¿Bailando en el Titanic o justa alegría?

Por lo menos una decena de oyentes de Mañana es Tarde, el programa que hacemos en Radio Del Plata, se manifestó alegre por la crisis financiera que viven los Estados Unidos.

Las razones son diversas, es la coronación de ocho años de soberbia y avasallamiento norteamericano en el mundo; es el final de un discurso blindado que exportaron a los países subdesarrollados (la no intervención del Estado) y es el crack del capitalismo tal cómo lo vimos hasta ahora. Pero más allá de estas cuestiones, que comparto, lo cierto es que la crisis impactará en la Argentina, aunque está claro que no de una manera virulenta.

Por suerte nuestro aislamiento financiero y la fortaleza de la economía, mitigarán el impacto. Pero habrá impacto. Como me dijo alquien: “no nos caeremos de un piso 25 pero nos caeremos del primer o segundo piso”. El presidente de Brasil, Luis Inácio Lula De Silva dijo: “Los países pobres no pueden ser víctimas del casino montado en el sistema financiero estadounidense”. Algo similar opinó Cristina Kirchner en su reciente visita a Nueva York. Pero nadie garantiza que no será así.

¿Hay algo para festejar?

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¿Bailando en el Titanic o justa alegría?

Basta de abortos clandestinos

Ojalá ninguna mujer tuviese que abortar. Pero aquellas que deciden hacerlo no puede ser que se enfrenten a una situación que incluso pueda terminar con su vida. El 28 de septiembre es el Día de la Lucha por la Despenalización del Aborto en América Latina y el Caribe. El lunes 29 se organizó en Buenos Aires una marcha que unirá El Congreso de la Nación con la Plaza de Mayo, bajo la consigna  “Anticonceptivos para no abortar. Abortos para no morir”. La cita es a las 18. Abortar es una desgracia en cualquier caso. Una situación dramática que sólo la mujer que pasa por eso puede dimensionar con precisión. Es una verguenza social que además de vivir ese drama, las mujeres que llegan a ese momento sean consideradas delincuentes. Y más, en muchos casos, aquellas que no tienen recursos económicos, obligadas a interrumpir el embarazos en condiciones sanitarias deplorables. En muchos casos arriesgando sus vidas por el uso de métodos caseros.  Estos son algunos datos que obligan a abrir un profundo debate sobre éste tema:
En Argentina se realizan 500 mil abortos clandestinos por año, que ocasionan la muerte de más de 500 mujeres (algunos consideran que esta cifra es mayor),  unas 15 mil quedan con secuelas de salud. En América Latina, la cifra de muertes asciende a 5 mil por año. 800 mil mujeres de bajos recursos son hospitalizadas anualmente por complicaciones relacionados con abortos inseguros en América Latina. Es obvio que las que tienen recursos no viven esta inseguridad. Si querés más información sobre la campaña por la despenalización del aborto podés buscarla en  www.pyr.org.ar

Basta de abortos clandestinos

Matrimonios por conveniencia

Todo es posible como en la recordada serie Dimensión desconocida. Julio Cobos con Gabriela Michetti; Eduardo Duhalde con Mauricio Macri; Hermes Binner con Cobos; Felipe Solá con MM; Alfredo De Angeli con casi todos y hay muchas combinaciones más. Elisa Carrió sumó a Patricia Bullrich y a Alfonso Prat-Gay. En el Gobierno nacional tejieron una alianza con Aníbal Ibarra después de contribuir a su destitución y ahora tientan a Jorge Telerman a quien enfrentaron en la última elección. Néstor Kirchner abominó de Duhalde pero tejió una entente de hierro con los intendentes duhaldistas del conurbano. Antes había apostado a la transversalidad con Luis Juez, Martín Sabbatella y Binner. La política es como esos programas de la televisión nacional donde no importa qué piensen, qué hagan o qué digan los entrevistados, lo único que importa es cuánto miden en el fugaz momento en que se encienden las cámaras, qué rating tienen. En términos políticos, cuántos votos pueden arrimar.

