Obesos y famélicos

 

La ecuación es terrorífica: 800 millones de hambrientos conviven en el mundo con 1.000 millones de personas que tienen problemas de sobrepeso. Sobre esa idea fuerza, el académico y activista Raj Patel escribió su libro Obesos y Famélicos, que se convirtió en el nuevo best seller antiglobalización. En ese libro, el profesor Patel anticipa la crisis alimentaria mundial. Mi amigo Pablo Robledo le hizo, en Londres, una muy buena entrevista para la revista C (diario Crítica) y me sugirió sumarla a éste espacio. Se trata de una mirada lúcida que abona a la polémica que atraviesa a la Argentina y el mundo sobre alimentos y transgénicos. Reproduzco la nota, cuyo título fue El enemigo del supermercado, con la autorización del medio citado ya que no está en la web.

Es una mañana lluviosa y fría del verano londinense y Raj Patel llega puntual a la cita en la estación de subte de Finchley Central. Se saca el i-Pod, estrecha la mano y saluda con una sonrisa amplia y abierta. Pocos transeúntes podrían imaginar que este hombre de barba de tres días y bolso en bandolera es uno de los mayores expertos mundiales en el sistema alimentario global. O que su libro Obesos y famélicos se convirtió en fenómeno editorial por haber anticipado con implacable precisión la gran crisis alimentaria que actualmente sacude al mundo. Menos aun que el Congreso de Estados Unidos lo llamó a declarar para conocer su opinión sobre la actuación de los organismos financieros internacionales en la crisis. Las cifras de un sistema que produjo 1.000 millones de obesos y 800 millones de famélicos podrían hablar por sí solas pero la manera en que Patel modula y articula las causas y efectos de tal despropósito ha hecho sonar muchas alarmas. Ergo, sus ideas y análisis son una presencia constante en los lugares donde se debate el futuro de la humanidad.

Este profesor universitario, activista y escritor -elevado a la condicion de “adivino de la agroeconomia”-  tiene la mirada gentil de los curiosos y la gesticulación segura de los convencidos. Caminando en busca de un bar para conversar, confirma la impresión de que es una persona que no solo habla y opina sino que también escucha, esa rareza. Instalados ya en un bar polaco-mexicano, la moza mira cómo los dos únicos clientes dejan enfriar sus capuchinos.

Que un autor dedique las últimas 117 paginas de un libro a notas y referencias sorprende y da el indicio de que hizo los deberes antes de argumentar a fondo. “Quiero que la gente que lo lee también lo use, que confíe, que esté segura de que lo que cuento no es una boludez inventada sino algo muy bien investigado. Mi libro es un arma, una herramienta de trabajo. Si se lo cita se puede estar seguro de que las cosas que digo estan probadas, son hechos ciertos y factuales”. Y lo que cuenta Patel tiene que ver con una gran tierra baldía donde se destruyen comunidades rurales, se envenena a los pobres de las ciudades, se demandan niveles insostenibles de uso de agua y combustibles fósiles, se contribuye al calentamiento global, se propagan enfermedades, se destruyen ecosistemas, se da el poder a las grandes corporaciones y se limita nuestra sensualidad y compasión. Patel cuenta el estado del sistema alimentario global del planeta Tierra Baldía a principios del Siglo XXI y es difícil discernir si el género resultante es ciencia ficción, horror, comedia, tragedia griega o realismo sucio. Quizás sea una mezcla de todos pero lo seguro es que su lectura provoca ira, culpa, incredulidad, impotencia. Y sobre todo, enojo.

Laberinto del terror

Enojos múltiples fueron los que lo llevaron a escribir este ensayo dantesco pero también esperanzador que ya fue reeditado en Estados Unidos, Inglaterra y España y será publicado en China, Italia y otros trece países. Enojo con las desigualdades que permiten a algunos múltiples posibilidades de elección de comidas y a otros nada, enojo con las desigualdades que son una afrenta a la dignidad como especie y que según Patel no habría que tolerar: “Las personas más pobres de la tierra son las que hacen crecer los alimentos que comemos, una cadena de producción donde se explota a millones de personas y la única cosa que necesitamos para sobrevivir es la peor paga. A mí también me explotan cada vez que voy al supermercado y mis gustos son cambiados e intentan ser cazados por el capitalismo. Me dicen que los precios baratos de los alimentos me son beneficiosos pero, aparte de que ayudan a la explotación, no me benefician en nada. Y no me gusta que me mientan. En el  proceso del marketing de los alimentos te mienten sobre el valor nutricional y social de la comida” dice Patel, entrando de lleno en un territorio que le es familiar y lo subleva: el de los supermercados.

Al almacén de la esquina en Inglaterra se lo llama Corner Shop y sus dueños suelen ser inmigrantes indios o pakistaníes. El Corner Shop de los esposos Patel, en el barrio judío de Golders Green, fue el lugar donde Raj, nacido en Londres en 1972, dio sus primeros pasos y jugó sus primeros juegos.

El niño Patel creció, se graduó en Matemáticas, Política, Filosofía y Economía en Oxford y se doctoró en Sociología del Desarrollo en Cornell. Trabajó para el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio y las Naciones Unidas. Patel creció y se marchó por el mundo pero no olvidó.

Hoy, veinte años después, hace una pausa, mira por los ventanales del bar, señala con el dedo: “Aquí mismo, en Finchley, teníamos cantidad de negocios de comidas que vendían alimentos de muy buena calidad. Luego abrió el supermercado de la cadena Tesco. Margaret Thatcher vino a inaugurarlo, cortó las cintas y proclamó un esplendoroso nuevo futuro. Desde entonces, el barrio quedo destrozado, todos los almacenes fueron barridos. Soy un enemigo de la clase de mierdas que venden los supermercados. Estaría muy feliz de ser categorizado como su enemigo publico numero uno”

Pensar ciudades donde en cada Carrefour cuelgue una foto suya bajo el lema “Buscado” suena divertido: “La idea para el primer supermercado del mundo era que los visitantes tuvieran que caminar como ratas en un laberinto y hasta el día de hoy siguen experimentando. Son un experimento constante, diseñados para hacernos comprar más cosas. En ellos todo cambia porque buscan la manera de maximizar sus ganancias”.

Patel pregunta para argumentar. “¿Sabés por qué la leche en los supermercados siempre está al fondo?” No. Él lo explica: según estudios de mercado, el producto que más se compra en los supermercados es leche. Habla de una especie de Triangulo Dorado entrada-leche-cajero, un espacio sagrado en el cual los fabricantes pagan y compiten por poner sus productos al nivel de los ojos o, si son productos para niños, al nivel de los carritos. ¿Y por qué ahora hay tantas panaderías en los supermercados? “Está probado que con el pan no ganan nada, pero las ponen porque estudiaron que el aroma a pan te hace comprar más comida”. Y remata el análisis: “La ironía más profunda es que nos digan que los supermercados están muy surtidos y podemos elegir a gusto, cuando la totalidad de su arquitectura esta pensada para prevenirnos elegir racionalmente, hacer de nosotros imposibilidades y después llamarle a eso poder de elección.”

 Agronegocios

 Ante la sugerencia de que los productos orgánicos podrían ser una alternativa a la producción industrial y la distribución corporativa, pero solo en el Primer Mundo, por una cuestión de costos, Patel destruye el eje de ese pensamiento: simplemente, no cree en el “impulso tan norteamericano de pensar que podemos construir un mundo mejor a traves del shopping”, porque los problemas son mas profundos y sobre todo estructurales.

