Humo en la cabeza

“Mezcla visible de gases producida por la combustión de una sustancia generalmente compuesta de carbono y que arrastra partículas en suspensión.” La definición del diccionario de la Real Academia Española es contundente. Esas partículas en suspensión son las que dificultan la visibilidad y han provocado tantos accidentes en las rutas. Pero la RAE contempla otra acepción para la palabra “humo”: “vanidad, presunción, altivez”.

La apertura de la Academia a los americanismos permitió el ingreso de este concepto al diccionario. Los gendarmes del idioma saben que el español del futuro será el que se habla en América. El humo como metáfora de vanidad y altivez. El habla popular lo impuso como frase: “Se te subió el humo a la cabeza”. Junto a las víctimas fatales de los accidentes automovilísticos, el humo en la cabeza es el principal daño colateral de la quema de pastizales en Entre Ríos.

El humo en la cabeza, la maldita altivez, es lo que no deja ver.

• Desde hace años los incendios para mejorar la pastura son una constante en el litoral del país. La ampliación de la frontera agrícola a partir de los excelentes precios internacionales de la soja, llenaron de vacas las islas del Paraná. El intendente de Rosario, Miguel Lifschitz, reclama al gobierno entrerriano, desde 2003. Pero recién ahora cuando el humo impide ver la silueta del Obelisco el tema aparece en la agenda de la política.

• Las organizaciones ecologistas Greenpeace, El Taller Ecologista, la Fundación Proteger y M’Biguá denunciaron esta semana a Entre Ríos “como responsable de los incendios en los humedales del Delta del Paraná para promover la expansión de la actividad ganadera”. Lo acusaron de promover la Ley de Arrendamientos de 2004. Como en el caso del desmonte indiscriminado en el norte argentino, los gobernadores son cómplices del capital privado depredador del medio ambiente.

• Amplios sectores de la clase media porteña hacen repicar sus quejas en las radios. Algunos vecinos están tan irritados por el humo como nunca lo estuvieron por el hambre o la miseria.

• El primer accidente en la Ruta 9 propiciado por la baja visibilidad ocurrió el 9 de abril. Una semana después, cuando ocurrió otro accidente con víctimas fatales, las autoridades decidieron tomar cartas en el asunto y organizaron los cortes de ruta y las circulación asistida por Gendarmería. La acción de prevención llegó después de siete muertos y cincuenta heridos.

• La secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti, se presentó a la Justicia para pedir que se inhiban los bienes de los propietarios de los campos donde se inició la quema de pastizales. Solicitó un embargo por 200 millones de pesos. Picolotti enfrenta una denuncia penal por su inacción en la crisis. Según el titular del INTA, el 3 de abril los sistemas satelitales habían detectado tres focos de incendio, cuando la responsable de cuidar el ambiente hizo su primera aparición pública los focos eran trescientos. Demoró una semana en disponer la utilización intensiva de helicópteros y aviones hidrantes. El Plan de Manejo del Fuego es una ficción.

• La responsabilidad de los dueños de los campos que propiciaron los fuegos es innegable. Los funcionarios que deslizaron en off nombres de menemistas y luego un listado de productores basado sólo en la información catastral sólo contribuyeron a la confusión. La presidenta de la Nación hizo su aporte, sin elementos de prueba, asoció el humo al conflicto con el campo.

• Los fiscales se tomaron diez días para decidir la persecución de los incendiarios. Actuaron cuando el humo llegó a sus despachos. Pero no tardaron nada en decidir investigar al chacarero Alfredo De Angeli.

• Al líder entrerriano también se le subió el humo a la mollera. En medio de una tregua frágil y complicada, cada vez que habla es para anunciar tormentas. Sus declaraciones sobre la existencia de armas para repeler a los camioneros durante el paro revelan más que su irresponsabilidad, sus serias limitaciones como dirigente.

• En el Gobierno actúan como si estuviesen acorralados: piensan que cualquier concesión es una derrota y cada crítica que reciben una conspiración. Conspiradores no faltan, pero es muy difícil gestionar con eficacia en presencia de esos fantasmas.

No alcanzará con apagar los incendios si el humo no desaparece de las cabezas. Los que tienden puentes, los que tratan de apagar el incendio, los que tienen la cabeza libre de humo, son minoría.

Humo en la cabeza

Primero Brasil

“Primero están los intereses de Brasil y después los intereses del partido. En mi país todos comprendemos eso.”

