Enemigos de la corbata

Un fantasma recorre América Latina. Se llama informalidad y está dispuesto a todo. Por lo pronto se conforma con llegar al poder.

Un nuevo movimiento continental y revolucionario avanza sobre las viejas estructuras políticas. Son Los Sin Corbata. El último de sus representantes acaba de asumir la presidencia de Paraguay.

El ex obispo Fernando Lugo hizo su primer discurso vestido con una camisa blanca de cuello mao y calzando sandalias. Antes de meterse en política, Lugo tuvo a su cargo la arquidiócesis de San Pedro, en el empobrecido norte paraguayo. Como si estuviese en misa, anunció: “Renuncio a vivir en un país donde unos no duerman porque tienen miedo y unos no duerman porque tienen hambre”. Y siguió, sin tener que sacarse el saco que no tenía, “renuncio a un Paraguay con jóvenes tristes. Yo anuncio un Paraguay con jóvenes protagonistas de su destino”.

Después hizo un gesto que muchos dirigentes del Partido Colorado, derrotado después de seis décadas de hegemonía, no se cansaron de criticar: renunció a su sueldo. Los cuatro mil dólares que el Estado debería pagarle por su trabajo de presidente irán a un fondo de ayuda para los más necesitados. “Es un demagogo”; “otro populista”, “por qué no se preocupa por gobernar”, le dijeron.

Antes que Lugo, otro presidente electo sepultó el uso de la corbata. Evo Morales hizo toda su campaña vestido con camisas o con un jersey. Para el acto de asunción, el 22 de enero de 2006, eligió un traje confeccionado por la diseñadora boliviana Beatriz Canedo Patiño. El primer presidente de origen indígena de América pidió que fuese confeccionado con algo de la cultura aymara. La diseñadora utilizó alpaca fina y un tejido centenario para el cuello y la solapa. En la película Cocalero se cuenta la historia de ese traje, que funciona como metáfora de la llegada de lo nuevo de la mano de lo ancestral.

El economista Rafael Correa tampoco usa corbata. Su pinta de galán de cine lo exime de las críticas. Suele vestir trajes impecables y camisas bordadas con motivos indígenas. En enero de 2007, en el acto de posesión del mando, citó a Pablo Neruda y se despachó contra el neoliberalismo y los organismos internacionales que “dejaron al Ecuador en la miseria”.

Tampoco son afectos a la corbata los presidentes Hugo Chávez y Daniel Ortega, de Venezuela y Nicaragua. Pero, cada tanto, para la foto, la desempacan. El senador uruguayo José “Pepe” Mujica, candidato a la presidencia, ya avisó que: “Puede seguir la moda de los presidentes raros”, en obvia referencia a Morales, Correa y Lugo. Al ex dirigente tupamaro es más fácil verlo con un termo y un mate que con una corbata.

La corbata es inocente hasta cierto punto. Nació en el siglo XVII casi por casualidad. Cuentan que un regimiento de Croatas, después de vencer a los Turcos, llegó a París y sorprendió con su vestimenta a Luis XIV. Los soldados llevaban en el cuello unos pañuelos de colores. Se cree que su origen se remonta a los oradores romanos que utilizaban telas para proteger sus gargantas.

Lo cierto es que el Rey de Francia hizo diseñar para la guardia de la corte un pañuelo con la insignia real al que llamó cravette, término que provenía de crabete, que quiere decir “croata”. El regimiento se llamó Royal Cravette. La tela en el cuello se extendió por el viejo continente y llegó a Inglaterra. Con los años, se convirtió en un símbolo de los sectores más opulentos de la sociedad.

Los pronósticos iniciales apuntaban a su rápida desaparición: nadie le veía mucho sentido a eso de llevar una tela en el cuello que no estuviese destinada al abrigo. Pero a pesar de los agoreros, a principios del siglo XX empezó a producirse en forma masiva. “Destaca la verticalidad del cuerpo”, “realza la camisa”, “es signo de elegancia y estilo”, “ningún traje luce bien sin ella”, fueron algunos de los argumentos que todavía perduran.

En 1924, el norteamericano Jerse Langsford “inventó” el corte de la tela en 45 grados y la dividió en tres piezas cosidas a mano. Éste es el método que siguen utilizando para su confección las casas de ropa más prestigiosas del mundo. Símbolo fálico, marca de virilidad. Según algunos estudiosos, las corbatas hasta pueden revelar la personalidad.