Hasta hace treinta años, dice, todos los alimentos en los países en desarrollo eran orgánicos, solo que no estaban “clasificados” como tales y, de hecho, hoy mismo grandes cantidades de alimentos son orgánicos “de facto”, porque los fertilizantes y pesticidas son muy caros. Es importante establecer una conexion y la establece: “La razón por la que nosotros tenemos tantas cosas orgánicas aquí es porque existe cierto tipo de explotación en los países en desarrollo. Argentina es un centro neurálgico de exportación agrícola y ganadera, entonces lo que voy a decir quizás no le suene muy familiar a los argentinos, pero en la mayoria de los países subdesarrollados encontramos una historia muy sangrienta de cómo se relacionan el colonialismo y la agricultura”.

Y a continuación, Patel ofrece una lección de historia colonial poniendo como ejemplo el te, que hacia 1800 era un artículo de lujo en Inglaterra y en 1850 ya era parte de la dieta de la clase obrera inglesa. Las plantaciones en la India y la infame Guerra del Opio -por la cual China fue obligada a comprar opio inglés a cambio de su te- fueron las razones del cambio tan brusco. Del te, Patel pasa al azúcar y las plantaciones de esclavos en el Caribe allá por el siglo XIX. Y como regresando del túnel del tiempo dice que “no necesitamos irnos muy lejos de Argentina, se pueden ver esclavos en las plantaciones de biocombustibles brasileras ahora mismo. Esta clara explotación es una función directa de nuestra capacidad de entrar a un lugar y decir ‘quiero esto y esto y esto y esto’. Nos acostumbramos tanto a ver ciertos productos en nuestras estanterías que no entendemos el costo humano que implican nuestros estilos de vida”

¿Esclavos en el Brasil de Lula? Si, dice Patel. “En 1998 Lula declaro que los agricultores dedicados a los biocombustibles eran criminales, y con razón, porque había mucha evidencia. La Organizacion Mundial del Trabajo encontró entre 20 mil y 40 mil esclavos modernos en estas plantaciones para biocombustibles y Lula, como miembro del PT, los llamo criminales. Pero ahora parece ser que son héroes. Y no son héroes porque estén haciendo las cosas de manera diferente, no, para nada”. Patel cree que es Lula el que cambió, desde que está en el poder. “Y el poder en Latinoamérica se basa en el control de las exportaciones agrícolas. Ahora, este poder agrícola se convirtió en una suerte de orgullo nacional al que todo el pueblo debe apoyar. ‘Apoyemos a nuestros exportadores’, dicen. Pero los exportadores son solo una pequeña parte de la población y hay muchísimas personas en los países latinoamericanos y en el resto del mundo que apoyan a las personas que los están cagando. Esto es la idea básica de todo nacionalismo: las minorías engañando y mintiendo para que las mayorías las apoyen”

El costo humano de la crisis del sistema alimentario se mide en números. El precio de los alimentos en el mundo se ha disparado con aumentos que llegaron al 150 por ciento en un año y según el Banco Mundial ha empujado a cien millones de personas al hambre. Con los salarios estancados, los síntomas y las protestas adquirieron carácter global. Desde los motines por el aumento de la tortilla de maíz en Mexico -debido al desvío de ese cereal para la producción de biocombustibles para el mercado norteamericano- hasta la destitución del Primer Ministro de Haiti, desde los campos de arroz de Vietnam hasta las plantaciones de Bangladesh, desde Costa de Marfil hasta Yemen y Egipto.

Para Patel, analizar el presente y mirar al futuro es un desafio que vuelve a intentar: “Los biocombustibles son un factor importante en la crisis. El Banco Mundial dijo que el 75% del aumento en los alimentos se debe a ellos, Bush dijo que su influencia es de solo el 4%. Creo que una proporción más realista seria el 25%”. El calentamiento global y los cambios climáticos, la especulación de los supermercados, la degradación del agua y del medioambiente de manera crónica o aguda y la mayor demanda de carne en los países subdesarrollados son, para él, algunas de las razones de la crisis. Y la principal es el aumento del precio del petróleo.

Cuando le digo que su análisis sugiere un futuro en que cuatro Jinetes del Apocalipsis – los combustibles fósiles, la energía, el agua y el calentamiento global – atacan al sistema alimentario global, Patel se ríe mucho. Aprueba condicionalmente con un “…si, siempre que entendamos que los caballos de esos jinetes están sometidos al poderoso látigo del capitalismo”. Y se vuelve a reír. Es un tipo simpático Patel pero la sonrisa se borra de su cara cuando intenta explicar por qué el sistema alimentario es tan vulnerable a las crisis petroleras. La respuesta, dice, lleva al tema de los monocultivos. Y explica didácticamente: “El monocultivo es la clase de la agricultura que fue inventada para servir a los grandes intereses de los agronegocios. Para que funcione, primero hay que destruir los sistemas y el conocimiento agrícola tradicional, luego alejar la producción de tierras que no sirven por improductivas. Después, conseguir grandes extensiones de tierra para plantar un solo cultivo. Y haciendo esto estás destruyendo totalmente un ecosistema dentro del cual hay varias maneras de mantener la fertilidad de la tierra, ofreciendo nutrientes y autoreciclándose, como prueban los bosques que tienen una antigüedad de miles de años. Pero si se destruye el ecosistema, se necesitan fertilizantes. Y en los ecosistemas más complejos hay animales e insectos que depredan y son depredados, manteniendo así complejos tejidos de vida que mantienen su balance. Pero si lo destruimos, necesitamos pesticidas…”

Patel tiene la rara habilidad que poseen los contadores de historias: quien lo escucha queda atrapado en las imágenes que transmite pero algunas palabras son como campanitas que llaman a reflexionar, como “fertilizantes” y “pesticidas”. Él lo sabe, y sigue: “…que son muy perjudiciales para quienes los manipulan y para nosotros como consumidores. Si existen dudas al respecto es porque las compañías que los fabrican intentan parar todas las investigaciones y estudios que lo prueban. El monocultivo a gran escala impide pensar en las alternativas que tenemos, decir que es la única opción es esconder y enmascarar las otras…”. Como realizar avances en reforma agraria, que es una forma muy efectiva de aumentar la productividad, dice.

“Invertir en ciencia agroecológica es otra opción. En Latinoamérica existen sistemas agroecologicos, científicamente muy sofisticados, que producen cinco veces más que los monocultivos. El monocultivo es una clase de opción nuclear, destruye absolutamente todo. Mientras que con la agroecología estas creando un sistema muy complejo, que requiere menos esfuerzos, menos fertilizantes y menos energía. Y esto es muy importante si pensamos en el futuro a medio y largo plazo”.

 Y este futuro, dice Patel, fue visitado por algunas de las mentes de los científicos mas brillantes del planeta, que se preguntaron cómo se va a alimentar la población del mundo cuando en 2050 en la Tierra haya 9.000 millones de personas. La conclusion fue que el actual modelo de monocultivos basado en combustibles fósiles no es sostenible ni podrá alimentar a todos.

¿No es, entonces, la llamada revolución transgénica una esperanza? La respuesta de Patel llega como una bofetada: “Hay dos clases de planes existentes en el campo de la ingeniería genetica convencional. Una es el plan que produce sus propios pesticidas, desde adentro de la industria. El otro es un plan que apoya un gran espectro de herbicidas, llamado roundup. Se vende como paquete semilla-herbicida y un ejemplo es la soja pronta o soja RR. La idea es plantar la soja y después rociarla con el herbicida, que es una hormona que impedirá que crezca cualquier cosa que no sean las semillas que uno plantó, que son tolerantes al herbicida”. Patel dice que todas las semillas transgénicas están diseñadas alrededor de la solución de pesticidas o herbicidas por compañías químicas como Monsanto, Bayer o Syngenta, que además tienen una posición casi monopólica respecto a la  distribución de semillas a nivel global.