La filiación partidaria, la historia militante, las ideas políticas pasaron a segundo plano. “Rajá de acá gilito embanderado que la razón la tiene el de más guita…”, aclara Discépolo en el tango. La apuesta es a ganador. Y se encontraron con excusas contundentes: “Compartimos una postura ético y moral” o “venimos de lugares políticos diferentes pero tenemos el mismo compromiso con la sociedad”.

Así nació la Alianza que derrotó al peronismo en 1999, mezclando el agua y el aceite: un conservador de cuño radical con un progresista de prosapia peronista. Fue presentada a los votantes hartos del riojano, después de elecciones internas abiertas, como un gesto de generosidad. Fernando de la Rúa y Chacho Álvarez dejaban de lado sus ambiciones personales y políticas en pos de un objetivo superior: la reconstrucción de la República. Fue un matrimonio por conveniencia. No había amor y, está probado, las alianzas sin amor siempre terminan mal.

Entre Cristina Fernández y Julio Cleto pasa lo mismo. Es posible que la relación guarde las apariencias durante un tiempo más. Quizá lleguen al final juntos pero separados. Lo cierto es que desde antes del “voto no positivo” en el Senado, propios y extraños sabían que la Concertación Plural era apenas un sello electoral, un dibujo en el agua.

La fidelidad política del hombre que ahora cuenta con la mejor imagen positiva del país, tiene el peso de una pluma. Eso dicen, con malicia, sus viejos compañeros de ruta en el radicalismo. Ajeno a esos cabildeos el vice “suma y sigue”. No sólo corre maratones, vuela: ya decidió enfrentar al Gobierno en las elecciones del 2009 y lo hará con otra alianza. El nombre elegido es Consenso Federal (CONFE). Imaginan que a ese acuerdo se podrían sumar radicales y socialistas. “Será la verdadera concertación plural”, confiesan.

Duhalde ya manifestó que, por los errores cometidos en el conflicto con el campo, el peronismo perderá las próximas elecciones. Cerca del mendocino se entusiasman. Aseguran que si se realizaran ahora comicios para presidente, Cobos cosecharía la mayor cantidad de votos. Eso es tenerse fe, CONFE. Gerardo Rozín opina que el vicepresidente sufre el síndrome de Lalola, tiene a un integrante de la fórmula del oficialismo y al líder de la oposición encerrados en un mismo cuerpo. Con todo, Cleto no parece vivir contradicciones existenciales.

Lo cierto es que las ideas y los proyectos no le importan a casi nadie. Argumentar que en un acuerdo político la única amalgama que resiste al tiempo son las coincidencias ideológicas, suena para muchos como una antigualla. Sin embargo, fue sobre la base de esos consensos ideológicos que en Brasil se pudo construir una herramienta electoral como el Partido de los Trabajadores que incluyó a fuerzas políticas que iban desde el Partido Verde hasta el comunismo, pasando por organizaciones cristianas y sociales de todo tipo. Algo parecido ocurrió con el Frente Amplio en Uruguay. Claro que esas dos apuestas políticas se hicieron a largo plazo, con generosidad y osadía. Por eso lograron sobrevivir a varias derrotas antes de llegar al poder.

Martín Caparrós se esfuerza, desde hace dos semanas en este mismo espacio, por explicar que una cosa es ser de izquierda y otra, muy distinta, es ser de derecha. Parece una obviedad pero no. Rubén Blades, maestro de la música popular latinoamericana, lo define en su canción Hipocresía: “Ya no hay izquierdas ni derechas: sólo hay excusas y pretextos. Una retórica maltrecha, para un planeta de ambidiestros”. Entre ambidiestros y pragmáticos, así nos va.

Matrimonios por conveniencia

Encuesta: Julio Cobos debe dejar el Gobierno?

