Militante de la amnesia

Jorge Luis Borges decía: “una sola cosa no hay, es el olvido”. Una sociedad democrática sólo puede desarrollarse sobre la memoria.

Esta semana una militante de la amnesia, Cecilia Pando, irrumpió en un tribunal para amenazar a funcionarios y jueces. La mujer es una conocida dirigente de los grupos que reinvindican la represión ilegal desatada por la última dictadura. Si bien parece ser una expresión minoritaria, su mirada sobre la existencia de una supuesta justicia tuerta cala en sectores de la sociedad.

Según Pando, se juzga a los represores pero no a los guerrilleros que también asesinaron y secuestraron. Tenemos la obligación de explicar que una cosa son los repudiables crímenes de las organizaciones guerrilleras en la década del 70 en Argentina y otra muy distinta la represión estatal de la dictadura que, en un plan sistemático asesinó, desapareció, torturó y robó bebés. Estos crímenes cometidos por el Estado son los que no prescriben y por esa razón, después de muchos años, al fin son juzgados.

En estos momentos hay mil causas abiertas en todo el país. Hay 429 represores procesados, 334  presos, 24 han sido condenados y 55 están prófugos.  Este proceso que alentaron los Kirchner, los trasciende.  No es una cuestión política, mal que le pese a Pando, sino una cuestión judicial.  Una sola cosa no hay, es el olvido.

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Militante de la amnesia

Historia del himen

Me gustan las comparaciones. Cuando tengo que explicar alguna cuestión compleja o aburrida, vinculada a la actualidad política, suelo apelar a este recurso. Acepto que se trata de una costumbre que tiene más que ver con la literatura que con el periodismo. Es un artilugio que responde más a los dictados de la Bella que a las rigurosas exigencias de la Bestia. Si es que aceptamos, como pensaba Isidoro Blaisten, que literatura y periodismo puedan definirse de esa manera.

Sólo como ejemplo, en ese juego de comparaciones – destaco lo de juego- alguna vez dije: “que Carlos Menem se enoje porque el gobierno de La Rioja compre adhesiones políticas con regalos y prebendas es igual a que un violador se moleste porque le tocaron el traste en el subte”. Esta vez para referirme a la intromisión del gobierno en el Instituto de Estadística y Censos, utilicé la frase: “la credibilidad es como el himen”.

La idea, publicada en marzo pasado en una contratapa de Crítica, no tiene ningún misterio. Apuntaba a definir como irrecuperable la falta de confianza en las cifras de la inflación que brinda el Indec después que la intervención de Guillermo Moreno barriera con su virginidad. Hace unos días reiteré la idea en medio de una entrevista con el Jefe de Gabinete, Sergio Massa, y eso desató una catarata de interpretaciones y cuestionamientos. Algunos hasta se ofendieron con la comparación “por grosera”, “por frívola”, “por chabacana” y no sé cuántas cosas más. Otros, por suerte, sólo se rieron.

Mi apelación al himen pasó por casi todos los programas que revisan con humor crítico lo que ocurre en la tele. ¿Por qué tanto escándalo? Tal vez Leopoldo Marechal ayude a encontrar una respuesta. En Megafón o la guerra, esa excelente novela injustamente olvidada, su héroe se pregunta: “¿Por qué será que hasta que no se habla del culo nadie se humaniza?”. Para el escritor de Villa Crespo, el cotidiano acto de evacuar los intestinos, la actitud de agacharse, la soledad de ese momento, remiten a la finitud de la existencia. El “mamífero humano” podía comprender en ese instante íntimo su escasa importancia en el concierto del cosmos y la materia real de la que estamos hechos. Quizá con el himen pase lo mismo.

El himen es la membrana delgada que rodea la abertura de la vagina. Tiene distintas formas y tamaños, varía mucho de una mujer a otra. Debe permitir el correcto sangrado menstrual. Cuando no tiene una perforación correcta, que permita la salida de la sangre, puede requerir de una pequeña cirugía. Ese sangrado es un regalo silencioso que la mitad de la humanidad le ofrece cada mes a la otra mitad como un compromiso vital y maravilloso para la supervivencia de la especie. Hasta ahí todo bien.

Pero ocurre que la integridad del himen, en culturas como la nuestra, es una suerte de carné moral. El análisis minucioso de esa membrana sirvió durante siglos para castigar a la mujer. Aquellas que lo conservaban eran las puras, las buenas. Se construyó así una suerte de culto a las vírgenes. Una idea propia de las sociedades más conservadoras que estuvo destinada a “proteger” la honra del marido. Esta mirada misógina provocó tragedias familiares de todo tipo. Por suerte, ese planteo está en franco retroceso. Por lo menos en Occidente. Cada vez se comprende mejor que la importancia radica, cuando hay amor, en ser el último y no el primero.

Además, aunque no es lo más común, el himen se puede dañar cuando las mujeres hacen determinadas actividades físicas como deportes o equitación. Y muchas chicas ni siquiera se dan cuenta. También es posible, gracias a las múltiples opciones que brindan esos nuevos sacerdotes de la modernidad que son los cirujanos estéticos, reparar lo irreparable. Reconstruir el himen sólo requiere de una inversión. Recurso al que apelan cada vez más mujeres deseosas de comprar un pasaje a quien sabe qué lugar. Es obvio que la delicada telita ya no asegura fidelidad.