Hace unos años entrevisté para la revista Veintitrés al diputado brasileño Renildo Calheiros. El legislador estaba de visita en Buenos Aires en su carácter de presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados de Brasil. Pedí hacer esa nota impulsado por una curiosidad personal: quería saber cómo un dirigente del Partido Comunista había llegado a ocupar un puesto tan estratégico. Una proeza imposible de lograr en un país como la Argentina.

Esa fue mi primera pregunta y Renildo, con una sonrisa que denotaba suficiencia, me contestó: “En Brasil primero están los intereses de Brasil, la ideología no altera ese orden”. Ante mi persistente desconfianza acudió a un ejemplo contundente: me explicó que Brasil votaba a favor de Cuba en las Naciones Unidas cada vez que los Estados Unidos propiciaban una sanción al gobierno de Fidel Castro por violación a los derechos humanos. Ese voto fue el mismo con Collor de Mello, con Fernando Henrique Cardoso y con Lula. “Brasil tiene intereses y objetivos permanentes no importa quién gobierne el país”, remató el diputado marxista.

Recordé la frase esta semana, cuando al tomar estado público el descubrimiento por parte de Petrobras (asociada a British Gas y Repsol YPF) de un descomunal yacimiento de petróleo frente a las costas de Río de Janeiro no faltó quien aludiera a “la suerte de los brasileños”. Según explicó Haroldo Lima, de la Agencia Nacional de Petróleo de Brasil, el tesoro que guarda el mar carioca equivale a 33 mil millones de barriles de crudo.

De confirmarse esta cifra (en el país tropical tienen tendencia a magnificar), y una vez evaluado el costo de la extracción, Brasil podría convertirse en poco tiempo en un país exportador de petróleo. Hasta hace una década era importador. En la Argentina el proceso es el inverso: hasta hace unos años el país se autoabastecía con comodidad y ahora va camino a ser importador.

Lo cierto es que en el sensacional descubrimiento de los vecinos no hay nada de azar. La empresa estatal brasileña, con el aporte de capital privado, hace años que realiza exploraciones en la plataforma marina. La falta de petróleo hacía vulnerable al gigante sudamericano y los gobiernos que, con distinto signo político, se sucedieron en Brasil desde hace dos décadas decidieron remediarlo. ¿Cómo? No cediendo el control de su matriz energética al sector privado y ejecutando una fuerte política de inversión.

Para crear Petrobras, los brasileños se inspiraron en el modelo argentino de YPF. Medio siglo después los resultados están a la vista. La coherencia y el patriotismo que les sobra a los dirigentes brasileños le falta a los argentinos. En los noventa, Carlos Menem y Domingo Cavallo dejaron de considerar estratégicos los recursos del subsuelo. Pasaron la riqueza a las provincias y luego, con el aval de los gobernadores de los territorios petroleros, terminaron por enajenar YPF. Los responsables de ese atentado al patrimonio nacional no pagaron ningún costo judicial ni político. Y eso también define a una sociedad. Hubo una suerte de aval social a esa maniobra escandalosa. ¿Hubiese sido posible vender Petrobras en Brasil o privatizar el cobre en Chile?

Vuelvo a pensar en la frase de Calheiros: “Los intereses de Brasil están por sobre los intereses de los dirigentes y de los partidos políticos”. En la Argentina los intereses están por sobre el país y, en ocasiones, sólo favorecen a los dirigentes políticos.

La Argentina tiene una dinámica política caníbal. El otro es el adversario que hay que cooptar o el enemigo por destrozar. Parece imposible acordar políticas de estado entre las fuerzas democráticas y populares. Como si los objetivos del país cambiaran con cada gobierno. Desde el retorno a la democracia, cada presidente se autodefinió como “fuente de toda razón y justicia”. Todos los presidentes llegan para salvar a la patria o para refundar el país. Y desde de la vereda de la oposición se conspira o se desea el desastre.

Nunca se intentó de manera seria acordar estrategias a largo plazo, ni siquiera en temas donde las coincidencias son evidentes como la defensa de los derechos humanos o la lucha contra el hambre y la pobreza. Somos una sociedad difícil de explicar en el exterior. Parecemos enfermos de consignas y egoísmo. La ideología es imprescindible a la hora de hacer política, pero siempre que funcione como un paraguas y no como una muralla. No es complicado saber por qué nos va como nos va.

Primero Brasil

¿Para qué sirve un martillo?

