y anécdotas sobre la vida del emblemático artista brasileño.

  • Bossa Açaí y músicos invitados
  • Coro de Arquitectura
  • Cuarteto Vocal María Dolores
  • AnnaBella Casales de Bs As en narraciones

Sala Zitarrosa – Domingo 19 de octubre – 20.30 hs

Entradas en venta

Sala Zitarrosa queda en 18 de Julio 1012, Montevideo, Uruguay.

Para todos los amigos de Montevideo, y para todos los que anden por ahí, esta recomendación.

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Homenaje a Vinicius en Uruguay

Los fachos de la red

¿Son tantos como parecen? ¿Son gente común que va al trabajo, hace el amor, ayuda a sus hijos con las tareas de la escuela y antes de dormir le dedica unos minutos a internet? ¿Son todos como esos jóvenes musculosos que levantan el brazo derecho en los actos organizados por Cecilia Pando? ¿O se trata de ciudadanos honestos que pagan sus impuestos y escriben a los medios como “la mejor manera de participar en política”? ¿Estaban desde antes o aparecieron todos después de la pelea del Gobierno y las entidades del campo? ¿Por qué si nosotros tenemos tantas dudas, ellos sólo exhiben certezas? Son los fachos de la red, los titanes de internet, los justicieros.

Cuando se enojan, y todo el tiempo se enojan, son incansables, hirientes, jodidos. Además, aunque suenen confusos o tengan problemas de expresión, están convencidos. Están muy convencidos y eso es lo importante. Desde esa convicción de hierro insultan, amenazan y prometen todo tipo de represalias contra el autor en cuestión. Dicen por ejemplo que, más temprano que tarde (perdón Salvador Allende), harán tronar el escarmiento.

Son duros. Adoran las chicanas. Evitan discutir sobre argumentos. Se ocultan en el anonimato que permite la horizontalidad democrática de la web –una de las grandes virtudes de internet, por cierto– y desde las sombras disparan contra el traidor, el débil, el vende patria. De esta manera hacen justicia virtual. Transforman sus teclados en espadas vengadoras. Disparan comentarios como misiles.

Parados sobre sus banquitos invisibles, levantan los dedos acusadores. Dan lecciones de periodismo, historia y alta política. Se ubican a la izquierda o a la derecha de la pantalla. Depende el día, depende el tema. Cada tanto exigen indignados: “¿Por qué no hablan más de inseguridad? Nos están matando a todos –advierten citando números y encuestas–. Los delincuentes están en la calle y vos lamentando la muerte de Nicolás Casullo”.

Siempre tienen razón. Quien no piense como ellos está equivocado. Quien no acuerde con sus opiniones es el enemigo, o un escriba pagado por el Gobierno, o un mercenario bancado por la oposición y las multinacionales, un agente de la patria mediática, un miembro de la sinarquía internacional o un comunista solapado. Depende el tema, depende del día. Como decía mi abuela: cree el ladrón que todos son de su condición.

Eso sí, no admiten medias tintas. Quieren que todos se definan. Es blanco o es negro. En realidad, quieren más blanco que negro. Se indignan por el hambre pero abominan de los hambrientos. Se conmueven por la desigualdad pero repudian los métodos de reclamo popular. Creen que todo aporte del Estado a los sectores carecientes es como darles margaritas a los chanchos. Afirman que todo dirigente social está comprado. Que todos los empleados públicos son vagos. Gozan con la división. Creen que estamos en guerra y que es necesario elegir bando. No rescatan nada de nadie. Ven en cada error una conspiración.

Forman una rara legión imposible de clasificar por sus ideas. Hay kirchneristas doloridos y antikirchneristas virulentos. Hay gorilas de todo pelaje y peronistas de cualquier sector. Hay liberales y golpistas. Todos unidos por la intolerancia. Algunos hasta se animan a levantar las banderas del racismo. Participan orgullosos de una suerte de vale todo verbal.

Hay temas que los ponen especialmente locos: las notas sobre condenas a represores –sugiero repasar los comentarios que se suscitaron en la web por el traslado de Jorge Rafael Videla a una cárcel común. Las cuestiones que apunten a defender la programación familiar o el debate sobre la despenalización del aborto. Una nueva ley sobre la forma de castigar el consumo de drogas despierta un tsunami de comentarios rabiosos e ignorantes. El ranking sigue con las peripecias de los ex Montoneros –algunas de verdad impresentables–, los despistes de los piqueteros, los aciertos de los K, los enchastres de los K y algunos más.

Son los fachos de la red. Los titanes de internet, los que garantizan ciento por ciento lucha debajo de cada nota.

Conviene no hacerlos enojar.

Los fachos de la red

Encuesta: cómo ves la gestión de Macri?

Paro docente, críticas por los hospitales, bacheo indiscriminado, carriles, seguridad, basura. Las críticas sobre Macri se suceden.