El autor de Obesos y famélicos tambien aconseja: “Si la gente esta preocupada acerca de sus alimentos o si habrá comida suficiente para sus hijos o simplemente acerca del poder de las corporaciones que producen semillas transgénicas, les aconsejo que tengan muchas dudas acerca de los cruces que hace la ingeniería genética. Cada vez más y más estudios demuestran que estos cruces genéticos no dan más seguridades que los métodos convencionales, así como también que los métodos agroecológicos dan más seguridades”. Según su experiencia, a las corporaciones como Monsanto, que lucharon mucho por imponer su posición, “esto les importa un carajo”. Y pone como ejemplo de su influencia las cumbres internacionales contra el hambre, como las del G-8 o la FAO, donde se repite que la ingeniería genética será parte de la solución de los problemas. “No, no lo será. Y si es parte de la solución, entonces esa solución no será mas que un nuevo problema”, vaticina.

“Si se continúan usando semillas transgénicas y alimentos genéticamente modificados veo millones de pequeños agricultores que serán expulsados de sus tierras por estos conglomerados globales y terminarán en conurbanos que serán insostenibles, difíciles de administrar, degradados, disfuncionales y de un horror difícil de mencionar”. Quien dijo esto no es Patel sino Carlos, Príncipe de Gales, en una entrevista posterior a la charla de C con el autor de Obesos y famélicos.

“En Brasil, la mayoría de las personas que viven en áreas rurales no poseen tierras y tienen vidas muy duras. En México se vive un largo proceso por el cual el gobierno trata de despojar a los campesinos pobres de sus tierras y algunos lo han perdido todo. El caso colombiano es el peor del mundo, es terrorífico. Hay una política gubernamental que permite que los paramilitares lleguen, echen a los campesinos y no les dejen retornar. Por una nueva ley que dice que si uno ‘abandona’ sus tierras por cuatro o cinco años, los grandes terratenientes locales pueden comprarlas. Esto significa que la violencia es ahora una de las tantas maneras de hacer más dinero”. Quien dice esto no es el Principe de Gales sino Patel y la manera en que pronuncia las palabras “campesino” y “violencia” en español deja entrever por qué admira tanto a Via Campesina, un grupo internacional que cuenta con 150 millones de miembros y coordina el trabajo y la acción y defiende los derechos de agrupaciones campesinas y de pequeños y medianos agricultores.

La mañana se convierte en mediodía y el tema de los monocultivos lleva directamente al conflicto de la soja en Argentina. “Creo que hay un retorno a cierta clase de feudalismo -analiza-. Las clases de economías que se crearon en Latinoamérica alrededor de estos grandes monocultivos, con los magnates de la agricultura controlando gran cantidad de tierras y parte de los gobiernos, mantienen su poder a través de un posicionamiento falso. Se posicionan a ellos mismos como si fueran gente rural opuestos a la gente urbana. La división entre lo rural y lo urbano se da en todo el mundo pero es más notoria en Latinoamérica, creándose así un complejo juego político en el cual se seduce a la gente a apoyar a quienes no actúan a favor de sus intereses.” A Patel le gustaría entender mejor la situación argentina, sin embargo no rehuye a la respuesta: “Siempre me inclino a apoyar a los oprimidos y explotados en cualquier sistema. Pero en el caso argentino no pude darme cuenta quién está explotando a quién o si todo no es simplemente una suerte de pelea familiar entre dos partes de la clase media”. Su incertidumbre se acentúa porque no pudo leer nada que le explique qué opinión tienen sobre el conflicto los pobres y los hambrientos de Argentina. “No se si existe una división entre la ciudad y el campo o si la clase obrera y los pobres están marginados del debate. No sé qué piensan o qué planes de acción tienen. Igual, no creo que el debate sea campo vs. ciudades sino oprimidos vs. aquellos que los explotan. Y en el caso de Argentina, no pude figurarme quién es quién”

 Citando a Gramsci

 Quien piense que Patel vive enojado o es un pesimista se equivoca. Cita a Antonio Gramsci cuando decía: “Pesimismo del intelecto, optimismo de la voluntad”. Y a quienes le dicen que es bueno para criticar pero no tanto para proponer alternativas les responde que él pregona un cambio muy científico a agriculturas de escala mas pequeña. Confiesa que no es vegetariano y maldice el snobismo creado alrededor de la comida. Cree que los argentinos somos privilegiados por la baja huella ecológica de la carne que comemos y da una visión pesadillesca de los feed-lots para engorde de ganado norteamericanos. Cuenta por qué apoya las acciones de guerrilla jardinera en las grandes ciudades y por qué no apoya a los ambientalistas radicales que creen que el Estado debe decirle a todo el mundo qué hacer y qué no hacer. Pide que tengamos una relación mas sensible con nuestra comida y que no nos desconectemos de la suerte que corren quienes trabajan para alimentarnos. Mira su reloj, se disculpa, en unas horas estará viajando a la India. Se va y sale el sol, un calor humedo se apodera de la ciudad. La sensación que deja su presencia y su charla es la de un avasallador golpe de aire fresco en la conciencia ecologica planetaria.

 El No Logo de los alimentos

La editorial que lo lanzó en España (Los libros del Lince) presenta Obesos y famélicos, el libro de Raj Patel, como “el No Logo de la industria alimentaria”. El libro de Patel podría ser a la crisis alimentaria lo que el de Naomi Klein fue a la crítica de la globalización. De hecho, hay una raíz y una preocupación común. Y así como algunas ediciones de Stuffed and Sturved (el título original) llevan los elogios de la autora de No Logo en la tapa, el joven Patel también vivió, como protagonista, los ecos de la revuelta antiglobalización de Seattle en 1999.

Ya en tiempos de aquellas manifestaciones protagonizadas en buena medida -precisamente- por agricultores, campesinos que se oponían a la transnacionalización y homogeneización de los cultivos, Patel había tomado como objeto de estudio “el impacto de la civilización en el sistema alimentario mundial”; ese es, precisamente, el subtítulo de su libro.

Como hizo Eric Schlosser en Fast Food Nations, Patel investigó de punta a punta el sistema, desde el pequeño agricultor hasta los mecanismos de los supermercados, pasando por las conveniencias productivas de los oligopolios. Y, también como Schlosser en su famoso best seller de la alimentación, describe un entramado del que es difícil salirse, en el caso de que uno quisiera elegir cómo y qué comer.

Patel cita dos datos oficiales de la FAO (la organización de las Nacionales Unidas para la Agricultura y la Alimentación): en el mundo hay 820 millones de personas pasando hambre y 1.000 millones con sobrepeso. Son los dos extremos de un mismo problema, de las cadenas de producción que llevan los alimentos del campo a la ciudad. Y las dos caras de una crisis alimentaria que la FAO atribuye al cambio climático, la escasez de cereales, el tremendo aumento de la demanda, la utilización de materias primas para fabricar biocombustibles, el precio del petróleo, la especulación en los mercados de futuros de semillas entre otros factores de lo que Patel describe lisa y llanamente como un sistema perverso.

Patel es hijo de inmigrantes indios, nació en Londres, estudió en Oxford, Londres y Nueva York y enseñó en Yale, Berkeley y Sudáfrica.  Tiene 36 años y vive en San Francisco. Su actividad no es sólo académica, es un reconocido activista de su causa.