Un martillo puede ser muy útil para construir una casa o para romperle la cabeza a un persona. Gabriel García Márquez utilizó el ejemplo del martillo para defender a las telenovelas durante un encuentro de escritores latinoamericanos. Para los intelectuales que participaban de la discusión, los llamados “culebrones” eran productos culturales desechables.

El colombiano dejó en claro que el formato televisivo en cuestión, celebrado y difundido en todas las pantallas del continente, tenía una enorme potencialidad y que merecía más respeto. Recordó que la buena recepción que alcanzan las telenovelas tanto en los hogares más pobres como en los acomodados, las convierten en un gran vehículo a la hora de contar una buena historia.

Pero advirtió que esas mismas series podían volverse estructuras narrativas sin gracia, reproductoras de prejuicios y al servicio del status quo.

Ahora bien, en cualquier caso la responsabilidad nunca debía ser imputable al martillo sino a la persona que lo empuñase. En este caso, los guionistas y productores detrás de la telenovela.

Las retenciones son como un martillo: pueden servir para redistribuir el ingreso en una comunidad y hacer el modelo económico más justo o sólo pueden contribuir a engrosar la recaudación.

Desde 2002, cuando hicieron su aparición en la escena política reciente de la mano de Eduardo Duhalde, las retenciones fueron destinadas a engordar las arcas del Estado. Por entonces el argumento de su aplicación fue sostener a los damnificados de la crisis económica.

Aquellos que se habían caído del sistema y habían perdido sus trabajos y bienes. Las retenciones se convierten en planes sociales y ayuda de emergencia, decían. Pero no era tan así.

Según varios especialistas, la apropiación de la renta de los exportadores en esos años postdevaluación tenía como objetivo central hacer frente a los pagos de la deuda externa.

¿Eso cambió? No. A pesar de la renegociación de la deuda y la cancelación de las acreencias con el FMI, el alto endeudamiento externo se mantiene. Para el economista Claudio Lozano, la plata de las retenciones tiene tres destinos: pagos al exterior; compra de divisas y subsidios al capital concentrado industrial.

La Federación Agraria denunció que la mitad de los subsidios nacionales va a manos de grandes industrias (Aceitera General Deheza, La Serenísima y Molinos Ríos de la Plata, entre otras).

Ahora que la aplicación de las retenciones se discute hasta en las peluquerías de barrio es bueno aclarar que son una herramienta de política económica legítima. Pero es fundamental explicar que pueden ser utilizadas con objetivos diferentes. Para que puedan ser consideradas redistributivas deberían cumplir algunos requisitos básicos.

El dinero que el Estado captura de la ganancia extraordinaria de los exportadores tiene que tener un destino que no sea sólo la caja de la Nación.

Gobernadores e intendentes de las provincias agrícolas, tanto kirchneristas como opositores, exigen que parte de “la riqueza verde” que sale de sus territorios vuelva de una manera directa a su región.

De esta forma no tendrían que mendigar la ayuda al gobierno central para hacer obras de infraestructura o caminos. Este reclamo hizo que hombres como Hermes Binner (Santa Fe aporta 7 mil millones de pesos), Carlos Reutemann, Juan Schiaretti (Córdoba aporta 8 mil millones) quedaran más cerca del reclamo del campo que de la posición del Gobierno.

El otro aspecto que le quita equidad al recurso es la falta de segmentación de la alícuota. Este diario publicó que la Federación Agraria acercó el año pasado un proyecto de retenciones móviles que contemplaba la aplicación del 50% para los establecimientos de más de mil hectáreas y de 15% y 25% para los más chicos. La propuesta ni siquiera fue considerada.

Tampoco hay constancia concreta de que los recursos que el Estado obtiene de las retenciones se vuelquen directamente a los sectores más desprotegidos de la sociedad. Ésa sería una buena manera de acallar críticas. Se trataría de una simplificación virtuosa: les sacan a los ricos para darles a los pobres. Pero como todo va al mismo pozo eso es imposible de comprobar.

El gobierno de Cristina Kirchner contribuyó tanto como los sectores concentrados del campo a demonizar las retenciones. En un caso, por su aplicación defectuosa e inconsulta; en el otro, para defender sus intereses económicos.

Las retenciones no son buenas ni malas; son igual que un martillo: tan útiles para construir una casa como para romperle la cabeza a un tipo.

¿Para qué sirve un martillo?