En la entrevista concedida al diario La Nación que se reproduce a continuación, la vicejefa de gobierno porteño Gabriela Michetti ensayó una autocrítica sobre los primeros diez meses de gestión del PRO en la Capital Federal. El resultado de la encuesta, en ESTE POST.

-¿Llevan diez meses de gobierno y todavía está tomando cuerpo?

-Tuvimos un delay de tres, cuatro meses, pero hubo responsabilidades compartidas. Nuestra responsabilidad fue que subestimamos el desorden que existía en términos de pagos, de redeterminación de deudas con las empresas. No lo conocíamos. Los primeros tiempos tuvimos que rastrear deuda por deuda, contrato por contrato, para saber si lo que nos reclamaban era así. Los proveedores no querían participar de nuevas convocatorias.

-Tuvieron una transición de seis meses. ¿No sirvió?

-La transición no nos llevó al conocimiento profundo, muy necesario para haber arrancado con más fuerza. Podríamos haber acomodado todo aquello en la transición. El equipo empezó a trabajar en los planes reales cuatro meses después. Es necesaria esta autocrítica.

-¿Subestimaron al gobierno nacional a la hora de colaborar para que la ciudad recibiera la policía o extendiera el subte?

-Hablo a modo personal, y sí: yo creo haber sido ingenua respecto de los gobiernos de otras jurisdicciones. Pensé que, como nosotros nos pondríamos en absoluta disponibilidad para trabajar en conjunto, los otros también iban a hacerlo y discutiríamos sobre la seguridad, el tránsito, el transporte, el Riachuelo. Pensé que la presión del ciudadano, luego de ver nuestra actitud, iba a ser suficiente.

-¿Cómo harán para que el electorado entienda que prometieron, por ingenuidad, cosas que no podrían cumplir?

-Hay datos objetivos que muestran las trabas que tenemos y también que queremos cumplir con nuestras promesas. Avanzamos en la creación de una policía metropolitana, que en esta gestión no va a estar terminada como para dar respuesta.

-¿No van a cumplir la promesa de una ciudad más segura?

-¡Sí! Existen otras herramientas para dar más seguridad. Vamos a tener 500 policías en la calle, abocados a determinadas tareas, que reforzarán el servicio de seguridad que presta la Policía Federal en la ciudad.

-¿Subestimaron la burocracia?

-No la subestimamos. Por eso, desde siempre, tenemos equipos especiales trabajando en una reforma del Estado, en la informatización. Eliminamos 3000 contratos políticos. Hicimos un censo para que cada área determinara qué necesita y qué tiene; sobre esa base, los agentes realizan cursos de capacitación. El tercer paso será la evaluación de desempeño.

-¿Y el que no rinde se va?

-El que no trabaja podrá ser despedido con justa causa.

-¿Es un mito que el estatuto del empleado municipal no permite echar a nadie?

-¡No es verdad que no se puede despedir!

-¿Qué pasa que el dinero del presupuesto nunca alcanza?

-Durante muchos años, el Estado trató de conformar a los políticos y nada más. Creció en contratos y en transferencias a privados y a ONG sin control. Hubo una repartija clientelar y demagógica. Nosotros queremos poner entre el 30 y el 40% del presupuesto para inversión en obras. Pero esto va a requerir tres gestiones.

-¿Tampoco mintieron al decir que construirían 10 km de subte por año?

-No mentimos. Habíamos hecho reuniones y teníamos nombre y apellido de los financistas. Fue sorprendente para todos que se suscitara una crisis como la que se suscitó, que se manejara como se manejó y que la Argentina dejara de ser confiable para los inversores.

-¿Están cumpliendo las metas previstas?

-Estamos haciendo un profundo esfuerzo para llegar a fines de año con todas las licitaciones adjudicadas o en proceso de adjudicación.

-El mobiliario urbano no avanza…

-Existe una resistencia fuerte de los intereses que se tocan, pero a nosotros nos importa el interés del vecino. Buscamos la transparencia. La licitación está trabada judicialmente; lo que no sabemos es qué hay detrás de eso.

-¿Ustedes van a estatizar?

-No es lo que nos parece más conveniente, pero siempre va a ser mejor esto a que algunos intereses empresariales prevalezcan sobre los de los ciudadanos.

Encuesta cerrada. Los resultados, en ESTE POST

Encuesta: cómo ves la gestión de Macri?

Neruda y la conquista de América

Hasta que se elimine el Día de la Raza como festejo, por ofensivo y por tuerto, y se ponga en su lugar El día del idioma o el Día del encuentro de dos mundos, o como se llame el festejo que permita celebrar sin olvidar la importancia de los pueblos originarios en nuestra historia y se reconozca sus derechos, va un texto de Pablo Neruda sobre la fenomenal colisión entre dos culturas.

LAS PALABRAS
Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan.
Me posterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo todas las palabras. Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen…

Vocablos amados. Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras…

Son tan hermosas que las quiero poner en mi poema. Las agarro al vuelo cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces, las revuelvo, las agito, me las bebo, las trituro, las libero, las emperejilo…

Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola.