De regreso al origen de la cuestión: ¿Se puede reconstruir la credibilidad del Indec? ¿Y cómo se hace? En esa tarea deben estar Sergio Massa y la Presidenta de la Nación, Cristina Kirchner. No será fácil. Saben que primero tendrán que conseguir un cirujano competente y luego lograr que ese marido insatisfecho, que son los argentinos castigados por la inflación, vuelva a confiar.

Historia del himen

El asesino invisible

Así mata. Es así de violento.  Te fulmina como un rayo misterioso. El domingo pasado comenzó en México la XVII Conferencia Internacional de SIDA. Es la primera vez que se hace en latinoamérica. Personas que viven con HIV, científicos, investigadores, médicos, ONG. Se estima en 1,5 millón los infectados en latinoamérica. En el mundo hay 33 millones. La mitad son mujeres. El sector dónde más crece la enfermedad. Nadie se puede hacer el distraído. Ah, usá forro o exigí que él lo haga. Y, si te drogás, no compartas jeringas.

El asesino invisible

La Justicia injusta

Es una historia argentina: Angel Fernández fue condenado en 1987, a una pena de 25 años por una violación seguida de muerte. Estuvo preso 16 años y salió en libertad gracias al sistema del 2 por 1. Durante el 2007 lo detuvieron otra vez por tenencia de arma de guerra.

El 16 de febrero pasado, el juez Nicolás Schiavo, como subrogante del juzgado de Garantías Nro 3 de San Martín, le otorgó el beneficio de la detención domiciliaria con una tobillera de plástico. Merecía la concesión porque NO ERA PELIGROSO. Curioso: de los 30 mil detenidos en cárceles bonaerenses, le dieron ese beneficio a Fernández cuando el sistema está destinado a los presos mayores de edad, a los enfermos o a las embarazadas y sólo hay 300 tobilleras.

Fernández empezó a utilizar el sistema el 13 de julio. El 24 asesinó a la familia Mansilla a golpes de maza. Lo logró porque el sistema falló. El teléfono no mandó las señales de monitoreo. De todas formas, su hijo y vecinos contaron que el asesino salía de su casa lo más tranquilo.  Además existía un antecedente grave: había jurado vengarse porque los Mansilla lo habían denunciado. Mató también a golpes a los niños Milagros y Agustín.

El domingo pasado, lo entrevistamos al juez Schiavo en el programa 3 Poderes. Nos dijo que actuó de acuerdo a la ley, que no tuvo en cuenta los antecedentes del detenido porque la condena anterior ya estaba cumplida.  Schiavo es un juez respetado y participa en la cátedra de derecho penal de la UBA.  Su explicación demuestra claramente que se puede cambiar la Corte Suprema, colocar allí a juristas prestigiosos e independientes, pero eso no alcanza para que la justicia sea menos injusta.

Los jueces fallan sobre casos que no conocen y liberan o encierran a tipos que no miran a la cara. El poderoso tiene infinitas posibilidades de zafar de la ley mientras los pobres siempre pagan. En algún momento hay que cambiar esta historia negra.

El SISTEMA falló dos veces: al otorgarle un beneficio inexplicable a un individuo peligroso y al cortarse el monitoreo del detenido. El resultado una masacre.

Anoche, después de la nota con el juez, sentí verguenza.

La Justicia injusta

Cristina: autocrítica cero

Qué decepción!. Ni un gesto de autocrítica. Después de la catástrofe política que sufrió el gobierno al sostener una resolución que hasta su autor -Martín Lousteau- reconoce con errores técnicos, la Presidenta de la Nación dice que lo volvería a hacer. También bancó al Indec y sus cifras manipuladas y al responsable de esas mentiras: Guillermo Moreno. Qué pena. Lo único positivo es que aceptó someterse a una ronda de preguntas que, por otro lado, fueron bastante pobres. Se perdió una nueva oportunidad de demostrar que se puede recuperar el tiempo perdido. Cómo hará Cristina para salir del pantano político en el que está su gobierno si ni siquiera reconoce el pantano. O peor aún lo considera una piscina de aguas cristalinas.  

Fuera de la Quinta de Olivos, sus enemigos disfrutan la persistencia en el error. Duhalde, Macri, Menem, Romero, Rodríguez Saá, la derecha de todo pelaje, etc. El monstruo al que su marido le dio vida durante el conflicto con el campo vela sus armas.

Cristina: autocrítica cero

Hace lejos

Sombras que sueño
Antiguos besos
Barracas al sur

En tiempos del email
mensajes en una
botella de cerveza
garabatos
nada de nada
viento y arena

Ofrezco necesidad
Dentelladas al corazón
Noche en la luz
Inquietudes diversas

No siento el cuerpo
que me aplasta para el amor

Hace lejos
Pesadillas de manual
con abrazos imposibles:

Vuelvo a encontrarte en un tren
para perderte again
en la estación siguiente

Estás muerta
y esto es irrefutable
o gorda con ruleros
viendo crecer hijos
que no me pertenecen

Estás en un sitio final
e inalcanzable

Hace lejos
Mejor
Es Buenos Aires.

Hace lejos