El juego a la derecha

Terminó el paro del campo. Hay un mes de tregua. Los productores se tomaron un respiro. Ahora podrán seguir con la cosecha y volverán los alimentos a llenar las góndolas de los supermercados.

¿Los dirigentes ruralistas salen fortalecidos? Protagonizaron una huelga prolongada con apoyo contundente en los pueblos del interior, pero utilizaron un método que muchos de ellos repudiaban cuando era protagonizado por otros sectores: cortes y piquetes. También regalaron imágenes lamentables: comida podrida y leche derramada a la vera de las rutas.

¿Están juntos o sólo amontonados? La unidad del campo fue en gran medida mérito del gobierno nacional que no discriminó entre chicos y grandes. Para la conducción económica, es lo mismo un pool sojero que Silvio Corti, que trabaja sobre 18 hectáreas en San Pedro. Unió el agua con el aceite –de soja. La Federación Agraria con la Sociedad Rural. Está claro que las dos entidades tienen orígenes distintos y representan intereses contrapuestos. En algún momento volverán a expresarse estas contradicciones. Bienvenidas.

El conflicto también parió nuevos protagonistas: los productores autoconvocados y dirigentes de base. Habrá que ver cómo se ubican. El entrerriano Alfredo De Angeli, por ejemplo, sabe que ahora puede mostrar los dientes y esto es más que una metáfora. Eduardo Buzzi tendrá tiempo para preguntarse por qué Cristina Kirchner reivindica a Francisco Netri, el primer presidente de la FAA, pero a él no quiere verlo ni en fotos.

La Presidenta de la Nación también podrá tomarse un respiro. Por lo pronto, no tendrá que dar un discurso cada 48 horas como hizo en la última semana. Ya no hay necesidad de apelar al miedo, ni propiciar antinomias. La amenaza real que sintió desde el Gobierno ante la confrontación abierta con un actor poderoso de la economía la llevó a agitar fantasmas falsos.

El sistema democrático no corre riesgos y el camino de la justicia para los asesinos y torturadores no tiene retorno. En ese rumbo el impulso dado por los Kirchner fue fundamental. Pero la bandera de los derechos humanos, que pertenece a todo el pueblo argentino, no puede ser enarbolada para evitar cuestionamientos legítimos.

Hasta cuando cada mirada crítica va a ser considerada por el poder como una manera de “hacerle el juego a la derecha”. Se pueden apoyar las retenciones e impugnar, a la vez, su forma de aplicación indiscriminada y la falta de coparticipación a las provincias y pueblos que producen la riqueza.

No abrir la discusión, no aceptar el debate, eso es hacerle el juego a la derecha. No ir a fondo contra los grandes grupos concentrados de la economía; no hacer una profunda reforma tributaria; no recuperar el control de la energía; no plantear una reforma agraria; pactar con la burocracia sindical y los intendentes mafiosos del conurbano, eso es hacerle el juego a la derecha.

Los gobernadores y dirigentes justicialistas que cuestionaron el manejo que tuvo el Gobierno en esta crisis también tendrán su momento de paz. Aguantaron demasiados días entre la espada de los productores y chacareros de su zona y la pared kirchnerista. Algunos se lamen las heridas y esperan su momento. Esperan como sólo se espera en el justicialismo.

Algunos medios de comunicación también podrán relajarse. Ahora sólo tendrán “piquetes malos” para cuestionar y medidas de fuerza “normales” en lugar de paros “históricos” para desplegar en sus crónicas. Y los oficialistas podrán sentirse satisfechos porque “a la hora de definirse” entre blanco o negro, con nosotros o contra nosotros, pensarán que hicieron lo correcto. Como si la realidad fuese tan simple.

En ambas trincheras periodísticas, estos colegas se consideran actores no testigos. Olvidaron que este oficio consiste en contar lo que pasa de manera honesta, con sus porqué y para qué, sin supeditar la información a intereses personales o empresariales.

Luis D’Elía también podrá descansar. Cómo será un fin de semana sin pechazos ni insultos. Lo propio hará Cecilia Pando y otros cavernícolas; deberán guardar sus megáfonos. Esta película fue un drama con pasos de comedia.

Ojalá que mientras todos nos tomamos un respiro se abra un tiempo para el pensamiento y la reflexión. Qué se hizo mal, en qué se acertó. Qué fue evitable y qué no.

Aunque no faltará quien opine que el pensamiento y la reflexión le hacen el juego a la derecha.

El juego a la derecha