Todo está en la palabra. Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se colocó dentro de una frase que no la esperaba…

Tienen sombra, transparencia, peso, plumas. Tienen todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto trasmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas. Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada…

Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos. Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, tabaco negro, oro, maíz con un apetito voraz.

Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías… Pero a los conquistadores se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí, resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… salimos ganando. Se llevaron el oro y nos dejaron el oro. Se llevaron mucho y nos dejaron mucho…

Nos dejaron las palabras.

Neruda y la conquista de América

Autopistas inteligentes

Crear una red de autopistas de 13 mil kilómetros libres de peajes. Este es el objetivo del plan vial que propone desde hace años el doctor Guillermo Laura.

La red vial uniría a todas las capitales provinciales. De esta manera –según Laura– se podrían evitar siete de cada ocho muertes por accidentes de tránsito. ¿Cómo se podría hacer algo así? La inversión la haría el sector privado de a tramos de 100 km. El dinero saldría de una tasa al combustible (no un impuesto que obligatoriamente requiere de la administración del Estado).

Actualmente se recaudan 4 mil millones de dólares por impuesto al combustible (eso alcanzaría para construir 2.500 km por año). Para Laura se hace un diagnóstico parcial sobre el origen de los accidentes de tránsito (imprudencia y falta de controles), cree que no se toma en cuenta el tema infraestructura. Con su propuesta bajarían los choques frontales (66 % de las causas de muerte en rutas) ya que el plan prevé calzadas desdobladas con cantero central y guardarrieles, entre otras ventajas.

La semana próxima, diez bloques parlamentarios firmarán un proyecto de ley para llevar adelante éste plan que, a mi juicio, merece difusión y apoyo. El jueves lo entrevistamos en el programa de radio y aquí está la nota.

Una señal: cuando le pregunté por qué si el plan parecía tan factible no se concretaba, me dijo: “no deja ninguna posibilidad de cobrar coimas”.

[audio:glaura091008.mp3|titles=Entrevista a Guillermo Laura|artists=Reynaldo Sietecase]

glaura091008.mp3 (para descargar el audio, hace click derecho, y elegí “Guardar destino como”)

Para los que quieran más información pueden entrar a la web de Laura: www.autopistasinteligentes.org

Autopistas inteligentes

Si quieren ser felices no analicen

¿Se cae el Imperio? ¿Eso es bueno o malo? ¿Por qué no podemos celebrar la crisis del capitalismo sin que nos califiquen de irresponsables o ignorantes? ¿Por qué tenemos que preocuparnos cuando las Bolsas cierran en baja, si cuando las acciones suben eso no tiene ninguna influencia en nuestras vidas? ¿Por qué el gobierno norteamericano invirtió 700 mil millones de dólares para salvar a banqueros irresponsables y corruptos en lugar de aplicar el dinero público a proteger a los damnificados? ¿No era que la mano invisible del mercado lo arreglaba todo?

George Bush se convirtió en el líder que realizó la mayor intervención estatal de la historia. ¿Eso lo convierte en un héroe del socialismo real? ¿Por qué los miles y miles de ciudadanos norteamericanos víctimas de los manejos financieros y de la irresponsabilidad del gobierno no salen a pedir “que se vayan todos”?

En la novela negra norteamericana, muchas veces, se puede determinar quién es el autor de un crimen investigando a aquel los que se beneficiaron con el delito. ¿Por qué no se investiga a los que ganan con esta crisis, por ejemplo a los que compran los bancos quebrados? ¿Por qué al grueso de la sociedad norteamericana le cuesta tanto asociar las aventuras expansionistas y los gastos militares con la hecatombe económica?

El periodista Michael Moore, en una reciente carta pública, señaló: “El objetivo de este rescate es proteger la obscena acumulación de riqueza que ha sido amasada en los últimos ocho años. Es para proteger a los accionistas que poseen y controlan a las corporaciones en Estados Unidos. Es para asegurarse que sus yates y mansiones y su ‘forma de vida’ no sean interrumpidos mientras que el resto de los estadounidenses sufren y luchan para pagar las cuentas. Dejemos que los ricos sufran al menos una vez. Que paguen el costo del rescate. Estamos gastando 400 millones de dólares al día en la guerra de Irak. ¡Que acaben de una vez con la guerra y nos ahorraremos otro medio trillón de dólares! Están protagonizando un golpe de Estado financiero en contra de nuestro país”. ¿Por qué no se mide el índice de riesgo país de los Estados Unidos?

¿Por qué todos corren a comprar dólares para resguardar sus ahorros, si el país donde nace la crisis es el emisor de esos billetes?

¿Por qué nadie reconoce que la crisis se potenció por el incentivo demencial al consumo que lanzó sobre los ciudadanos norteamericanos y que fue financiado por las hipotecas basura?

¿Será porque la creación ficticia de necesidades donde éstas no existen se convirtió en la esencia misma del sistema?