Su furiosa crítica a las multinacionales de la alimentación, a los supermercados, a la tendencia mundial de la agricultura a los monocutivos y a la utilización de transgénicos aun no ha llegado a esta Argentina en la que la discusión sobre el modelo agrícola y sus consecuencias futuras ha quedado reducida a “una pelea entre el gobierno y el campo”.

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Obesos y famélicos

32 comentarios en “Obesos y famélicos

  1. aguantejauretche dijo:

    Amigo Monarca, le dejo una apostilla que no tiene que ver con el post. Anoche lo vi a Ceferino Reato en un programa de Jorge Enríquez (linda piedra pa la honda, no?) diciendo que no sólo se debe revisar el asesinato de Rucci, sino también el del Padre Mugica, que no está probado que haya sido la Triple A, que bien pudo haber sido Montoneros,etc. Estas declaraciones del Cefe no hacen más que confirmar que este libro forma parte de una movida para reinstalar la teoría de los 2 demonios, o en última instancia esmerilar la sustanciación de los juicios a los asesinos de la dictadura. No es casual el poco centimil que tiene en los medios de la Patria Mediática estos juicios, prácticamente un reporte escueto, con poca información y a veces inexacta.

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  2. majo dijo:

    los que vivimos en el interior profundo,en la pampa humeda,hace mucho tiempo que nos planteamos este tipo de problematica.Bombardeados desde hace años con glifosato,sabemos lo que la soja significa para el suelo,la economia ,el hambreado general de los pueblos,pero tambien sabemos porque somos testigos,como las politicas de todos los ultimos gobiernos,pero sobre todo de este ,han empujado a los pequeños propieterios de tierras a alquilarlas ,porque nada rinde ,solo la mierda verde.Pero ,en los sectores mas progresistas ,nos ligamos el mote de “oligarcas “,no e stan simple la cosa .Hay que conocer la realidad del interior,no solo mirarla en internet

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  3. gustavo dijo:

    La gente del ‘campo’ piensa que todos los que escriben cosas en desacuerdo con ellos son de la capital.Estos muchachos siembran soja hasta en las orillas de las rutas(banquinas),Pintan los silos bolsa de verde para que el el avión de control no le saque la foto,por lo tanto evaden.Estos lindos muchachos venden un camión cargado de soja en negro,uno en blanco.Alquilan sus campos,¿ por qué?,110 hectareas,les dá la nada despreciable suma de 14000 pesos mensuales,y la cobran toda juntita y por anticipado.

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  4. majo dijo:

    a que te referis con “del campo? EStoy de acuerdo con vos en la suma ,en la especulacion,pero te hablo de familias que tienen 20 o 30 hcts,que antes las hacian rendir (gallinas ,pavos chanchos ,vacas, mas la huerta) y ahora la soja los corrio,una por el precio y otra con los agrotoxicos.Soy artesana,vivo en un pueblito de Santa Fe,lo que hay que combatir es los trangenicos,despues vemos quien representa la oligarquia

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  5. gustavo dijo:

    Me refiero al llamado nuevo sujeto social,’El campo’, instalado por los medios y por ellos mismos como representantes de la protesta que cómo quedó en evidencia no representaban a esas familias que vos haces referencia.

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  6. majo dijo:

    no es un nuevo sujeto social,lo que pasa es que ahora se hace ver.MIENTRAS LOS PULPOS SOJEROS CRECIAN YCRECIAN,INOS POCOS ADVERTIMOS EL PROBLEMA QUE SE VENIA,PERO LOS K ESTABAN MUY ENTUCIASMADOS GASTANDO LAS PINGUES GANANCIAS QUE ARROJABAN ALS RETENCIONES .nO POR NADA cRISTINA LLEVO A vENEZUELA A gROBOCOPATEL COMO EJEMPLO Y MODELO DE PRODUCCION ,CUANDO SE DIERON CUENTA FUE TARDE,QUISIEERON DESALENTAR LA SIEMBRA DE SOJA PERO…LO DEMAS YA LO CONOCEN

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  7. Martín, qué pregunta en medio de la discusión. Sietecase es de origen siciliano, de Cianciana. Mis ancestros, como tantos otros, perdieron hasta el apellido. De Settecase pasó a Sietecase y así quedó.

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  8. majo dijo:

    Que lastima Rey! un loable esfuerzo de tu parte para instalar los temas reales de fondo,como es la produccion de alimentos,pero se ve que es mas fuerte La Patria Mediatica y su Campo VS Gobierno… cuando los pseudo intelectuales se aviven de la trampa K…que avisen

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  9. Pablo dijo:

    En la parte 1 de este debate, Julio Ferraroti, no se si de manera inocente o cinica, citaba a “El Dr. Norman Borlaug, Premio Nobel de la Paz por su contribución a menguar el hambre en el mundo pobre…”. Julio olvido contar que aparte de Premio Nobel de la Paz , este buen señor fue durante muchisimos años, eminencia gris y Cientista en Jefe de la Fundación Rockefeller (donde cobro sueldos millonarios por propagandear las políticas protransgenicos llevadas a cabo con la ayuda de las principales corporaciones agroindustriales). Julio olvido contar que este señor es un apologeta de Monsanto (compañía de la cual ha recibido sueldos y que incluye sus frases y estudios en los boletines que suele enviar a sus clientes en todo el mundo). Apologeta a tal punto que llego a decir, en respuesta a una pregunta sobre como solucionar el problema del hambre en Africa, que “…hay un gran potencial para la biotecnología en Africa, por ejemplo los cultivos Roundup Ready®… ”. ¿Notaron el circulito que indica Marca Registrada ? Por si no lo saben, los Roundup Ready® son los transgenicos de Monsanto. Julio olvido contar que este señor fue Profesor de la Texas A&M University, una de las universidades mas reaccionarias y conservadoras de los Estados Unidos. Julio olvido contar que, como “padre” de la mal llamada Revolucion Verde (cuya terrible historia cuenta tan bien Raj Patel en su libro) este hombre esta acusado por varias organizaciones ecologistas y por un estudio de Bryan Newman de la Universidad de North Carolina (para consultarlo, ir al sitio web del Instituto de Politicas Alimentarias y Desarrollo de Oakland, California), de ser co-responsable o responsable directo del suicidio, entre 1993 y 2003, de mas de 100.000 campesinos indios agobiados por las deudas creadas por la expansion masiva de la Revolucion Verde y el uso de fertilizantes y herbicidas. Olvida contar Julio que este hombre recibio la Medalla a la Libertad de manos del mismisimo GW Bush. ¿Porque Julio olvido contarnos tantas cosas sobre el señor Borlaug ?, solo el lo sabe. En sucesivas entradas, intentare ir analizando todas las otras cosas que los defensores de los transgenicos no cuentan, o tergiversan, o ignoran, o simplifican,o simplemente atacan.

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  10. Pablo dijo:

    Querido Gustavo
    No,no soy el mismo Pablo aunque respeto muchisimo y estoy completamente de acuerdo con el comentario que realizo el otro Pablo. Yo promociono la vida sobre la muerte. ¿ Y vos ? ¿ Promocionas el monocultivo transgenico de soja sobre todo lo que se le oponga? ¿ Promocionas el ecocidio sobre los intereses ancestrales de la tierra?

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  11. gustavo dijo:

    Querido Pablo:adónde leiste que estoy a favor del monocultivo transgénico,y lo que te consulté,era por que se sospecha que herbalife tiene dosis de plomo que afectan el organismo humano.