El vicepresidente avanza con su proyecto político y se diferencia del gobierno que integra cada vez que puede.

Habla con los dirigentes del campo, se reúne con Mauricio Macri, decidió armar una coalición para disputar las legislativas del 2009, entre otras movidas.

En el oficialismo creen que debería renunciar, él dice que no lo hará y que cumplirá con el mandato que le dieron los votantes.

Resultado de la encuesta

Encuesta: Julio Cobos debe dejar el Gobierno?

Cobos no corre, vuela

A Julio Cleto Cobos le gusta correr. Pero no solo maratones.

Esta semana, mientras se encuentra en ejercicio de la presidencia, se reunió con Mauricio Macri. El Jefe de Gobierno de Buenos Aires aprovechó la volada para mostrarse al lado de uno de los dirigentes con mejor imagen del país (gracias al voto “no positivo”) y demostrar que el gobierno nacional no lo recibe. Los dos hicieron su juego.

Cobos ya decidió competir con listas afines en las elecciones legislativas del 2009, aspira a consolidar una fuerza parlamentaria que se convierta en la plataforma de su apuesta presidencial para el 2011. Mientras tanto suma fotos por derecha y por izquierda: De Angeli, Macri, Binner.

El senador Miguel Angel Pichetto, del FPV, desde EE.UU., lo acusó de conspirar y le sugirió que renuncie. Cleto, ni lerdo ni perezozo, respondió que conspira más quien le pide la renuncia todos los días a quien fue elegido por la gente, etc, etc.

Más allá de que Pichetto es el menos indicado para exigir fidelidad a alguien (fue operador de Menem, estuvo con Duhalde y ahora es kirchnerista), el vice parece tener el síndrome de la Lola (frase que me prestó Rozín): es opositor y oficialista en un mismo cuerpo.

Está bien que se dedique a armar su proyecto político mientras cumple funciones en el Poder Ejecutivo? No soy partidario de que renuncie pero es inadmisible que opere políticamente cuando debe cumplir un rol institucional.

Cobos no corre, vuela

EE.UU. desestabiliza

Fin de encuesta. Para la mayoría de los visitantes de este blog el gobierno de los Estados Unidos desestabiliza a los gobiernos democráticos de la región.

Me parece que más allá de cualquier juzgamiento, el pasado lo condena en la consideración popular. Su intervencionismo en los países latinoamericano durante décadas ha quedado en la memoria colectiva. Gracias por votar.

EE.UU. desestabiliza

Noticias de la muerte

Se murió un ex compañero de la escuela. Me lo comunicaron con un mensaje de texto simple y directo: se murió Marcelo Costa. Fue justo en el momento en que estábamos organizando un encuentro de condiscípulos. Uno de esos ritos en los que con aire jocoso y fraterno recordamos lo que fuimos cuando el mundo era nuestro y la muerte apenas una palabra.

Se murió Marcelo Costa. No era mi amigo, pero la noticia me provocó una inexplicable congoja. Era uno de los más estudiosos del curso. La última vez que nos vimos, me enteré de que lo habían nombrado juez en una localidad cercana a Rosario. Estaba un poco gordo pero recuerdo que se reía de eso. Me contó que el techo de su juzgado tenía humedad, que le faltaba gente y sobraban expedientes y que, a pesar de las dificultades, le gustaba lo que hacía. Parecía el mismo chico del cole. Aplicado, correcto, un poco olfa.

Desde hace unos días me pregunto por qué la noticia me causó tanta tristeza. Más allá de aquel encuentro de ex compañeros con Marcelo Costa no mantenía ninguna relación. Además, siempre pienso que estoy bastante armado ante la tragedia. Tengo cierta experiencia. Perdí a mi madre siendo adolescente, luego a mi padre y un par de mis amigos se fueron de copas sin avisar y nunca más volvieron. Pero algo me pasó con la noticia.