¿Por qué no se dice que si Barack Obama fuese blanco, el Partido Demócrata ya tendría asegurado el triunfo en las elecciones y ahora, en cambio, se habla de comicios peleados?

¿Por qué Domingo Felipe Cavallo da lecciones de Economía y sugiere salidas para la coyuntura mundial?

¿Por qué los periodistas consultan al ex ministro de Carlos Menem y de la Alianza como si se tratara de un académico recién llegado al país?

¿Por qué la Presidenta de la Nación, Cristina Fernández, critica a los organismos de crédito internacional, pero anuncia que les pagará puntualmente a los acreedores externos?

¿Cuál es el paradero del ministro de Economía de la Argentina? Una ayuda: es un señor de barba, de apellido Fernández.

¿Por qué los países de América Latina tienen que compartir las pérdidas de la debacle de los países centrales si nunca fueron partícipes de las ganancias?

¿Por qué la región -con excedentes alimentarios, autosuficiencia industrial, recursos humanos calificados, mano de obra y recursos naturales abundantes- no puede convertir esta crisis mundial en una oportunidad?

¿Por qué es tan difícil para los países sudamericanos articular una estrategia común? Coordinar, por ejemplo, cómo defender la producción nacional, los puestos de trabajo y los intereses de los que menos tienen. ¿La Unión Sudamericana de Naciones sólo funciona cuando peligra la democracia en algún país?

El gran Tato Bores, en algunos de sus memorables monólogos, se atrevía a sugerir: “Si quieren ser felices, no analicen”.

Si quieren ser felices no analicen

Obesos y famélicos

 

La ecuación es terrorífica: 800 millones de hambrientos conviven en el mundo con 1.000 millones de personas que tienen problemas de sobrepeso. Sobre esa idea fuerza, el académico y activista Raj Patel escribió su libro Obesos y Famélicos, que se convirtió en el nuevo best seller antiglobalización. En ese libro, el profesor Patel anticipa la crisis alimentaria mundial. Mi amigo Pablo Robledo le hizo, en Londres, una muy buena entrevista para la revista C (diario Crítica) y me sugirió sumarla a éste espacio. Se trata de una mirada lúcida que abona a la polémica que atraviesa a la Argentina y el mundo sobre alimentos y transgénicos. Reproduzco la nota, cuyo título fue El enemigo del supermercado, con la autorización del medio citado ya que no está en la web.

Es una mañana lluviosa y fría del verano londinense y Raj Patel llega puntual a la cita en la estación de subte de Finchley Central. Se saca el i-Pod, estrecha la mano y saluda con una sonrisa amplia y abierta. Pocos transeúntes podrían imaginar que este hombre de barba de tres días y bolso en bandolera es uno de los mayores expertos mundiales en el sistema alimentario global. O que su libro Obesos y famélicos se convirtió en fenómeno editorial por haber anticipado con implacable precisión la gran crisis alimentaria que actualmente sacude al mundo. Menos aun que el Congreso de Estados Unidos lo llamó a declarar para conocer su opinión sobre la actuación de los organismos financieros internacionales en la crisis. Las cifras de un sistema que produjo 1.000 millones de obesos y 800 millones de famélicos podrían hablar por sí solas pero la manera en que Patel modula y articula las causas y efectos de tal despropósito ha hecho sonar muchas alarmas. Ergo, sus ideas y análisis son una presencia constante en los lugares donde se debate el futuro de la humanidad.

Este profesor universitario, activista y escritor -elevado a la condicion de “adivino de la agroeconomia”-  tiene la mirada gentil de los curiosos y la gesticulación segura de los convencidos. Caminando en busca de un bar para conversar, confirma la impresión de que es una persona que no solo habla y opina sino que también escucha, esa rareza. Instalados ya en un bar polaco-mexicano, la moza mira cómo los dos únicos clientes dejan enfriar sus capuchinos.

Que un autor dedique las últimas 117 paginas de un libro a notas y referencias sorprende y da el indicio de que hizo los deberes antes de argumentar a fondo. “Quiero que la gente que lo lee también lo use, que confíe, que esté segura de que lo que cuento no es una boludez inventada sino algo muy bien investigado. Mi libro es un arma, una herramienta de trabajo. Si se lo cita se puede estar seguro de que las cosas que digo estan probadas, son hechos ciertos y factuales”. Y lo que cuenta Patel tiene que ver con una gran tierra baldía donde se destruyen comunidades rurales, se envenena a los pobres de las ciudades, se demandan niveles insostenibles de uso de agua y combustibles fósiles, se contribuye al calentamiento global, se propagan enfermedades, se destruyen ecosistemas, se da el poder a las grandes corporaciones y se limita nuestra sensualidad y compasión. Patel cuenta el estado del sistema alimentario global del planeta Tierra Baldía a principios del Siglo XXI y es difícil discernir si el género resultante es ciencia ficción, horror, comedia, tragedia griega o realismo sucio. Quizás sea una mezcla de todos pero lo seguro es que su lectura provoca ira, culpa, incredulidad, impotencia. Y sobre todo, enojo.