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  12. Pablo dijo:

    El apasionado de la soja transgenica Julio Ferraroti aseguro en este debate que “Monsanto no hace variedades de soja en Argentina. Tampoco vende semilla de soja en Argentina.”. Cualquier persona que, como yo, se tome el trabajo de entrar al sitio web de Monsanto Argentina, no tendra ningun problema en encontrar Round Up Full II o Roundup Ultramax y con solo unos clicks llegara al lugar donde aparece la palabra soja relacionada con estos productos. Cualquier persona que se tome, como yo, el trabajo de llamar a Monsanto Argentina en los telefonos 11-43162429 o el call center 08106667268 y pregunte como se puede hacer para comprar la soja Roundup Ready en Argentina se vera realmente sorprendida por la respuestas que dan los empleados de Monsanto, sobre todo si recuerdan las declaraciones de Ferraroti. Pero hay que reconocerle al apasionado por la soja Ferraroti que algo de razon tiene, que detras de lo que dice hay una media verdad,o una mentira encubierta, o una verdad a medias. Monsanto tiene un problema en Argentina con la comercializacion de su soja transgenica pero el señor Ferrarotio no lo cuenta. Y como el señor Ferraroti reclama que en este debate deben hablar los expertos,mejor me callo y dejo que en las tres proximas entradas hablen los expertos. Y para no herir sensibilidades politicas, aclaro que los expertos que hablan hablaron hace ya varios años.

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  13. Pablo dijo:

    Experto 1
    Enrique Iglesias, Mayo del 2006
    MONSANTO,UNA COMPAÑIA PIQUETERA
    Es posible adjudicar el piquete –acto de interrumpir el tránsito de personas, vehículos o mercaderías para obtener un fin determinado– a la inventiva del pueblo argentino. Esta forma de presión adquirió nivel internacional el pasado verano con el corte de los puentes que unen a Argentina y Uruguay por parte de ambientalistas argentinos, los que pretenden detener la construcción de dos fábricas de celulosa en el margen uruguayo del río que ambos países comparten.

    El gobierno uruguayo protestó por considerar que su par argentino no intervino para levantar los piquetes y que los mismos le causaron al país pérdidas por 400 millones de dólares. Hoy, el diferendo se encuentra en la Corte Internacional de Justicia con sede en La Haya, donde ha sido llevado por Argentina.

    El último round en este diferendo ocurrió cuando la reina del Carnaval de Gualeguaychú –ciudad argentina situada frente a donde se están construyendo las fábricas– se lució en bikini y portando un cartel donde se leía “basta de papeleras contaminantes” ante los 58 mandatarios que posaban para la foto oficial en la “Cumbre de Viena”.

    Simultáneamente, Argentina está experimentando las consecuencias negativas de los piquetes que la transnacional Monsanto le está organizando en varios países de Europa. Resulta aleccionante repasar esta triste historia:

    Monsanto posee la patente europea 301749, otorgada en 1994 a la compañía Agracetus. Es una “patente de especie”, que otorga a su propietario el monopolio exclusivo sobre todas las variedades de semillas de soja modificadas genéticamente, sin tomar en cuenta los genes o la técnica utilizada. Cuando se otorgó la patente, una serie de ONGs denunciaron el hecho y la propia Monsanto inició un juicio contra Agracetus. Sus principales argumentos consistían en que no existía “invención ni novedad”, por lo que “debía ser revocada en totalidad” debido al control que entregaba a una sola empresa. Dos años después, Monsanto compró Agracetus con lo cual, obviamente, la mencionada patente dejó de ser satanizada. Fue así que Monsanto pasó a detentar el monopolio mundial de la soja transgénica, situación que defiende con uñas y dientes, a pesar de que en algún país no tenga apoyo legal.

    En los años 70, cuando Monsanto introdujo en Argentina el herbicida Roundup, nadie sabía bien para que podía servir –aparte de combatir las malezas debajo de los alambrados– un producto no selectivo que mataba todo lo que tocaba. Años después llegó la biotecnología y con ella la soja RR, es decir, resistente al Roundup. En 1996, Argentina aprueba el cultivo de la soja RR y en ese momento se inicia la multiplicación de la semilla por parte de los agricultores –Monsanto no registró en Argentina la patente de la semilla de soja RR–. El cultivo de soja RR, que cubría menos de un millón de hectáreas en 1996, pasa a 9 millones de hectáreas en 2001 y en la misma proporción crece la multiplicación y venta de la semilla, a través de la llamada “bolsa blanca”. Mediante el contrabando, la semilla se expande a Brasil, Paraguay y Bolivia, países donde los transgénicos estaban prohibidos. Frente a ello, Monsanto permanece en silencio y mira para otro lado.

    Con la soja transgénica ya impuesta en Argentina y en plena expansión en el resto de la región, Monsanto decide en 2001 que llegó el momento de amenazar a los agricultores por el uso “ilegal” de su semilla y reclamarle al gobierno argentino que haga cumplir la ley. ¡Menudo problema hacer cumplir una ley inexistente!

    Pasando de las amenazas a la acción, Monsanto comienza el año 2004 anunciando que se retira del mercado de la soja en Argentina, dado que el mismo no le resulta rentable debido a la proliferación de semillas “ilegales”. Aclara que no pretende “presionar al gobierno” y manifiesta su intención de dedicarse al maíz y al sorgo. En una solicitada publicada en la prensa, la compañía declara su enojo y reclama que: “Sólo el 18 por ciento de los 14 millones de hectáreas que se cultivaron en Argentina durante el ciclo 2003/04, fue sembrado con semillas certificadas y vendida en el mercado legal”.

    Casi simultáneamente a las declaraciones de Monsanto y por pura casualidad –dado que el gobierno no debe, ni puede, sentirse presionado– el secretario de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos, Miguel Campos, informa que se está estudiando una ley para crear un Fondo de Compensación Tecnológica. El mencionado proyecto de ley, que recibió el rechazo masivo de las organizaciones de los productores (que en las elecciones manejan votos) nunca llegó a ingresar formalmente al Congreso. Debido a ello, Monsanto decide recurrir a los piquetes, anunciando que para percibir los royalties por el gen RR introducido en la soja (no patentado en Argentina) procederá a cobrar los mismos en los puertos de destino donde la patente esté vigente.

    La soja se ha convertido en el grano de mayor producción del país, superando los 30 millones de toneladas anuales. En 2004 la soja aportó 10.000 millones de dólares a las exportaciones argentinas, de los cuales el Estado se quedó con 2.000 millones por concepto de retenciones. Por eso al gobierno le preocupa el inicio de acciones legales por parte de Monsanto en Europa contra importadores de la oleaginosa y productos derivados de origen argentino. Solamente en el transcurso del corriente mes de mayo se detuvieron cuatro embarques de harina de soja (producto del que Argentina es el mayor exportador mundial) en España y dos en Holanda, lo mismo había ocurrido anteriormente en Inglaterra y Dinamarca.