¿Será la idea de la propia finitud? Creo que era Bioy Casares quien decía que ochenta años era muy poco tiempo para todas las cosas que quería hacer y lamentaba que la vida y la pasión fueran demasiado cortas. Murió a los 84. Al igual que su amigo Borges, el escritor argentino más elegante pretendía ochocientos años de vida aunque era consciente de que a los setecientos noventa y nueve querría pedir ochenta más.

Por las dudas, si alguien de allá arriba está tomando la lección no pienso levantar la mano. En la escuela casi nunca lo hacía, ni siquiera cuando estudiaba. Ahora que lo pienso, tal vez fue eso: Costa siempre estaba dispuesto a pasar al frente.

La muerte es un misterio. Es algo extraño porque si bien varias culturas la tienen como su centro, los vivos no saben nada de nada. Sólo se conoce lo que se ha perdido. El dolor que provoca la ausencia del ser querido. Después viene la resignación. Y más tarde, si persiste el amor, el recuerdo. Eso es lo que de verdad se conoce. Lo demás es pura imaginación. Nadie vuelve para contarlo. Ni siquiera Víctor Sueiro. Cuando el hombre tomó conciencia de ese abismo, se disparó la fantasía del regreso posible.

La literatura visitó el tema hasta el cansancio. Para las religiones no hay nada que discutir: hay otra vida con premios y castigos. Lo que se dice una promesa asegurada. En mi caso trato de reemplazar mi poca fe por un deseo poderoso. Ojalá sea como dicen. Ojalá volvamos a vernos.

A pesar de mis reparos, visito a mis muertos. No voy tanto como mi padre querría, pero voy. Tampoco estoy seguro de que estén allí los que están allí, pero voy. Es un punto de referencia. Mi padre está en un cementerio tipo jardín, cerca del aeropuerto de Fisherton. Un lindo lugar con árboles que él no puede apreciar. Le llevo flores y coñac para hacer más amable nuestra conversación. Lo extraño.

Mi madre y mis abuelos están en el cementerio El Salvador de Rosario, en el Parque de la Independencia. El lugar es un amasijo arquitectónico que contiene algunas esculturas del genial Lucio Fontana. En la actualidad está siendo intervenido artísticamente por otro talento rosarino, Dante Taparelli, quien intenta poner belleza y memoria en acción donde sólo hay cemento gris y frío. Siempre descubro lo mismo: mi mamá era muy linda.

Cuando voy a El Salvador visito al poeta Antonio Montesanto. Él está de este lado, vivito y silbando, ya que se dedica a cuidar el panteón de Unione y Benevolenza. Cuida las tumbas y escribe. Cuida las tumbas y escucha música. Una vez me contó que se relacionaba con los muertos por las miradas de las fotos en los nichos.

“Con algunos tengo mejor onda, y los cuido mejor”, me contó. A Antonio le debo un libro maravilloso: El pueblo que se vendió. Su autor es Alfonso Zapater, un español casi desconocido en la Argentina.

El libro tiene alguna conexión con las historias de Juan Rulfo, pero en el caso de Zapater, los vivos son los que reclaman. Todo ocurre en Urbecia, un pequeño pueblito de la España profunda, que se va quedando sin habitantes, hasta que los últimos deciden vender su propiedades y lo abandonan.

El lugar se convierte en una estancia alambrada y custodiada por hombres armados. Allí se queda trabajando Damián. Una tía suya muy anciana lo visita todos los días y le pide que le devuelva a su amado esposo enterrado en el lugar. El joven realiza, en secreto, una tarea reparadora: le va entregando el muerto a la tía, hueso por hueso, para que no lo descubran. “La tía Rosenda metió los huesos en un saco de arpillera y se los cargó al hombro, andando, dijo, y se marchó con la muerte a cuestas…”

En el Norte argentino, en la zona andina, en México, en los Balcanes y en otros sitios del planeta, se convida con alguna bebida a los muertos. Se dejan las copas llenas, las vasijas. Es un gesto. Igual que éste.

Noticias de la muerte