Laberinto del terror

Enojos múltiples fueron los que lo llevaron a escribir este ensayo dantesco pero también esperanzador que ya fue reeditado en Estados Unidos, Inglaterra y España y será publicado en China, Italia y otros trece países. Enojo con las desigualdades que permiten a algunos múltiples posibilidades de elección de comidas y a otros nada, enojo con las desigualdades que son una afrenta a la dignidad como especie y que según Patel no habría que tolerar: “Las personas más pobres de la tierra son las que hacen crecer los alimentos que comemos, una cadena de producción donde se explota a millones de personas y la única cosa que necesitamos para sobrevivir es la peor paga. A mí también me explotan cada vez que voy al supermercado y mis gustos son cambiados e intentan ser cazados por el capitalismo. Me dicen que los precios baratos de los alimentos me son beneficiosos pero, aparte de que ayudan a la explotación, no me benefician en nada. Y no me gusta que me mientan. En el  proceso del marketing de los alimentos te mienten sobre el valor nutricional y social de la comida” dice Patel, entrando de lleno en un territorio que le es familiar y lo subleva: el de los supermercados.

Al almacén de la esquina en Inglaterra se lo llama Corner Shop y sus dueños suelen ser inmigrantes indios o pakistaníes. El Corner Shop de los esposos Patel, en el barrio judío de Golders Green, fue el lugar donde Raj, nacido en Londres en 1972, dio sus primeros pasos y jugó sus primeros juegos.

El niño Patel creció, se graduó en Matemáticas, Política, Filosofía y Economía en Oxford y se doctoró en Sociología del Desarrollo en Cornell. Trabajó para el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio y las Naciones Unidas. Patel creció y se marchó por el mundo pero no olvidó.

Hoy, veinte años después, hace una pausa, mira por los ventanales del bar, señala con el dedo: “Aquí mismo, en Finchley, teníamos cantidad de negocios de comidas que vendían alimentos de muy buena calidad. Luego abrió el supermercado de la cadena Tesco. Margaret Thatcher vino a inaugurarlo, cortó las cintas y proclamó un esplendoroso nuevo futuro. Desde entonces, el barrio quedo destrozado, todos los almacenes fueron barridos. Soy un enemigo de la clase de mierdas que venden los supermercados. Estaría muy feliz de ser categorizado como su enemigo publico numero uno”

Pensar ciudades donde en cada Carrefour cuelgue una foto suya bajo el lema “Buscado” suena divertido: “La idea para el primer supermercado del mundo era que los visitantes tuvieran que caminar como ratas en un laberinto y hasta el día de hoy siguen experimentando. Son un experimento constante, diseñados para hacernos comprar más cosas. En ellos todo cambia porque buscan la manera de maximizar sus ganancias”.

Patel pregunta para argumentar. “¿Sabés por qué la leche en los supermercados siempre está al fondo?” No. Él lo explica: según estudios de mercado, el producto que más se compra en los supermercados es leche. Habla de una especie de Triangulo Dorado entrada-leche-cajero, un espacio sagrado en el cual los fabricantes pagan y compiten por poner sus productos al nivel de los ojos o, si son productos para niños, al nivel de los carritos. ¿Y por qué ahora hay tantas panaderías en los supermercados? “Está probado que con el pan no ganan nada, pero las ponen porque estudiaron que el aroma a pan te hace comprar más comida”. Y remata el análisis: “La ironía más profunda es que nos digan que los supermercados están muy surtidos y podemos elegir a gusto, cuando la totalidad de su arquitectura esta pensada para prevenirnos elegir racionalmente, hacer de nosotros imposibilidades y después llamarle a eso poder de elección.”

 Agronegocios

 Ante la sugerencia de que los productos orgánicos podrían ser una alternativa a la producción industrial y la distribución corporativa, pero solo en el Primer Mundo, por una cuestión de costos, Patel destruye el eje de ese pensamiento: simplemente, no cree en el “impulso tan norteamericano de pensar que podemos construir un mundo mejor a traves del shopping”, porque los problemas son mas profundos y sobre todo estructurales.

Hasta hace treinta años, dice, todos los alimentos en los países en desarrollo eran orgánicos, solo que no estaban “clasificados” como tales y, de hecho, hoy mismo grandes cantidades de alimentos son orgánicos “de facto”, porque los fertilizantes y pesticidas son muy caros. Es importante establecer una conexion y la establece: “La razón por la que nosotros tenemos tantas cosas orgánicas aquí es porque existe cierto tipo de explotación en los países en desarrollo. Argentina es un centro neurálgico de exportación agrícola y ganadera, entonces lo que voy a decir quizás no le suene muy familiar a los argentinos, pero en la mayoria de los países subdesarrollados encontramos una historia muy sangrienta de cómo se relacionan el colonialismo y la agricultura”.