    No es de extrañar entonces la preocupación y enojo del secretario de Agricultura de la Nación. Ambas cosas las descargó en una reciente conferencia de prensa, que resultó esclarecedora de la forma cómo se manejan asuntos que tienen que ver con la alimentación de la gente . En la misma, dijo Miguel Campos que el mecanismo exigido por la empresa Monsanto para cobrar regalías por la soja transgénica argentina es “extorsivo e inaceptable porque en un país serio el pago de derechos debe encauzarse por las vías institucionales”. Puntualizando que: “La extorsión pasa por plantear que si no acepto la pretensión de Monsanto estoy contra la biotecnología. A las innovaciones tecnológicas en semillas hay que pagarlas, pero dentro de un sistema legal e institucional”. Más adelante se sintió obligado a que “no soy anti Monsanto, ni empleado de Monsanto, como se dijo cuando aprobamos, semanas atrás, la producción y comercialización en el país del maíz RR de la empresa”. Ya en pleno embalaje no pudo contenerse y agregó: “Monsanto no vino a hacer beneficencia a la Argentina. Reconocemos la importancia de su inversión, pero también obtuvo beneficios. Cobró y cobra regalías por las ventas de las semillas con su gen RR sin tener la patente reconocida en el país y facturó unos 175 millones de dólares en glifosato –principal componente del herbicida Roundup– usado en la oleaginosa”. Ya en plena incontinencia verbal reconoció que “Argentina asumió el riesgo de producir transgénicos cuando eran cuestionados en los principales mercados del mundo y acompañó a Estados Unidos en su presentación ante la OMC (Organización Mundial del Comercio) contra la Unión Europea por la moratoria a los transgénicos”. “Eso no beneficia a los semilleros argentinos sino a Monsanto y a las empresas estadounidenses” concluyó, desaprovechando una buena oportunidad de callarse la boca.

    La historia, más allá de los piquetes de Monsanto y la complicidad de los gobiernos de turno, deja como moraleja que para bailar el tango se necesitan dos.

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  14. Pablo dijo:

    Experto 2
    Eduardo Gudynas, del Centro Latinoamericano de Ecologia Social
    Diciembre del 2005

    OTRA MIRADA SOBRE LA SOJA TRANSGENICA

    El pasado 20 de diciembre, en la lista electrónica iberoamericana sobre economía agraria y recursos naturales, Jaime Costa de la empresa Monsanto, comentó un anuncio de CLAES que mencionaba la caída de la producción de soja transgénica en Bolivia.
    Costa califica como “curiosa” esa caída de la productividad de soja RR en Bolivia, y agrega: “En cuanto a Argentina, donde la superficie cultivada de soja ha pasado de 6 a 14 millones de hectáreas desde que se permitió la siembra de las nuevas variedades transgénicas hace unos nueve años, son los productores con su decisión de sembrar o no, los termómetros más fiables para medir la idoneidad de esta tecnología” (ver su mensaje completo).
    Este comentario de un funcionario de la empresa Monsanto merece varias reacciones.
    En el mensaje se defiende como indicador de idoneidad el “número de productores” que utilizan la “tecnología” transgénica. Esa posición no es rigurosa, ni desde un punto de vista técnico ni desde la gestión pública en política agrícola. El hecho que muchos agricultores lleven adelante una cierto tipo de producción no implica que sea la óptima desde el punto de vista agropecuario, económico, social o ambiental. Es como afirmar que como hay millones de fumadores, entonces ese alto número demostraría que el cigarro es excelente.
    Pero además, esa afirmación tiene consecuencias negativas sobre las políticas agrícolas desde el Estado. Existen prácticas agrícolas que son empleadas por miles de agricultores y sobre las cuales existe un cierto consenso técnico en que son negativas, por ejemplo por laboreos inadecuados que desencadenan erosión. Si siguiéramos el razonamiento del Sr. Costa de Monsanto, como esos procedimientos son muy comunes entonces indicarían que son idóneos, y por lo tanto los gobiernos no deberían invertir en programas de extensión y capacitación. El criterio de idoneidad por “mayorías” también erosiona la necesidad de políticas activas estatales para mejorar la producción agrícola.
    El acceso a la tecnología no es libre y la oferta disponible limita seriamente las posibilidades de elecciones de los productores agrícolas. Entonces en realidad, la decisión de los productores a la que alude el Sr. Costa, en realidad encierra una compleja problemática. Aquellos productores que deseen plantar soja convencional para aprovechar los mercados que rechazan los transgénicos enfrentan enormes dificultades (las semillas de soja convencional se han convertido en una rareza, la cadena de transporte y procesamiento está contaminada, etc.). En otras palabras, en varios países de América del Sur, el productor planta lo que puede de acuerdo a lo que está disponible en los mercados locales. Esos mercados locales (y nacionales) están fuertemente afectados por las acciones que llevan adelante distintas empresas (entre ellas Monsanto).
    Allí donde existe un mercado un poco más libre y diversificado, se observan situaciones muy distintas. Por ejemplo, la soja convencional sigue siendo mayoritaria en Bolivia, pero también en importantes zonas de Brasil (por ejemplo, Mato Grosso, Goias, Paraná, etc.).
    Pero además, la soja RR se ha convertido en un elemento central de una estrategia productiva que descansa en el monocultivo sobre enormes extensiones, con un talante empresarial (muy lejos del clásico agricultor), y que por sus propias características desplaza a los agricultores medios y pequeños. Si se aplicara el “criterio numérico”, la soja RR en algunas zonas alcanzaría la unanimidad, ya que sus entusiastas defensores representan proporciones cada vez mayores debido a que el número de productores se reduce por que los agricultores pequeños se ven obligados a vender o arrendar sus campos.
    Finalmente, en las decisiones hay muchos componentes que no son agronómicos, sino que son económicos. El balance económico de la producción de soja RR está en discusión en varios países, ya que la rentabilidad final de la soja RR es menor a lograda con las variedades convencionales (este debate se observa en Brasil, Bolivia y Uruguay). Por ejemplo, en base a datos de Julio 2005, en Mato Grosso el resultado final es que la soja convencional tiene una rentabilidad superior a la soja RR en el orden de 15 reales por hectárea (la diferencia en buena medida se debe a una semilla mucho más cara por el pago de royalties a Monsanto).
    Existen otros tantos argumentos que apuntan a la necesidad de evaluar de una forma multidimensional y más rigurosa la utilización de las variedades transgénicas, que por motivos de espacio no comento en este mensaje.
    Saludos atentos a todos,
    Eduardo Gudynas
    CLAES – Centro Latino Americano de Ecología Social

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  15. Pablo dijo:

    Experto 3
    Silvia Ribeiro
    Grupo ETC
    Mayo del 2004

    PARA MONSANTO TODOS SOMOS CRIMINALES

    Silvia Ribeiro*

    El pasado 21 de mayo la Corte Suprema de Canadá emitió la sentencia final del caso Monsanto contra los agricultores canadienses Percy y Louise Schmeiser, culminando así una lucha legal que duró ocho años, a partir de la acusación de la trasnacional de que estaban “violando” su patente de canola transgénica (resistente al herbicida RoundUp).

    Los Schmeiser ,agricultores familiares por más de tres generaciones, nunca quisieron la canola transgénica: sus campos se contaminaron por viento e insectos y no lo supieron hasta que Monsanto envió sus detectives secretos a sacar muestras y una carta amenazándolos con llevarlos a juicio si no pagaban los miles de dólares que estimaba le debían por regalías. En lugar de amedrentarse por las amenazas del gigante trasnacional, Percy salió al mundo a contar su caso, entendiendo que esto era un precedente grave para todos los agricultores a los que se les contaminara su campo. En estos años, otras cortes menores sentenciaron dos veces contra los Schmeiser, alegando que, aunque no se podía demostrar su culpabilidad, debían haber advertido a esa empresa que podría haber plantas contaminadas accidentalmente y pedirle que las retirara, o de lo contrario se estaban “aprovechando” de los genes patentados. Por esta razón, los condenaron a pagar casi 20 mil dólares de multas y regalías y más de 150 mil dólares por los gastos de juicio, además de que Monsanto los amenazó con nuevos juicios por salir a contar el caso al público.

