Triunfos que son derrotas

“Ganamos”. “Las retenciones móviles no se tocaron y se levantó el paro”. “El conflicto terminó, no se habla más”. Con estas frases los funcionarios del gobierno nacional dieron por finalizada la pelea con el campo. ¿Ganaron?

En el siglo III a. de C. reinaba en Epiro, una comarca al oeste de Grecia, un líder guerrero llamado Pirro. Por su astucia y arrojo era considerado casi una réplica de Alejandro Magno. En el 280 a. de C. los habitantes de Tarento, una antigua colonia griega ubicada en el sur de la península itálica, le pidieron ayuda a Pirro ya que temían ser víctimas del avance de Roma. Dicen las crónicas de la época que el rey desembarcó en Tarento con un ejército formidable de 20 mil infantes, 3 mil caballeros, 2 mil arqueros y 20 elefantes de guerra. Pirro, notable estratega, venció a los romanos en Heraclea y un año después en Asculum. Pero en las dos contiendas perdió a gran parte de su ejército.

Aseguran los historiadores que después de su último triunfo militar, y ante las felicitaciones recibidas, el rey aseguró: “Sí, vencimos. Otra victoria como ésta y estaremos perdidos”. La frase “victoria pírrica” nació ese día y le daría al osado rey un lugar en la historia que supera al eco glorioso de sus batallas. Su fatídico vaticinio se cumplió. No mucho tiempo después su campaña terminaba en Beneventum, cerca de Nápoles. Pirro, derrotado, abandonó para siempre la península itálica.

Un error económico -las retenciones móviles, lanzadas sin consenso y sin segmentar su impacto entre productores grandes y chicos- y la incapacidad para enmendarlo a tiempo, llevaron al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner a obtener una victoria cuyas consecuencias son impredecibles. Aunque la confrontación con las dirigencia agropecuaria realmente hubiese terminado, los costos políticos son múltiples:

El país quedó sumergido en un estado de irritación que no existía hace seis meses. La mayoría de los argentinos brindaron en la Navidad pasada pensando que durante el 2008 vivirían un poco mejor. Por entonces, la única amenaza era la inflación pero había paz social y las expectativas eran positivas.

La innegable solidez de la economía no logró frenar la incertidumbre de muchos ahorristas que volvieron a refugiarse en el dólar y las cajas de seguridad.

La Presidenta terminó enfrentada con sus votantes del interior del país y con una legión de intendentes de su partido. Apenas dos ejemplos: Heraldo Mansilla, intendente de Las Parejas (Santa Fe), ganó con el 80 por ciento de los votos y Osvaldo Botero llegó a la intendencia de Oncativo con el 72 por ciento. Los dos representando al Frente para la Victoria. Los dos coincidieron la semana pasada en sus críticas al gobierno. El 22 de junio de vota en Río Cuarto y ningún candidato, ni peronista ni radical K, quiere que lo vinculen a la Casa Rosada.

El peronismo santafesino tendrá internas el 13 de julio. Lo que parecía un paseo para el candidato kirchnerista Agustín Rossi, se complicó. El senador Carlos Reutemann decidió enfrentarlo. El resultado de la puja interna es incierto pero el peronismo santafesino quedó del lado de los productores.

Se quebró la buena relación entre el gobierno nacional y el gobernador socialista Hermes Binner, quien por primera vez juega muy fuerte en el escenario nacional.

Más de doscientos intendentes cordobeses rechazaron el documento del PJ nacional -¿o hay que llamarlo PJ conurbano?- que tildó de golpistas a los dirigentes ruralistas. De la Sota y Schiaretti quedaron más lejos que nunca del gobierno y ganaron protagonismo nacional. Lo mismo pasa con Busti en Entre Ríos. Muchos vislumbran la conformación de listas propias para las legislativas del 2009.

Se rompió lanzas con una entidad como Federación Agraria, cercana a los planteos del gobierno por ideología e historia. Y más allá de los errores groseros de algunos de sus dirigentes, su carácter democrático y su representatividad de los pequeños productores es innegable. El gobierno dejó del mismo lado a los grandes grupos concentrados del agro, que defienden con avaricia sus ganancias extraordinarias, y a los productores y ciudadanos del interior que sólo aspiran a vivir mejor.

Por otro lado, se perdió una gran oportunidad para discutir en profundidad sobre los peligros del monocultivo y el daño que esto le provoca a la tierra.

Además, el destino social que se le dará al excendente de las retenciones móviles, presentado el lunes pasado por la Presidenta, confirma el carácter recaudatorio y no redistributivo que tuvo la medida cuando se lanzó el 11 de marzo pasado. Con todo, el anuncio es bienvenido.

La crisis se llevó al ministro de Economía, Martín Lousteau. La única cara que marcaba un cambio entre el gobierno de Cristina Fernández y el de su esposo.

Más allá de la guerra de encuestas a favor y en contra, la imagen de la Presidenta de la Nación sufrió un deterioro.

Hay algo que contradice las normas básicas de la política: la crisis era evitable y luego, cuando se desató, era solucionable. Sin embargo, inspirado por Néstor Kirchner el gobierno eligió la confrontación. Y ganó, es cierto, pero a lo Pirro.

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