Y a continuación, Patel ofrece una lección de historia colonial poniendo como ejemplo el te, que hacia 1800 era un artículo de lujo en Inglaterra y en 1850 ya era parte de la dieta de la clase obrera inglesa. Las plantaciones en la India y la infame Guerra del Opio -por la cual China fue obligada a comprar opio inglés a cambio de su te- fueron las razones del cambio tan brusco. Del te, Patel pasa al azúcar y las plantaciones de esclavos en el Caribe allá por el siglo XIX. Y como regresando del túnel del tiempo dice que “no necesitamos irnos muy lejos de Argentina, se pueden ver esclavos en las plantaciones de biocombustibles brasileras ahora mismo. Esta clara explotación es una función directa de nuestra capacidad de entrar a un lugar y decir ‘quiero esto y esto y esto y esto’. Nos acostumbramos tanto a ver ciertos productos en nuestras estanterías que no entendemos el costo humano que implican nuestros estilos de vida”

¿Esclavos en el Brasil de Lula? Si, dice Patel. “En 1998 Lula declaro que los agricultores dedicados a los biocombustibles eran criminales, y con razón, porque había mucha evidencia. La Organizacion Mundial del Trabajo encontró entre 20 mil y 40 mil esclavos modernos en estas plantaciones para biocombustibles y Lula, como miembro del PT, los llamo criminales. Pero ahora parece ser que son héroes. Y no son héroes porque estén haciendo las cosas de manera diferente, no, para nada”. Patel cree que es Lula el que cambió, desde que está en el poder. “Y el poder en Latinoamérica se basa en el control de las exportaciones agrícolas. Ahora, este poder agrícola se convirtió en una suerte de orgullo nacional al que todo el pueblo debe apoyar. ‘Apoyemos a nuestros exportadores’, dicen. Pero los exportadores son solo una pequeña parte de la población y hay muchísimas personas en los países latinoamericanos y en el resto del mundo que apoyan a las personas que los están cagando. Esto es la idea básica de todo nacionalismo: las minorías engañando y mintiendo para que las mayorías las apoyen”

El costo humano de la crisis del sistema alimentario se mide en números. El precio de los alimentos en el mundo se ha disparado con aumentos que llegaron al 150 por ciento en un año y según el Banco Mundial ha empujado a cien millones de personas al hambre. Con los salarios estancados, los síntomas y las protestas adquirieron carácter global. Desde los motines por el aumento de la tortilla de maíz en Mexico -debido al desvío de ese cereal para la producción de biocombustibles para el mercado norteamericano- hasta la destitución del Primer Ministro de Haiti, desde los campos de arroz de Vietnam hasta las plantaciones de Bangladesh, desde Costa de Marfil hasta Yemen y Egipto.

Para Patel, analizar el presente y mirar al futuro es un desafio que vuelve a intentar: “Los biocombustibles son un factor importante en la crisis. El Banco Mundial dijo que el 75% del aumento en los alimentos se debe a ellos, Bush dijo que su influencia es de solo el 4%. Creo que una proporción más realista seria el 25%”. El calentamiento global y los cambios climáticos, la especulación de los supermercados, la degradación del agua y del medioambiente de manera crónica o aguda y la mayor demanda de carne en los países subdesarrollados son, para él, algunas de las razones de la crisis. Y la principal es el aumento del precio del petróleo.

Cuando le digo que su análisis sugiere un futuro en que cuatro Jinetes del Apocalipsis – los combustibles fósiles, la energía, el agua y el calentamiento global – atacan al sistema alimentario global, Patel se ríe mucho. Aprueba condicionalmente con un “…si, siempre que entendamos que los caballos de esos jinetes están sometidos al poderoso látigo del capitalismo”. Y se vuelve a reír. Es un tipo simpático Patel pero la sonrisa se borra de su cara cuando intenta explicar por qué el sistema alimentario es tan vulnerable a las crisis petroleras. La respuesta, dice, lleva al tema de los monocultivos. Y explica didácticamente: “El monocultivo es la clase de la agricultura que fue inventada para servir a los grandes intereses de los agronegocios. Para que funcione, primero hay que destruir los sistemas y el conocimiento agrícola tradicional, luego alejar la producción de tierras que no sirven por improductivas. Después, conseguir grandes extensiones de tierra para plantar un solo cultivo. Y haciendo esto estás destruyendo totalmente un ecosistema dentro del cual hay varias maneras de mantener la fertilidad de la tierra, ofreciendo nutrientes y autoreciclándose, como prueban los bosques que tienen una antigüedad de miles de años. Pero si se destruye el ecosistema, se necesitan fertilizantes. Y en los ecosistemas más complejos hay animales e insectos que depredan y son depredados, manteniendo así complejos tejidos de vida que mantienen su balance. Pero si lo destruimos, necesitamos pesticidas…”

Patel tiene la rara habilidad que poseen los contadores de historias: quien lo escucha queda atrapado en las imágenes que transmite pero algunas palabras son como campanitas que llaman a reflexionar, como “fertilizantes” y “pesticidas”. Él lo sabe, y sigue: “…que son muy perjudiciales para quienes los manipulan y para nosotros como consumidores. Si existen dudas al respecto es porque las compañías que los fabrican intentan parar todas las investigaciones y estudios que lo prueban. El monocultivo a gran escala impide pensar en las alternativas que tenemos, decir que es la única opción es esconder y enmascarar las otras…”. Como realizar avances en reforma agraria, que es una forma muy efectiva de aumentar la productividad, dice.