    La reciente sentencia de la Corte Suprema, por cinco votos contra cuatro, afirma que la patente sobre genes de canola transgénica es válida también en las plantas contaminadas, y por tanto los Schmeiser estaban ¡”privando a Monsanto del pleno gozo de su monopolio”! al “usar” plantas que contenían genes con su patente. Sin embargo, consideraron que los Schmeiser no tienen que pagar nada a Monsanto, porque no sacaron ningún provecho de la canola transgénica, ya que nunca usaron el herbicida RoundUp. Pero los Schmeiser, ambos de más de 70 años, no sólo resultaron inocentes de los cargos, sino que ¡sufrieron el daño de la contaminación, muchísimos gastos en el proceso, y el acoso legal y propagandístico por más de ocho años!

    Según Pat Mooney, director del Grupo ETC, con sede en Canadá, “Monsanto se consiguió una patente inflable. Ahora puede decir que sus derechos se extienden hasta cualquier cosa en la que se introduzcan sus genes, ya sean plantas, animales o humanos”. La Corte de Canadá fue incluso más allá de la ley de patentes de Estados Unidos ,notoriamente pro monopólica,, porque sentenció que la patente sobre un gen se extiende a cualquier organismo superior que contenga al gen patentado. “Bajo este veredicto, la expansión de la contaminación se convierte en una estrategia renditiva de las corporaciones para extender sus monopolios”, dijo Mooney.

    La sentencia implica que si un agricultor tiene semillas o plantas que contienen genes patentados corresponde al agricultor probar que no está infringiendo la patente monopólica de la compañía. En el mundo de Monsanto, todos somos criminales hasta que una Corte diga lo contrario.

    Monsanto, que controla actualmente 90 por ciento de los transgénicos plantados comercialmente en el mundo, es seguramente uno de los responsables de la contaminación del maíz campesino en México. A la luz de este hecho es aún más ignominiosa la propaganda que está publicando en periódicos de Chiapas: en un aviso pagado que comienza diciendo “Amigo agricultor:”, advierte a los campesinos que si usan “ilegalmente” sus genes patentados (en este caso de soya transgénica) en “importación, siembra, guarda, comercialización o exportación” podrán sufrir cárcel y multas mayores. Además instigan a que si tiene dudas, “o conoce alguna situación irregular”, se contacte con Monsanto, para evitar ser “cómplice”. (En Canadá ofrecían una chamarra de cuero por delatar a los vecinos, pero la trasnacional cuenta con que para los campesinos chiapanecos bastan las amenazas). En México no están permitidas las patentes sobre plantas, e incluso las plantaciones de soya transgénica de Monsanto en Chiapas se han hecho como “experiencias de campo” o bajo un eufemismo dudosamente legal llamado “programa piloto” que aunque son miles de hectáreas, por irresponsabilidad de las autoridades de agricultura y “bioseguridad”, no son plantaciones para “comercialización”. Por tanto, si hay alguien cuya legalidad debiera ser analizada es la de la propia Monsanto. Y yo aquí mismo lo denuncio, para no ser acusada de complicidad.

    Todas las patentes de Monsanto son biopiratería porque se basan en los miles de años de trabajo colectivo y público de campesinos e indígenas en el mundo, que crearon y desarrollaron las variedades que luego las empresas usan en sus laboratorios. La amenazas de esa empresa en Chiapas y la sentencia de la Corte Suprema de Canadá muestran una vez más que la (i)lógica de las empresas trasnacionales parecen tener a su servicio los poderes Judicial, Legislativo y Ejecutivo. Pero lo que no ha logrado es convencernos de que tienen razón. Por el contrario, los ataques cada vez más virulentos de Monsanto sólo exponen sus injusticias y alimentan la resistencia que existe en las poblaciones del mundo entero a los transgénicos.

    * Investigadora del Grupo ETC

    Publicado en La Jornada, México, 25 mayo de 2004

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  16. Pablo dijo:

    Querido Gustavo
    Mil disculpas. Conteste de repente, sin leer tus entradas y pensando que lo tuyo era una curtida “antihippie”. Espero me sepas disculpar y me encantarias compartas esa informacion de la que hablas.

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  17. gustavo dijo:

    Pablo:antes que nada,digo que me parecieron muy buenos los informes,reconozco que es dificil discutir en la coyuntura(conflicto agrario),el dato sobre herbalife lo saqué de wwwtrabajadores,cu,aprovecho para hacer esta consulta:¿greenpeace,es financiado por los mismos grupos que contaminan?

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  18. Pablo dijo:

    Estimado Gustavo
    Greenpeace Internacional es una organizacion internacional sin fines de lucro cuya sede central esta en Amsterdam.
    Existen filiales de Greenpeace en muchos paises del mundo y cada una lleva elnombre de ,por ejemplo, Greenpeace Argentina, Greenpeace España, etc. Greenpeace tiene como objetivo luchar, de manera no violenta, para que la opinion publica tome conciencia de los graves problemas de caracter ecologico y medioambiental a los que debe hacer frente nuestro planeta. se declara absolutamente independiente de cualquier interes politico ocomercial y en su manifesto aclara que , en tratar de exponer los problemas medioambientales que afectan al mundo y encontrales soluciones, Greenpeace no tiene aliados ni adversarios permanentes. La organizacion se financia con el aporte voluntario de sus asociados en todo el mundo o de las personas que piden que parte de los impuestos que pagan al Estado vayan dirigidos a Greenpeace o tambien de donaciones voluntarias cuyas fuentes son comprobadas por organismos independientes.
    En Argentina, una de las artimañas mas utilizadas por los intereses agromediaticos y las personas y los tecnocratas que sostienen el conglomerado politico-social-economico formado alrededor del monocultivo transgenico de soja, es la de intentar ensuciar la imagen y reputacion de Greenpeace.
    Por cualquier duda que tengas, aqui va una lista con telefono, direccion y email de las principales oficinas de Greenpeace en el mundo.

    (EDIT) te dejo la dir de Greenpeace Argentina, y el link al sitio de Greenpeace con todas las direcciones que pusiste, porque es como excesivo poner todas las filiales.

    Saludos

    Damián (moderador)

    GREENPEACE ARGENTINA
    Zabala 3873, Ciudad de Buenos Aires C1427DYG, Argentina
    Tel: +54 11 4551 8811 Fax: +54 11 4551 8811
    Email: greenpeace.argentina@dialb.greenpeace.org

    Todas las direcciones de Greenpeace están en:
    http://www.greenpeace.org/international/about/worldwide

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  19. Chango dijo:

    Esa respetable organizción mueve fortunas de empresas y grupos económicos para, a través de ella, actuar sobre mecanismos de lpercepción pública con la intención de que ésta sea funcional a sus intereses. Son embargo, con todo el dinero que mueven no tiene en sus filas un solo científico reconocido. Eso habla muy bien de la talla moral de los científicos.