La decisión de Lugo, Evo y Correa tal vez tenga más que ver con otra historia menos difundida y, por cierto, de imposible comprobación. Me la contó el psicoanalista y escritor mexicano Fredo Arias de la Canal. Él usaba camisas con el último botón del cuello abrochado. Ante mi pregunta por la ausencia de corbata, me contó que un gobernador militar inglés en Escocia obligaba a los habitantes de la zona que controlaba a llevar una soga alrededor del cuello para recordarles su condición de vasallos. Cuando alguno se rebelaba, lo hacía ahorcar con el mismo lazo que portaba en el cuello. Fredo estaba convencido de que esa política de sumisión devino en moda y así nació la corbata. Por esa razón se resistía a la costumbre de “amarrarse el cogote”.

La rebeldía formal de un pequeño grupo de presidentes latinoamericanos no alterará el extendido uso de las corbatas en Occidente, pero tal vez funcione como una señal: es posible vivir sin una soga al cuello.

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Enemigos de la corbata

14 comentarios en “Enemigos de la corbata

  1. María Fernanda dijo:

    Rey, vos y tus metáforas…
    Ojalá que los ‘sincorbata’ sean la señal de que el poder se puede construir y administrar desde otro eje.
    Saluditos!

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  2. Me parece que es otra muestra de demagogia. Me llama la atención que en Latinoamérica sigamos discutiendo cosas que el mundo resolvió hace 20 años.
    Es increible que la gente no se de cuenta de que todo son discuros y que estamos igual que siempre.
    Tan dificil es distinguir palabras de hechos?

    Nanopoder

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  3. martin dijo:

    Reynaldo me parece que tiene toda la razon, el formalismo en la vestimenta de nuestros funcionarios muchas veces parece ser mas funcional a corruptos e inutiles que a aquellos que con su accionar y humildad pretenden dar lo mejor de si mismo para la sociedad. Es necesario recordar que las apariencias son engañosas? Saludos desde Santa Fe

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  4. martin dijo:

    bue, se me borro el comentario asi que aca va de vuelta …
    Basicamente, estoy a favor de este nuevo movimiento, pero me da mucha bronca que haya sectores reaccionarios que reaccionen enseguida cuando alguien intenta trastocar sus parametros, a evo por ser indio o de centro izquierda, se lo acusa injustamente de populista, cuando decenas de años con politicas excluyentes llevaron a que alguien como el aparezca . Un aplauso para aquellas sociedades que dieron el gran salto hacia el informalismo, hacia la inclusion social, y hacia el desarrollo social y economico de sus pueblos.
    Saludos de Santa Fe

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  5. Rey: vos no tenés blog con Montenegro? Sabés si Montenegro tiene blog? Bueno, si no tiene, me gustaría que le transmitieras mi amor por él. Muero de amor por él. Pero como no me gusta lo que dice y, además, es economista, en la tele me lo banco 4 minutos, no más. Una pena (que sea economista y que no sea peronista), je. Sigue casado?

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  6. Gracias Praxis. Sobre la nota, la intención era destacar las actitudes independientes y en favor de los excluídos de los presidentes sin corbata, pero sólo eso. Lo de la corbata sí o no, no cambia nada. Espero que haya quedado claro es una comparación que sirve para explicar este fenómeno, como dice el Pepe Mujica, de presidentes “raros”.
    Anyletta, Maxi no tiene blog y sigue casado.

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  7. María Fernanda dijo:

    Rey. creo que quedó más que clara el simbolismo…sólo que hay que poder leerla. Y de hecho espero que esta vez sepamos aprovechar la oportunidad histórica de construir un modelo menos hegemónico, dejando de lado críticas anecdóticas y pudiendo leer el proceso en su totalidad.
    Igual, los prefiero sin corbata…. también literalmente.

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  8. Mingo dijo:

    Rey: Los presidentes esos no se ponen corbata para estar mas a tono con el resto del pueblo, y para emparejar (entre todos y sin lograrlo) los gastos en ropa y accesorios de Cristina.

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  9. magdalena dijo:

    Creo que el traje y la corbata son más formales y deberían usarse sobre todo en actos oficiales, pero considerando en calor que hace en Paraguay, Bolivia y Venezuela, a estos Presidentes se lo perdonaría. Peor queda Kirschner con el saco desprendido.

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  10. María Fernanda dijo:

    Para Beatriz, Magdalena y Mingo
    Muchachos!! qué pasa?
    Si es humor falta un poco de vuelo; si es comentario serio….falta lo mismo.
    Es mi humilde opinión, saluditos!!!!

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  11. feya dijo:

    Mira Reynaldo. yo creo que la vestimenta no hace al monje. yo soy catolica practicante trabajando mucho dentro de la pastoral social y vivo de zapatillas y jean. estoy ayudando a los abuelos a jubilarse sin costo y eso me hace muy feliz y ademas no me obliga a estar de pinta. besitos y sos un tipazo tanto en la radio como en la tele. igual a veces difiero con vos

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