Historia del himen

Me gustan las comparaciones. Cuando tengo que explicar alguna cuestión compleja o aburrida, vinculada a la actualidad política, suelo apelar a este recurso. Acepto que se trata de una costumbre que tiene más que ver con la literatura que con el periodismo. Es un artilugio que responde más a los dictados de la Bella que a las rigurosas exigencias de la Bestia. Si es que aceptamos, como pensaba Isidoro Blaisten, que literatura y periodismo puedan definirse de esa manera.

Sólo como ejemplo, en ese juego de comparaciones – destaco lo de juego- alguna vez dije: “que Carlos Menem se enoje porque el gobierno de La Rioja compre adhesiones políticas con regalos y prebendas es igual a que un violador se moleste porque le tocaron el traste en el subte”. Esta vez para referirme a la intromisión del gobierno en el Instituto de Estadística y Censos, utilicé la frase: “la credibilidad es como el himen”.

La idea, publicada en marzo pasado en una contratapa de Crítica, no tiene ningún misterio. Apuntaba a definir como irrecuperable la falta de confianza en las cifras de la inflación que brinda el Indec después que la intervención de Guillermo Moreno barriera con su virginidad. Hace unos días reiteré la idea en medio de una entrevista con el Jefe de Gabinete, Sergio Massa, y eso desató una catarata de interpretaciones y cuestionamientos. Algunos hasta se ofendieron con la comparación “por grosera”, “por frívola”, “por chabacana” y no sé cuántas cosas más. Otros, por suerte, sólo se rieron.

Mi apelación al himen pasó por casi todos los programas que revisan con humor crítico lo que ocurre en la tele. ¿Por qué tanto escándalo? Tal vez Leopoldo Marechal ayude a encontrar una respuesta. En Megafón o la guerra, esa excelente novela injustamente olvidada, su héroe se pregunta: “¿Por qué será que hasta que no se habla del culo nadie se humaniza?”. Para el escritor de Villa Crespo, el cotidiano acto de evacuar los intestinos, la actitud de agacharse, la soledad de ese momento, remiten a la finitud de la existencia. El “mamífero humano” podía comprender en ese instante íntimo su escasa importancia en el concierto del cosmos y la materia real de la que estamos hechos. Quizá con el himen pase lo mismo.

El himen es la membrana delgada que rodea la abertura de la vagina. Tiene distintas formas y tamaños, varía mucho de una mujer a otra. Debe permitir el correcto sangrado menstrual. Cuando no tiene una perforación correcta, que permita la salida de la sangre, puede requerir de una pequeña cirugía. Ese sangrado es un regalo silencioso que la mitad de la humanidad le ofrece cada mes a la otra mitad como un compromiso vital y maravilloso para la supervivencia de la especie. Hasta ahí todo bien.

Pero ocurre que la integridad del himen, en culturas como la nuestra, es una suerte de carné moral. El análisis minucioso de esa membrana sirvió durante siglos para castigar a la mujer. Aquellas que lo conservaban eran las puras, las buenas. Se construyó así una suerte de culto a las vírgenes. Una idea propia de las sociedades más conservadoras que estuvo destinada a “proteger” la honra del marido. Esta mirada misógina provocó tragedias familiares de todo tipo. Por suerte, ese planteo está en franco retroceso. Por lo menos en Occidente. Cada vez se comprende mejor que la importancia radica, cuando hay amor, en ser el último y no el primero.

Además, aunque no es lo más común, el himen se puede dañar cuando las mujeres hacen determinadas actividades físicas como deportes o equitación. Y muchas chicas ni siquiera se dan cuenta. También es posible, gracias a las múltiples opciones que brindan esos nuevos sacerdotes de la modernidad que son los cirujanos estéticos, reparar lo irreparable. Reconstruir el himen sólo requiere de una inversión. Recurso al que apelan cada vez más mujeres deseosas de comprar un pasaje a quien sabe qué lugar. Es obvio que la delicada telita ya no asegura fidelidad.

De regreso al origen de la cuestión: ¿Se puede reconstruir la credibilidad del Indec? ¿Y cómo se hace? En esa tarea deben estar Sergio Massa y la Presidenta de la Nación, Cristina Kirchner. No será fácil. Saben que primero tendrán que conseguir un cirujano competente y luego lograr que ese marido insatisfecho, que son los argentinos castigados por la inflación, vuelva a confiar.

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5 comentarios en “Historia del himen

  1. Teresa dijo:

    Rey esta muy buena tu comparación, y mas que un buen cirujano seria bueno que la presidenta reconozca que comer hoy dia es muy caro, lo que nos hace falta es un cambio de politicas económicas conjuntamente con gente nueva y creible, quizas asi volvamos a confiar. bye

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  2. Alejandro Fabbri (periodista deportivo de tyc) usó una similar diciendo que era como la virginidad. Lo único que él la dijo en el 2004 (en Perú durante la Copa América) en medio de una discusión con Horacio Pagani acerca de la credibilidad del diario Clarín

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