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  20. Pablo dijo:

    Parece que a algunos tecnocratas defensores del monocultivo transgenico de soja, la mera aparicion de datos o informes que contradigan su pensamiento monolitico, les pone las teclas de punta, les hace balbucear ideas y acusar en vano, como es costumbre en la mayoria de los representantes de la Patria Sojera.
    Decir que Greenpeace no tiene cientificos reconocidos es de una mala leche tal que la frase mereceria ser ignorada. Pero no, quizas el colega pro-soja se refiera a que un cientifico para ser tal debe ser reconocido y seguramente para el, el grado de reconocimiento lo da el caso de su admirado Dr Norman Borlaug, un cientifico que durante la mayor parte de su vida estuvo a sueldo fijo y enorme de la tenebrosa Fundacion Rockefeller y en las planillas de pago de las multinacionales que poseen el monopolio transgenico como Monsanto. De el se requeria, nada mas ni nada menos, que fuera un apologeta de los transgenicos y de su monocultivo.
    Para quienes tengan buena voluntad y deseen conocer quienes son los cientificos que trabajan arduamente para Greenpeace y que hacen o que hicieron, basta entrar a la pagina web de la organizacion y ver las actividades que se realizan en el Laboratorio de Investigacion Cientifica de Greenpeace que funciona dentro de la Escuela de Ciencias Biologicas de la Universidad de Exeter,en el Reino Unido y que fueron fundados por el Dr Paul Johnson en 1987. Alli existen archivos que van del ano 1995 al 2008 con todos los documentos e informes cientificos realizados por Greenpeace y publicados en numerosas revistas medicas, cientificas y en inmensidad de libros relacionados con la problematica ecologica.
    Otra cosa que no explica el colega Chango es cuales son los intereses de Greenpeace. Y menos aun que seria ser funcional a esos intereses. Ridiculamente da a entender que si no hay cientificos “reconocidos” (los parametros que utiliza para decir que cientifico es reconocido y cual no los ignoro) trabajando para Greenpeace, eso habla muy bien de la talla moral de los cientificos. La afirmacion es absolutamente ridicula, propia del pensamiento soberbio y arrogante del sojerus argentinus, esa especie animal que nos ha llenado el 2008 de sorpresas.

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  21. Pablo dijo:

    Chango, podria po favor aclarar, de manera fundamentada y documentada, cuales son los grupos economicos y las empresas, que segun usted, estan ligados a Greenpeace y porque asevera con tanta ligereza que Greenpeace mueve fortunas de empresas y grupos economicos?

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  22. Chango dijo:

    Pablo: Lo único que me fanatiza y es el centro de mi irracionalidad es Rosario Central. Todo lo demás anda por las vías del pensamiento y el análisis. Pobre de mí si me considerara fanático de los o anti transgénicos. Existen otras cosas que valen más la pena para fanatizarse. Central, por ejemplo. Y en mi caso es a favor. La compañía que vos mencionás no hace, desarrolla ni vende variedades de soja en argentina. Verdad 100% (nada de 50%, o media verdad). Conseguir semilla de soja en Argentina es muy fácil. Podés hacerlo en un comercio distribuidor, un semillero multiplicador, el propio criadero o el inmenso mercado negro (bolsa blanca). Otra forma no conozco. Las marcad registradas asociadas al cultivo de la soja que mencionás corresponden a herbicidas. Esas marcas, como muchas otras, poseen como principio activo la molécula química denominada glifosato. Muchos de los desarrollos transgénicos recientemente aprobados o en vías de aprobación ponen foco en el cuidado ambiental. Otros en la remediación del ambiente. Muchos en la calidad nutricional, la medicina preventiva, etc. para los más variados cultivos. A modo de ejemplo menciono cultivos resistentes a otras moléculas herbicidas, lo que permitirá la rotación de productos y cuidado de la biodiversidad, cultivos con diferentes eventos de resistencia a insectos lo que disminuirá sensiblemente la utilización de insecticidas, bacterias que degradan material radiactivo (uranio, por ej.), antibióticos (residuos de la industria farmacéutica) o desnitrifican las napas, vacas que en su leche producen hormona de crecimiento o insulina, cultivos con mayor eficiencia en el uso del agua (recurso escaso), resistencia al calor, la sequía, la salinidad, microorganismos que fijan nitrógeno atmosférico para los cereales, cortando la dependencia de los fertilizantes derivados del petróleo, maíz y caña de azúcar con enzimas que favorecen la fermentación en la producción de etanol, reemplazando los combustibles fósiles, etc etc. En el 2007 China invirtió 200 millones de dólares en biotecnología agrícola y es el único país que posee transgénicos propios de manera independiente al capital privado internacional. India invirtió 80 millones de dólares en una red nacional de laboratorios de biotecnología. Australia, Brasil y hasta Nairobi poseen transgénicos propios, a modo de ejemplo. Argentina cuenta con los recursos técnicos y el nivel de conocimiento como para la industria de la biotecnología, la genómica y la bioinformática. Sin embargo, profundos problemas estructurales que encuentran buena parte de la explicación en la plataforma jurídica hacen que no haya desarrollado un solo transgénico propio. Seguimos en una economía de primer orden y nos resistimos a evolucionar hacia una economía de tercer orden donde el conocimiento, la electrónica y la actividad industrial generen mano de obra calificada, marcas, patentes y registros. Para eso harían falta políticas públicas enmarcadas en políticas de estado. Pero nos resistimos. Solo tenemos histéricos elementos de políticas económicas, pero la economía política brilla por su ausencia. Se da un discurso progresista, pero paralelamente se apuesta a una agricultura primitiva, extensiva y de materias primas. El Dr. Norman Borlaug entregó su vida al CIMMYT (Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo). Es un organismo público y queda en Méjico. Es cierto que el CIMMYT ha recibido por años aportes de la Fundación Rockefeller y de innumerables compañías privadas. Si algo de malo esto tiene, peor sería su inexistencia. Sus trabajos, que llevaron al descubrimiento de los genes Norin en trigos chinos, que introducidos en germoplasma adaptado permitieron quintuplicar la producción de este vital cereal y así evitar una inminente guerra promovida por hambruna a finales de los 60s.
    Salvo garrafales errores agronómicos (los considero involuntarios) el reportaje está muy interesante. Abrazo.

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  23. malaleche dijo:

    Pablo: Mi amigo el chango me cuenta que lo confundiste conmigo. El es un bebé de pecho. Pero me pidió que no desparramara mis mutantes espermas en tan digno blog, con lo cual me llamo a silencio. Un poco compungido me balbuceó que los científicos reconocidos publican en revistas con referato. Que arrojan verdades completas sobre los fenómenos del mundo con sus descubrimientos. que no se atan a verdades axiomáticas sino que viven poniendo todo en duda…hasta el preciso instante de la revelación. Ahí si, la defienden a muerte. Están preocupados por el origen del mundo y el origen de lavida. poco a poco van arribando a niveles de complejidad más profundos. pero también están preocupados por el mejoramiento del entorno y el bienestar de sus congéneres. ¡la puta con el amigo Chango!. Yo hubiese dicho cada barbaridad que mejor ni te cuento. Tengo algunas preguntas…¿patria sojera es parecido a decir patria cementera, triguera, vaquera, siderurgiquiera o es un insulto?. Pa´saber nomás. ¿tecnocráta quiere decir hombrequepreocupadopordejarelmundomejordeqloqueloencontró-sehapreparadoestudiadoinvestigadyservidoasucomunidad?…¿o estás confundiendo al calificado?. Bueno, al fin de cuentas la soja es un vegetal y si esta es la patria de una plantita aún somos ecologistas que nos resistimos a vivir en monarquías, por más que los Rollings provengan de allí.
    El muy ladino del Chango no te respondió cuáles son las empresas y grupos asociados a Greenpeace. ¿No lo sabés?. Sería bueno que lo averiguaras, pero te voy a dar el principio que lo llevo a dar tal afirmación. Es el mismo fundamento que lleva a decir que la Revolución Verde fue así mal llamada. Y eso vos lo sabés mejor que él. A mí me cuesta. como al Chango (un gauchito de bombachitas y alpargatas9 mandarte un abrazo. Igual agradezco que te hayas acordado de mí. Con todo respeto. Malaleche.

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