“Invertir en ciencia agroecológica es otra opción. En Latinoamérica existen sistemas agroecologicos, científicamente muy sofisticados, que producen cinco veces más que los monocultivos. El monocultivo es una clase de opción nuclear, destruye absolutamente todo. Mientras que con la agroecología estas creando un sistema muy complejo, que requiere menos esfuerzos, menos fertilizantes y menos energía. Y esto es muy importante si pensamos en el futuro a medio y largo plazo”.

 Y este futuro, dice Patel, fue visitado por algunas de las mentes de los científicos mas brillantes del planeta, que se preguntaron cómo se va a alimentar la población del mundo cuando en 2050 en la Tierra haya 9.000 millones de personas. La conclusion fue que el actual modelo de monocultivos basado en combustibles fósiles no es sostenible ni podrá alimentar a todos.

¿No es, entonces, la llamada revolución transgénica una esperanza? La respuesta de Patel llega como una bofetada: “Hay dos clases de planes existentes en el campo de la ingeniería genetica convencional. Una es el plan que produce sus propios pesticidas, desde adentro de la industria. El otro es un plan que apoya un gran espectro de herbicidas, llamado roundup. Se vende como paquete semilla-herbicida y un ejemplo es la soja pronta o soja RR. La idea es plantar la soja y después rociarla con el herbicida, que es una hormona que impedirá que crezca cualquier cosa que no sean las semillas que uno plantó, que son tolerantes al herbicida”. Patel dice que todas las semillas transgénicas están diseñadas alrededor de la solución de pesticidas o herbicidas por compañías químicas como Monsanto, Bayer o Syngenta, que además tienen una posición casi monopólica respecto a la  distribución de semillas a nivel global.

El autor de Obesos y famélicos tambien aconseja: “Si la gente esta preocupada acerca de sus alimentos o si habrá comida suficiente para sus hijos o simplemente acerca del poder de las corporaciones que producen semillas transgénicas, les aconsejo que tengan muchas dudas acerca de los cruces que hace la ingeniería genética. Cada vez más y más estudios demuestran que estos cruces genéticos no dan más seguridades que los métodos convencionales, así como también que los métodos agroecológicos dan más seguridades”. Según su experiencia, a las corporaciones como Monsanto, que lucharon mucho por imponer su posición, “esto les importa un carajo”. Y pone como ejemplo de su influencia las cumbres internacionales contra el hambre, como las del G-8 o la FAO, donde se repite que la ingeniería genética será parte de la solución de los problemas. “No, no lo será. Y si es parte de la solución, entonces esa solución no será mas que un nuevo problema”, vaticina.

“Si se continúan usando semillas transgénicas y alimentos genéticamente modificados veo millones de pequeños agricultores que serán expulsados de sus tierras por estos conglomerados globales y terminarán en conurbanos que serán insostenibles, difíciles de administrar, degradados, disfuncionales y de un horror difícil de mencionar”. Quien dijo esto no es Patel sino Carlos, Príncipe de Gales, en una entrevista posterior a la charla de C con el autor de Obesos y famélicos.

“En Brasil, la mayoría de las personas que viven en áreas rurales no poseen tierras y tienen vidas muy duras. En México se vive un largo proceso por el cual el gobierno trata de despojar a los campesinos pobres de sus tierras y algunos lo han perdido todo. El caso colombiano es el peor del mundo, es terrorífico. Hay una política gubernamental que permite que los paramilitares lleguen, echen a los campesinos y no les dejen retornar. Por una nueva ley que dice que si uno ‘abandona’ sus tierras por cuatro o cinco años, los grandes terratenientes locales pueden comprarlas. Esto significa que la violencia es ahora una de las tantas maneras de hacer más dinero”. Quien dice esto no es el Principe de Gales sino Patel y la manera en que pronuncia las palabras “campesino” y “violencia” en español deja entrever por qué admira tanto a Via Campesina, un grupo internacional que cuenta con 150 millones de miembros y coordina el trabajo y la acción y defiende los derechos de agrupaciones campesinas y de pequeños y medianos agricultores.

La mañana se convierte en mediodía y el tema de los monocultivos lleva directamente al conflicto de la soja en Argentina. “Creo que hay un retorno a cierta clase de feudalismo -analiza-. Las clases de economías que se crearon en Latinoamérica alrededor de estos grandes monocultivos, con los magnates de la agricultura controlando gran cantidad de tierras y parte de los gobiernos, mantienen su poder a través de un posicionamiento falso. Se posicionan a ellos mismos como si fueran gente rural opuestos a la gente urbana. La división entre lo rural y lo urbano se da en todo el mundo pero es más notoria en Latinoamérica, creándose así un complejo juego político en el cual se seduce a la gente a apoyar a quienes no actúan a favor de sus intereses.” A Patel le gustaría entender mejor la situación argentina, sin embargo no rehuye a la respuesta: “Siempre me inclino a apoyar a los oprimidos y explotados en cualquier sistema. Pero en el caso argentino no pude darme cuenta quién está explotando a quién o si todo no es simplemente una suerte de pelea familiar entre dos partes de la clase media”. Su incertidumbre se acentúa porque no pudo leer nada que le explique qué opinión tienen sobre el conflicto los pobres y los hambrientos de Argentina. “No se si existe una división entre la ciudad y el campo o si la clase obrera y los pobres están marginados del debate. No sé qué piensan o qué planes de acción tienen. Igual, no creo que el debate sea campo vs. ciudades sino oprimidos vs. aquellos que los explotan. Y en el caso de Argentina, no pude figurarme quién es quién”

 Citando a Gramsci

 Quien piense que Patel vive enojado o es un pesimista se equivoca. Cita a Antonio Gramsci cuando decía: “Pesimismo del intelecto, optimismo de la voluntad”. Y a quienes le dicen que es bueno para criticar pero no tanto para proponer alternativas les responde que él pregona un cambio muy científico a agriculturas de escala mas pequeña. Confiesa que no es vegetariano y maldice el snobismo creado alrededor de la comida. Cree que los argentinos somos privilegiados por la baja huella ecológica de la carne que comemos y da una visión pesadillesca de los feed-lots para engorde de ganado norteamericanos. Cuenta por qué apoya las acciones de guerrilla jardinera en las grandes ciudades y por qué no apoya a los ambientalistas radicales que creen que el Estado debe decirle a todo el mundo qué hacer y qué no hacer. Pide que tengamos una relación mas sensible con nuestra comida y que no nos desconectemos de la suerte que corren quienes trabajan para alimentarnos. Mira su reloj, se disculpa, en unas horas estará viajando a la India. Se va y sale el sol, un calor humedo se apodera de la ciudad. La sensación que deja su presencia y su charla es la de un avasallador golpe de aire fresco en la conciencia ecologica planetaria.

 El No Logo de los alimentos

La editorial que lo lanzó en España (Los libros del Lince) presenta Obesos y famélicos, el libro de Raj Patel, como “el No Logo de la industria alimentaria”. El libro de Patel podría ser a la crisis alimentaria lo que el de Naomi Klein fue a la crítica de la globalización. De hecho, hay una raíz y una preocupación común. Y así como algunas ediciones de Stuffed and Sturved (el título original) llevan los elogios de la autora de No Logo en la tapa, el joven Patel también vivió, como protagonista, los ecos de la revuelta antiglobalización de Seattle en 1999.

Ya en tiempos de aquellas manifestaciones protagonizadas en buena medida -precisamente- por agricultores, campesinos que se oponían a la transnacionalización y homogeneización de los cultivos, Patel había tomado como objeto de estudio “el impacto de la civilización en el sistema alimentario mundial”; ese es, precisamente, el subtítulo de su libro.

Como hizo Eric Schlosser en Fast Food Nations, Patel investigó de punta a punta el sistema, desde el pequeño agricultor hasta los mecanismos de los supermercados, pasando por las conveniencias productivas de los oligopolios. Y, también como Schlosser en su famoso best seller de la alimentación, describe un entramado del que es difícil salirse, en el caso de que uno quisiera elegir cómo y qué comer.

Patel cita dos datos oficiales de la FAO (la organización de las Nacionales Unidas para la Agricultura y la Alimentación): en el mundo hay 820 millones de personas pasando hambre y 1.000 millones con sobrepeso. Son los dos extremos de un mismo problema, de las cadenas de producción que llevan los alimentos del campo a la ciudad. Y las dos caras de una crisis alimentaria que la FAO atribuye al cambio climático, la escasez de cereales, el tremendo aumento de la demanda, la utilización de materias primas para fabricar biocombustibles, el precio del petróleo, la especulación en los mercados de futuros de semillas entre otros factores de lo que Patel describe lisa y llanamente como un sistema perverso.

Patel es hijo de inmigrantes indios, nació en Londres, estudió en Oxford, Londres y Nueva York y enseñó en Yale, Berkeley y Sudáfrica.  Tiene 36 años y vive en San Francisco. Su actividad no es sólo académica, es un reconocido activista de su causa.

Su furiosa crítica a las multinacionales de la alimentación, a los supermercados, a la tendencia mundial de la agricultura a los monocutivos y a la utilización de transgénicos aun no ha llegado a esta Argentina en la que la discusión sobre el modelo agrícola y sus consecuencias futuras ha quedado reducida a “una pelea entre el gobierno y el campo”.

Obesos y famélicos